Islam y Política XV
La bai’at (pacto o acuerdo con el líder) y el punto de vista de la elección (al estilo Occidental)
Algunos de los partidarios del sistema electoral para la elección del líder islámico y la dependencia de la legitimidad de su gobierno del acuerdo y pacto de la gente, se apoyan en algunos hadices o tradiciones pertenecientes a ‘Ali ibn Abi Talib, la paz sea con él, el sucesor del profeta. Basados en una interpretación superficial de las mismas, argumentan a favor del carácter electivo del líder islámico en contra de quienes defienden la designación divina del mismo.
A continuación expondremos algunos de esos dichos que están presentes en la recopilación de sermones y cartas de Ali, denominada Nahyul Balagah (Cima de la Elocuencia). Los mismos pueden llamar a confusión extraídos de su contexto por lo que a continuación de la cita de los mismos, los ubicaremos en su contexto para que quede claro su real significado.
“La misma gente que hizo el pacto con Abu Baqr (por el que lo reconocieron como primer Califa después del profeta), con Omar (segundo califa) y Uzman (tercer califa), también lo hizo conmigo, por lo tanto, quienes estuvieron presentes en el pacto no pueden oponerse (ahora que ya lo han consumado), y quienes estaban ausentes no pueden rechazar el pacto realizado, puesto que la consulta se limitó a los Emigrados (de Meca) y a los Auxiliares (los habitantes de Medina). Por lo tanto, si hubo acuerdo sobre una persona y lo nombraron su Imam (líder), la satisfacción de Dios se halla en ello”.
“Oh gente la persona más adecuada para el asunto del califato es el más poderoso para el gobierno y el más sabio sobre las leyes divinas. Ante esta persona si alguien se rebela se le exigirá que deponga su actitud y si no cesa en su rebelión, se luchará contra él. Juro por mi alma que si la elección del líder no se llevase a cabo si no ante la presencia de toda la gente, debería acatarse, pero aquellos que han estado presentes han sentenciado para los ausentes, por lo tanto, no hay posibilidad de oponerse por parte de quienes han estado presentes y para los ausentes no hay posibilidad de elegir a otra persona”.
(Luego de que ‘Abdu llah ibn Omar, el hijo del segundo califa, Sa’ad ibn Abi Uaqas, Usama ibn Zaid y Hassan ibn Zabet, se negaron a pactar con Ali, éste se dirigió a la gente y dijo lo siguiente). “Oh gente, ustedes pactaron conmigo como lo hicieron antes con los califas anteriores y la posibilidad de oponerse permanece hasta que se consuma el pacto, no después. Entonces, es obligación para el líder mantenerse firme y para la gente es obligación obedecer. Este es un pacto o acuerdo público y quien se le ponga se opone al Islam.”
Estos dichos se explican en el contexto de las lecciones anteriores en donde vimos que el Imamato o Califato – la guía y liderazgo islámico- son cargos otorgados por Dios y luego del profeta, fueron concedidos a ‘Ali por orden de Dios y expresa designación de Su mensajero. Por lo tanto, lo que el Imam está diciendo acá es en el contexto de una situación especial reinante después de la muerte del tercer califa y la oposición de algunos pocos, especialmente la de Muawia, el hijo de Abu Sufián, el archienemigo del profeta, que se revelaba en forma amenazante. El Imam ‘Ali recurre a un respuesta dialéctica sobre la base de lo que era aceptado por la mayoría en torno al método de elección de un califa (no lo que el Islam y el intelecto dictan en realidad, sino los criterios que la gente había seguido). En otras palabras, lo que el Imam les está diciendo, especialmente dirigiéndose a Muawia y a sus partidarios (con quien tendrá que librar una dura batalla para detener su sedición), es que, aun de acuerdo a los parámetros que ustedes aceptan y en base a los cuales fueron elegidos los anteriores califas por ustedes mismos, yo tengo el derecho de ocupar el liderazgo islámico y ustedes no se pueden oponer. Por lo tanto, acá el Imam no saca a relucir el argumento de la designación divina como lo hiciera en otras partes porque no tenía efectividad para gente como Muawia del lado de los opositores, ni tampoco para muchos que ahora hacían el pacto con ‘Ali, pero no con la convicción de que le pertenecía ese cargo por designación divina, sino por diversos intereses mundanales. La manera de emplear toda la fuerza contra la sedición de Muawia era hablarle en un lenguaje que pudiera aceptar la mayoría, y al mismo tiempo dejase sin argumentos al propio Muawia porque respondía a los principios que él sostenía. Salvo que a diferencia de las ocasiones anteriores, donde el pacto se había hecho por medio del acuerdo de los jefes tribales y a las apuradas como vimos en el caso de Saqifa y las discusiones que tuvieron lugar para elegir al primer califa tras la muerte del profeta, esta vez el número de quienes pactaban con Ali era realmente masivo. Tampoco la elección del segundo y tercer califa contó con la masiva participación de la gente en un principio. (El primer califa designó él mismo al segundo y el segundo califa designó un consejo de seis personas que debían elegir al tercer califa). Esta vez, era la gente que se volcaba en masa para rogar a ‘Ali que se haga cargo del poder con la esperanza de que sólo él podía enderezar a la comunidad ante los peligros de sedición interna.
Luego, los dichos de Ali mencionados hacen referencia a las características que debe tener quien gobierna a la comunidad islámica, la capacidad , el poder para gobernar y el conocimiento de las leyes de Dios y su religión.
El rol de las elecciones en el sistema político islámico
El sistema de acuerdos mediante los cuales se designaba a un gobernante entre los árabes de la época de la ignorancia (previa al Islam), y que fuera reimplantado luego de la muerte del profeta –cuando los musulmanes en su mayoría dejaron el método estipulado por el Sagrado Corán y el noble profeta-, si bien guarda diferencias con la votación actual, podemos decir que también guarda ciertas semejanzas como el supuesto de que es la gente la que legitima al gobernante mediante el pacto o el voto.
La legitimidad en el sistema filosófico político occidental significa derecho y se le contrapone el concepto de usurpación. En la filosofía política se plantea este interrogante y es : ¿cuál es el sistema político legítimo, de derecho? ¿Quién posee derecho a gobernar? ¿Cuál es el tipo de gobierno legítimo?
La legitimidad no se corresponde con la aceptación. Puede que un gobierno legal no sea aceptado y otro que no lo es, lo sea, sino embargo, no es el grado de aceptación que un régimen pueda poseer lo que le otorga legitimidad per se.
En el pensamiento político islámico atendiendo al hecho de que la exclusividad del derecho de gobierno y todo tipo de soberanía (Uliaiat) pertenece a Dios (Señor y Soberano Absoluto), la legitimidad solo adquiere sentido de parte del Santo Legislador. Por lo tanto, el gobierno que poseerá legitimidad será aquel que esté basado en la legislación divina. La legitimidad ha de basarse necesariamente y de modo claro en la divinidad. Por supuesto que para que este gobierno y sistema funcione y pueda ejecutarse con éxito necesita de la aceptación de la gente. Pero queda claro que los conceptos de legitimidad, derecho y aceptación poseen raíces diferentes e independientes. Pueden estar juntas o no. En el concepto de República Islámica está presente la combinación de los dos conceptos independientes pero que pueden unirse. Un sistema así posee dos facetas: una divina y otra popular. Este sistema se basa en la legitimidad divina, Sus leyes y Soberanía y su aceptación se basa en los votos de confianza de la gente, su apoyo y su presencia en la escena política y social (En la República Islámica la profunda calidad de este apoyo popular ha sido puesta a prueba durante una guerra impuesta de ocho años – del año ochenta al ochenta y ocho- en la que todas las potencias del éste y del oeste ayudaban a Saddam, el dictador de Iraq, e Irán se defendía en soledad, solo mediante la ayuda de Dios y de su pueblo). Su aceptación también se basa en su (masiva) presencia en las elecciones y la determinación de su destino (Lo que hace a su carácter republicano), observando los límites fijados en la legislación divina islámica. Esto marca una diferencia con todo el resto de los sistemas políticos existentes y corrientes en el mundo.
¿Cómo pueden las elecciones conferir legitimidad?
La respuesta a esta pregunta para cualquier filósofo político posee mucha importancia. Primero es necesario definir los criterios de legitimidad Luego se plantean otros muchos interrogantes: ¿Qué condiciones deben tener los electores? ¿Cuál es el criterio para fijar una edad determinada para poder votar? ¿Cuánto es el mínimo de personas que reúnan las condiciones para votar que deben participar en la elección? ¿Cuánto es el mínimo de votos que debe obtener quien quiera gobernar para obtener legitimidad? ¿Cuál ha de ser el criterio que se elija, la mayoría absoluta de aquellos que reúnen las condiciones necesarias para poder votar o, solamente la mayoría de los votos obtenidos? ¿El 40% de los votos, el 30 %, el 25 o una mayoría relativa?
Si, por ejemplo, solamente el 35% de quienes están en condiciones de votar van a sufragar su voto y una persona es elegida con el 33% de los votos emitidos, es decir, con alrededor del 12% de los votos de todo el padrón electoral, ¿es acaso suficiente para obtener legitimidad?
En los sistemas que se autoproclaman democráticos y de gobierno popular, ¿cuántos países se pueden nombrar en los que, en realidad, no esté gobernando una minoría sobre una mayoría? ¿Realmente cuál es el criterio de legitimidad?
La crisis de legitimidad se manifiesta con toda su real expresión cuando en la filosofía política, con la ayuda de la sociología política, se analiza la manera en que se formalizan las elecciones en las distintas sociedades políticas, especialmente de aquellas que se dicen totalmente democráticas. Aquí puede apreciarse cómo se obtienen los votos y cómo las mayorías de los votos construyen las bases del sistema político y sus instituciones. (Es todo un tema de debate hoy en día, el rol de los medios de información, su grado de democratización, los fondos de las campañas y sus orígenes, el rol de las grandes empresas, el grado de democratización en ellas, el rol de las grandes superpotencias y el grado de intromisión en los procesos electorales de los países del tercer mundo, e incluso del primer mundo como la incidencia del Mossad en la candidatura de Sarkozi en Francia, la democratización de los bancos y el sistema financiero, etc.)
Conclusión:
Con respecto a los dos elementos expuestos, el de la legitimidad y el de la aceptación podemos dividir a los sistemas políticos existentes en el mundo en cuatro grupos:
Los sistemas que carecen de ambos elementos, tanto la legitimidad como la aceptación (la mayoría de los sistemas existentes)
Los sistemas que poseen aceptación pero no poseen legitimidad (algunos de los sistemas existentes)
Los sistemas que tienen legitimidad pero no tienen aceptación (no existe ninguno en la actualidad)
Los sistemas que poseen las dos cualidades, la legitimidad y la aceptación (en la actualidad, la República Islámica de Irán)
Por último, existe una pregunta acerca de si la elección es un derecho o una obligación. En los sistemas occidentales se plantea como un derecho. La gente al no participar en la elección pueden dejar sin efecto su derecho, pero en el sistema político islámico debido a que el sistema legal divino solo es posible de ser ejecutado y sostenido mediante la aceptación, el compromiso, la participación de la gente y la elección, la elección es un derecho y una obligación (como el cuidado de los niños que es un derecho de los padres y a la vez una obligación). Es un derecho porque Dios Altísimo le otorgó el derecho a la gente de que determinen su destino y es una obligación porque la gente tiene el compromiso de establecer y fortalecer el sistema legítimo y no pertenecer indiferentes ante él. Participar o no en la escena política será pasible de recompensa si participa o castigo si no lo hace, como otros actos de adoración o de servicio.
En los próximos artículos hablaremos, Dios mediante, del sistema político del gobierno de los sabios islámicos en la época de la ocultación del Imam Mahdi, que Dios apresure su venida.
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