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Discurso pronunciado por la presidenta
de UMMA en la Legislatura Porteña
* Unión de Mujeres Musulmanas Argentinas

Agradecemos la invitación de participar en este evento que recuerda las luchas de las mujeres por su dignidad. La ponencia se tratará sobre la problemática de la mujer musulmana en Argentina.

Es nuestra intención expresar en pocas palabras, y no será fácil, las dificultades que encuentran las mujeres musulmanas en el desenvolvimiento cotidiano en cualquier sociedad occidental y en particular en nuestro país.

Argentina y América Latina se han caracterizado por priorizar la integración por sobre la segregación.

El Islam en la Argentina tiene una gran comunidad que ha llegado a nuestras tierras hace más de ciento cincuenta años y es la religión que más ha crecido y crece en Occidente.

Si bien Argentina es una sociedad pluralista, con libertad de culto, existe un gran desconocimiento respecto a la cultura islámica.

Como ciudadanas argentinas, consideramos una injusticia hacia nuestro noble pueblo argentino, que se les prive de una visión fidedigna del Islam, porque ello provoca una brecha entre la sociedad argentina en general y nuestra comunidad islámica.

Por otro lado esto genera un problema de identidad en los musulmanes al tener que elegir, muchas veces, entre ser ciudadanos argentinos o musulmanes, como si ambas identidades fuesen opuestas. Esto conduce a que se sienten extranjeros en su propio país.

El reconocerse musulmán en estos tiempos es peligroso. En nuestro país, esto se ha visto incrementado desde los terribles atentados a la Embajada de Israel y la Amia ¿Pueden imaginarse lo que está pasando en nuestros hogares? En nuestra comunidad?

Tenemos muchos ejemplos de discriminación que se han suscitado y acrecentado a partir de los mismos y, en particular, vemos que muchas proyectos, ya sean personales, culturales o de otra índole se ven frustrados por la misma razón.

Muchos ciudadanos y ciudadanas argentinos que están casados con musulmanes provenientes de países islámicos son discriminados por la nacionalidad de su cónyuge, acarreándole muchos perjuicios.

Incluso nosotras, como institución islámica encontramos serias dificultades al momento de concretar algún tipo de intercambio cultural con países islámicos, fundamentalmente porque en nuestro país existe mucho temor entre los musulmanes debido al manto de sospecha y difamación que se cierne en torno a los países islámicos.

Sé que ustedes, mis hermanas y compatriotas comprenden cuando hablo de discriminación, seguramente saben del dolor del ser negado como sujeto, y el dolor es mayor cuando la discriminación la ejerce el propio discriminado.

Los problemas de discriminación se encuentran presentes en todas las áreas.

*Respecto a la imagen de la mujer musulmana, ésta ha sido tan bastardeada, tan vapuleada, que en el imaginario social se ha insertado la idea de que las mujeres musulmanas son sinónimo de mujeres sumisas, carentes de pensamientos, sometidas a estar fuera de la vida pública, a meros seres reproductivos, tapadas, veladas.

La vestimenta islámica de la mujer musulmana siempre es cuestionada, fundamentalmente, debido a que sistemática e intencionalmente se la ha asociado a la sumisión, al atraso y a la barbarie.

El hijab, nombre que se da a esta vestimenta, es el símbolo de la mujer musulmana, de su propia identidad, de su libertad y está íntimamente relacionado con su espiritualidad y pudor. Occidente debe comprender que el Islam es practicado por más de mil doscientos millones de musulmanes en el mundo como un modo de vida, todos los días y en todos los lugares. No para algunos días en la semana y según el lugar donde se encuentre.

En Argentina, no han necesitado, como en Francia, prohibir el Hijab, las mujeres musulmanas se lo prohíben a sí mismas.

Las musulmanas argentinas participan en todas las áreas políticas, económicas y educativas de la vida social de nuestro país. Trabajan codo a codo con otras mujeres de otras religiones, de todas las condiciones sociales, están absolutamente compenetradas con los asuntos de nuestra patria, pero están paradójicamente “veladas” al no usar el “velo”. La paradoja es que nos pretenden “destapar” para que quedemos “tapadas”. Porque con ello comienza la alienación de no saber quiénes somos, en qué creemos, y hacia dónde vamos.

En Francia, el proyecto de ley para prohibir el hiyab viola la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, viola el artículo 18 concerniente a “la libertad de expresar las propias creencias religiosas en la educación, la práctica, adoración y ceremonias y viola el Artículo 26, que expresa que “todos tienen derecho a la educación…

” Este tipo de leyes, lejos de fomentar el “diálogo de civilizaciones”, va en dirección al exacerbar el modelo de “choque de civilizaciones” que fomenta las guerras e intensifica los desentendimientos entre las naciones y civilizaciones.

Hoy, el laicismo a ultranza se levanta en contra de los pueblos que bregan por profesar libremente su fe y que representan más de las tres cuarta parte del mundo.

En el área de la educación, encontramos que los textos utilizados, especialmente los de Historia y Educación Cívica, siempre que se hace alusión al Islam se lo caracteriza por la violencia, o por la sumisión de la mujer. Nuestros niños se quedan callados cuando desde los textos oficiales les presentan su religión como bárbara, se avergüenzan de ser musulmanes ante la presión mediática que nos muestra como terroristas sin corazón, fanáticos irracionales y todos esos motes harto conocidos.

¿Saben Uds. que la mujer islámica fue la primera en adquirir derechos civiles hace mil cuatrocientos veinticinco años?, que la mujer islámica no pierde su apellido al casarse como sí lo pierde aún hoy la mujer norteamericana?, que puede manejar su dinero independientemente de su marido, que tuvo acceso a la educación y a su formación profesional?

En el área política el ataque no es hacia los musulmanes y musulmanas, es hacia el Hombre mismo al estar inserto en un mundo secularizado donde la política y la religión transitan por sendas independientes. La religión, los valores morales y espirituales han sido relegados al ámbito de lo privado mientras que el desempeño de la política corresponde a la esfera pública. Esto es una falacia ¿Qué espacio hay para la religión en lo privado cuando toda la sociedad está impregnada de la misma lógica materialista y secular?

La moral es una construcción que debemos realizarla entre todos incluyendo los valores que las religiones han brindado a la humanidad. Las mujeres musulmanas y de otras religiones tenemos un gran desafío y una ardua tarea en lo que hace a la participación cívica, pues llevamos, nominalmente, una doble “culpa” a los ojos de la sociedad actual. La primera, la de ser mujeres, y como tales, durante muchos años marginadas de la participación en el quehacer público pues se consideraba que el ámbito propio de la mujer era el hogar. Y la segunda culpa es justamente, tener fe, y todo lo que ello implica: fundamentalmente en lo que hace a la reivindicación de los valores espirituales, que durante tantos años estuvieron relegados por principio, ya que se ha tendido a considerar que la política no debe emitir juicios valorativos sino “racionales” como si fuesen opuestos y excluyentes unos de otros. Nuestra propuesta como mujeres de fe musulmana es la de reivindicar los valores morales y espirituales. Y esta reivindicación no sería posible sin la participación cívica. A partir de conocer nuestros derechos como mujeres y como gente de fe, en una sociedad pluralista es que debemos comenzar a definir las prioridades para nuestra sociedad. Si bien nuestro objetivo es reivindicar los valores, no se trata de volver a un pasado inmóvil y atrasado, sino al encuentro del hombre con su esencia más profunda. Para ello debemos valernos de estos valores universales, necesarios en todas las épocas y sociedades y utilizar nuestra inteligencia, voluntad, libertad, herramientas celestiales que el Creador ofreció al hombre para que pueda discernir en base a estos valores y aplicarlos en la sociedad. Desde la concepción islámica, se considera que la mujer puede brindar grandes aportes con su activa participación en la sociedad. Estamos seguras que nuestra tarea de difusión es muy importante, pero no es suficiente si la misma no es acompañada por un conjunto de políticas educativas tendientes a desmitificar nuestra imagen como mujeres y como musulmanes. Esperanzadas en la inteligencia y solidaridad de nuestros representantes y del noble pueblo argentino e invocando la ayuda de Dios Altísimo, confiamos en que podemos trabajar juntos en pro de un mayor conocimiento mutuo, necesario para la construcción de un tejido social, fortalecido por nuestra riqueza cultural y no por la miseria de la homogeneidad.❁

Masuma Assad de Paz*

 

* Masuma Assad de Paz, Profesora de Estudios de Teología Islámica. Licenciada en Sociología y es presidenta de UMMA (Unión Mujeres Musulmanas Argentinas).

 

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