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La tragedia de Kosovo

Su historia: La antigua Iliria


Iliria era el nombre que tuvo la parte occidental de la península Balcánica. El antiquísimo pueblo de los ilirios llegó a tener un hábitat que se extendía desde el río Danubio hasta el Epiro. Hacia el 1300 a.C., se instalaron en las costas del norte y el este del mar Adriático. Los ilirios eran un pueblo de estirpe indoeuropea y entre ellos se encontraban los dálmatas y los panonios. Los reinos vecinos de Epiro y Macedonia conquistaron partes de Iliria en los siglos IV y III a.C. Los romanos ocuparon Iliria en el año 44 d.C. y la gobernaron como una provincia de Mesia, que además incluía Bulgaria y la antigua Tracia.

En el siglo VII, la región fue invadida por los eslavos, procedentes de un vasto territorio que luego pasó a llamarse Rusia. Los eslavos del sur o yugoslavos completaron su cristianización hacia el siglo IX, en el marco de la ortodoxia y la tradición oriental. Por entonces formaban parte del Imperio Bizantino (330-1453) configurando dos conjuntos territoriales: Zeta (en el actual Montenegro) y Rascia, más al norte, que prefiguró lo que en la actualidad es Serbia. Stéfan Nemanja o Esteban Nemanic (reinó entre 1168-1196), gran supán de Rascia, ocupó Zeta y acabó con la dependencia de Bizancio. Bajo el reinado de Esteban Dushán (1331-1355), el Estado serbio medieval alcanzó su máximo esplendor al controlar la mayor parte de lo que hoy es Serbia y Montenegro, Albania y Grecia.

Por otra parte, desde mediados del sigloXIV, se estaba produciendo la expansión del Imperio Otomano (1299-1909) a través de los Balcanes. El 20 de junio de 1389, los turcos otomanos derrotaron a los serbios, bosnio y albaneses en la batalla de Kosovo Polje. Kosovo era por entonces el centro del imperio serbio. Allí estaban sus más sagradas iglesias y monasterios. La batalla de Kosovo quedó así marcada en la conciencia nacional de los serbios que comenzaron a considerar a Kosovo como la tierra prometida. Cuando en las Guerras Balcánicas (1912-1913) los serbios finalmente recuperaron Kosovo, la mayoría de la población era musulmana y de origen albanés.



Los bárbaros de Oriente

Es interesante descubrir en la historia los paralelismos y las analogías. Por ejemplo, el Occidente que hoy conocemos no es de cuna noble como muchos suponen. Tampoco es el heredero y depositario de la Civilización Grecorromana. Bizancio fue el que tomó y propulsó ese riquísimo legado misturándolo con las tradiciones del Oriente. En cambio, Roma fue conquistada por los bárbaro: visigodos, alanos, suevos, vándalos, francos y normandos (vikingos). Esos pueblos se cristianizaron superficialmente y aprovecharon su nueva identidad para cometer todo tipo de tropelías y conquistas en nombre de Cristo. Las invasiones que sufrió el mundo islámico, judío, cátaro y eslavo entre los siglos XI yXIV, conocida como las Cruzadas, llevan el cuño de los bárbaros de Occidente.

Del mismo modo, el Islam iba a sufrir un proceso semejante a partir de la llegada de los pueblos turcos (siglos X y XI) y mongoles (siglos XII y XIII), lo cual provocaría la decadencia y anquilosamiento de su civilización durante siglos. Turcos y mongoles se embarnizaron de musulmanes y se hicieron sedentarios, gozando de las ventajas y comodidades que les otorgaba su nueva fe monoteísta, pero siguieron cometiendo las mismas depredaciones y crímenes que realizaban en su estado nómade politeísta. Basta con estudiar un poco los excesos perpetrados por los turcos gaznavíes en Afganistán y la India, y los iljanes mongoles en Irak e Irán, para conocer rápidamente las características de esos bárbaros de Oriente. Las excepciones fueron algunos emperadores indomogoles de cultura persa como Akbar el Grande (1542-1605) y Shah Yahán (1592-1666) que trataron de rescatar la tolerancia y difundir el arte y la ciencia.

Los turcos selyukíes y sus sucesores, los otomanos, no le iban a la zaga. Lejos de aplicar los principios islámicos de la sabiduría, la piedad y la conveniencia, arremetieron contra todo los que se le cruzaban en su camino y dejaron una estela de sangre y destrucción desde Constantinopla hasta Viena, arrasando las tierras de los pueblos balcánicos y de Europa Oriental: griegos, húngaros, serbios, polacos, romanos y búlgaros sufrieron genocidios y vejaciones de todo tipo durante 500 años.

En lugar de edificar un al-Andalus sobre el Danubio, exacerbaron los odios y el resentimiento. Los otomanos no trepidaron en desmantelar la exquisita civilización de los mamelucos en Egipto, Siria y Palestina (1250-1517); aquellos bravos soldados que salvaron al Islam de cruzados y mongoles y llenaron a El Cairo de mezquitas, hospitales y madrasas. Y a pesar de su enorme fuerza militar que incluía una poderosa marina, los turcos nada hicieron por socorrer al amenazado reino nazarí de Granada. Esto tiene una explicación: simplemente no les importaba. Los andalusíes eran una mezcolanza de árabes, bereberes e hispanogodos, algo bastante inferior y despreciable para los arrogantes señores del Bósforo que tenían sus propios planes de dominio y expansión.

A fines del siglo XVIII y principios del XIX, los otomanos al ver que su Imperio y su poder se les escurría de las manos, optaron por aliarse a la superpotencia rectora de entonces, Inglaterra, para sobrevivir por un rato hundidos en la molicie y el vicio. Fue así como secundaron a la Rubia Albión en las guerras napoleónicas (1798-1815), y contra Rusia en la Guerra de Crimea (1853-1856), permitiendo la colonización británica de Egipto y Sudán (1881-1898) y convirtiéndose irremediablemente en "elHombre Enfermo de Europa".

En su versión laica, los turcos fueron aún peores. Cometieron el primer holocausto del siglo XX entre 1915-1923 (dos millones de armenios eliminados), erradicaron oficialmente el Islam junto con el alfabeto árabe, e instauraron los patrones y las modas de Occidente.

Y hoy son el mastín de la NATO en el Asia, que amedrenta con sus ladridos a sirios y kurdos en el sur, a los armenios en el noreste y a los griegos en el oeste. Turquía tiene un pacto militar con Israel, apoya abiertamente a Azerbaiÿán y Uzbekistán, regímenes igualmente laicos y antimusulmanes, y a sotto voce reconoce a los talibanes afganos.

Los pueblos musulmanes cuando no están bien concientizados del Islam, muchas veces son víctimas de los intereses de los poderosos que manipulan para sus fines inconfesables los valores y sentimientos más sagrados de las masas confundidas.

En 1918 los serbios anexaron a Kosovo, y junto a las tierras de croatas y eslovenos (católicos y ortodoxos), las unificaron bajo el símbolo de la monarquía serbia. En 1929, el rey Alejandro llamó a su reino Yugoslavia

Al producirse la doble invasión de italianos fascistas a Albania (abril de 1939) y la de los alemanes nazis a Yugoslavia (abril de 1941) se pergeñó la idea de la Gran Albania: una idea colonialista de Mussolini que proyectaba a Italia al corazón de los Balkanes. Por esa razón, Hitler ofreció la provincia de Kosovo al Ducce en aras de esa quimera.

Los fascistas de Roma, empujaron a 400 mil albaneses a emigrar a Kosovo y provocaron al mismo tiempo, en combinación con las tropas de asalto de la SS, una masacre entre los kosovares serbios. De esa manera, a fines de 1941, el porcentaje de albaneses en Kosovo creció del 35% al 80% y el de la población serbia bajó del 65% al 20%.

No hace falta dar muchas vueltas para tener una idea de la magnitud del rencor y los ánimos de venganza que quedaron anidados en los serbios respecto de los kosovares y de los croatas derechistas (los ustachas), quienes se habían prestado tan dócilmente a los planes nazifascistas de dominación y exterminio. Más de un millón de yugoslavos murieron en la segunda guerra mundial y otros tantos quedaron heridos y mutilados. El criminal Milosevic se ha montado entonces sobre el histórico rencor para sumar su ola de crímenes y violaciones aberrantes.

Tras la segunda guerra mundial en 1945, el elemento de cohesión que representaba la corona desapareció. En su lugar, un nuevo factor de unión llegó de la mano de Josip Broz, alias Tito (1892-1980) que fundó la República Federativa Socialista de Yugoslavia conformada por Serbia, Montenegro, Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y la provincia autónoma de Kosovo.



La atomización de Yugoslavia

La muerte de Tito trajo aparejado un profundo vacío de poder en Yugoslavia que fue aprovechado por Occidente para decretar su defunción. El desmoronamiento de la Unión Soviética y el consecuente surgimiento del llamado Nuevo Orden Mundial ayudó la atomización del espacio yugoslavo. La reunificación de las dos Alemanias en octubre de 1990 fue un factor decisivo en ese sentido. El viejo anhelo alemán de llegar a las aguas cálidas del Mediterráneo y disponer de puertos comerciales seguros en la región, fomentó la creación de las repúblicas de Croacia y Eslovenia en junio de 1991.

Y a río revuelto, ganancia de pescadores. Como en tiempos pasados, la dirigencia bosnia musulmana fue tentada con promesas a formar una república análoga a las de sus vecinos croatas y eslovenos. El resultado fue una guerra civil cruel y sanguinaria con los serbios liderados por Slobodan Milosevic, un dirigente nacionalista serbio ultramontano que apeló a los más brutales métodos y atrocidades para evitar el accionar de los movimientos secesionistas. Milosevic no sólo no está a la altura de Tito: es simplemente su contracara. Su demencial y criminal represión aceleró la intervención de la NATO en la región, y desprestigia la justa y lógica resistencia del pueblo yugoslavo a las imposiciones del Nuevo Orden Mundial.

Muchos musulmanes imaginaron por entonces, que el liderazgo bosnio con Alija Izetbegovic a la cabeza conduciría al establecimiento de una república islámica en los Balcanes. Un bello sueño divorciado en absoluto de la realidad. El partido de Izetbegovic, Acción Democrática (PAD) es nacionalista y laico. Sus miembros buscaron a toda costa el reconocimiento de su nuevo estado, sin importar de dónde viniese. Aquellos que se apresuraron a reconocerles la independencia poco y nada hicieron para evitar las masacres serbias. Más bien esperaron que se debiliten lo suficiente como para imponer su voluntad y dominio en el acuerdo de Dayton, en noviembre de 1995.

El mundo islámico los ayudó, algunos con un gran espíritu heroico y fraternal, pero no alcanzó para evitar que Bosnia quedase debilitada y maniatada bajo el dominio de las superpotencias occidentales, especialmente Estados Unidos.



Claves de una conspiración

La injusticia del Nuevo Orden Mundial es harto evidente. Por una parte, apuesta a la desintegración de Yugoslavia, pero es extremadamente celosa de la atomización de España, pues ésta es parte de la NATO (hay suficiente "tela" allí como para crear no menos de cinco repúblicas independientes: Galicia, País Vasco, Cataluña, Valencia y Andalucía, todas ellas con un historial y connotaciones tan válidas como sus pares balcánicas).

Por otra parte, el Reino Unido accede a devolver a China su factoría de Hong-Kong. China es poderosa y es un mercado excelente para los productos británicos; en cambio no acepta de ninguna manera restituir a la Argentina y España las Malvinas y Gibraltar, pues ambas son naciones débiles y dependientes.

Más allá de las especulaciones políticas, hay también factores económicos sobresalientes. Por ejemplo, en la localidad de Trebcha, en Kosovo, se encuentra el mayor yacimiento de plomo del mundo, y el plomo es un mineral que escasea peligrosamente en la actualidad. Pero, sin lugar a dudas, el ataque impune y policíaco de la NATO, que se desencadenó sin el correspondiente permiso de las Naciones Unidas, es lo que más preocupa. No sólo a los indefensos pueblos y naciones de África, Asia y América, sino a los propios europeos. Esto se palpa en las importantes manifestaciones que se suceden diariamente en las principales ciudades del mundo en contra de los bombardeos de la Alianza Atlántica. En Italia, por ejemplo, los manifestantes enarbolan pancartas que dicen "Nato per uccidere" (en italiano, "nacida para matar"). Y en Grecia, los activistas colocan pasacalles con la palabra griega que significa muerte, con las siglas de la organización atlántica remarcadas: THÁNATOS

Dos intelectuales de reconocido prestigio han emitido juicios sobre la actual situación en los Balkanes. Noam Chomsky, el lingüista y sociólogo judío norteamericano dijo: "Estados Unidos eligió un curso de acción que, como lo reconoce explícitamente, aumenta las atrocidades y la violencia en la región. Y pega otro golpe contra el régimen de derecho internacional, que al menos ofrecía a los más débiles una limitada protección contra los Estados predadores".

Por su parte, James Petras, profesor de Ética Política en la Universidad de Binghamton (EE.UU) hizo este análisis: "La guerra en Yugoslavia sólo puede entenderse como parte de una expansión generalizada del poder de Estados Unidos. La doctrina Clinton ha vuelto a interpretar el mundo de acuerdo al pasado colonial: Washington tiene el derecho de atacar cualquier país cuya política se oponga a sus objetivos imperiales."

En la región, por otra parte, hay una añeja tradición de hermandad y convivencia: "En el transcurso de los siglos, los diversos ocupantes trataron de oponer los católicos a los ortodoxos, los musulmanes a los cristianos. Pero en los pueblos, se veía a menudo, al final del Ramadán, a los musulmanes ofrecer trozos del cordero ritual a los ortodoxos y a estos dar huevos de Pascua al Imam." (Doré Ogrizek: Yugoslavia, Belgrado, s/f).

La historia se repite en los balkanes, y los musulmanes quedan debilitados una vez más. Por un lado se estimula su independencia, por el otro, se los deja librados a merced de los crímenes de las huestes de Milosevic hasta que estén lo suficientemente débiles y desahuciados como para ser totalmente dominados, en este caso por la NATO. Sólo cabe esperar que los sufridos musulmanes hayan aprendido esta amarguísima lección de quién es quién en el mundo y en quién se puede confiar y quién, por el contrario, los utiliza para sus propios intereses, lucrando con su desgracia. Nosotros aquí en la Argentina nos solidarizamos con los musulmanes kosovares, le pedimos a Dios Altísimo por ellos y veremos la manera de que nuestra ayuda llegue a buenas manos, evitando, en lo posible, que sea interceptada por la NATO.

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