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Sí, hemos revivido la
lengua Hebrea, creamos tanto un teatro
maravilloso como una moneda nacional fuerte.
Nuestras mentes judías están en su punto más
agudo. Cotizamos
en el Nasdaq. Pero, ¿creamos un estado con
este fin? El pueblo judío no sobrevivió
durante dos milenios para ser pioneros en
armas de guerra, programas de computación, o
en misiles antimisiles. Se
suponía que éramos la luz de las naciones.
En esto fracasamos.
La Revolución Sionista siempre se apoyó en
dos pilares: un camino justo y un liderazgo
ético. Ninguno de éstos sigue vigente.
La nación israelí hoy se basa en un
andamiaje de corrupción, y en fundamentos de
tiranía e injusticia. Por esta razón el
final de este emprendimiento sionista nos
está llamando a la puerta. Las
probabilidades de que nuestra generación sea
la última son muy altas. El estado judío
seguirá existiendo, pero será diferente,
desconocido y
repugnante.
Hay tiempo para cambiar el curso, pero no
tanto. Se necesita una nueva visión de
una sociedad justa y la voluntad política de
implementarlo. Esto no es solo un asunto
interno israelí. Los judíos de la diáspora
para quienes Israel es un pilar central de
su identidad
deben considerarlo y enfrentar este tema.
Si se derrumba este pilar los pisos
superiores también caerán. La oposición no
existe,
y la coalición con Ariel Sharon a la cabeza
reclama el derecho de permanecer en
silencio. En una nación de parlanchines,
todos se han quedado mudos, porque no queda
nada por decir. Vivimos en una realidad que
ha fracasado.
Sí, hemos revivido la lengua Hebrea, creamos
tanto un teatro maravilloso como una moneda
nacional fuerte. Nuestras mentes judías
están en su punto más agudo. Cotizamos
en el Nasdaq. Pero, ¿creamos un estado con
este fin?
El pueblo judío no sobrevivió durante dos
milenios para ser pioneros en armas de
guerra, programas de computación, o en
misiles antimisiles. Se suponía que éramos
la luz de las naciones. En esto fracasamos.
Da la impresión que los 2000 años de lucha
por la supervivencia judía llega a un
estado de colonizaciones, gobernado por una
camada de inmorales, infractores, corruptos
quienes son sordos tanto ante sus
ciudadanos, como con sus enemigos.
Un estado que no tiene
justicia, no puede sobrevivir. Más y más
israelíes lo están comprendiendo cuando le
preguntan a sus hijos donde piensan vivir en
25 años. Aquellos que son honestos admiten,
aún para sorpresa de sus padres, que ellos
no lo saben. La cuenta regresiva para la
sociedad israelí ha comenzado. Es muy cómodo
ser Sionista en los asentamientos de la
franja occidental, tanto en Beit El como en
Ofra. El paisaje bíblico es encantador.
Desde la ventana se puede contemplar los
geranios, las buganvillas y evitar ver la
ocupación. Al viajar en la autopista que te
lleva desde Ramat en el extremo nordeste de
Jerusalén a Guilo en el extremo sur, un
viaje de doce minutos que apenas bordea
media milla al oeste de las barricadas
palestinas, es difícil comprender la
experiencia humillante del árabe despreciado
que debe andar despacio durante horas a lo
largo de los caminos bloqueados que les
fueron asignados. Un camino para el ocupante
y otro para el ocupado. Esto no puede
funcionar. Aún cuando los árabes bajen sus
cabezas y se traguen su vergüenza y enojo
para siempre, no funcionará. Una estructura
construida sobre la base de la crueldad
humana se derrumbará inevitablemente sobre
sí mismo. Tomen nota de este momento: la
superestructura del sionismo se está
derrumbando como un salón de casamiento
barato de Jerusalén. Sólo siguen bailando en
el piso superior los dementes, mientras los
pilares inferiores se derrumban.
Nos hemos acostumbrado a ignorar el
sufrimiento de las mujeres en las
barricadas.
No me extraña que no escuchemos el llanto de
las mujeres abusadas, quienes son nuestras
vecinas, o de la madre soltera que lucha por
mantener a sus hijos con dignidad.
Ni siquiera sabemos cuántas |
Por Avraham Burg*
* El autor nació en
1955. Su padre, el
Dr. Iosef Burg (1909-1999) fue el fundador
del Partido Nacional Religioso y
varias veces se desempeñó como ministro
de estado. Avraham Burg es casado
y tiene seis hijos. En el ejército alcanzó
el grado de teniente. Estudió en
la Universidad Hebrea de Jerusalén. Fue
presidente del Knesset, Parlamento de
Israel, de 1999 a 2003 y es actualmente
diputado del Knesset por el Partido
Laborista.
El presente artículo se publicó
en hebreo en el periódico Yediot Ahronot
y luego reproducido en inglés en The
Forward (Nueva York) y en el International
Herald Tribune.
mujeres fueron asesinadas por sus maridos.
Mientras Israel no cese de atentar contra
los niños palestinos, no les debería
sorprender que debido a su odio hagan
explotar los centros del escapismo israelí.
Ellos
se inmolan a Allah en nuestros lugares de
esparcimiento, puesto que sus propias vidas
son una tortura. Ellos derraman su propia
sangre en nuestros restaurantes con el fin
de arruinar nuestro apetito, porque sus
hijos y sus padres en su casa tienen hambre
y son humillados.
Podríamos matar a miles de cabecillas e
ingenieros diariamente. No se resolvería
nada porque sus líderes brotan de lo más
bajo de los pozos de odio e ira de aquellas
“infraestructuras” de injusticia y de
corrupción moral.
Si todo esto fuera inevitable, inmutable
como consecuencia de un orden divino me
mantendría en silencio. Pero las cosas
podrían ser distintas, entonces el hecho de
pregonar
es un imperativo moral. El Primer Ministro
debería decirle al pueblo lo siguiente:
El tiempo de ilusiones ha concluido.
Ahora es tiempo de decisiones. Amamos la
tierra de nuestros antepasados y en algún
otro tiempo hubiésemos preferido vivir
solos.
Pero esto no ocurrirá. Los árabes también
tienen sueños y deseos.
Entre el Jordán y el Mediterráneo ya no
existe una clara mayoría judía (1).
Entonces, conciudadanos no es posible
mantener todo sin pagar un precio. No
podemos mantener la mayoría Palestina bajo
las botas israelíes y al mismo tiempo
considerarnos
la única democracia en Medio Oriente. No
puede haber democracia sin igualdad de
derechos para todos los que habitan aquí, ya
sean árabes o judíos. No podemos retener
los territorios y preservar la mayoría judía
en el único estado judío del mundo no, de
acuerdo con el significado de humano,
moral y judío.
Ustedes quieren la Tierra de Israel
ampliada.
Abandonen la democracia. Establezcan un
sistema de separación racial aquí que sea
eficiente con campamentos de prisioneros y
campos de detención. El gueto de Qalqilya y
el Gulag de Jenin.¿Quieren una mayoría
judía? Ningún problema. Pongan a los árabes
en trenes, micros, camellos o mulas y los
expulsan en masa —o nos separan de ellos,
sin trucos ni trampas. No hay término medio.
Debemos trasladar todos los asentamientos —a
todos—
y trazar un límite internacionalmente
reconocido con la casa nacional Palestina.
La ley judía del Retorno se aplicará solo
dentro de nuestro hogar nacional, y su
derecho
a retornar se aplicará dentro de las
fronteras del Estado Palestino.
¿Quieren democracia? Ningún problema. |
Abandonan la Tierra de Israel ampliada y se
van al último asentamiento y avanzan o le
otorgan la ciudadanía total y los derechos
de votar a todos, incluyendo a los árabes.
El resultado será, por supuesto, que
aquellos que no querían un Estado Palestino
al lado nuestro tendrán uno entre nosotros,
a través de las urnas.
Esto es lo que el Primer Ministro debería
decirle a la gente. Debería presentar las
posibilidades con total franqueza: Racismo
judío o democracia. Asentamientos o
esperanza para ambos pueblos. Visiones
falsas de alambres de púa, barricadas y
hombres bomba suicidas o una frontera
internacional reconocida entre dos estados y
una capital compartida en Jerusalén.
Pero no hay un Primer Ministro en Jerusalén.
La enfermedad que está carcomiendo al cuerpo
del Sionismo ya atacó la cabeza.
David Ben-Gurión muchas veces se equivocó,
pero siempre se mantuvo firme como
una flecha. Cuando Menajem Beguin se
equivocaba, nadie impugnaba sus móviles.
Eso ya no ocurre. Las encuestas que se
publicaron
la semana pasada muestran que la mayoría no
cree en la integridad personal del Primer
Ministro —aún cuando confían
en su liderazgo político. En otras palabras,
podemos decir que el actual Primer Ministro
de Israel encarna ambas caras de la
maldición: sospecha de ética personal e
ignora abiertamente la ley —combinado con la
brutalidad de la ocupación y la anulación de
toda posibilidad de paz. Esta es nuestra
nación,
estos son sus líderes. La conclusión
ineludible es que la revolución sionista
está muerta.
Entonces, ¿por qué la oposición está tan
callada? Quizás sea porque estamos en
verano, o pueden estar cansados, o porque
algunos de ellos quieren integrar el
gobierno a cualquier precio, aún al precio
de participar en esta enfermedad. Pero
mientras ellos vacilan, las fuerzas del bien
pierden esperanza.
Este es el tiempo de alternativas claras.
Todo aquel que rehúse a presentar una
posición definida —negra o blanca— está
colaborando con el ocaso. No es un tema de
Laboristas versus Likud, o derecha versus
izquierda, sino que lo correcto versus lo
equivocado, aceptable versus inaceptable.
Aquellos que se ajustan a las leyes versus
los que las infringen. No se necesita
reemplazar al gobierno de Sharon, sino que
se vislumbre la esperanza, una alternativa a
la destrucción del Sionismo y sus valores,
por los sordos, mudos y callosos.
Los amigos de Israel en el exterior —ya sean
judíos, no judíos, Presidentes y Primeros
Ministros, Rabinos y dirigentes— también
deben elegir. Ellos deben tender una
mano y ayudar a Israel a conducirse en el
camino hacia un destino nacional como una
luz hacia las naciones y una sociedad de
paz, justicia e igualdad (*).❁
NOTAS
(1) Hoy en día viven entre el río Jordán
y el Mar Mediterráneo (es decir, en Israel y
en los territorios ocupados) casi 5.4
millones de judíos y poco menos de 5
millones árabes (musulmanes y cristianos).
Según la oficina palestina de
estadísticas, viven hoy en Jerusalén
Oriental y Cisjordania 2.3 millones de
palestinos, y en la Franja de Gaza 1.4
millones. Según estos datos (corroborados
por la Oficina Central de Estadísticas
israelí) los árabes ciudadanos de Israel son
aproximadamente un millón. Ahora bien, según
diferentes estimaciones, dentro de 10 a 15
años los árabes serán mayoría entre el
Jordán y el Mediterráneo. La principal razón
para la creación de una mayoría árabe son
las tasas de natalidad: cada año nacen unos
160.000 bebés palestinos frente a unos
90.000 judíos. Las implicaciones políticas
de estos datos con respecto al conflicto
árabe-israelí son simples y fulminantes.❁
(*) Consideramos relevante el sinceramiento
de Burg, aunque no suscribamos todas sus
posturas
(Redacción de El Muecín). |