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Islam y Política 14


Como hemos explicado en los artículos anteriores sobre el Islam y la Política, el Imamato o liderazgo religioso político que sucede al profeta así como el liderazgo de los profetas depende de Dios (intisab o designación divina), no de la elección de la gente.
El líder islámico o Imam en su dimensión de guía político y social de la gente se apoya en su guía espiritual y la importancia que le reconoce a los asuntos políticos y de gobierno es con el fin de concretar los ideales humanos, promover los conocimientos divinos y el cumplimiento de las leyes dadoras de vida de la religión de Dios, por lo tanto, el Imamato se opone con lo que se dio a conocer en la historia del Islam como Califato (que tiene que ver con la interpretación que el sunnismo hizo del liderazgo islámico entendiéndolo como una mera guía política y social).


Si la guía política se ve como una parte de la guía religiosa monoteísta auténtica (sin divisiones artificiales que tienen que ver más con la idolatría que con el monoteísmo auténtico de los profetas de Dios), entonces el Imamamto será necesariamente instituido por Dios. Pero si la guía política es solo un asunto de gobierno de los asuntos mundanos (sin una intervención directa de Dios en el asunto y sin un gobierno espiritual del gobernante que muchas veces es quien posee la fuerza y no la sabiduría, la piedad y la justicia de acuerdo a la doctrina política sunnita. Algo que queda plasmado en muchos de los gobiernos sunnitas de los países árabes de hoy, independientemente de que muchos sunnitas no acepten las condiciones imperantes hoy en día entre quienes gobiernan sus países), tal como es la visión del califato desde el punto de vista del sunnismo, entonces no hará falta una designación divina y los hombres podrán reunirse para escoger a quien quieran de guía entre ellos.
Luego de esclarecer estos dos conceptos, Imamato y Califato en el Islam, tanto doctrinariamente como históricamente, nos dedicaremos a analizar otro importante concepto que es el de bai’at o pacto que se realizaba con el gobernante en el contexto histórico en que surgió el Islam y sus similitudes y diferencias con el sistema electoral democrático que impera hoy en muchos países del mundo.

 

La definición de bai’at

La baiat o acuerdo entre gobernante y gobernados estaba vigente entre los árabes antes de la aparición del Islam y el Islam lo confirmó con algunas observaciones. Con este tipo de pacto, con el consentimiento de las partes, quienes lo suscribían se comprometían a obedecer en los asuntos de gobierno y la política y a defender al gobernante frente a sus enemigos.
¿El pacto de la época apoyaba la visión del Imamato o la del califato según las hemos definido al principio?
El pacto posee partes y puede dividirse en legal islámico (shari) o ilegal, como lo ocurrido cuando se eligió quien pasaría a ser el primer califa. Puesto que como vimos el pacto o bai’at en el contexto de la sharia o ley islámica supone aceptar las condiciones que Dios a través de la revelación y la enseñanza del profeta dispone para los musulmanes y éste las había hecho de público conocimiento cuando designó de modo oficial en el regreso de la peregrinación de la despedida a ‘Ali como sucesor de parte de Dios, tal como reconocen los sunnitas en sus obras clásicas tanto de exégesis coránica, como de recopilación de narraciones proféticas o libros de historia, y como hemos expuesto en nuestros artículos anteriores sobre el Islam y la Política.


Los efectos políticos y sociales de la bai’at o pacto de gobernabilidad
La bai’at o pacto, sea éste legal desde el punto de vista islámico o no, otorga las condiciones de gobernabilidad y la posibilidad de poner en práctica la guía para el gobernante o Imam. Es claro que el gobierno, aunque sea el divino encabezado por el profeta o el Imam sucesor, solo puede con el apoyo del pueblo ejercitarse, ponerse en práctica las leyes islámicas y tener éxito. Muchos de los éxitos dependerán de la confianza, el apoyo, la fidelidad del pueblo con respecto al régimen o sistema de gobierno. En los sistemas políticos actuales es patente este efecto político en las relaciones internacionales.


Los efectos teológicos y jurídicos de la bai’at o pacto de gobierno
Los efectos de un pacto legítimo desde el punto de vista islámicos pueden verse desde dos perspectivas:
Primero, la obligación de la Umma o Comunidad de musulmanes con respecto al Imam (líder religioso político): Debido a que la guía de Dios para el profeta y el Imam infalible, las bendiciones y la paz de Dios sea con todos ellos, es una realidad categórica y evidente, para concretarse requiere de la aceptación del pueblo (ya que Dios no la impone para probar al hombre en su esencial libertad). Desde el punto de vista de la ley divina y religiosa (sharia) el pueblo tiene la obligación de aceptar la guía del profeta y del Imam infalible (BPD). Es más que un derecho, es más que un voto de confianza, es un compromiso con el alma y los bienes entre los musulmanes y sus líderes designados por Dios. Es una obligación que proviene de Dios para beneficio de los seres humanos, para que se perfeccionen las mercedes de Dios, la justicia, la unidad, la armonía, la felicidad del pueblo en ambos mundos, no solo en este mundo fugaz, pero también en este mundo que lejos está de ser un valle de lágrimas en su esencia. Quienes lo han convertido en un verdadero valle de lágrimas son los imperialismos de turno que chupan la sangre de los pueblos y nos llenan de calamidades a los pueblos y al planeta.


En segundo lugar, las obligaciones del Imam frente a la bai’at o pacto de los seguidores: Siempre que se den las condiciones para poder poner en práctica la guía por parte del profeta o el Imam infalible (BPD) la aceptación de la bai’at o pacto de parte del profeta o Imam es obligatorio para ellos, puesto que si se negasen, se impediría la posibilidad de poner en práctica las leyes y el programa de Dios para los seres humanos.


Por eso dijo ‘Ali, la paz sea con él, cuando asumió el liderazgo o califato a pedido de la gente que acudieron a él en masa (como no había ocurrido con ninguno de los califas anteriores, Abu Bakr, Omar o Uzman,  o los posteriores – Omeyas o Abbasidas- en que las masas fueron dejadas de lado y decidieron los jefes tribales o los monarcas (“califas”) de turno), dijo:
“Juro por Dios, si no fuera porque la gente se reunión ante mí y se levantaron para pedirme que los dirija completando la prueba contra mí (no me dejan excusa ante Dios y ante ellos en el día del Juicio). Y si no fuera por el acuerdo que Dios cerró con los sabios de cada sociedad frente a quienes llenan sus estómagos, a los opresores y a los desnudos oprimidos para que no guarden silencio (ni sean indiferentes), hubiese abandonado las riendas del califato…”.


Toda una lección para esa vasta gama de intelectuales que no gustan de compromisos ante el desamparo de los pueblos o sus luchas.


No era que el Imam ‘Ali estuviese ansioso y sediento de poder, por ello agregó: “Ustedes saben que lo mundanal de ustedes para mí tiene menos valor que el estornudo de una cabra.”
Por lo tanto, podemos concluir que el acuerdo, pacto o bai’at no instaura la relación entre gobernante y gobernado, sino que determina la obligación de uno y otro, en otras palabras, no es que genere las condiciones de líder del Imam, puesto que esto es conferido por Dios.


Los acuerdos legales desde el punto de vista del Islam, tienen lugar después de la designación de Dios del líder. Dios se satisface con aquellos que cumplen su obligación y establecen el pacto de obediencia con el líder y los colma de recompensas en este mundo y en el otro. Un ejemplo de ello se puede ver en el llamado pacto de la Satisfacción, ocurrido en el año sexto de la Hégira entre el profeta y los musulmanes, en el llamado acuerdo de Hudaibiya entre el profeta y los idólatras de la Meca. A dicho pacto se alude en el capítulo 48, La Victoria, del Sagrado Corán. Pero este era un pacto para confirmar la determinación de los musulmanes para combatir con los idólatras si fuera necesario en esa difícil situación, aunque no fuera un pedido de Dios para los creyentes en ese momento, sino que fue una acción que ellos emprendieron.


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