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Karbala, el lugar donde se martirizara al nieto del Profeta Muhammad y Gaza
Queridos lectores, quiero explicarles lo que vive el mundo islámico hoy, en estos días de enero del año nuevo cristiano del 2009. Todos ustedes conocen las atrocidades que a diario está realizando Israel frente a la parálisis cómplice del Consejo de Seguridad, seguridad de los imperialistas nada más. Ya conocimos su seguridad ante las dictaduras de los setenta, las Malvinas, ya la conocen en el Líbano, Irak, Afganistán, etc.  Pero pocos de ustedes conocen el evento trágico de Karbalá, donde fuera martirizado el nieto del profeta, el Imam Husein, la paz sea con él y gran parte de los hombres de su familia. Luego del martirio del Imam Husein, quien era en realidad el verdadero sucesor del profeta en su época,  las mujeres y los niños fueron encadenados como prisioneros y paseados por las ciudades de Irak y Siria con la cabeza de los mártires clavadas en las puntas de las lanzas como muestra de la brutalidad asesina de esos pretendidos musulmanes de entonces.

Quizás ustedes vean entre las noticias que se permiten mostrar las pantallas de los grandes medios, que los musulmanes en Irak, Irán, Líbano y otras partes del mundo, recuerdan los sucesos del martirio del nieto del profeta en grandes procesiones con grandes banderas y vestidos todos de negro. Solo quizás puedan ver algo de Karbalá entre mucho somnífero de permanente espectáculo, mujeres ligeras de ropas y otros múltiples placeres distractores matizados con crónicas policiales y mucho futbol.  Pero eso sí, nada que permita una reflexión profunda de lo que pasa en el mundo o en nuestras sociedades, no vaya a ser que alguien despierte y cuestione el injusto “orden” de cosas existentes. Los grandes medios no tratan temas profundos ya lo sabemos y si lo hacen se encargan de banalizarlos para el gran consumo que jamás ha de poder pensar y meditar.

Hace unos años, cuando recién Bush invadía a Irak, Vargas Llosa fue a ese país e hizo una crónica sobre Irak  donde tocó el tema de Karbalá y cómo lo recuerdan los shiitas. Claro que Vargas Llosa no entendió nada, o si lo hizo se encargó de disimularlo. Como tiene fama de buen escritor y seguramente lo sea, unos cuantos leyeron sus crónicas que el diario La Nación de Argentina reproducía, siempre presto a reproducir los comentarios de los defensores del imperio. El también banalizó ese tema profundo. Pero ahora, no se habla de Karbalá y poco de Irak, luego de los zapatazos. De Oriente Medio solo se habla de Gaza y de Irak ahora no se habla, de Ahmady Neyad tampoco, pero ya volverán sobre estos temas.

Allá por el año 680 de la era cristiana en el sur de Irak en Karbalá, el ejército del falso califa, Iazid, el segundo representante de la dinastía tiránica Omeya que se quedó con el gobierno del Islam metamorfoseando sus formas proféticas de austeridad, simpleza, liberación y dignidad para los esclavos y pobres, hermandad, piedad, paz, adoración a Dios plena, en formas palaciegas, injustas, tiránicas, esclavistas, opresoras e imperialistas, insensibles y hedonistas, pero lo que es peor,  lo hacían en nombre del Islam para engañar a las masas. Quien se levantó contra esa metamorfosis que se pretendía operar fue el nieto del profeta, el Imam Husein, la paz sea con él, como antes se había levantado su padre Ali y su hermano Hasan, con ellos sea la paz, también martirizados.

El Imam Husein, la paz sea con él, fue sitiado en el desierto de Karbalá con sus compañeros, unos setenta y sus familiares incluyendo a mujeres y niños. El ejército que le cortó la vía al río Eufrates para surtirse de la indispensable agua en ese desierto abrazador, se componía de treinta mil hombres según algunas crónicas y era comandado por un carnicero asesino de nombre Ubaidullah ibn Ziad.

Año a año durante siglos, los musulmanes recuerdan, especialmente los shiitas, el martirio del nieto del profeta y cada año con más entusiasmo. En ese recuerdo hallan la fuente de inspiración para enfrentarse con los imperialistas de hoy. El Imam Husein posee muchas frases inspiradoras que guían a los corazones creyentes de todos los tiempos y lugares. Una de ellas reza: “No veo a la muerte sino como felicidad y a la vida con los opresores sino como humillación”. “Lejos de nosotros está la humillación”. “Si el Islam no ha de salvarse sino con mi vida, vengan a mí, ¡oh espadas!”.

Iazid, el falso califa Omeya, cuya corrupción y tiranía eran de público conocimiento, lo obligó a jurarle obediencia pero el Imam se rebeló y a pesar de la persecución y el asedio a él, a su familia  y a todos sus compañeros no se entregó y con su muerte y la de sus compañeros enseñaron el camino de la libertad a todas las generaciones venideras.  El Imam Jomeini, el gran fundador de la República Islámica de Irán, verdadero eje del bien, llamó al evento de Karbalá el triunfo de la sangre sobre la espada de acuerdo a un dicho profético y dijo que nuestra revolución le debe todo a los eventos de Karbalá. Fue precisamente por el recuerdo de estos eventos que la gente salía a la calle a protestar contra el rey de Persia, Muhammad Pahlevi y su régimen despótico consciente del efecto que provocaba el recuerdo del martirio del nieto del profeta por parte del pueblo quiso prohibirlo, provocando con ello una repudio y desprecio hacia su persona y hacia su gobierno más grande y virulento. Los iraníes lo apodaban el Iazid de la época actual.

Con el martirio del Imam Husein y su purificada familia y compañeros, la mentira del régimen Omeya quedó en evidencia y Karbalá precipitó su estruendosa caída unos años después, sucediéndole en el 750 la dinastía Abbasida planteando como slogan de su levantamiento contra los Omeyas, la venganza de la muerte del nieto del profeta. Luego traicionaron sus consignas pero esa es otra historia.

Para el recuerdo de este martirio y de todas las enseñanzas que encierra este acontecimiento fundamental en la salvación del Islam para que no sea sepultado bajo una forma imperial y vacía de contenido real profético como ocurrió con otras religiones, es que se reúnen los shiitas del mundo en estos días.

Hoy Gaza es Karbalá. También está sitiada, también resiste, también martirizan a los creyentes y también matan a sus mujeres y niños.  Gaza con su resistencia ya triunfó, porque los sionistas por más tecnología que Estados Unidos les dé, no pueden con el alma de los palestinos. Si ayer criticar a Israel era sinónimo de antisemitismo, como se han ingeniado los sionistas para hacerles creer a los incautos, hoy muchos se animan, incluso muchos judíos y esa es la eterna victoria de la sangre sobre la espada. Israel es un régimen que vive de la mentira, de la ayuda del imperio norteamericano y de su ejército, por eso no tolera que la gente conozca su verdadera identidad y la resistencia islámica no hace más que develarla como lo hiciera el Hizbullah en el Líbano. Tampoco tolera que no se le tenga miedo a sus armas y se estremece ahora que se escuchan los crujidos de la decadente condición económica política de su vital tutor anglosajón.

Como Karbalá ayer, Gaza hoy es el precio que los creyentes están pagando para voltear a la mentira y la falsedad armada hasta los dientes pero vacía de corazón y lo están haciendo bien, cada día mejor aunque les pese a los enemigos de la humanidad.

Sheij Abdul Karim Paz


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