Islam y política XIII
El califato y el Imamato (liderazgo religioso –político de parte de Dios)
Lo que dijimos acerca de las cualidades del Imam demuestra la sucesión de los Imames con respecto al noble profeta del Islam en todas sus funciones, incluyendo al liderazgo político y la conducción social.
El liderazgo político es una de las funciones del profeta bajo el marco de la referencia religiosa, junto a la infalibilidad y el elevado rango espiritual. Frente a esta concepción se alza la postura sunnita que con respecto al califato o gobierno islámico, cree que con la muerte del profeta Muhammad (La bendición y la paz de Dios sean con él y con su Purificada Descendencia), se cerró la puerta de la enseñanza de la revelación y su explicación (de parte de un representante de la divinidad), y por ese motivo no aceptaron al Imamato como una continuidad de la profecía. Por ello, los sunnitas creen que el califato es un mero gobierno político (de los asuntos relativos a la vida mundana y material de la comunidad o si se quiere, espiritual, pero a la medida de hombres que ya no guardaban relación especial con la divinidad). Lo que en esta visión se desatiende es la necesidad de los seres humanos de una guía divina, de un líder espiritual y ético, de un intérprete y modelo que encarne a la voluntad de Dios y que sea capaz de unir y guiar a los hombres a la verdad, a la justicia, a la armonía, a la paz, a la defensa contra la opresión y en resumen, a una vida feliz en este mundo y en el otro, tanto en forma individual como social.
Hoy en día la visión política más corriente en el mundo, sostiene que el gobierno tiene como función específica proveer del orden material de la sociedad, garantizando su vida confortable, equitativa (aunque sea como teoría), proveyendo de las necesidades elementales y naturales de la sociedad. Los asuntos espirituales están al margen y son un ingrediente más, ni siquiera el más importante. De ello se encargan las iglesias, no el Estado o el gobierno. Dios, en esta concepción Dios no es Absoluto ni Todopoderoso (por más que se lo diga en forma teórica), sino que a Él le concierne un coto muy limitado del espacio público, ah!, y en los momentos límites, sí, cuando todos nuestros recursos fracasan, ahí que venga a salvar las papas, quién sino en esas instancias tan dramáticas! En lo demás no tiene injerencia. No importa que haya ordenado los cielos y la tierra, nos haya creado y nos sustente, y mantenga la existencia, no. En todo caso, gracias, pero ahora y acá gobernamos nosotros, los seres humanos modernizados y punto, no se discute. Así de impresionante.
De más está decir que en el monoteísmo islámico no se piensa así, no se puede pensar así, tampoco en el sistema profético en general (islámico también en un sentido amplio). Un guía de los seres humanos no puede cercenar a la realidad y pretender desconocer a Dios. Gobernar sobre el cuerpo y sus necesidades, pan, salud y trabajo como las grandes metas y descuidar al espíritu, a los fines últimos, a la adoración y obediencia a Dios, la sabiduría, la verdadera justicia, la realización plena del hombre, la verdadera sensibilidad por los pobres y los que más sufren, el cuidado de la naturaleza, el equilibrio en el consumo.
Dirán que en el Cristianismo es así, lo temporal y lo espiritual se dividen, dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, y que en todo caso cuando más tuvieron poder a lo largo de la historia cometieron muchos abusos como las Cruzadas, la inquisición contra los científicos y contra los otros, el colonialismo, la esclavitud brutal o las alianzas con emperadores y monarcas absolutistas desde Constantino a la revolución francesa e incluso después hasta hoy. Nosotros decimos que el Cristianismo no se reduce a eso y que además eso es absolutamente condenable, hasta el Papa pidió perdón (que haya sido suficiente y que lo hayan perdonado es otra cosa).
La visión del hombre, del gobernante, del guía, del mundo, de la vida después de la muerte, de la responsabilidad humana ante los demás, pero también ante Dios en un Juicio Final inexorable, la visión de la sociedad, en el Islam es integral, multidimensional. La visión que se desprende necesariamente de un monoteísmo bien entendido, donde todo está unido y en armonía.
En el shiismo, el Imamato es el sostén del orden político, social, religioso. El orden político es a su vez una parte de las funciones físicas y metafísicas de los Imames en su rol en el cosmos físico y metafísico. Para el mártir Mutahari, el Imam trasciende el concepto de califa o el de gobernante entre los sunnitas. Dice: “el Imam es el guía social, el referente religioso (en el sentido amplio de la palabra que posee en el contexto islámico. Un conocedor de la religión y sus fuentes, el Sagrado Corán y la tradición profética, de parte de Dios cuya ciencia esté garantizada por Dios), mucho más elevado que un muytahid, un sabio jurista capaz de deducir las leyes islámicas de las fuentes mediante su intelecto”.
Hay que entender que en el Islam no está permitido que un político ejerza sus funciones independientemente de lo que establecen las leyes islámicas contendidas en la revelación y en la sunna o tradición profética que son las que garantizan el orden sagrado y armónico, de modo que el lugar del referente religioso es fundamental. Concluye la cita del mártir Mutahari: “Por último, el Imam es el hombre perfecto, el modelo humano que satisface a Dios”. Es en otros términos, la prueba de Dios, su representante con todos los atributos divinos de perfección otorgados por Dios. De ahí que vemos que los profetas e Imames son capaces de hacer milagros como resucitar a los muertos, curar a los enfermos de nacimiento, conocer los secretos de la creación, hablar el lenguaje de los animales, etc. Los sunnitas limitaron el concepto de Imamato, luego de la muerte del profeta al primer sentido del término, el de un guía social, incluso uno más entre todos los posibles, basta que posea la fuerza y se instale en el poder para que tenga que ser obedecido, como ocurrió con Muawia, el hijo de Abu Sufian, el archienemigo del profeta que tomó el poder tras sublevarse contra ‘Ali ibn Abi Talib, la paz sea con él y su hijo al Hasan, la paz sea con él, los legítimos califas de la Comunidad islámica que gobernaron uno después del otro, luego de veinticinco años de fallecido el profeta, cuando los musulmanes acudieron a ellos para que la salven del desorden, la injusticia y el nepotismo en que había caído la sociedad islámica tras la muerte del profeta, especialmente en el gobierno del califa Uzman.
En rigor, en el shiismo para que el gobierno islámico goce de las garantías islámicas debe estar en manos del Imam designado por Dios o vinculado a él, como ocurre en la actualidad en donde el Imam está oculto para preservarlo de los enemigos después de que los primeros once Imames enviados por Dios fueran todos martirizados, y quien regresará para guiar a los creyentes a la victoria final contra los tiranos y opresores que ahogan a los pueblos. No como un salvador que realiza todo por nosotros reduciendo nuestro rol a un actitud pasiva, cómoda e ilusa, sino a una actitud activa para preparar el terreno para su aparición, pues la ayuda de Dios es indispensable para el triunfo en este terreno y el triunfo total requiere de la ayuda total.
Los tres poderes están encarnados en el profeta, el legislativo (transmite y explica las leyes de Dios), el judicial (juzga como los profeta Salomón, David y como todos los profetas con total excelencia y sabiduría), y el ejecutivo. Es el supremo comandante de las fuerzas, incapaz de comenzar una agresión contra nadie. Por sus excelencias morales y aptitudes nos solo no tiraniza a la gente, sino que las masas y los oprimidos (la mayoría de los esclavos en la historia y los oprimidos), lo siguen con devoción llegando a ejercer junto a él todos los sacrificios necesarios. Por ello, es más bien, la garantía contra los abusos y excesos de los tiranos. Esa es la causa por la que en la historia los profetas y sus sucesores han sufrido la persecución de parte de los grandes tiranos opresores como Goliat, Nimrod, Faraón, César y hoy el imperialismo encabezado por Estados Unidos, Inglaterra e Israel con otros cortesanos.
Así como hiciera Jesús con Pedro, los profetas siempre designan a sus sucesores, no los abandonan a sí mismos. El Profeta Muhammad (BPD), designó en varias ocasiones a ‘Ali ibn Abi Talib (P), como su sucesor y lo hizo oficialmente en la localidad de Gadir Jum, al regreso de la peregrinación de la despedida, el último año de su vida. Este acontecimiento está registrado en el Sagrado Corán (5:3,67) y en las tradiciones proféticas narradas por las fuentes sunnitas y shiitas como el hadiz o narración de Zaqalain como hemos visto en los artículos anteriores sobre Islam y Política.
Islam - Actividades - Artículos - Biblioteca - Multimedia - Libros - Noticias - La Mujer en el Islam - Diario El Muecín -
Todos los Derechos Reservados -Mezquita At-Tauhid-
Felipe Vallese 3614 -Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina- -Telefax: 54-11-4672/7440- -correo electrónico: infoislam@fibertel.com.ar-
