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ISRAEL Y EE.UU: SUS CRÍMENES DE GUERRA
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BOMBAS DE RACIMO

SOBRE GAZA
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Una bomba de racimo o bomba «clúster» es una bomba de caída libre, o dirigida, lanzada desde el aire o desde la superficie, que al alcanzar una altura concreta, medida por un altímetro, se abre dejando caer cientos de sub-municiones o bombetas de diversos tipos, de alto poder explosivo, antipista, antipersona, perforantes, incendiarias, etc.

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Un obús israelí de 155 milímetros abre fuego sostenido sobre la superpoblada Franja de Gaza donde viven hacinados un millón y medio de seres humanos.

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La lluvia cae sobre Gaza. No son gotas de agua sino pequeños y mortíferos proyectiles.

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Unos familiares llevan en brazos los cadáveres de los tres hermanos palestinos Ahmad (d), Muhammad (c) e Isa al-Samone (i), que resultaron muertos el domingo 4 de enero por la mañana en un ataque de la artillería israelí de 155 milímetros contra el este de la ciudad de Gaza, la misma que utiliza proyectiles de racimo.

Este tipo de municiones se encuentran en los arsenales de la mayoría de los ejércitos. Algunos gobiernos y organizaciones civiles, como Greenpeace, concertaron recientemente un acuerdo donde se prohíbe el uso de bombas de racimo, realizado en Dublín por más de cien países, esperando lograr deponer la tendencia de países no firmantes, como Estados Unidos, para respetar la prohibición de esas terribles armas explosivas La «Convención sobre las bombas con submuniciones», dispone que cada Estado firmante «se comprometa a nunca emplear estas armas, bajo ninguna circunstancia». En mayo de 2008, más de 109 países firmaron un acuerdo en la Conferencia Diplomática para la Adopción de una Convención sobre Bombas de Racimo para prohibir el uso y la fabricación de este armamento. Entre los ausentes estaban los grandes fabricantes y comerciantes que son Estados Unidos, China, Rusia, Israel, India y Pakistán.

Debido a su amplitud y al gran número de sub-municiones, hasta 300, esta arma es usada para atacar a objetivos militares dispersos, como concentraciones de tropas, columnas de blindados, o para negar el uso de una zona o instalaciones como el caso de aeródromos. Pero también debido a estas características, a menudo hiere y mata a civiles, especialmente cuando es usada en zonas urbanas.

Las submuniciones esparcidas tienen un rango de fallo de entre el 5% y 30%, por lo que pueden quedar bombas enterradas sin explotar siendo peligrosas tiempo después de terminada la guerra, especialmente a los niños por sus formas llamativas, como pelotitas de tenis o latas de refrescos. Varios países han usado este tipo de arma en conflictos diferentes a pesar de causar problemas muy serios bajo el derecho humanitario internacional. Rusia las usa en Chechenia, el Reino Unido las usó en Kosovo e Iraq, Israel en El Líbano en el año 2006 y Gaza en 2009, los Estados Unidos utilizó estas bombas en Afganistán, Kosovo, Laos e Iraq, entre otros. En Iraq se estima que entre los Estados Unidos y el Reino Unido ya se han lanzado cerca de un millón. Una campaña internacional, la Coalición de las Bombas de Racimo fue establecida en el 2003 para parar el uso, la producción, la transferencia y el almacenamiento de estas armas. Hoy en día, más de 160 ONG de todo el mundo se están dedicando a la educación, la investigación, y la presión a diferentes gobiernos para cambiar sus políticas acerca de estas armas.

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No obstante los fabricantes de estas armas han desarrollado importantes esfuerzos en los últimos años para minimizar los peligros de las municiones no explotadas, incorporando mecanismos de autodestrucción pasado un lapso de tiempo y aumentando los controles de calidad para reducir el porcentaje de municiones defectuosas.

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Bombas de racimo estallan sobre el cielo de Gaza, enero de 2009. Infierno crepuscular...

Las bombas de racimo contienen un dispositivo que, al abrirse, libera un gran número de pequeñas bombas. Estas sub-municiones causan diferentes daños, como perforar vehículos blindados con su carga explosiva o alcanzar y herir a la mayor cantidad de gente posible con sus fragmentos de metralla o comenzar incendios.

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Arriba, un obús de 155 mm de fabricación norteamericana es acondicionado por su dotación israelí durante el bombardeo de la Franja de Gaza en enero de 2009. Abajo, dos imágenes que muestran la lluvia de bombas y proyectiles de racimo sobre la ciudad de Gaza.

Existe una gran controversia sobre las bombas de racimo. Para empezar, son armas “de área”, es decir, pueden cubrir una gran porción de territorio, lo que puede causar daño indiscriminado.

Son también “tontas”, lo cual significa que al no contar con mecanismos de guía muy precisos, pueden errar el blanco.

Las bombas de racimo tienen un importante índice de error del 5%. Esto implica que muchas sub-municiones pueden no explotar pero, al igual que las minas terrestres, permanecen en el terreno como latas de bebidas arrojadas a la calle para detonar años más tarde.

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El Líbano y las malditas bombas de racimo

Antes de salir del sur de Líbano, tras 22 años de ocupación, el Ejército de Israel dejó a sus espaldas 400 mil minas antipersona diseminadas en los campos, entre las casas, en los caminos.

Seis años más tarde, apenas 67 mil de esas minas fueron desactivadas, por lo que hay extensas zonas de la frontera sur de Líbano en las que ningún campesino se atreve, aunque antes eran el centro de su actividad cotidiana.

Este desprecio por la Convención de Ottawa, firmada en 1997, que limita el uso y producción de minas antipersona, ha dejado discapacitados a miles de libaneses.

Las tropas israelíes abandonaron el Líbano de forma unilateral, sin llegar a acuerdo alguno con el gobierno de Beirut, en el año 2000. Y volvieron a entrar después en julio de 2006.

Una vez más, al retirarse, los militares israelíes dejaron el terreno sembrado de artefactos explosivos que, en su momento, quizás estaban destinados a detener a los milicianos shiíes, pero que tienen y tendrán a sus principales víctimas entre la población civil.

Lo que más sorprende, y que ha generado duras críticas de la comunidad internacional, y también dentro de Israel, es que el 90% de las bombas de racimo que ahora anegan el suelo del sur de Líbano fueron lanzadas durante los últimos tres días de combate, cuando ya se sabía que iba a entrar en vigor la resolución 1701 de Naciones Unidas.

Como en tantas otras ocasiones, el Ejército de Israel, que se llama a sí mismo “el más moral del mundo”, negó los hechos. Y organizaciones de Derechos Humanos como Amnistía Internacional, demostraron sobre el terreno que sí se había utilizado de forma masiva y deliberada esta clase de armamento.

Y la prueba irrefutable la dio, una vez más, el periódico Ha’aretz. En sus páginas apareció el testimonio de un comandante de la unidad de MLRS (Sistema de Lanzamiento Masivo de Proyectiles), que afirmó que el ejército había lanzado 1.800 cohetes esparciendo 1,2 millones de bombas de racimo. “Lo que hicimos allí fue una locura, algo monstruoso”, declaró.

Las bombas de racimo suelen tener el tamaño de una lata de gaseosa o de una pila grande. Llevan un lazo blanco en un extremo, por una cuestión de aerodinámica, por lo que resultan muy atractivas, sobre todo para los niños, que las confunden con juguetes o frascos de perfume y las toman. Por otra parte, sus pequeñas dimensiones hacen que resulten difíciles de descubrir a primera vista y que mucha gente las pise o se las lleve por delante.

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En menos de un mes murieron 14 personas en el sur de Líbano, y más de cien resultaron heridas. La mayoría, niños.

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Niños palestinos masacrados en Gaza en enero de 2008 por bombetas de racimo israelíes.

En 72 horas los F-16 israelíes pueden lanzar más de un millón de bombas.

La respuesta está en que se lanzan tanto desde aviones como desde tanques y cañones. Van colocadas dentro de proyectiles más grandes que, al explotar, las dejan caer. Y, como confesó un soldado israelí a la prensa, cuando lanzó esta clase de proyectiles sobre el Líbano, en la versión de artillería de 155 mm, le ordenaron “inundar” el área a la que estaba disparando, sin señalarle ningún blanco en concreto.

El misil que emplean los aviones es el modelo M77, que tiene 644 bombas en su interior y que llega a medir más de dos metros de altura. Está fabricado en los Estados Unidos.

La artillería, principalmente, el modelo M42, que lleva 88 bombas. También “Made in USA”. Sólo el modelo M85, que lo usan los tanques y cañones, es producido en Israel. Se trata de una versión mejorada del M42.

Y las bombas israelíes antipersonales que han caído sobre el sur del Líbano en julio y agosto de 2006 se encuentran todavía dentro de las casas, en los patios, en las aceras. Los niños la recogen porque parecen inofensivas, pero su metralla es mortal, puede llegar a veinte metros a la redonda.

Además, los agricultores intentan salvar sus cosechas, tras una ausencia tan prolongada, así que se lanzan a los campos pensando que podrán evitar las bombas, pero resultan muy difíciles de distinguir en la tierra, por su tamaño y por su color oscuro. Para peor, ahora que llueve, el agua las mueve de un lugar a otro.

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Bombetas de racimo sobre el terreno en las afueras de Nabatiyeh (sur del Líbano).

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Una bomba clúster o racimo conteniendo más de 600 “submuniciones”, arrojada por un avión israelí durante la guerra de 34 días en julio-agosto de 2006, que falló al detonar yace peligrosa sobre suelo libanés.

El ejército israelí está haciendo uso de bombas de racimo
para apoyar su invasión terrestre de Gaza

Imágenes tomadas por agencias de noticias internacionales muestran como el ejército israelí lanzó el domingo último por la mañana bombas de racimo contra civiles asentados en la franja de Gaza. El bombardeo con bombas de racimo lanzadas desde aviones F-16 y obuses de 155 milímetros continuó durante el resto del domingo y todo el lunes hasta la madrugada del martes 6 de enero.

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Los tres hermanitos al-Samone yacen sobre el suelo. Su padre, inconsolable, es sostenido por dos familiares. En una mesa vecina podemos ver los pies de la madre de los niños también martirizada por las esquirlas del proyectil de racimo israelí.

Las bombas de racimo llueven sobre Gaza. Teóricamente están “prohibidas por la Convención de Ginebra” (en la práctica son las grandes potencias los que la interpretan y en consecuencia argumentan que “no existe semejante prohibición”). Más allá de tal hipocresía harto criminal, las fotos y las filmaciones especialmente de los camarógrafos de la cadena Al-Yazira, único medio televisivo que emite directamente desde Gaza han brindado la prueba irrefutable de que los israelíes bombardean “al boleo” sin importarles lo más mínimo las vidas de los civiles. Por el contrario, con total impunidad y suprema desfachatez concentran su máquina infernal de bombardear la máximo para reemplazar su proverbial cobardía en los combates cuerpo a cuerpo donde los combatientes musulmanes derrochan inventiva y coraje.

Gaza siempre ha sido el “terreno de pruebas” de Israel, desde el gas neurotóxico utilizado en Khan Younis en 2003 hasta los “ataques aéreos fantasma” con estampido sónico. Ahora, se habla de bombas racimo, uranio empobrecido y fósforo blanco. Y estas son sólo las armas que la población ha podido identificar, aunque corresponsales de la CNN apostados cerca de las fronteras también hablan de nuevos tipos de explosiones.

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Víctimas irreconocibles quemadas por bombas químicas lanzadas sobre el puente Rmayleih, cerca de Sidón (Saida), Líbano, el 15 de julio de 2006.

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Mahmud Surur, un niño libanés que fue alcanzado por una explosión de fósforo blanco lanzada por un avión israelí en Líbano durante la guerra de 2006. Su heridas, irreversibles, le produjeron la muerte luego de una agonía atroz ya que el fósforo carcome los tejidos hasta los huesos y los sedantes no surten efecto.

Médicos cirujanos noruegos voluntarios que colaboran con sus pares palestinos afirman que algunas de las víctimas que han sido heridas desde que comenzaran los ataques de Israel sobre la Franja de Gaza el día 27 de diciembre tienen rastros de uranio empobrecido en sus cuerpos

El fósforo blanco es un alótropo común del elemento químico fósforo que ha tenido un uso militar extenso como agente incendiario, agente para crear pantallas de humo y como componente flamígero antipersonal capaz de causar quemaduras graves. Es denominada como un arma química por muchas personas y organizaciones. En jerga militar se le refiere como “WP” (White phosphorus); y durante la Guerra de Vietnam tenía como alias “Willy Pete” o “Willy Peter”.

Patéticamente, el uso del fósforo blanco contra objetivos durante una guerra no está específicamente prohibido por ningún tratado internacional. Lo que habla del círculo perverso que embarga a las Naciones Unidas y los supuestos defensores de los derechos humanos y la democracia del mundo libre.

El reportaje de la televisión pública italiana RAI “La matanza oculta” (*) ha permitido confirmar un hecho reiterado por multitud de fuentes internacionales independientes sobre el uso por parte del Pentágono de bombas de fósforo blanco —a veces identificadas como nuevo napalm— y de fragmentación durante el asalto a la ciudad de Faluya (Irak) entre el 7 de noviembre y el 23 de diciembre de 2004

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Marines norteamericanos operan un obús de 155 milímetros contra Faluya en noviembre de 2004 en la llamada Operación Operation “Phantom Fury” (Furia Fantasma).

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Cuerpo carbonizado por las bombas químicas norteamericanas en Faluya.

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Otro cuerpo calcinado en Faluya.

Este tipo de armamento ha seguido usándose en las posteriores operaciones militares lanzadas por los ocupantes estadounidenses, en al-Qaim, Husayba y Karabila.

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La foto de una víctima de Faluya aportada por el documental italiano “La matanza oculta”.

Finalmente, el 16 de noviembre de 2005, el Pentágono confirmó que sí se utilizó fósforo blanco en la ciudad iraquí de Faluya durante los combates para capturar la ciudad. No obstante, el vocero del Pentágono Barry Venable advirtió que no se utilizó contra civiles sino contra “combatientes enemigos” y que además el fósforo no es un arma química. Mentiras sistemáticas que son ahora repetidas una y otra vez por los israelíes durante el presente ataque sobre Gaza.

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Soldados norteamericanos entran en Faluya sobre una montaña de cadáveres.

(*) “La Masacre Oculta” (La strage nascosta) es un película documental de Sigfrido Ranucci y Maurizio Torrealta que fue televisado por primera vez por la compañía estatal Radio Televisión Italiana RAI el 8 de noviembre de 2005. El filme documenta el uso de armas y asegura que son armas químicas. Particularmente se centra en el uso de bombas incendiarias, y denuncia el uso de violencia indiscriminada contra civiles y niños por las fuerzas militares de los Estados Unidos en la ciudad iraquí de Faluya durante la ofensiva o Toma de Faluya en el 2004. El tema principal de la película es el establecimiento del caso de crímenes de guerra cometidos por los Estados Unidos en la ofensiva militar contra Faluya. La película documenta el uso, por las fuerzas estadounidenses, de fósforo blanco y otra sustancia similar al Napalm, como es Mark-77. Incluye la presentación de entrevistas con ex-militares que estuvieron directamente involucrados en la Toma de Faluya para respaldar el caso, al mismo tiempo que los reporteros que están presentes en Irak, discuten los intentos del ejército estadounidense para suprimir las noticias usando medios encubiertos. El documental incluye tomas visuales del momento en que las armas son disparadas desde los helicópteros hacia las áreas urbanas, así como también filmaciones de las bajas ocasionadas por estas armas las cuales incluyen mujeres y niños. El director presenta un entrevista con el ex-soldado Jeff Englehart de Colorado quien habla sobre el uso de bombas de fósforo, que los militares llaman Willy Pete (código para WP- White Phosporous, las iniciales de fósforo blanco en inglés) y describe la ofensiva como llanamente “una matanza de árabes”. Durante la ofensiva, se alega que los Estados Unidos de manera deliberada atacaron civiles y niños como parte de una campaña para exterminar cualquier oposición a la ocupación. También se muestra una entrevista con el ex-militar Garret Reppenhagen, también de Colorado, quien fuera un francotirador, admitiendo haber matado civiles de manera intencional bajo las órdenes de sus comandantes.

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Faluya bajo el fuego del imperialismo norteamericano. Ayer Faluya, hoy, cuatro después, Gaza sufre algo mucho peor.


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