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UNA CONTRIBUCIÓN DE
LOS MUSULMANES PARA LA CONCORDIA Y EL ENTENDIMIENTO DE LOS SERES
HUMANOS2001: AÑO DEL DIÁLOGO
ENTRE CIVILIZACIONES
Un pasaje del discurso del
Presidente de la República Islámica
del Irán, S.E. Seied Muhammad
Jatami, en la 53ª Sesión de la
Asamblea General de las Naciones
Unidas en Nueva York, el 21 de
septiembre de 1998, se tradujo en
una resolución sin precedentes y en
un hito importantísimo en la
historia de las relaciones
internacionales: Quisiera proponer,
en nombre de la República Islámica
del Irán, que los Naciones Unidas,
como un primer paso, designen al año
2001 el "Año de Diálogo entre las
Civilizaciones", con el mayor anhelo
de que a través de tal diálogo se dé
inicio a la realización de la
justicia universal». La proposición
fue aprobada abrumadoramente por más
de 180 representantes de los países
miembros, y los objetivos y
fundamentos de dicho diálogo fueron
publicados en un libro que se
presentó el pasado 4 de mayo en la
27ª Feria Internacional del Libro de
Buenos Aires. El autor es el
Presidente Jatami y lleva por título
El Diálogo entre Civilizaciones y el
Mundo del Islam (traducción
castellana y notas de R.H.
Shamsuddín Elía). A continuación se
resaltan algunos de los principales
tópicos de su contenido:
Para movernos hacia el futuro
debemos entender el mundo y debemos
beneficiarnos de todos los logros
positivos del pensamiento humano y
de la civilización, dondequiera
ellos pueden estar. Es sólo bajo
estas circunstancias que podemos
renovar la grandeza y el esplendor
del pasado y, en armonía con nuestro
presente y nuestro futuro, dar forma
a un estilo de vida que esté
bendecido por inspiraciones y
atributos divinos, una vida, en
suma, en donde se respeten por igual
la razón y los derechos humanos.
Otro de los contratiempos es aquella
situación en donde religión y
libertad se oponen entre sí. En la
Edad Media, la religión se mantuvo
enfrentada con la razón y la
libertad, y ambas sufrieron. Hoy, en
los sistemas liberales, existe la
libertad, pero es una libertad
desprovista de espiritualidad, y
apartada de la dimensión espiritual
de la vida humana. Y a resultas de
esto, actualmente su vida enfrenta
muchas dificultades, lo cual incluso
es admitido por los mismos
occidentales. La religión sin
libertad es equivalente a una vida
de esclavitud, una vida en que el
hombre está desprovisto de honor. No
debe enfrentarse a la religión con
la razón y la libertad. Más bien, la
religión es como una cuna y una base
para el crecimiento de la razón, la
libertad y la liberación. La
religión de Dios nos ha enseñado
esta lección. Confiando en estas
normas y muchos otros factores,
nosotros debemos prepararnos para un
‘Diálogo entre Civilizaciones’ y
debemos transmitir al mundo la
grandeza latente de los fundamentos
de nuestra religión y civilización.
Con los brazos abiertos, debemos
beneficiarnos de los aspectos
positivos de otras civilizaciones y
culturas. Éste es el sentido de la
‘adopción’ (de otras ideas y
logros), y la verdadera adopción es
un arte humano. Esto es verdadera
adopción cuando el hombre ha
comprendido realmente su pasado y su
identidad, y ha basado su vida en la
sabiduría y la razón, entonces puede
darle un buen uso a lo que otros han
conseguido. Y esto es muy diferente
de la mera imitación.
La exuberancia y vitalidad de
cultura europea proviene de su
acercamiento crítico hacia todo,
incluida ella misma. Pero ha llegado
el tiempo para que Europa de otro
paso adelante y se vea a sí misma
diferente, como otros la ven. Esto
no debe tomarse en el sentido de que
Europa deba olvidar su gran herencia
cultural, o que deba retrotraerse a
un nuevo tipo de oscurantismo. Es
más bien un estímulo para que la
cultura y la civilización europea se
embarquen en nuevas experiencias
para ganar un conocimiento más
preciso de la geografía cultural
global. En el Orientalismo,
encontramos que el Oriente es
tratado como un objeto de estudio,
más que como un ‘otro’ para el
diálogo. Para que tenga lugar un
verdadero Diálogo entre
Civilizaciones, es indispensable que
el Oriente se convierta en un
participante real en las discusiones
y no que sea tan sólo un objeto de
estudio. Éste es un paso muy
importante que Europa y Norteamérica
necesitan dar hacia la realización
un proyecto de ‘Diálogo entre
Civilizaciones’. Por cierto, ésta no
es una invitación en un solo
sentido. Nosotros también, como
iraníes, como musulmanes y como
asiáticos, necesitamos dar grandes
pasos dirigidos a obtener un
verdadero conocimiento de Occidente,
cómo realmente es. Este conocimiento
nos ayudará a mejorar nuestro estilo
de vida, económico y social. Dar
esos osados pasos tanto para
nosotros como para los europeos
requerirá un rasgo de carácter que
fue primeramente reconocido y
promovido en Europa por los
italianos.
Los historiadores renacentistas han
escrito que como resultado de los
continuos contactos de los italianos
con Bizancio y el Mundo Islámico,
las gentes de Italia desarrollaron
un sentido de tolerancia. Los
italianos se habían familiarizado
con la civilización islámica desde
el tiempo de las Cruzadas, y la
admiraban. Este conocimiento y
familiaridad con una cultura
extranjera, y el sentido
deslumbramiento que lo acompañó, fue
el factor más importante para
desarrollar este sentido de
tolerancia entre el pueblo italiano.
Es una ironía que este concepto de
tolerancia que fue adoptado de los
musulmanes, y es un resultado de los
contactos alcanzado por los europeos
con ellos, es actualmente ofrecido
por los europeos a los musulmanes
como un modelo de ética y política a
seguir. La evidencia de la
influencia musulmana en la creación
de este espíritu de tolerancia entre
los europeos está clara y puede
rastrearse en la historia literaria
de Europa. Pero la influencia del
pensamiento y la cultura musulmana
en la cultura italiana y europea no
se limita a la cuestión de la
tolerancia. Ninguna nación tiene el
derecho de confiscar las
contribuciones de otros a su propia
civilización, o negar el aporte de
cualquier civilización en la
historia de la cultura humana.
Además de la influencia de la
filosofía, teología y arte
musulmanes en los europeos, algo que
ha sido un medio para renovar y
purificar el temple de los europeos
ha sido la literatura islámica, en
toda su diversidad y riqueza. Como
un ejemplo, podemos citar la
influencia de Ibn al-Arabi en Dante,
pero aquí afortunadamente mucho se
ha dicho y escrito por renombrados
eruditos europeos.
Por consiguiente, además de las
razones morales, culturales y
humanitarias, el Islam y Europa
deben, por la fuerza de la
circunstancias históricas y
geográficas, llegar a conocerse bien
entre sí, y luego mejorar sus
relaciones políticas, económicas y
culturales. Nuestros futuros son
inseparables porque nuestros pasados
han sido inseparables. Incluso hoy
día, en nuestras escuelas de
filosofía, los puntos de vista de
Platón, Aristóteles, y Plotino, y
los de Descartes, Kant, Hegel y
Wittgenstein de entre los
modernistas, se enseña junto a las
opiniones de al-Kindi, al-Farabi,
Ibn Sina (Avicena), al-Suhrawardi y
Mullá Sadrá. Aunque las grandes
civilizaciones de Asia se vean hoy a
sí mismas en un espejo occidental, y
se conozcan entre sí a través de
Occidente, fue el Islam el que
sirvió —en un pasado no tan
distante— como espejo de Occidente;
fue (el Islam clásico) un espejo en
el cual Occidente pudo contemplar su
propio pasado y su herencia
filosófica y cultural.
El diálogo es algo tan deseable,
porque está basado en la libertad y
en la libre voluntad. En un diálogo,
ninguna idea puede ser impuesta a la
otra parte. En un diálogo, uno debe
respetar la identidad independiente
de la otra parte y su independencia
e integridad ideológica y cultural.
Sólo de esa manera, el diálogo puede
ser un paso preliminar que conduzca
a la paz, seguridad y justicia.
Mientras tanto, tener un diálogo con
Irán tiene sus propias ventajas.
Irán es un vecino con una cara hacia
Europa por un lado, y hacia el Asia
por el otro. Así, Irán es el punto
de encuentro de las culturas
orientales y occidentales, así como
el hombre es el punto encuentro del
alma de Oriente y la razón de
Occidente.
Ciertamente podemos transformar el
presente, y del mismo modo encaminar
a las futuras generaciones hacia una
nueva civilización islámica poniendo
nuestros mirada en ulteriores
horizontes, permaneciendo unidos,
ayudándonos y comprendiéndonos como
hermanos. Para que esto se haga
realidad, todos debemos fijar
nuestras pensamientos en la
realización de una ‘sociedad civil
islámica’ en cada uno de nuestros
respectivos países. La sociedad
civil que queremos promover y
perfeccionar en nuestra sociedad, y
la que recomendamos para otras
sociedades islámicas es
fundamentalmente diferente de la
‘sociedad civil’ que tiene sus
raíces en el pensamiento filosófico
griego y la tradición política
romana y que, habiendo transcurrido
por la Edad Media, ha adquirido su
peculiar orientación e identidad en
el mundo moderno. Ambas, sin
embargo, no están necesariamente en
conflicto y contradicción en todas
sus manifestaciones y consecuencias.
Es por esto que nunca debemos
olvidarnos de las juiciosas
adquisiciones de los logros
positivos de la sociedad civil
occidental.
¿Pero cuál es exactamente la medida
para juzgar lo que es aceptable y lo
que no lo es? ¿Qué estrategia
debemos adoptar frente a las
dificultades y ante el enemigo?
¿Nuestra política cultural será de
censura y restricción del acceso a
todas las fuentes con las que
discrepamos? ¿Puede una política de
aislamiento de la comunidad
internacional tener éxito en el
mundo de hoy? A lo largo de su
historia gloriosa, el Islam nunca ha
aceptado el aislamiento y el acceso
restringido como política viable. En
ciertos períodos esto ha sido
impuesto en las gentes en el nombre
del Islam, causando un daño
irreparable, pero no ha perdurado.
El Islam ha acogido las opiniones
contrarias con los brazos abiertos.
Los pensadores musulmanes
fructíferos han buscado activamente
el encuentro de otras concepciones.
Esta amplitud ha enriquecido a la
civilización islámica en el plano
intelectual.
En la sociedad civil que nosotros
defendemos, la cual se centra
alrededor del eje del pensamiento y
la cultura islámica, no hay lugar
para la dictadura personal o de
grupo o incluso la tiranía de la
mayoría y la eliminación de la
minoría. En semejante sociedad, el
hombre, debido a sus propios
atributos de ser humano, es venerado
y reverenciado y sus derechos son
respetados. Los ciudadanos en una
sociedad civil islámica disfrutan el
derecho a determinar su propio
destino, supervisar a sus
gobernantes y apoyar al gobierno
responsable. El gobierno en
semejante sociedad es el servidor de
las personas y no su amo, y en cada
eventualidad, es responsable de las
personas a las cuales Dios les dio
el derecho para determinar su propio
destino. Nuestra sociedad civil no
es una sociedad donde sólo los
musulmanes tienen derechos y son
considerados ciudadanos. Más bien,
todos los individuos tienen
derechos, dentro del marco de la ley
y el orden.
Respetar los derechos humanos y
acatar sus normas y pautas
pertinentes no es una postura
adoptada para la utilidad política o
para conformar a otros. Más bien es
la consecuencia natural de nuestras
enseñanzas religiosas y
mandamientos. El Imam Alí Amir
Al-Mu’minin (P) ordenó a su
representante observar el principio
de justicia y equidad como algo
concerniente a todo el pueblo y no
sólo a los musulmanes, porque «hay
dos grupos; un grupo son tus
hermanos en la fe y el otro son tus
semejantes en la creación». |