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El Islam y la política

 

Desde el punto de vista islámico todo tipo de gobierno y poder sobre los hombres posee legalidad si está apoyado en principios racionales y religiosos. En la terminología islámica se denomina al gobierno con la palabra Uilayat, también a la autoridad. 
El término Uilayat se extiende también al gobierno o autoridad del padre con respecto al hijo o con respecto a la Uiliayat sobre las donaciones de carácter benéfico, uaqf. A estas últimas acepciones de la palabra árabe Uilayat se la denomina Uilayat especial, pero cuando se trata de las cuestiones de gobierno se denomina Uilayat general. Hemos visto en los artículos anteriores cuando analizamos la relación entre la política y la religión en el Islam que esta relación inseparable en el Islam constituye el primer fundamento o principio del gobierno islámico. Ahora analizaremos el segundo principio o fundamento que se relaciona con el gobierno o la Uilayat general.
La pregunta fundamental es si existe una prueba racional contundente en apoyo del gobierno islámico (de su legalidad) y la administración de los asuntos de los seres humanos. ¿Quiénes detentan (legalmente) este tipo de autoridad, Uilayat o gobierno? ¿Acaso la autoridad o gobierno islámico se limita al período en que está presente un ser humano infalible como un profeta o un Imam? O, ¿Acaso el gobierno islámico del líder infalible es igual al gobierno islámico del líder no infalible, en la época de la ocultación del Imam (época que se extiende desde el siglo X de la era cristiana hasta la fecha, en que de acuerdo a la creencia shiita se ocultó el duodécimo Imam hasta que vuelva a surgir para conducir a los creyentes a la victoria y establecer la justicia en la tierra junto a Jesús, la paz sea con ambos)? ¿La Uilayat o autoridad del gobierno es otorgada por Dios o es producto de la elección humana? A continuación analizaremos estos temas y les daremos respuesta con la ayuda de Dios.
Estas cuestiones tienen permanente actualidad como podemos apreciar hoy en día en que los llamados gobiernos fuertes en el mundo traicionan los mandatos de sus pueblos al no condenar los grandes abusos de las potencias y los actos criminales cometidos contra poblaciones civiles indefensas e instituciones internacionales como las Naciones Unidas, la Cruz o la Media Luna Roja, que de acuerdo a todas la normas elementales del derecho humano internacional, gozan de protección en cualquier circunstancia. Desgraciadamente Israel ataca durante veintidós días a una población indefensa encerrada y sitiada en forma ilegal durante mucho tiempo, para peor, lo hace con armas prohibidas a la vista del mundo y no es condenado. El colmo lo escuchamos estos días donde Israel habla de que la reconstrucción no deben realizarla los aliados del Hamas, Siria, Irán, Líbano, porque de ese modo será ensalzado Hamas, sino que deben hacerla el Fatah y sus aliados, es decir, ¡Egipto, Jordania, Arabia Saudita! Es decir, Israel destruye una ciudad y lejos de ser ellos los que pagan los daños, se lo imponen a otros y eligen quiénes de los demás han de hacerlo. El otro colmo lo constituye el hecho de que Israel con Estados Unidos y otras potencias como Francia e Inglaterra, siempre prestas para la injusticia, sellen un pacto con Egipto para que Hamas no se rearme mientras Israel recibe toneladas de bombas y municiones para las próximas violaciones de la leyes internacionales y el más elemental humanismo! Lo más nefasto es ver cómo los grandes medios repiten estas noticias sin el más mínimo comentario o crítica a Israel!
Pero volvamos a nuestro tema teórico porque lo que está en juego acá es la legitimidad de los llamados gobiernos y la racionalidad y moralidad de los mismos. Debemos analizar profundamente este tema para ver por qué le pasa a los pueblos que los que están llamados a gobernarnos en favor de su progreso, bienestar y desarrollo, en realidad representan los intereses de grupos que no tienen problema en negarles los derechos más elementales y matarlos impunemente o permitirlo sin cuestionamientos.
Una de las preguntas fundamentales en los sistemas políticos es acerca de las bases de la legalidad del gobierno. Desde el punto de vista islámico toda la existencia, el universo todo, pertenece a la soberanía divina. Dice el Sagrado Corán: A Dios pertenece lo que hay en los cielos, en la tierra y lo que hay entre ambos. (5:17). Y en Su soberanía no tiene socio: Y no tiene socio en el gobierno. (17:111). Por esta misma razón no existe una soberanía distinta a la de Él y nadie tiene autoridad sino Él. El gobierno no pertenece sino a Dios, expresa la verdad y es el mejor de los Jueces. (6:57)
A propósito de este tema, quiero aclarar que esta visión no es únicamente propia o exclusiva del Islam. Hace unos años leía unas palabras del Padre Mujica quien fuera asesinado en la Argentina por la facción terrorista de extrema derecha "Triple AAA" en 1974, en donde comentando los pasajes evangélicos donde un fariseo intenta comprometer a Jesús (la paz sea con él) frente a la presencia de los soldados romanos, le pregunta si debemos (los judíos cristianizados), pagar los impuestos a lo que Jesús responde con la famosa parábola (para que entienda el sano de corazón y no comprenda el enfermo de corazón) que dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. El Padre Mujica, comentaba que acá Jesús dejaba en claro que todo pertenece a Dios, incluso la vida del propio César que se hacía llamar Dios y se hacía adorar exigiendo obediencia total, en su exceso de arrogancia demencial. De acuerdo a esta interpretación a la que adscriben algunos cristianos, no existe lugar para la separación de la política de la religión y los verdaderos líderes son los profetas y no los faraones de turno. Obviamente con esta afirmación no pretendemos justificar a aquellos gobiernos opresores del pasado que en nombre de la religión, pero en realidad en contra de las enseñanzas y los modelos de justicia y misericordia de los profetas, conquistaban continentes sometiendo a los nativos a todo tipo de vejaciones bajo la ostentación de supuestos mandatos religiosos. Ello ya fue denunciado por algunos cristianos consecuentes.
Dice el Sagrado Corán: ¿Acaso no pertenecen solo a Él el universo y la autoridad? (7:54)
Vemos que el Sagrado Corán es muy claro en limitar la autoridad del gobierno al Creador y Señor de la creación. El gobierno de Dios es de dos formas: uno sobre la existencia siendo solo El quien crea y sostiene a Su creación y otro sobre las leyes que El dispone para los seres humanos sin coerción muchas de ellas para que el hombre se someta de grado.
La autoridad y gobierno tanto en lo que hace a la existencia como a las leyes pertenece exclusivamente a Dios puesto que es Él quien es Crea, Posee, Cría, Sustenta, Sabe y es la Verdad.
En la dimensión de su gobierno existencial no es posible la oposición a la Voluntad existencial de Dios, pero en Su gobierno a través de las leyes es posible la oposición y la rebelión frente a ellas, puesto que Dios creó libre al hombre para aceptar Sus leyes o rechazarlas.
Al gobierno divino en el Sagrado Corán se lo expresa a veces con la palabra Uilayat y esta autoridad o gobierno pertenece a Dios, tal como lo vemos afirmado en el Sagrado Corán cuando afirma que: Y Dios, El es el Ualy (autoridad o quien gobierna) (42:9). Y El es Todopoderoso sobre toda cosa. Los exégetas del Sagrado Corán han explicado el significado de estos versículos como aludiendo a la exclusiva autoridad de Dios. Para ejercer el gobierno y la autoridad se necesita poder y como Dios es el Dueño del Poder absoluto, es también Dueño del Gobierno y Autoridad absoluta. Por tanto, poco espacio puede quedar para las pretensiones de los Césares y los Faraones a no ser por un breve espacio de tiempo y en la medida que los hombres decidan obedecerle y someterse a ellos en lugar de rebelarse y adorar y obedecer al Único Dios Verdadero, Misericordioso, Generoso, Bondadoso y Justo.
Dice el Sagrado Corán que Dios no cambia la situación de un pueblo si este no se cambia a sí mismo. Por eso dependerá de los pueblos y de la ayuda que busquen en Dios para levantarse y resistir a la opresión de los poderosos que abusan de su mansedumbre. Hoy presenciamos una gran transformación en los pueblos producto de toda una herencia de sus luchas y sacrificios acumulados, ninguno realizado en vano. Hoy los pueblos han podido surgir en superficie poniendo en el poder a algunos legítimos representantes como es el caso de la República Islámica, la resistencia libanesa, Gaza, Venezuela, Bolivia y otros. Sin duda estamos viviendo la hora de los pueblos y el preludio de una gran victoria, difícil pero inevitable, se asoma con fuerza. No podía ser que la globalización sea solo de los poderosos y de los mercados. Los pueblos también tienen su hora en ella y como fruto de esta intuición y sabiduría de los pueblos para entenderse más allá de los idiomas y las distancias, Venezuela y Bolivia, al igual que Irán y la resistencia libanesa, o Siria se solidarizaron con Gaza a pesar de los poderosos y contra ellos.
La sangre de los mártires no cae en vano, todo lo contrario, riega el árbol de la liberación de los pueblos. Gracias a ella, los dos frentes quedaron claramente expuestos. El frente de la resistencia a la opresión encabezado esta vez por el heroico pueblo de Palestina en Gaza y el frente arrogante y criminal que llegó al colmo de acusar a la resistencia palestina de lo ocurrido. ¿Qué pretenden que hagan los palestinos contra la usurpación de su tierra, la expulsión y matanza de su gente que ya lleva sesenta años, la construcción de muros, de denigrantes pasos fronterizos artificiales con que dividen todos los días más a las poblaciones palestinas, la permanente extensión de los asentamientos ilegales, la violación sistemática de los derechos humanos más elementales? Todos esos que condenan a la resistencia hace rato que han olvidado y abandonado a su suerte a los palestinos, pues entonces no se horroricen cuando vean que estos alzan piedras contra tanques. No tengan el cinismo de llamar terroristas a quienes lanzan cohetes caseros que rompen tejados y democráticos y luchadores contra el terrorismo a quienes bombardean por aire, mar y tierra a niños, mujeres y civiles.


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