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PARTE II:
Los Cautivos
1
La claridad de la luna no lograba atravesar la
gruesa capa de polvo que había invadido el
cielo. Noche cerrada sobre la llanura de
Karbala, donde las tiendas del campamento del
Imam Husein terminaban de arder.
Poco después del Martirio del Imam, la desalmada
Horda se lanzó al asalto. Todo fue saqueado,
devastado. La Familia del Profeta no acumulaba
ni joyas ni objetos de valor, y los ladrones
veían frustradas sus ansias de botín. Habían
arrancado, tanto a las viudas como a los
huérfanos, todo aquello que habían podido
cogerles, y se vengaron de su decepción
pegándoles y azotándoles...
Antes de abandonar el campamento que habían
saqueado, los agentes de Yazid habían incendiado
las tiendas.
Zaynab, a quien el Imam Husein había confiado
los supervivientes de la matanza, se dirigió
hacia el Imam Zayn al-Abidin, quien yacía
inconsciente. Lo sacudió, despertó y le
preguntó:
-¡Oh hijo de mi hermano! ¡Oh nuestro Imam! Los
monstruos han incendiado el campamento. ¿Debemos quedarnos en
las tiendas, y acortar así nuestros sufrimientos, evitar los
ultrajes, las humillaciones? ¿O debemos salir mientras que
estamos a tiempo?
Haciendo acopio de sus debilitadas fuerzas, 'Ali
Zayn Al-Abidin le respondió:
-¡Tía mía, nuestro deber religioso nos ordena
hacer todo aquello que sea posible para mantenernos con vida,
por muy doloroso y poco deseable que pueda ser aquello que nos
espera!
AHurra, lo que quedaba de la Familia del Profeta
estaba reagrupado bajo los restos de una de las
tiendas medio quemada por el incendio.
Zaynab había reunido a todos los niños, cerca de
cuarenta, las mujeres los contaban, los
identificaban uno por uno para asegurarse de que
no faltaba ninguno.
Cual no fue la consternación de Zaynab, de Um
Rabbah, y de todos los supervivientes al ver que
Sukaina no estaba allí.
Dejando el campamento al cuidado de los demás,
Zaynab y Um Kulzum iniciaron la búsqueda.
Durante largo tiempo estuvieron errando en medio
de la oscura noche, vagando por el desierto.
Gritaban:
- ¡Sukaina! ¿Dónde estás? Sukaina ¡Contesta!
Pero solo el ruido del viento respondía a sus
llamadas.
Desesperada por la situación, Zaynab se dirigió
hacia el lugar donde reposaba el cuerpo del Imam
Husein. Antes de llegar, gritaba, entre llantos:
-¡Husein, hermano mío! ¡No consigo encontrar a
Sukaina!
¡Husein, hermano mío! ¡He perdido a tu querida
hija, que tu me habías confiado!
¡Husein, hermano mío! ¡Dime dónde está!
Mientras Zaynab llegaba hasta el cuerpo sin vida
del Imam, la luna apareció en el cielo. A través
de una ranura de entre las nubes de polvo,
iluminó el campo de batalla adormecido.
Zaynab vio entonces a su sobrina. Sukaina
dormía, aferrada contra su padre, con la cara
sobre su pecho.
-¡Sukaina! ¡Sukaina! ¡Despierta querida!
¡Sukaina!¡Sukaina! ¿Qué haces aquí?
Sukaina levantó el rostro, aún somnoliento,
hacia su tía. Bajo la lúgubre claridad de los
rayos filtrados a través de las nubes de polvo,
Zaynab vio los ojos de su sobrina.
Se diría que todo su corazón, toda su vida se
había ido con las lágrimas que la niña había
derramado. Zaynab alejó a Sukaina del cadáver
decapitado de su padre.
La niña le contó cómo, después del salvaje
asalto de los hombres del tirano, sólo tenía un
pensamiento: encontrar a su padre, para contarle
su pena. Había caminado en línea recta,
llamándole. Se dejó guiar por el murmullo del
viento. Cuando descubrió el cuerpo del Imam
Husein, se lo contó todo. ¡Todo! Todo lo que
había sufrido después de su partida. Y todo lo
que cada uno había aguantado. Y cómo un
soldadote le había arrancado los pendientes que
su padre le había regalado, desgarrándole el
lóbulo de las orejas, cubriendo su cara de
sangre. Cómo este bruto inhumano, ¡furioso por
el llanto de la niña, la había azotado, azotado,
azotado! Al final, agotada, Sukaina había puesto
la cabeza sobre el pecho de su padre, como
tantas veces había hecho en el pasado. Y se
quedó dormida.
2
Zaynab montaba guardia. Todo el mundo dormía en
lo que quedaba de tienda medio consumida. Las
mujeres formaban un círculo. Los niños estaban
en el centro.
¡De pronto, pasos! Siluetas, iluminadas por
antorchas, se aproximaban.
-¿Qué queréis más? ¡Vuestra gente nos lo ha
robado todo! ¡Dejadnos! Dejad descansar a los pobres niños. ¡Os
aseguro que ya no hay nada más que robar, regresad mañana! No
hay más que mujeres y niños indefensos...
¡No vamos a desaparecer durante la noche!
Una voz femenina respondió, en un tono educado y
respetuoso:
- Señora, no venimos aquí para robaros. Sabemos
que lo que acabáis de decir es cierto. Traemos un poco de
alimento y agua para los niños y las mujeres viudas de vuestro
campamento.
El pequeño grupo se acercó más. Zaynab pudo
distinguir una mujer, precediendo a algunos
soldados que llevaban recipientes llenos de agua
y grandes canastos llenos de pan. Zaynab
preguntó a la visitante quién era ella:
- Señora, soy la viuda de Hurr. Mi esposo era
general del ejército de Yazid. Tenía bajo sus órdenes a un
millar de hombres. Ayer se unió a vuestro hermano y combatió a
su lado. Algunos de los soldados de Omar hijo de Saad temían que
murieseis de hambre y sed, y no poderos conducir hasta Yazid,
como éste les ha ordenado. Me han pedido que les acompañe para
traeros algo para beber y comer.
- Oh hermana mía,
respondió Zaynab. Todos tenemos una deuda
hacia vuestro esposo, que ha dado su preciosa vida para defender
a Husein. ¡Era nuestro huésped, y no teníamos nada que
ofrecerle, ni para beber, ni para comer!
Zaynab recordó la promesa que había hecho a su
hermano antes de que los dejase. Cogió una
alcuza de agua y fue a despertar a Sukaina.
.-¡Sukaina, hija mía!
Por fin hay agua para ti. ¡Levántate!
¡Bebe! ¡Refresca tus labios y tu garganta
reseca!
- Tía mía, tú también te has quedado sin beber
desde hace días. ¿Por qué no bebes tú?
-¡Bebe Sukaina! ¡Ni tu padre, ni tu tío Abbas,
ni tu hermano Akbar han bebido aún del agua fresca de las
fuentes del Paraíso! Esperan que hayas apagado tu sed. ¡Bebe
Sukaina, para que ellos también puedan beber del agua del
Kauzar!
3
Después del saqueo del campamento de la Familia
del Profeta, los oficiales del ejército de Yazid
se habían reunido alrededor de su comandante.
Buscaban una manera de saciar su sed de
venganza.
Uno de ellos sugirió magullar los cuerpos de los
Mártires del campamento del Imam Husein bajo los
cascos de los caballos.
Omar hijo de Saad encontró esta idea excelente,
y ordenó ponerla en ejecución.
Pero varios de los miembros del clan de los Bani
Asad declararon que no permitirían que se
profanase de este modo los cadáveres de entre
los muertos que pudiesen ser sus parientes.
Otros alegaron la misma objeción sobre los
compañeros del Imam Husein, ya que podían o no
ser miembros de su tribu. Finalmente Omar hijo
de Saad ordenó que sólo el cuerpo del Imam
Husein sufriese ese trato.
Herraron especialmente de nuevo a varios
caballos.
Cuando los muertos del ejército de Yazid fueron
enterrados,
Cuando los cuerpos de los Mártires fueron todos
decapitados,
Los soldados de la caballería pasaron y
volvieron a pasar sobre
el cuerpo del Imam Husein,
Sobre el cuerpo
del hijo preferido del Santo Profeta,
Sobre el cuerpo de uno de los dos Príncipes de
los jóvenes del Paraíso...
4
Fue un sol ensangrentado
El que se elevó la mañana del 11 de Muharram.
¿Era el efecto del polvo que llenaba el aire
Sobre la planicie de Karbala?
¿O el astro diurno se avergonzaba
de tener que iluminar la escena
de la profanación de los cuerpos de los
Mártires,
De la humillación de la Familia del Profeta?
¿O enrojeció de cólera
al ser testigo impotente
Ante tanta bajeza e ignominia?
Omar hijo de Saad se había ido hacia Damasco, no
queriendo delegar en nadie que anunciase su
victoria al Califa.
Los soldados de Yazid encadenaron a las mujeres
y a los niños.
Los velos que ocultaban de las miradas los
rostros de las mujeres habían sido arrancados.
Los cuellos, las manos, los pies fueron atados
con cuerdas y cadenas. Las manos de las mujeres
fueron atadas a los cuellos de los niños. Todos
fueron izados sobre un camello sin silla.
La caravana se puso en movimiento. Delante, en
procesión, iban las cabezas. Las cabezas de los
Mártires, clavadas en la punta de las lanzas.
Setenta y ocho cabezas, setenta y ocho gloriosos
combatientes de la Fe: además del Imam Husein,
diecisiete miembros de la Casa del Profeta y
sesenta fieles Shias.
La cabeza del Imam Husein, precedía a las demás.
Detrás, la caravana andaba rápida.
Cuando ocasionalmente un niño resbalaba y caía
al suelo, la mujer a la cual estaba atado caía
también. Entonces un soldadote se abalanzaba
sobre ellos, levantaba su látigo, y azotaba,
azotaba...
5
A media tarde, llegaron a los muros de Kufa.
Mientras que un mensajero se adelantaba para
llegar hasta el Gobernador Obeidollah, los
soldados reposaban a la sombra, descansaban, se
refrescaban...
Los cautivos esperaban a pleno sol, sin beber ni
comer.
El mensajero volvió. Obeidollah hijo de Ziyad
esperaba a los prisioneros en su palacio. El
cortejo debería pasar por las principales calles
de Kufa y atravesar el mercado principal. Se
pusieron en marcha.
Un pregonero iba delante:
-¡Habitantes de Kufa! ¡Husein hijo de 'Ali, que
había rehusado reconocer la autoridad del Caudillo de los
Creyentes, vuestro querido Califa Yazid, ha sido asesinado, así
como sus Shias!
Las mujeres y los niños de su Familia han sido
hechos prisioneros. Y van a ser conducidos ante el Califa, quien
decidirá qué castigo debe serles infligido.
¡Habitantes de Kufa! ¡Esta es la suerte que
espera a todo aquel que cuestione la autoridad del Califa!
...¡Habitantes de Kufa! Husein hijo de 'Ali, que
había...
La muchedumbre, muda, abrumada, se apiñaba en el
lugar del paso del cortejo. Desde las ventanas,
en las terrazas, las mujeres y los niños, con
los ojos desorbitados, miraban.
Nadie decía ni una palabra. Ocasionalmente se
oía un sollozo reprimido.
Con el rostro cubierto por el cabello, el cual
le servía como velo, encadenada, extenuada,
Zaynab se preparó.
Se sostenía erguida sobre su montura. Su voz
apagaba la del pregonero que caminaba delante:
-¡Gente de Kufa!
¡Yo soy Zaynab, la hija de 'Ali, el Caudillo de
los Creyentes, y de Fátima la Resplandeciente!
¡Soy la nieta del Enviado de Dios!
Soy la hermana de Husein,
Soy la hermana de vuestro Imam,
¡A quien vosotros habéis matado!
¡Gente de Kufa!
¡Gente de traición y de perfidia!
¿Lloráis aHurra?
¡Qué vuestras lágrimas no se sequen jamás!
¡Qué vuestros gritos no cesen nunca!
El mal que habéis cometido es tan grande que
Dios está Encolerizado con vosotros.
¡Permaneceréis inmortales en el Fuego!
De vuestra traición no cosechareis sino
vergüenza y deshonor.
¿Cómo se os puede perdonar el asesinato del hijo
del Santo Profeta, la Prueba de Dios sobre la tierra, vuestro
Imam?
¡Experimentad las consecuencias de vuestro
crimen!
¡Sed desterrados y aplastados!
¡Sed humillados y degradados!
¡Desgracia para vosotros, gente de Kufa!
¡Qué una lluvia de sangre se abata sobre
vuestras cabezas!
¡Qué una tortura sin fin sea vuestro premio en
el Más Allá!
6
Las puertas del palacio del Gobernador se habían
dejado abiertas para permitir que todos pudiesen
ir a felicitar a Obeidollah hijo de Ziyad por su
victoria sobre el Imam Husein.
Estaba sentado sobre un trono, y parecía gozoso.
Estaba jugando negligentemente con una barra de
hierro dando golpes a la cabeza del Imam Husein
que había sido depositada a sus pies.
Un anciano, Compañero del Santo Profeta, Zayd
hijo de Arqam, no pudo contenerse ante semejante
espectáculo:
-¡Quita esta barra de hierro de este noble
rostro, pues yo he visto con mis propios ojos posarse multitud
de veces los labios del Profeta!
Y estalló en llanto.
Obeidollah se encolerizó:
-¡Si no fueses un viejo senil que ha perdido la
razón, te habría hecho decapitar al instante!
Zayd hijo de Arqam salió, consternado, recordaba
el tiempo dichoso en que el Profeta jugaba con
su nieto, lo asía contra sí, lo abrazaba...
Los cautivos fueron conducidos a la presencia
del Gobernador, quien hizo que se presentasen
uno a uno. Cuando llegó el turno de 'Ali Zayn
Al-Abidin, Obeidollah preguntó:
-¿Quién eres tú?
- Soy 'Ali hijo de Husein.
-¿Pero 'Ali hijo de Husein no fue asesinado?
- Tenía un hermano que también llevaba este
nombre. La gente lo mató.
-¡Es más bien fue Dios Quien lo mató!
-”Dios acoge las almas en el momento de su
muerte.”
-¿Cómo osas hablarme en ese tono? ¡Vas a ver!
¡Ningún hijo de Husein quedará con vida! ¡Verdugo, decapítalo!
Zaynab se situó de un salto al lado del hijo de
su hermano. Y gritó:
-¿No crees que ya has derramado suficientemente
nuestra sangre? Por Dios, no lo abandonaré. ¡Si tú le matas,
mátame también a mí con él!
Obeidollah indeciso:
-¡Qué patético cuadro familiar! ¿Querrías que te
matase, Zaynab? ¡Pues bien, no te daré este placer! Después de
todo el Califa Yazid decidirá qué suerte correrá el hijo de
Husein...
Sabes, Zaynab, cuando habéis entrado, no podía
creerme que tenía delante la Familia del Profeta. ¡Pensé más
bien que tu y las demás mujeres no erais sino vulgares esclavas
que habían sido compradas en el mercado!
Zaynab respondió al insulto:
¡Hijo de Ziyad!
¡Somos las hermanas de Husein, las nietas de
Muhammad, que tú reconoces como tu Profeta!
Tú y los otros lacayos de Yazid, habéis
pisoteado los Principios del Islam a cambio ínfimas ventajas
materiales.
¡Hoy te pavoneas, hijo de Ziyad!
¡Te enorgulleces de la victoria de tu ejército
de soldadotes sobre un puñado de héroes!
Te crees poderoso porque puedes insultar
impunemente a las mujeres y a los niños indefensos.
¡Pero te prevengo hijo de Ziyad!
¡Muy pronto la muerte se abatirá sobre ti!
¡Entonces tendrás que dar cuentas sobre tus
crímenes!
¡Tendrás que pagar por el asesinato del nieto
del Profeta y de todos aquellos que estaban con él, o quieres tu
reprochabas que rechazasen la autoridad religiosa de un borracho
y un libertino!
Las palabras de Zaynab produjeron el efecto de
un trueno.
Obeidollah, escuchándola hablar, observaba las
reacciones de los presentes, vio que todos
escuchaban atentamente. Algunos parecía que
asentían con la cabeza, otros secaban
furtivamente una lágrima que no habían podido
contener.
¡Obeidollah vio que todos, casi sin excepción,
admiraban la valentía de esta mujer, y se decía
a sí mismo que ella sería capaz de levantar a
toda la ciudad en su contra!
Chillando le ordenó que se callase, amenazándola
con los peores castigos para ella misma como
para el resto de los otros cautivos si no
obedecía.
Pero Zaynab continuó aún con más exquisitez.
Habló de los méritos de su hermano, el Imam
Husein, contrastándolos paralelamente con los
vicios del hijo de Muawiyah.
Denunció los ultrajes que el dictador cometía
contra la integridad del Mensaje del Islam.
Describió con detalle las atrocidades cometidas
por los hombres del Califa en Karbala.
Obeidollah llamó a sus guardias, les ordenó que
hiciesen salir inmediatamente a los prisioneros.
Ordenó a Shamir que se pusiese de inmediato
rumbo a Damasco, sin dejar ni por un instante
más a Zaynab y los otros prisioneros en Kufa.
El mismo, loco de cólera, salió del palacio
rumbo a la Mezquita.
7
Desde lo alto del púlpito, Obeidollah miró a la
muchedumbre que se había concentrado a sus pies.
Estaba ebrio de orgullo de ser el Gobernador de
esa ciudad, así como de la pérfida victoria que
sus tropas acababan de aportarle.
Quería acabar con la encolerizada impresión que
le produjo el discurso de Zaynab. Esta mujer le
había echado por tierra la satisfacción que
pensaba sacar de este triunfo.
Tomó la palabra, dirigiéndose a los habitantes
de Kufa:
-¡Gloria a Dios! Quien ha hecho triunfar la
Verdad y sus partidarios. ¡Quién ha dado la victoria al Caudillo
de los Creyentes, Yazid, y Quien ha matado al mentiroso, Husein,
hijo de mentiroso, 'Ali, así como a sus Shias!
Una voz le respondió, haciendo temblar los muros
de la Mezquita:
-¡Cállate, enemigo de Dios, cesa de blasfemar!
¡Tú eres un mentiroso, al igual que tu padre, al
igual que aquél que te ha designado para este puesto, al igual
que el padre del mismo!
¡Has asesinado a los descendientes de los
Profetas, y aHurra osas colocarte en su lugar aquí, en este
púlpito!
Obeidollah palideció, incapaz de continuar:
-¡Cogedle!
Los soldados capturaron al hombre, Abdallah hijo
de Afif, que era un Shia del Imam 'Ali. Pero
Abdallah lanzó el grito de guerra hacia su
tribu, los Azd. Inmediatamente setecientos
guerreros se reunieron, espada en mano.
Obeidollah se vio forzado a soltarle.
Pero por la noche, sus hombres se introdujeron
en la casa de este valiente Shia. Lo mataron, y
le crucificaron sobre la puerta de su casa.
8
La caravana de cautivos se puso de nuevo en
marcha, siempre precedida por las cabezas de los
Mártires.
¡Pero ya sin apariencia de procesión triunfal!
Obeidollah había ordenado a los guardias que
pasasen por los sitios menos frecuentados, por
miedo a que los Shias del Imam Husein intentasen
liberar a los prisioneros y vengasen a los
Mártires. Los guardias tenían también como
instrucción no tener ninguna piedad con las
mujeres y los niños.
El Imam Zayn Al-Abidin seguía enfermo,
difícilmente podía seguir. Una pesada cadena
ataba sus pies y su cuello. Si intentaba alargar
el paso, o ir más rápido, caía inevitablemente.
Entonces un bruto descendía del caballo,
levantaba su látigo, y azotaba...
Durante esta interminable travesía por los
desiertos de Mesopotamia y de Siria, sucedió que
Sukaina cayó de su camello. Zaynab, que se
encontraba en el camello vecino dio la alarma.
Los guardias no le prestaron ninguna atención.
Desesperada por la situación, Zaynab dirigió su
mirada a la cabeza del Imam Husein, siempre al
frente del cortejo, siempre clavada en la punta
de una lanza:
-¡Husein hermano mío, me has pedido velar todo
lo que me sea posible por Sukaina! ¡Pero se ha caído de su
montura, yo no puedo hacer nada para ayudarla!
Seguidamente pidió a Dios que tuviese piedad de
ella, y socorrer la desgracia de la niña.
La caravana no había hecho más que tres pasos
cuando la lanza que llevaba la cabeza del Imam
Husein escapó de las manos del hombre que la
sostenía. Y se clavó recta en el suelo. El
hombre saltó del caballo para cogerla y seguir
la marcha. Pero no pudo arrancarla del suelo.
Parecía como si fuese de piedra.
Este hombre, sin embargo, era un coloso.
Comprendió que si lo que estuviese sucediendo se
difundía, el pánico cundiría entre el resto de
los guardias, y que estos huirían despavoridos.
Sin perder un minuto fue a contarle a Shamir lo
que estaba sucediendo. Shamir reflexionó durante
un instante, con el látigo en la mano, se
dirigió hacia el Imam 'Ali Zayn al-Abidin.
-¿Qué es esta historia? ¿Quién es el responsable
de todo esto?
El Imam Zayn al-Abidin miró hacia la cabeza de
su padre, después en dirección de su tía Zaynab.
Zaynab contó la caída de Sukaina, y la
indiferencia de los guardias.
Shamir retrocedió.
Descubrió a la niña inconsciente. Se había
herido en la caída.
Desde que fue puesta en los brazos de Zaynab, la
lanza que llevaba la cabeza del Imam Husein pudo
ser retirada del suelo, sin el menor esfuerzo.
9
El paso por el desierto de Siria, sembrado de
zarzas espinosas, fue para el Imam 'Ali Zayn
al-Abidin un suplicio Hurrroroso. ¡Tanto más
cuanto que los monstruos con forma humana que
conducían la caravana le forzaban a luchar
contra la rapidez de los camellos a paso ligero!
Por la noche, se paraban apenas unas Hurras, y
mientras los guardias se agasajaban, los
desafortunados prisioneros recibían apenas algo
para no morir de sed y hambre.
Una noche, la caravana hizo alto cerca de una
ermita. El monje que vivía allí pasaba toda su
vida en oración, meditación, y en la adoración
de Dios. Shamir confió las cabezas a su
custodia, seguro de que así no serían robadas.
Una simple mirada al rostro del Imam Husein
convenció al ermitaño que se trataba de la
cabeza de un Santo. La cogió y la guardó junto a
su cabecera mientras reposaba. En su sueño vio
descender a todos los Profetas y los Ángeles del
Cielo sobre la cabeza que descansaba junto a él.
Se despertó y se preguntó lo que debería hacer.
Decidió interrogar al jefe de la caravana sobre
la identidad de las personas decapitadas y las
mujeres y los niños que tenían como prisioneros.
Salió pues de su ermita, y despertó a Shamir, y
le preguntó. Shamir le reveló que se trataba del
nieto del Profeta Muhammad, quien había rehusado
reconocer la autoridad religiosa de Yazid, y que
había sido matado por esta razón, al igual que
sus parientes y partidarios. Le dijo que los
cautivos eran los supervivientes de la Familia
del Profeta y que iban a ser conducidos ante
Yazid quien decidiría qué castigo debería serles
infligido.
Colmado de indignación el santo hombre gritó:
-¡Qué la Maldición de Dios caiga sobre vosotros!
¿No veis el Hurrror del crimen del que sois culpables
decapitando al nieto de vuestro Profeta? ¡No hay duda de que
este hombre era un gran Santo! ¡Desgracia para vosotros infames!
¡No contentos con la ignominia que habéis cometido, tratáis con
brutalidad a las mujeres sin defensa y a los niños inocentes!
Shamir, quien estaba ya de muy mal humor por
haberle despertado en plena noche, fue preso de
un ataque de rabia. Cogió su espada y, de un
golpe, cortó la cabeza del ermitaño. No tuvo ni
el menor respeto hacia los requerimientos del
Santo Profeta concernientes a la protección que
debe ser dada a aquellos que se retiran del
mundo y consagran su existencia a la oración y a
la penitencia. Pero aquel que había mostrado
tanto desprecio por la vida del nieto del
Profeta, ¿podría dar alguna importancia a los
Preceptos del Enviado de Dios?
10
Avanzando a marcha forzada, la caravana llegó
pronto a Damasco.
Hizo alto ante las murallas que rodeaban la
ciudad. Un mensajero fue enviado al palacio del
Califa, para recibir instrucciones de Yazid.
Este fue advertido por Obeidollah sobre los
incidentes acaecidos en Kufa. Había juzgado
prudente no desvelar la identidad de los
cautivos, y había hecho correr el rumor que un
príncipe árabe se había levantado contra su
autoridad, que se había enfrentado al ejército
invencible y había sido derrotado, con algunos
de sus partidarios.
Un pregonero confirmó oficialmente esta noticia,
precisando que para que sirviese de ejemplo las
cabezas de los culpables habían sido cortadas y
llevadas ante el Califa, al igual que la familia
del príncipe desleal.
La jornada fue proclamada festiva, para celebrar
la victoria del Caudillo de los Creyentes.
Se decoró la ciudad a toda prisa, se preparó un
festín abierto al público, y todos los
cortesanos y los embajadores residentes en
Damasco fueron convocados a la gran recepción
que tendría lugar esa misma noche en el palacio.
Mientras que los preparativos estaban en plena
actividad, los prisioneros aguardaban, a pleno
sol. Grupos de curiosos se acercaban para ver
los cautivos que iban a ser llevados al Califa.
La escena de las mujeres, y sobre todo de los
niños, medio muertos de hambre y sed, cuya
extrema delgadez causaba Hurrror, encadenados,
cubiertos de polvo y de sangre seca enmudeció a
más de un testigo. Algunos de los curiosos
tiraron dátiles secos a los niños, como limosna.
Los desafortunados niños, hambrientos, cogieron
los dátiles y para así disponerse a mitigar su
hambre, pero Zaynab y las otras mujeres les
prohibieron comer aunque fuese uno, y les
ordenaron que los devolviesen a los que los
habían tirado. Zaynab con la cara siempre
cubierta con su cabello, habló:
- Os doy las gracias por vuestra preocupación
hacia los niños hambrientos. Pero somos la Familia del Profeta,
y del Enviado de Dios y nos está prohibido comer limosnas. Bajo
ningún concepto nos está permitido transgredir estas órdenes.
La gente se quedó estupefacta al oír esta
respuesta. No sabían qué era lo más
inconcebible, la prohibición a dejar comer a los
niños o el hecho de que la Familia del Profeta
estuviese cautiva y en un tal estado.
El rumor corrió por la ciudad, las preguntas y
las suposiciones corrían como el agua.
11
Llegó al fin la orden de conducir los cautivos
al palacio.
Cuando aparecieron ante él. Yazid no pudo creer
que se trataba de la Familia del Profeta. Que,
esas personas macilentas, demacradas, casi como
espectros... Esqueletos en andrajos cubiertos de
polvo, sangrando por todas partes a causa de las
últimas heridas infligidas por las caídas o por
el látigo... Estos espectros encadenados,
hambrientos, desfallecidos...
-¡Omar hijo de Saad! ¡Te has burlado de mí!
Estas no son las hermanas y las hijas de Husein... ¿Dónde has
comprado estos y donde has escondido los otros?
Yazid estaba borracho. Estaba sentado en lo alto
de un trono. Y a sus pies, en una bandeja de oro
macizo, había hecho colocar la cabeza del nieto
del Profeta. En la mano, tenía una copa de vino
que un copero iba llenando antes que se vaciase.
Yazid hervía de rabia, los ojos inyectados en
sangre. Omar hijo de Saad se arrojó a sus pies.
-¡Ten piedad de mí, Caudillo de los Creyentes!
Tu humilde esclavo ha cumplido exactamente tus órdenes. Los que
están ante ti ciertamente son Zaynab y Kulzum las hermanas de
Husein, Um Layla y Um Rabbah sus viudas, Sukaina y Rukayya sus
hijas, y los demás son los parientes y los huérfanos de sus
próximos y de sus Shias. Y ante ti he traído también a 'Ali Zayn
al-Abidin, el hijo de Husein.
Yazid miró a los cautivos. No podía divisar el
rostro de las mujeres ya que, todas, cubrían su
rostro tras sus cabellos. Una de ellas parecía a
demás esconderse tras una anciana. Yazid la
señaló con el dedo:
-¡Aquella, aquella de allá que se esconde!
¿Quién es?
- Majestad, es Zaynab,
respondió Omar, levantándose. Es la hija de
'Ali y de Fátima. La anciana que la esconde es Fizza. ¡Se
glorifica a sí misma de nombrarse la esclava de Fátima y Zaynab!
Yazid eructó:
-¡No permito a nadie que esconda de mi vista a
mis prisioneros, Shamir! ¡Haz un lado a la vieja, que pueda
contemplar libremente a la hija de Fátima!
Shamir se acercó con el látigo levantado.
Fizza, avisando a los esclavos abisinios
presentes, armados con sables tras el trono del
Califa, interpeló:
-¡Hermanos míos! ¿Qué es lo que queda de vuestro
sentido de la hermandad y vuestro honor? ¿Dejareis que se
moleste ante vosotros, sin reaccionar, una anciana dama de
vuestro pueblo, una princesa de vuestro país, teniendo cada uno
de vosotros un arma en la mano?
A las palabras de Fizza, varios esclavos dieron
un paso hacia delante. Uno de ellos se dirigió a
Yazid:
-¡Caudillo de los Creyentes! Dile a este hombre
que no levante su látigo contra nuestra princesa. ¡Si no, la
sangre va a correr como un río en este palacio!
Estaba muy ebrio, pero Yazid se dio cuenta de
que el hombre hablaba en serio. ¡Sus esclavos se
alzaban!
El cobarde disimuló en principio su pánico.
Respondió con una gran sonrisa:
-¡Mis fieles sirvientes! Estoy orgulloso de ver
hasta que punto habéis conservado el sentido del honor. Os
prometo que nadie maltratará a vuestra compatriota.
12
Yazid calmó su angustia sorbiendo un poco más de
vino. Temblaba de ira. ¿Cómo podía aclarar el
enfrentamiento que ocurre públicamente?
A su alrededor, casi cien mil cortesanos y
embajadores se encontraban reunidos. Todos
habían sido testigos de su humillación.
En la mano que no tenía la copa de vino tenía
una caña, adornada con un pomo de oro. La
utilizó para golpear los labios del Imam Husein.
Burlándose:
-¡Ah, los bonitos labios que ha besado Muhammad!
¡Qué contentos estarían mis antepasados de contemplar esta
escena! ¡Todos mis valerosos antepasados a quienes Muhammad
mató, desde Bader hasta Honayn! ¡Sus almas deben estar hoy
contentas viéndome, Yazid, yo los he vengado destruyendo la
familia de su enemigo!
Los cautivos permanecieron en silencio. Ni
Zaynab, ni 'Ali Zayn al-Abidin querían rebajarse
para replicar al borracho.
Pero un embajador de un país extranjero,
asqueado, indignado por tanta ignominia, se
levantó:
-¡Oh rey! ¡Quisiera saber quién es el hombre
cuya cabeza está a tus pies, y qué crímenes imperdonables ha
cometido para que tú trates así sus restos mortales y a su
familia, incluso después de su muerte!
-¡Son la gente de la Familia del Profeta del
Islam! Han osado desafiar mi autoridad. Estas mujeres y estos
niños son mis esclavos, y les voy a hacer sufrir un trato que
nadie aún ha infligido a un ser humano jamás ¡Así, nadie más
osará nunca levantar ni su dedo meñique contra mí!
Abdol-Wahab - tal era el nombre de este
embajador- era un hombre instruido. Había
estudiado mucho sobre la vida y las Enseñanzas
del Santo Profeta y de sus Descendientes.
Reflexionó un instante.
Plenamente consciente de lo que quería decir,
dejó a un lado toda clase de diplomacia:
-¡Oh rey! Has cometido el más odioso de los
crímenes contra tu Religión y contra la humanidad. ¡Has
aniquilado de la manera más odiosa la Familia de tu propio
Profeta, gentes que eran piadosas y que vivían con santidad!
¡Has tratado a sus descendientes más brutalmente
que a los animales!
La gente de mi pueblo, tiene respeto hacia mí,
por la sola razón que soy descendiente de uno de sus Profetas.
¡Pero tú, has caído en la más baja abyección!
Volviéndose entonces en dirección a 'Ali Zayn
al-Abidin, Abdol-Wahab continuó:
- 'Ali hijo de Husein, lo que he visto y he oído
hoy me ha convencido que tu padre era la más noble alma sobre la
faz de la tierra, y el más valeroso de los hombres por haber
combatido de esta manera la injusticia, la tiranía y la
opresión.
¡Declaro mi Fe en la Religión de tu padre, esta
religión por cuya defensa ha vertido su sangre! ¡Y te elijo como
testigo de mi profesión de Fe!
Un torrente de injurias salió de la boca de
Yazid. Ordenó que arrestasen al embajador, y que
acto seguido lo ejecutasen.
13
Un profundo silencio reinaba en la sala.
Todos los testigos quedaron mudos de admiración
ante el coraje de Abdol-Wahab y la verdad de sus
palabras...
Yazid intentaba calmar sus nervios bebiendo copa
tras copa. Era absolutamente necesario que
restableciese su autoridad vengándose sobre
alguien.
Se levantó y tendió los brazos a Zayn al-Abidin,
gritando:
- ¡Tú ¡Tú eres el responsable de todo esto! ¡Tú
eres quien ha promovido a este loco a que me insulte!
Yazid se calló un instante, como si intentase
reflexionar a través de los vapores del alcohol.
-¡Voy a hacerte cortar la cabeza aHurra mismo
ante mí! ¡Ante todo el mundo! ¡Ante tu madre, y tus hermanas, y
tus tías, y todos los demás!
Vació otra copa más.
-¡No, esta muerte será muy dulce para ti! Voy a
torturarte para que mueras poco a poco. Voy a hacerte sufrir lo
que nadie aún jamás ha sufrido. ¡Serás tú mismo quien me
suplicará que acabe contigo!
Después de esto Yazid se rió a carcajadas.
Eran las risas de un demonio borracho que había
perdido todo control sobre sí mismo.
El Imam 'Ali Zayn al-Abidin respondió, con voz
baja, estaba tan agotado, no obstante clara y
firme:
-¡Yazid! Las torturas que tú ya nos has
infligido no pueden ser sobrepasadas en Hurrror a todo lo que tu
espíritu enfermo pueda imaginar.
Para mí, la peor de las torturas, es estar en tu
presencia, con las mujeres de la Familia del Profeta sin velo
para cubrir su rostro de tu vista viciosa.
No creas que yo y mis próximos estemos
atemorizados o intimidados por tus amenazas. Nosotros, Gente de
la Familia del Profeta, hemos sido educados desde la infancia
para ser capaces de soportar toda clase de pruebas, todos los
sufrimientos.
¡A quienes Dios ama, Él los afirma en todas las
pruebas y, en el Más Allá, gozarán de Sus favores!
Un murmullo de admiración se levantó en la sala.
Todos estaban forzados a reconocer que 'Ali Zayn
al-Abidin era el digno representante del Enviado
de Dios.
Yazid se dio cuenta de los sentimientos que
animaban a los presentes. Tuvo miedo de que
algunos pensasen en derrocarle para instalar
sobre el trono al hijo del Imam Husein. El
carácter astuto y malicioso que había heredado
de su padre vino en su defensa. Y se rió a
carcajadas:
-¡Ah, tú me criticas! ¿Pero no es Dios, El
Mismo, Quien ha hecho morir a tu padre? ¿No es Dios Quien lo ha
castigado por haberse revelado contra el Caudillo de los
Creyentes?
-¡No tirano! ¡No deformes los Versículos
coránicos! ¡No cambies su significado! En Su Infinita Sapiencia,
Dios da a cada uno el tiempo y las ocasiones para hacer el bien
o el mal, con justicia u opresión.
¡El Castigo Divino llega siempre a los tiranos
tarde o temprano!
¿No cuenta el Santo Qor'an las tribulaciones de
los Profetas, que han sufrido mil males infligidos por los
pueblos a los cuales habían sido enviados?
Yazid no sabía qué responder. Su espíritu estaba
demasiado embebido en el alcohol para encontrar
una réplica.
Un cortesano, siempre al acecho de obtener un
favor, tuvo una idea para menguar la tensión que
resultaba peligrosa. Se adelantó hacia el trono,
se prosternó ante los pies de Yazid, y pidió:
-¡Caudillo de los Creyentes! ¡Oh mi señor!
Imploro a su Majestad concederme una recompensa por los
servicios que le he prestado. Dame como esclava a Sukaina, la
hija de Husein.
Zaynab estrechó a Sukaina entre sus brazos. Y
replicó:
-¿Quién te has creído que eres, miserable lacayo
de Yazid? ¿Has perdido todo sentido de la medida? ¿Crees que
perteneces a tan alta cuna que se te otorgue como esclava a la
nieta del Profeta?
- Cállate,
interrumpió Yazid. ¡Soy yo quien decide aquí,
y hago lo que quiero!
-¡No Yazid, no eres tú el que manda! ¡Ni aquí,
ni en ninguna parte! Dios no te dejará cometer tal abominación a
no ser que tú rechaces públicamente el Islam y aceptes otra
religión.
-¿Es a mí a quien hablas de esta manera? ¿A mí,
el Caudillo de los Creyentes? ¡Es tu padre él que se ha desviado
de la Religión, al igual que tu hermano!
-¡Mientes enemigo de Dios! ¡Pretendes ser el
Caudillo de los Creyentes mientras que ordenas la injusticia,
combates la virtud, y oprimes a los débiles indefensos!
El cortesano insistió:
- Dame esta niña...
Yazid le reprendió:
-¡Quédate más bien célibe!
¡Qué Dios te dé la muerte!
14
Yazid hizo venir entonces a un hombre que tenía
reputación de gran elocuente. Dio la orden de:
- Trae a este chico, y llévale a lo alto del
mimbar. ¡En cuanto a ti súbete, e informa al pueblo de la mala
reputación de su padre y de su abuelo, diles todo a cerca de su
intención de apartarse de la Verdad, y de su injusticia para con
nosotros!
El hombre obedeció. Habló con habilidad. No
olvidó ninguna fecHurría que se pueda imaginar,
y acusaba a la Familia del Profeta de ser los
responsables. Prosiguió su discurso leyendo en
las caras de sus auditores qué sentimientos
hacían crecer sus palabras. Modulaba sus
palabras, sus entonaciones, sus gestos, la
expresión de su cara, y hasta el brillo de su
mirada y el ritmo de su respiración, como un
actor consumado. Cuando terminó de hablar, los
asistentes estaban subyugados.
El orador descendió del mimbar.
El Imam Zayn al-Abidin se levantó. Escaló los
peldaños, con las manos atadas y los brazos
trabados por las gruesas cadenas que estaban
enrolladas alrededor de su cuerpo.
Yazid quiso oponerse a que su prisionero subiese
también al mimbar, pero la determinación del
Imam había podido con la voluntad del tirano.
El Imam Zayn al-Abidin comenzó con las Alabanzas
a Dios de la más bella forma que pueda
concebirse. Después invocó las Bendiciones de
Dios sobre el Profeta. Y se dirigió a la
muchedumbre reunida:
- ¡Oh gentes! Os pongo en aviso contra la vida
de este bajo mundo y lo que contiene, ya que es una morada
transitoria que está consagrada a desaparecer. Cambia a sus
habitantes de un estado a otro. Ha reducido a la nada a las
generaciones predecesoras, y a las naciones otras veces. Por lo
tanto, habían vivido mucho tiempo antes que vosotros, y han
dejado vestigios colosales...
El paso del tiempo los ha destronado; las
serpientes y las bestias que se arrastran sobre la tierra se han
apoderado de ellos, y han hecho pasto de ellas.
La vida los ha anulado, y es como si nunca
hubiesen existido. La tierra los ha engullido en su seno; ha
puesto fin a su belleza, ha cambiado su color y el tiempo los ha
asolado...
¿Esperáis después de esto permanecer inmortales?
No hay lugar a dudas. Seguiréis el mismo camino...
¡Por lo tanto, el poco tiempo que os queda para
vivir, empleadlo en buenas acciones! ¡Ya que os veo ya,
transportados desde vuestros palacios a vuestras tumbas,
afligidos, hundidos, por la desgracia!
¡Cuántos heridos han sucumbido solamente por
lamentarse! Pero entonces es demasiado tarde para
arrepentirse... ¡Lo que uno encuentra ante sí, es lo que ha
realizado en su vida! ¡Es ante sus propios actos que uno se
encuentra! Y “Dios no es injusto con nadie...”
¡Oh gente! Los que os han precedido aHurra se
encuentran inertes, yaciendo entre los muertos. Aguardan el
Castigo de Dios y el Día del Juicio... Ya que Dios castigará o
recompensará a cada uno según sus actos.
¡Oh gente! ¡Dios, Exaltado y Alabado sea, nos ha
probado, a nosotros los Ahl-al-Bayt, mediante una bella prueba,
depositando el Estandarte de la Buena Dirección, de la Justicia
y de la Piedad entre nosotros, y depositando el estandarte del
extravío y de la ruina fuera de nosotros!
Nos ha favorecido, a nosotros los Ahl-al-Bayt,
con seis cualidades:
¡Nos ha favorecido con la Ciencia, la
mansedumbre, el coraje, la bondad, el amor y el afecto de los
corazones de los Creyentes!
¡Y Él nos ha dado lo que Él no ha concedido a
nadie antes de entre los mundos: es entre nosotros donde
frecuentan los Ángeles, y la Revelación del Libro!
¡Oh gentes! ¡Aquel que me ha reconocido, es para
su propio mérito! ¡Respecto a aquel no me conoce, le anuncio
quién soy yo y cual es mi línea!
¡Soy el hijo de La Meca y Mina!
¡Soy el hijo de Zamzam y Safa!
¡Soy el hijo del mejor hombre que haya jamás
llevado vestiduras!
¡Soy el hijo del mejor hombre que haya jamás
andado sobre la tierra, así sea descalzo o calzado!
¡Soy el hijo del mejor hombre que haya jamás
circunvalado la Santa Kaaba!
¡Soy el hijo del mejor hombre que haya jamás
realizado el Peregrinaje y respondido a la Llamada de Dios!
¡Soy el hijo de aquel quien fue llevado por los
cielos por el caballo de Buraq!
¡Soy el hijo de aquel quien viajó de noche de la
Mezquita Sagrada hasta la Mezquita Alejada!
¡Soy el hijo de aquel a quien Gibrail elevó
hasta el Lotus del Limite!
¡Soy el hijo de aquel quien se encuentra cercano
a su Señor, a la distancia de dos arcos, o más cercano aún!
¡Soy el hijo de aquel quien ha rezado con los
Ángeles del Cielo, de dos en dos!
¡Soy el hijo de aquel a quien Allah el Glorioso,
ha revelado lo que El ha revelado!
¡Yo soy el hijo de Muhammad Mostafa!
¡Soy el Hijo de 'Ali Mortaza!
¡Soy el hijo de aquel quien ha doblegado a las
gentes hasta que dijeron:
“¡No hay divinidad fuera de Dios!”
¡Soy el hijo de aquel quien ha combatido junto
al Profeta con dos espadas, y con dos lanzas; y ha partido de su
país en dos emigraciones; y ha reconocido al Profeta como
Mensajero de Dios en dos sumisiones; y participó en las batallas
de Bader y Hunayn; y jamás ha negado a Dios!
¡Soy el hijo del más piadoso de los Creyentes!
¡Soy el hijo del heredero de los Profetas! ¡Es
el que reprime a los ateos, el Jefe de los Musulmanes, la Luz de
los combatientes, el adorno de los adoradores de Dios, el más
paciente de todos los hombres, y el mejor de todos aquellos que
se levantan para la oración de entre la familia de Yasin, el
Profeta del Señor de los universos!
¡Soy hijo de aquel a quien Gibrail sostiene y
Mikail asiste!
¡Soy hijo de aquel quien protege los Lugares
Sagrados de los Musulmanes, y que mata a los renegados, los
infieles y los tiranos!
¡Soy hijo del más noble de los Quraish!
¡Soy hijo de aquel quien, de entre todos los
Creyentes, ha sido el primero en responder a la Llamada de Dios
y de Su Profeta!
¡Soy hijo de aquel quien es indulgente y
generoso, resplandeciente, risueño e íntegro, valiente y bravo!
¡Es paciente y ayuna frecuentemente! ¡Educado y recto!
¡Intrépido y valeroso! ¡Ha abatido a los incrédulos en combate!
¡Él es el León del Hiyaz! ¡Es él la Víctima expiatoria de Irak!
¡Es el padre de Hasan y de Husein! ¡Es mi abuelo! ¡Es 'Ali, el
hijo de Abu Talib!
¡Soy el hijo de Fátima Zahra!
¡Soy el hijo de Jadiya al-Qubra!
¡Soy el hijo de aquel que ha sido asesinado
injustamente!
¡Soy el hijo de aquel cuya cabeza ha sido
cortada!
¡Soy el hijo de aquel que ha muerto sediento!
¡Soy el hijo de aquel que yace sobre la tierra
de Karbala!
¡Soy el hijo de aquel a quien han arrancado sus
vestiduras y su turbante!
¡Soy el hijo de aquel por quien han llorado los
Ángeles del Cielo!
¡Soy el hijo de aquel por quien han llorado los
jinns de la tierra, y los pájaros en los aires!
¡Soy el hijo de aquel cuya cabeza se ha exhibido
sobre la punta de una lanza! ¡Soy el hijo de aquel cuyas mujeres
han sido llevadas cautivas desde Irak hasta Damasco!
¡Soy el hijo de aquel...
¡Soy el hijo...
El Imam Zayn al-Abidin continuó de esta manera
diciendo de quien era hijo, y la gente rompió en
llantos...
Yazid había visto a la muchedumbre, primeramente
sorprendida, conmoverse a medida que el Imam
Zayn al-Abidin hablaba. Algunos habían empezado
a secarse una lágrima fortuita, otros no habían
podido esconder su desconcierto. ¡AHurra todos
los asistentes lloraban, sin cese!
Yazid tuvo miedo que las gentes se alzasen. Pero
no sabía qué hacer para imponer el silencio al
Imam Zayn al-Abidin. Una vez más, buscó su
salvación en la astucia. Ordenó al muecín de
recitar el adhan, sabiendo así que el Imam
estaría obligado a cesar en su discurso.
¡Allaho Akbar! ¡Allaho Akbar! (¡Dios es el más
grande! ¡Dios es el más grande!)
El Imam Zayn al-Abidin replicó:
- ¡Si, nada es mayor que Dios! ¡Tu magnificas a
Quien no puede medirse!
¡Ash-hado an la ilaha illa-lah! (Atestiguo que
no hay divinidad más que Dios)
- Atestiguo lo que tú atestiguas,
dijo como eco el Imam Zayn al-Abidin. ¡Mis
cabellos, mi carne, mis huesos y mi sangre son testigos!
Cuando el muecín dijo:
¡Ash-hado anna Muhammad Rasulullah! (Atestiguo
que Muhammad es el Mensajero de Dios)
'Ali Zayn al-Abidin se volvió hacia Yazid y gritó:
- ¡Oh Yazid! Este Muhammad, ¿es mi abuelo o es
el tuyo? Si dices que es tu abuelo, entonces mientes y reniegas
de Dios; y si dices que es mi abuelo, entonces ¿por qué has
masacrado a su descendencia? ¿Por qué has matado a mi padre, y
hecho cautivas a sus mujeres? ¿Y por qué me has hecho
prisionero?
Añadió:
- ¡Oh gentes! ¿Se encuentra alguien entre
vosotros cuyo padre y abuelo sea el Mensajero de Dios?
El Imam Zayn al-Abidin descendió del mimbar, y
la gente se reunió a su alrededor. No se oía más
que el ruido de los llantos y de los gemidos que
crecían en la muchedumbre angustiada...
15
El calabozo estaba sumido en la oscuridad. Por
lo tanto, fuera, brillaba un sol cegador.
El Imam 'Ali Zayn al-Abidin oraba, la frente
sobre el suelo. Los otros sobrevivientes de la
Familia del Profeta también rezaban, en las
tinieblas de la prisión. Zaynab oraba sentada,
sus fuerzas se habían casi extinguido. La comida
era tan escasa que ella dejaba su escasa parte a
los niños, contentándose con un poco de agua.
Estaba muy débil aHurra para sostenerse en pie.
Pasaban las Hurras. Los prisioneros rezaban
siempre. No interrumpían sus actos de devoción
mas que para llorar amargamente el recuerdo de
los seres queridos que habían perdido en
Karbala.
En el exterior, la noche había sucedido al día,
¿pero esto qué cambiaba en la noche del
calabozo?
Un grito y llantos aún mayores llevaron a Zaynab
al lado de Sukaina.
- ¡Tía mía!. ¡En mi sueño he visto a mi padre!
No lo había visto desde que se marchó, ese día Hurrrible... Se
lo he contado todo. Todo lo que hemos soportado hasta hoy. Y me
ha dicho: “¡Sukaina, tus sufrimientos han terminado! Sukaina
querida hija mía, he venido a buscarte!”
Sukaina rompió a llorar. Entonces todas las
mujeres, y los niños también, se pusieron a
llorar.
Yazid, que pasaba en este momento cerca de un
respiradero de la prisión, preguntó qué es lo
que pasaba allí. Los guardias le dijeron que
Sukaina la hija del Imam Husein quería ver el
rostro de su padre.
Yazid dio las órdenes. Los guardias entraron
rápidamente en el calabozo. Uno de ellos llevaba
una bandeja de plata recubierta de una tela de
seda. El guardia depositó la cabeza ante
Sukaina. Retiró la tela.
La antorcha que él blandía iluminó la cabeza del
Imam Husein.
Sukaina se adueñó de la cabeza de su padre. La
estrechó contra sí, abrazándola como la había
abrazado miles de veces cuando estaba vivo. Al
cabo de un momento sus llantos cesaron.
Zaynab se aproximó a Sukaina que estaba inmóvil,
acurrucada alrededor de la reliquia del Imam.
- Sukaina hija mía, no te quedes así encorvada
sobre la cabeza de tu padre.
Sukaina no respondía. Zaynab quiso sacudir
dulcemente la espalda de la niña.
Pero Sukaina había dejado de vivir.
Su padre tan querido había cumplido la promesa
que le había hecho en el sueño. AHurra ella
estaba con él, en el Paraíso.
16
Los informes de sus guardias no dejaban de
preocupar a Yazid.
Demasiada gente murmuraba contra él. Demasiados
rumores circulaban sobre el cruel destino que él
había infligido a la Familia del Profeta.
Algunas mujeres llegaron incluso a tratar a sus
maridos de cobardes porque no se oponían al
tirano.
Yazid había perdido el sueño. AHurra temía
seriamente ser depuesto.
¡A pesar de cincuenta años de presencia omeya! A
pesar de un cuarto de siglo de poder absoluto,
primeramente en manos de su padre,
posteriormente entre las suyas. A pesar de todos
los esfuerzos desplegados para inculcar a las
masas el odio hacia la Familia del Profeta, de
'Ali, de Hasan, de Husein. ¡A pesar del miedo, a
falta de afecto, que sentía la gente por los
descendientes de Abu Sufian, a pesar de todo
esto, en su feudo de Damasco, Yazid temblaba en
su trono! Entonces decidió liberar de la prisión
a los supervivientes de la matanza.
Afirmó públicamente que le habían engañado, que
Husein no era tan rebelde como le habían dicho.
Juró que jamás había ordenado que matasen al
nieto del Profeta y que si él, Yazid, hubiese
estado presente en Karbala, no hubiese permitido
que se le hiciese lo que se le había hecho.
Yazid ofreció al Imam Zayn al-Abidin, a Zaynab,
a Kulzum, a todas y a todos concederles todo
aquello que pudiesen desear.
La única cosa que el Imam Zayn al-Abidin y la
Gente de la Casa del Profeta pidieron fue que se
les restituyesen los pobres bienes que les
habían robado. Se llevaron consigo sus
reliquias, al igual que las cabezas de los
Mártires.
Viajando de noche, y acompañados de una escolta
que alejaba de ellos a los inoportunos,
volvieron al lugar del Sacrificio en la llanura
de Karbala.
Enterraron las cabezas cerca de los cuerpos de
los Mártires. Unos pastores nómadas habían
recubierto vagamente con tierra los cadáveres
mutilados, y un Compañero del Santo Profeta,
Jaber hijo de Abdallah Ansari, les había dado
una verdadera sepultura. El Imam 'Ali Zayn
al-Abidin, y las mujeres y los niños de la
Familia del Profeta, se dirigieron seguidamente
hacia Medina. Llegaron allí el 8 del mes de Rabi
al-Awwal del año 61 de la Hégira.
...Medina de la que habían partido seis meses y
medio antes, el 28 del año 60, tras el Imam Husein.
Epílogo
Un año después del Sacrificio del Imam Husein,
los habitantes de Medina se sublevaron contra el
dictador impío. Depusieron a su gobernador y lo
reemplazaron por Abdallah hijo de Hanzalah. El
ejército de Yazid atacó la ciudad del Profeta.
Yazid entregó la ciudad a sus soldados durante
tres días. Más de diecisiete mil Mequinenses
fueron aniquilados, las casas y las tiendas
robadas, y las mujeres musulmanas fueron
violadas.
“Mil mujeres quedaron en cinta durante esos
días, y no estaban casadas.”
Al año siguiente, otro levantamiento tuvo lugar.
El jefe de los insurrectos era Abdallah hijo de
Zobayr. El mismo ejército que había atacado la
ciudad Santa del Mensajero de Dios se avanzó
hacia La Santa Meca, donde el hijo de Zobayr
estaba atrincherado. Catapultas, ballestas y
otras armas de guerra del ejercito omeya,
infinidad de proyectiles se lanzaron contra la
Santa Kaaba derrumbándose un muro de esta y un
incendio asoló la Casa de Dios.
En los días siguientes a esta profanación
inexpiable, Yazid murió.
Según Ibn Kathir, cuando se le preguntó si era
lícito maldecir a Yazid, Ahmad Ibn Hanbal, uno
de los mushtajid sunnis, respondió:
“¿Cómo no maldeciré a aquel de Dios El Mismo
maldice?”
¡Cierto Dios y Sus Ángeles bendicen al Profeta!
¡Oh vosotros los que creéis, bendecidle, y
dirigidle vuestros saludos de Paz!
“Dios mío Bendice a Muhammad y a la Familia de
Muhammad”
Bibliografía
Sobre el levantamiento del Imam Husein:
DARUT TAWHID: "El Imam Husein y el
día de Ashura". París, biblioteca Ahl-ul-Bayt, 1984.
MUFIT (Sheykh al-): "Kitab al-irshad" - El Libro de la Guía.
Qom, Irán, Ansariyan Publication (en inglés).
TABATABAI (Allamah) Mohammed Husein: "El Islam Shia". Teherán,
Irán, Organización para la Difusión Islámica, 1983.
ZAKIR: "Tears and Tributes", Hyderabad, India, Shahed
Associates, 5º de.
Revisada, 1991.
Sobre la desviación, y los acontecimientos que condujeron
al Levantamiento del Imam Husein:
AHMAD Abbas (al-Bostani): "Para una lectura correcta del Imam
al-Hassan y de su Tratado de Reconciliación con Muawiya", París,
Biblioteca Ahl- ul-Bait, 1987.
DARUL TAWHID: "La escuela de Ahl-ul-Bayt, primera de las cinco
Escuelas Jurídicas Musulmanas", París, Abbas Ahmad, 1992.
HUSEIN (Sayyed) Safdar: "Historia de los primeros tiempos del
Islam", París, Abbas Ahmad, 1991.
TABATABAI (Allamah) Muhammad Husein: "Introducción al
Conocimiento del Islam", Teherán, Irán, Organización para la
Difusión Islámica, 1985.
AL-THAQALAYN
I.S.S.N. 1164-8104
Mensual- Junio/Julio 1993 - Nº 15
(Suplemento gratuito)
Depósito legal: Junio 1993
Editado e impreso por
Ibrahim Husein Anger B.P. 124
63503 ISSORE Cedex
Director de la Publicación: Ibrahim Anger.
Traducción del francés al castellano:
Alia
Solé
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