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La traición de Judas

(un relato de la vida del Profeta Jesús)

Saied Mahdi Yoyai

 Habían pasado largos años desde la profecía de Moisés. Sus seguidores, los judíos, habían olvidado sus mandatos y habían edificado sus vidas sobre las bases de la opresión y la injusticia, el saqueo y la usura. Cualquier trabajo que ellos emprendían, tenía por finalidad obtener mayor riqueza y sumergirse cada día más en la lujuria y el placer. En ese preciso período, Dios eligió a Jesús, hijo de María, para convocarlos a adorar a un Dios único, para orientarlos y guiarlos por el Sendero Recto. Con la anuencia de Dios, Jesús curó graves enfermedades y revivió a los muertos. Concretó tales milagros para que la gente creyera en su profecía y su veracidad, y distinguiera el camino de la verdad del de la falsedad. La clase de los humildes creyó en él, pero los incrédulos y los líderes judíos, que se habían acostumbrado a adorar el dinero y acumular riquezas, no aceptaron su convocatoria y se le opusieron. Y no sólo no le siguieron, sino que impidieron a los demás seguirle.

Al mismo tiempo, molestaron y perturbaron a sus seguidores. Por esta causa, Jesús se veía obligado a emigrar cada día de un sitio a otro, de una ciudad a otra. Llevaba consigo a sus seguidores, para ponerlos a salvo de las provocaciones de sus opositores. A pesar de todo, la enemistad de los jefes judíos no cesaba. Día a día, la situación empeoraba. Finalmente, los malvados decidieron asesinarlo del modo que fuere, y así allanar el camino para sus saqueos y perversiones. Jesús estaba al tanto de estas conspiraciones y trataba de evadirlas. Desafortunadamente, sus refugios eran descubiertos y debía volver a emigrar. Simultáneamente a su persecución, los jefes judíos se ocupaban diariamente de difamarlo. Hablaron mal de él frente al gobernador romano y estimularon de este modo la aversión de aquel hacia Jesús. Decían:

-         -         ¡Jesús es un hechicero, es un mago!

-         -         ¡Jesús engaña a la gente con sus palabras!

-         -         ¡Jesús subleva al pueblo contra el gobierno!

-         -         ¡Jesús está jugando con la credulidad del pueblo!

-         -         ¡Jesús dice cosas extrañas!

-         -         ¡Jesús pretende derrocar al imperio romano!

A través de estas mentiras y calumnias, los judíos esperaban que el gobernador romano arrestara y asesinara a Jesús. En un principio, aquel no los escuchó, pero luego de un tiempo las maledicencias hicieron efecto y la orden de su arresto fue expedida. Los intentos de hallarlo dieron comienzo. Los legionarios romanos lo buscaban por todos los barrios, pero no lo encontraban. Jesús y sus discípulos se ocultaron en un huerto en las afueras de la ciudad.

En el palacio del gobernador romano reinaba el bullicio y el alboroto. Jefes, hechiceros y magos judíos se reunieron allí. Irónicos y curiosos siguieron el curso de los acontecimientos. Festejaban la orden que había sido expedida, pero se encolerizaban por no concretarse el arresto. En aquel momento, Judas Iscariote, discípulo de Jesús, se presentó en el palacio y manifestó conocer su paradero. Raídamente la noticia se divulgó en toda la ciudad.

Judas y los soldados partieron hacia el refugio. Jesús y sus fieles estaban adorando a Dios. Mientras daba sus últimos consejos y recomendaciones, Jesús les anunció el pronto ataque de los soldados del gobierno, y les avisó que Dios salvaría a su Enviado de la maldad de aquellos hombres. Al llegar al refugio, el traidor Judas les pidió a los soldados que lo esperaran en la puerta, para ser él mismo quien entregase a Jesús. Ingresó al jardín, pero por más que buscó no encontró indicio alguno de Jesús el Cristo. Dios había salvado a su enviado elevándolo a los cielos a través de un maravilloso milagro.

Decepcionado y frustrado regresó hacia ellos para notificarles el extraño suceso. Pero el propio Judas no sabía que más extraño aún sería su destino: El milagro divino hizo que los soldados vieran en Judas el rostro de Jesús y lo confundieran con él.[1]

Judas intentó hacerles ver la realidad, pero no pudo rescatarse ni tuvo éxito en convencerlos. Erróneamente los judíos y los soldados romanos, crucificaron a Judas en lugar de Jesús.

Describe Dios en el Corán tan asombroso milagro de la siguiente manera:

Y por decir: “Por cierto que matamos al Mesías, Jesús, hijo de María, el Mensajero de Dios”. Cuando en realidad no es cierto que le mataran, ni le crucificaran, sino que se les simuló. Mas quienes discrepan a este respecto están en duda de ello; porque no poseen conocimiento alguno, sino que se fundan en conjeturas; pero en realidad no le mataron; sino que Dios le ascendió hasta Él, porque Dios es poderoso, prudente. (Sura 4, Aleyas 157 y 158).

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[1] Ver en el Nuevo Testamento: Marcos 14, 51-52

 

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