|
El camino del Profeta Muhammad (BPD) es el
mejor modelo para los hombres, como dice el
versículo citado en el encabezamiento. —Es
comprensible para todos los hombres y
practicable (no importa si es profesional,
obrero, campesino o empresario, chico o
viejo, blanco o negro, etc.). —Es curación
para enfermedades espirituales y corporales.
—Aumenta el conocimiento de la sociedad.
—Espiritualiza la conducta del hombre. —Es
una luz siempre nueva. —Es una constitución
o código de acción moral, adoración,
conocimiento espiritual, místico y social.
—Asegura al hombre contra todas las
calamidades. —Otorga personalidad y rango
elevado al hombre.
El Profeta era de una moral excelsa dice
el Sagrado Corán
Lloraba por temor reverencial a Dios hasta
caer desvanecido. No se levantaba de una
reunión sin decir 25 veces astagfirullah,
perdón a Dios. No consideraba a nadie
inferior por su pobreza o a alguien de menor
valor por una enfermedad o defecto físico,
ni reverenciaba a nadie por su riqueza o su
poder. Se encolerizaba más tarde que todos y
se congraciaba o perdonaba antes que todos
los demás. Siempre saludaba primero con una
sonrisa en sus labios. Siempre estaba
perfumado y limpio. Tenía una misericordia
sin igual. Nadie se iba desilusionado o sin
esperanza de su lado. Fue enviado para
perfeccionar la buena moral de la gente. Era
el más valiente y el más generoso. Era el
más paciente. Nunca rechazaba a un mendigo o
a quien le pidiera algo. Si lo tenía, se lo
daba, si no, lo orientaba a donde pudiese
obtenerlo o hacía súplica para él. El
profeta decía: “La grandeza y la hombría de
la gente de mi casa reside en que perdonamos
a quien nos oprime y le damos a quien nos
priva o niega”. Antes de dormir leía el
Sagrado Corán. Carlyle (1)
decía: “Para Arabia la aparición del Profeta
Mahoma fue un nacimiento desde la oscuridad
hacia la luz”. El Profeta no pasaba por un
lugar sin dejar el aroma de su perfume que
provenía de su sudor. Dijo el Mensajero de
Dios (BPD): “Nuestro cuerpo, el de los
profetas es como el espíritu de la gente del
paraíso”. (no le alcanza la corrupción o la
descomposición. Los profetas son hombres que
al igual que las mujeres que reciben la
revelación divina como María, la madre de
Jesús (P), o Fátima, la hija del profeta
(P), están purificados por Dios, sus faltas
sólo consisten en abandonar la práctica de
algo que hubiese sido mejor hacer o faltas
sutiles, jamás pecados graves. En esto el
Sagrado Corán difiere con algunos pasajes
bíblicos que atribuyen pecados graves a los
profetas. Para el Sagrado Corán, ésas son
alteraciones como también señala el profeta
Jesús, hijo de María cuando condena a los
escribas que cambian las escrituras para
congraciarse con los tiranos y atribuir
conductas propias de éstos a los profetas).
Tenía entre sus hombros el signo o señal de
los profetas. El Imam Rida (P) (2)
sostenía que cuando el Imam Sayyad (P)
|
(3)
recitaba el sagrado Corán, algunos perdían
el conocimiento ante el éxtasis de la
belleza de su voz. Y si el Imam hubiese
hecho muy pública su recitación la gente no
lo hubiera soportado por su belleza. Se le
preguntó: ¿Acaso el Profeta no hacía
manifiesta su voz cuando hacía la oración
con la gente y recitaba allí el sagrado
Corán? Respondió: por cierto que el Profeta
levantaba su voz hasta la medida que pudiese
ser soportada por la gente (no expresando
toda su belleza ante la gente por la
incapacidad de éstos de soportarlo). Tenía
mucha personalidad, muy sobria, inspiraba un
gran respeto y majestuosidad. Su rostro era
luminoso como la luna llena del 14 del mes.
La mayoría del tiempo miraba al suelo y no
miraba a nadie con avidez, sino que miraba
poco. Siempre estaba en un estado de
meditación, guardaba mucho silencio, hablaba
cuando era necesario, su palabra era justa,
no recargada con cosas innecesarias. No
consideraba a nadie de poco valor, era suave
de carácter pero sobrio, cualquier atención
o favor era muy considerado por él, no lo
despreciaba. No oprimía a nadie ni se
quejaba de la comida, sino que la elogiaba.
La gente que rodeaba al profeta con más
frecuencia eran los mejores y los más
serviciales con la gente.
El Imam Husein (P) (4)
dice: Le pregunté a mi padre sobre las
reuniones del profeta (BPD), cómo eran: Me
dijo: No se sentaba ni se levantaba sin
recordar a Dios; no elegía un lugar especial
para sí y prohibía que lo hagan. Cuando
entraba a una reunión se sentaba en el
primer lugar vacío que veía y ordenaba a sus
amigos sentarse del mismo modo.
La manera de mirar del Profeta
Abu Huraira dice que cuando el Profeta
miraba a los costados o hacia atrás volteaba
todo el cuerpo.
Todos concuerdan, creyentes y no creyentes,
que el Profeta tenía entre sus hombros la
señal de la profecía.
Nunca se cansó o enojó por la dificultades
del mundo. Cuando se usurpaba un derecho se
enojaba de modo que alguien no lo
reconocería y no temía de nada en la defensa
de la verdad.
El profeta dividía el tiempo en su casa en
tres cosas: Una parte la dedicaba a adorar a
Dios, la otra para su familia, y la otra
para sí mismo. La que era para sí muchas
veces la dedicaba a impartir recomendaciones
y órdenes para sus allegados y secretarios
en los distintos asuntos de orden público.
Le daba mucha importancia a la gente de
conocimiento, les dedicaba mucho de su
tiempo. Los respetaba mucho, y más por su
virtud y grado de conocimiento. Les
aconsejaba y los ayudaba en la purificación
de sus almas y en la lucha contra sus
defectos.
Le preguntaba por la situación de la gente,
les pedía que le transmitiesen las
necesidades de la gente que no tenía fácil
acceso hacia él por el |
motivo que fuera. Y sepan, decía, que toda
persona que manifiesta las necesidades de la
gente ante un gobernador o alguien con
poder, Dios le afirmará sus pasos el día de
Juicio Final.
¿Cómo era el profeta fuera de
su casa?
Era sociable, estaba con la gente, pero,
como hemos dicho, no perdía el tiempo ni
hablaba si no era necesario.
Tenía el cabello más largo que los lóbulos
de las orejas, pero no le llegaba a los
hombros.
El Imam Baqir (P) (5)
narra que el Profeta dijo: Nosotros, los
profetas, cuando dormimos, duermen nuestros
ojos pero nuestros corazones permanecen
despiertos y, así como vemos lo que está
adelante nuestro, también vemos lo que está
detrás.
Hacía sentir bien a la gente que estaba con
él y preguntaba por el estado de la gente.
En todos los asuntos era moderado y seguía
el camino medio. Enfatizaba y elogiaba,
fortaleciendo las buenas obras o las cosas
buena que veía y criticaba las cosas malas,
las malas acciones. Era cuidadoso de la
gente para que no se pierda.
El profeta en las reuniones trataba a todos
bien, no hacía discriminaciones o
preferencias que pudiesen molestar a
alguien.
Trataba a la gente tan bien que lo veían
como un padre misericordioso.
Las reuniones del profeta eran buenas, con
pudor, con veracidad, seguras, confiables,
no para hablar mal de la gente o gritar.
No elogiaba en exceso a nadie.
El profeta se cuidaba de tres cosas: las
discusiones, no hablaba mucho ni lo hacía
sin necesidad. Con respecto a la gente se
cuidaba de tres cosas: No retaba a nadie, no
criticaba a nadie, ni buscaba los defectos
de la gente.
No hablaba sino donde podía hacer un bien y
cuando hablaba todos lo escuchaban con
atención de modo que no se escuchaba ningún
ruido, cuando terminaba de hablar, entonces
la gente recién hablaba.
En las reuniones del profeta reinaba el
recuerdo de Dios, el respeto, no se
interrumpían y cuando alguien se extendía
demasiado en la palabra entonces el profeta
se paraba o lo cortaba.
Cuando algún extraño faltaba el respeto,
entonces los compañeros lo ubicaban.
La palma de su mano era muy suave.
Soy el más elocuente de los árabes decía, y
en el paraíso los creyentes hablarán con el
modo o de la manera en que hablaba el
profeta.
Hablaba pausadamente de modo que la gente
podía memorizar sus palabras.
Dijo Aisha (6),
que entraba inmediatamente después del
Profeta al baño pero no olía sino el perfume
del almizcle. |
Cuando Dios creó al intelecto le dijo:
retrocede y retrocedió, luego le dijo
adelántate y se adelantó. Luego le dijo, no
he creado nada más amado que tú. Luego lo
dividió en cien partes, dio 99 al profeta
Muhammad
(BPD) y repartió la parte restante entre el
resto de sus criaturas.
Dios distinguió al profeta con una
extraordinaria moral, luego, si encuentras
de sus cualidades en ti, agradece a Dios y
pide que te las aumente. El Imam Sadiq (P) (7)
enumeró algunas de estas virtudes
proféticas: certeza, contentamiento,
paciencia, agradecimiento, bondad, buen
carácter, generosidad, celo, valentía,
hombría de bien.
El Imam Ali (P) (8)
dice: cuando arreciaba el calor de las
batallas y estábamos en peligro, nos
refugiábamos junto al Profeta y nadie se
acercaba tanto a los enemigos como él.
Era muy pudoroso con las mujeres y
bajaba la vista ante ellas. El Imam Sadiq
(P) dijo: Todo aquel que tenga paciencia no
la ha tenido mucho en relación al profeta y
todo aquel que se desespere poco no se ha
desesperado poco en relación al profeta.
El profeta tenía mucho pudor, más que el que
tienen las mujeres piadosas que se cubren y
hablan detrás de un velo.
Dios ordenó al Profeta que tenga paciencia,
así que nosotros también estamos ordenados a
tenerla. Ten paciencia sobre aquello que
dicen y aléjate de las habladurías, aléjate
de buena manera y déjame con aquellos que
niegan las bendiciones (de tu existencia).
Ua darni ual mukaddibin uli na’mati
ua mahhilhum qalilan (Corán 73:11)
¡Déjame con los desmentidores, que
gozan de las comodidades de la vida!
¡Concédeles
aún una breve prórroga!
Dios ordena responder al mal con el bien,
para que aquel con quien tienes una
enemistad se vuelva un amigo misericordioso
y
esta cualidad sólo es propia de los
pacientes y sólo la obtiene el que es
merecedor del éxito grandioso. (Sagrado
Corán 41:35)
Ua la tastaui al-hasanatu ua la
as-saiiatu idfa’ bil latí hia ahsanu faida
alladi bainaka ua bainahu ‘adauatu kannahu
ualiun hamid.
No es igual obrar bien y obrar mal.
¡Repele
con lo que sea mejor y he aquí que aquél
de quien te separe la enemistad se
convertirá
en amigo ferviente!
Ua laqad na’lamu annaka iadiqu sadruka
bima iaqulun. Fassabih bihamdi
rabbika ua kun mina sayidin. Ua a’budu
rabbaka hatta iatiika al iaqin. (Sagrado
Corán 15:98)
Bien sabemos que te angustias por lo que
dicen. Pero tú ¡Celebra las alabanzas de Tú
Señor y sé de los que se prosternan! ¡Y
sirve hasta que te otorgue la certeza! |