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MILAGROS DEL CORÁN
Verdaderamente él (el Corán) es una revelación
que hizo descender el Señor de los mundos.(Corán 26:192)
Milagros científicos del Corán
Las capas de la atmósfera
Un dato sobre el universo revelado en los
versículos del Corán es que el cielo tiene siete capas:
"El es Quien creó para vosotros todo cuanto hay en la tierra.
Luego se ocupó del cielo y lo dispuso en siete cielos. El conoce
todas las cosas" (Corán 2:29).
"Luego se dirigió al cielo, cuando era humo. [...] Y en dos
días determinó que fueran siete cielos, y le inspiró a cada cielo su
mandato (función)..." (Corán 41:11-12).
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La tierra tiene todos los atributos
necesarios para la vida. Uno de ellos es la atmósfera que
sirve como escudo protector para los seres vivos.
Actualmente es un hecho comprobado que la atmósfera está
compuesta de diferentes capas superpuestas unas sobre otras.
Exactamente como se describe en el Corán la atmósfera está
compuesta exactamente por siete capas. Este es ciertamente
uno de los milagros del Corán.
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La palabra "cielo/s" [samâ' /
samâwât], que aparece en muchos versículos del Corán, es usada tanto
para referirse al cielo por encima de la tierra, como al universo en
su totalidad. Dándole a la palabra el primer sentido, se deduce que
el cielo de la tierra, o atmósfera, está compuesta por siete capas.
Y efectivamente, hoy se sabe que la atmósfera de la tierra está
compuesta de siete capas superpuestas (2).
Definiciones basadas en criterios que consideran la composición
química o la temperatura del aire han determinado siete estratos en
la atmósfera de la tierra (3).
Según el "Limited Fine Mesh Model" (LFMMII), un modelo atmosférico
utilizado para predecir condiciones climáticas por 48 horas, la
atmósfera también tiene 7 capas. Para las modernas definiciones
meteorológicas las siete capas o estratos de la atmósfera son los
siguientes:
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Hace 14 siglos, cuando se creía
que el cielo era una masa única, el Corán milagrosamente
afirmó que estaba compuesto de capas, y más aún: de
“siete” capas. Por el contrario, la ciencia moderna
descubrió que la atmósfera que rodea la tierra está
compuesta de “siete” capas básicas sólo recientemente. |
1.
Troposfera
2.
Estratosfera
3.
Mesosfera
4.
Termosfera
5.
Exosfera
6.
Ionosfera
7.
Magnetosfera
Otro milagro importante a
destacar es el mencionado en la afirmación: "y le inspiró a cada
cielo su mandato (función)", del versículo 12 de la sura Fussilât
[sura 41] ya citada. En otras palabras, Dios manifiesta que le
asignó a cada cielo su propio deber. Y ciertamente, como vimos en
los acápites previos, cada una de estas capas cumple funciones
vitales para beneficio del género humano y de otros seres vivientes
en la Tierra. Cada estrato tiene una función particular, que va
desde la formación de la lluvia hasta proteger de radiaciones
nocivas, desde reflejar ondas de radio hasta evitar los efectos
perjudiciales de los meteoritos.
Los versículos citados a continuación nos informan sobre el
aspecto de estos estratos atmosféricos:
"¿No habéis visto como Dios creó siete cielos en capas
[tibâqan]? (Corán, Sura Noé, 71:15).
"El que creó los siete cielos en capas..." (Corán, Sura
Al-Mulk, 67:3).
Es un milagro extraordinario que estos hechos, que no podían
descubrirse si no era con la tecnología del siglo XX, fueran
formulados explícitamente por el Corán 1400 años atrás.
La función de las montañas
El Corán nos llama la atención sobre la importante función
geológica de las montañas:
"Hemos colocado sobre la tierra montañas firmemente
enclavadas para que no se mueva debajo de ellos" (Corán, 21:31).
Como podemos ver en el versículo se afirma que las montañas
tienen la función de prevenir movimientos sísmicos. Este hecho era
totalmente desconocido en la época en que el Corán fue revelado. Es
algo que salió a la luz recientemente debido a los hallazgos de la
geología moderna.
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Las montañas tienen profundas
raíces bajo la superficie del suelo (Earth, Press and
Siever, p. 413).

Esquema de un corte transversal.
Las montañas, como las estacas, tienen profundas raíces
empotradas en el suelo (Anatomy of the Earth [Anatomía
de la Tierra], Cailleux, p. 220).

Esta otra ilustración muestra como
las montañas tienen forma de estacas debido a sus
profundas raíces sumergidas (Earth Science [Ciencia de
la Tierra], Tarbuck y Lutgens, p. 158).
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Según estos descubrimientos las montañas emergen como resultado
del movimiento y colisión de enormes placas tectónicas que conforman
la corteza terrestre. Cuando dos placas chocan la más fuerte se
desliza debajo de la otra, y la que queda encima se pliega y forma
alturas y montañas. La capa inferior sigue avanzando debajo del
suelo y se extiende a gran profundidad. Consecuentemente, como
afirmamos recién, las montañas tienen una parte que se extiende
hacia abajo, tan grande como su parte visible encima del suelo.
En un texto científico se describe la estructura de las montañas
como sigue:
"Donde los continentes son más gruesos, como en las
cordilleras, la corteza se hunde más profundamente en el manto"
(4).
En un versículo este rol de las montañas es descripto
comparándolo con "estacas".
"¿No hemos hecho de la tierra lecho y de las montañas
estacas?" (Corán 78:6-7).
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Con las
extensiones que las montañas poseen tanto debajo del
suelo como encima de la superficie, actúan como si
fueran estacas fijando las diferentes placas de la
tierra y manteniéndolas unidas. La corteza terrestre
está compuesta de placas que están en constante
movimiento. Esta propiedad “remachadora” de las montañas
impide en gran medida las sacudidas fijando la corteza
terrestre, que es una estructura extremadamente móvil.
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Dicho en otras palabras, las montañas "remachan"
las placas en la corteza terrestre que se extienden por encima y por
debajo de la superficie, fijándolas en los puntos de conjunción de
las mismas. De esta forma fijan la corteza terrestre e impiden la
fluctuación a la deriva sobre la capa de magma o entre las placas.
Sintéticamente podríamos asemejar a las montañas con los clavos que
mantienen unidas piezas de madera.
Esta función fijadora de las montañas es
descripta en la literatura científica con el término "isostasia".
Isostasia es: "...el equilibrio general en la corteza terrestre
mantenido por el libre flujo de material rocoso debajo de la
superficie bajo presión gravitacional" (5).
Este rol vital de las montañas, descubierto por
la geología moderna y la investigación del fenómeno sísmico, fue
revelada en el Corán hace siglos como un ejemplo de sabiduría
suprema en la creación de Dios.
"Hemos colocado sobre la tierra montañas firmemente enclavadas
para que no se mueva debajo de ellos" (Corán, 21:31).
El movimiento de las
montañas
Se nos informa en un versículo del Corán que las
montañas no están inmóviles como parecen, sino que están en
constante movimiento.
"Verás pasar a las montañas, que tú creías inmóviles, como
pasan las nubes..." (Corán 27:88).
Este movimiento de las montañas es provocado por
el desplazamiento de la corteza terrestre sobre la cual están
ubicadas. La corteza terrestre "flota" sobre la capa del manto, que
es más densa. Recién a comienzos del siglo XX, por primera vez en la
historia, un científico alemán de nombre Alfred Wegener (1880-1930)
sugirió que los continentes de la Tierra debieron estar todos unidos
cuando se formaron al principio, y que luego flotaron a la deriva en
diferentes direcciones separándose unos de otros.

Recién en la década de 1980 los geólogos
comprendieron que Wegener tenía razón, 50 años después de su muerte.
Como Wegener señalaba en un artículo publicado en 1915, la masas
continentales de la tierra estaban unidas hace unos 500 millones de
años. Este enorme continente emergido, que llamó Pangea, estaba
ubicado en el Polo Sur.
Hace aproximadamente 180 millones de años Pangea
se dividió en dos partes que derivaron en diferentes direcciones.
Uno de estos continentes gigantes era Gondwana, que incluía Africa,
Australia, Antártida e India. El otro era Laurasia, que incluía a
Europa, América del Norte y Asia con excepción de India. Durante los
siguientes 150 millones de años, siguiendo con su separación,
Gondwana y Laurasia se dividieron en partes más pequeñas.
Estos continentes que surgieron luego de la
división de Pangea han estado moviéndose constantemente sobre la
superficie de la tierra a razón de varios centímetros por año,
cambiando al mismo tiempo los mares y las proporciones de la Tierra.
Descubierto gracias a las investigaciones
geológicas emprendidas a comienzos del siglo XX, este movimiento de
la corteza terrestre es explicado por los científicos como sigue:
"La corteza y la parte más elevada del manto, con
un espesor de unos 100 km, se divide en segmentos llamados
placas. Hay seis placas mayores y varias menores. Según la teoría
llamada 'tectónica de placas', estas placas se desplazan sobre la
tierra arrastrando consigo a los continentes y al lecho oceánico. El
movimiento de los continentes ha sido estimado de entre 1 y 5 cm por
año. A medida que avanza el movimiento de las placas esto produce un
lento cambio en la geografía terrestre. Cada año, por ejemplo, el
Océano Atlántico se vuelve un poco más ancho" (6).
Hay un punto muy importante para destacar aquí:
Dios se refiere al movimiento de las montañas como un movimiento de
arrastre y a la deriva (al compararlo con el paso de las nubes). Hoy
día la ciencia moderna también usa el término "deriva de los
continentes" para referirse a este movimiento (7).
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Los movimientos de los continentes
Las
figuras de la izquierda muestran la posición de los
continentes en el pasado. Si asumimos que los movimientos de
los continentes continuarán en la misma forma, dentro de
millones de años estarán en la posición que se muestra en
las figuras de la derecha.
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El milagro del hierro
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Un lingote de hierro.
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El hierro es uno de los elementos puestos de relieve en el Corán.
En la Sura Al-Hadid -que significa "hierro"- se nos informa:
"...Y hemos hecho descender el hierro que encierra una gran
fuerza y tiene muchos usos para los hombres..." (Corán, 57:25).
Respecto de la expresión "hecho descender" utilizada en
particular para el hierro en este versículo, podría pensarse que
tiene un significado metafórico para explicar que éste fue
manifestado para beneficiar a la gente. Pero cuando tomamos en
consideración el significado literal de la palabra (anzala), que es:
"hacer descender físicamente algo del cielo", como ocurre en el caso
de la lluvia y los rayos solares, nos damos cuenta que este
versículo implica un notable milagro científico.
Esto debido a que los modernos hallazgos
astronómicos han descubierto que el hierro presente en nuestro mundo
proviene de estrellas gigantes del espacio exterior (8).
No
solamente el hierro presente en la Tierra, sino también el que se
encuentra en todo el sistema solar, proviene del espacio, porque la
temperatura del Sol es insuficiente para la formación de este
elemento. El hierro solo pudo producirse en estrellas mucho más
grandes que el Sol, donde las temperaturas alcanzan solo unos pocos
cientos de millones de grados. Cuando la cantidad de hierro excede
de cierto nivel en una estrella, ésta ya no puede alojarlo y,
eventualmente, explota provocando lo que se conoce como una "nova" o
"supernova". Como resultado de esta explosión los meteoros que
contienen hierro se esparcen por todo el universo, y se mueven por
el vacío hasta que son atraídos por el campo gravitatorio de un
cuerpo celeste.
Esto muestra que el hierro no se forma en la tierra,
sino que es proyectado en forma de meteoritos por
estrellas que explotan, y luego "desciende" a la tierra
exactamente de la misma forma como se manifiesta en el
versículo. Queda claro que este hecho no podía ser
conocido a nivel científico en el siglo VII, cuando el
Corán fue revelado.
La relatividad del tiempo
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El tiempo es un fenómeno que depende
enteramente de quien lo percibe. Mientras un determinado
lapso de tiempo parece largo para una persona, puede parecer
corto para otra. Para conocer lo correcto necesitamos de
instrumentos tales como relojes y calendarios. Es imposible
elaborar sin ellos un juicio correcto sobre el paso del
tiempo.
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Actualmente la relatividad del tiempo es un hecho
científico comprobado. Fue descubierta por la teoría de la
relatividad de Einstein en los primeros años del siglo XX. Hasta ese
momento la gente no sabía que el tiempo era un concepto relativo, y
que podía cambiar según condiciones del entorno. El famoso
científico Einstein lo demostró públicamente con la teoría de la
relatividad, que muestra que el tiempo depende de la masa y de la
velocidad. En la historia de la humanidad nadie había expresado con
claridad este hecho anteriormente. Con una excepción: ¡el Corán
incluía información sobre el carácter relativo del tiempo! Algunos
versículos sobre el tema afirman:
"Un día con tu Señor es como mil años de los
que contáis" (Corán 22:47)
"El dispone en el cielo todo lo de la tierra.
Luego todo ascenderá a El en un día cuya duración es como mil años
de los que contáis" (Corán 32:5).
"Los
ángeles y el Espíritu ascienden hasta El en un día cuya duración es
de cincuenta mil años" (Corán 70:4).
En algunos versículos se indica que la gente
percibe el tiempo de manera diferente, y que algunas veces las
personas pueden percibir como un período de larga duración lo que es
sólo un corto lapso de tiempo. La siguiente conversación de la gente
durante su juicio en el Más Allá es un buen ejemplo de esto:
"El dirá: '¿Cuántos años habéis permanecido en
la tierra?' Ellos responderán: 'Hemos permanecido un día o parte de
un día. ¡Interroga a los encargados de contar!' Dirá: 'No habéis
permanecido sino poco tiempo, si hubierais sabido..." (Corán
23:112-114).
El hecho de que la relatividad del tiempo esté
tan claramente enunciada en el Corán, que comenzó a ser revelado en
el 610 d.C., es otra evidencia de que es un Libro sagrado.
La proporción de lluvia
Uno de los datos que suministra el Corán sobre la
lluvia consiste en que ella es derramada sobre la tierra en una
medida definida. Esto se menciona en la Sura Zujruf (El lujo) en
estos términos:
"Es El quien hace descender agua del cielo en
una medida definida, y con ella revivimos una tierra muerta. Del
mismo modo se os hará surgir (de la muerte el día de la
resurrección)" (Corán 43:11).
Esta medida global de la lluvia también ha sido
descubierta por las investigaciones modernas. Se estima que en un
segundo se evaporan de la superficie de la tierra aproximadamente 16
millones de toneladas de agua. En un año el número asciende a 513
billones de toneladas de agua, y esta equivale a la cifra de la
cantidad de la lluvia que cae sobre la tierra en el mismo período
anual. Esto significa que el agua circula continuamente en un ciclo
equilibrado, según una "medida" definida. La vida sobre la tierra
depende de este ciclo del agua. Aunque los hombres utilizaran toda
la tecnología disponible hoy día en el mundo serían incapaces de
reproducir este ciclo artificialmente.
Incluso un pequeño desvío en este equilibrio
provocaría rápidamente un grave desajuste ecológico que pondría fin
a la vida sobre la tierra. No obstante esto nunca ocurre, y la
lluvia continúa cayendo cada año exactamente en la misma proporción
tal cual fue revelado en el Corán.
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Cada año la cantidad de agua que se
evapora y la que cae de vuelta a la tierra en forma de
lluvia se mantiene “constante”: 513 billones de toneladas.
Esta cantidad constante está declarada en el Corán por la
expresión “hace descender agua del cielo en una medida
definida”. Que esta cantidad se mantenga constante es muy
importante para la continuidad del equilibrio ecológico, y
por ende para la vida.
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