La peregrinación es para el musulmán como un retomo al
origen, una recreación de la historia sagrada, una anticipación
del Día del Juicio, un sacrificio en procura de la indulgencia
divina. La historia de Adán y Eva ,de Abraham e Ismael, y del
Profeta Muhammad, con todos ellos sea la bendición de Dios,
conoció hitos fundamentales en la sagrada ciudad de La Meca.
Hacia allí se dirige el creyente a buscar el significado último
de su existencia y del género humano y en procura del perdón de
Dios.
Vivencias y ritos del Hayy
Diario de un peregrino
por Sumeia Younes
Todo comenzó
con un sueño... Un sueño que se hizo realidad. A la mañana
siguiente, el primer día del mes de Ramadán, sonó el teléfono.
Me llamaban de la Universidad Az-Zahra (P) de Qom, donde estudio
desde hace unos años, para darme la noticia que había sido
elegida, junto a otras hermanas extranjeras, para realizar la
Peregrinación a la Casa de Dios.
Todo fue sorpresivo
para mí, ya que, a pesar de que como cualquier otro musulmán,
esperaba con ansias poder hacer la Peregrinación aunque fuera
una sola vez en mi vida, confieso que todavía no estaba en mis
planes, ya que no se reunían las condiciones para que pudiera
realizar tal viaje.
Permanecí
desconcertada todo el día. Por un lado no podía contener mi
regocijo y por otro temía... porque nunca había esperado que me
resultara tan sencillo, puesto que veía a mi alrededor mucha
gente que añoraba realizar la Peregrinación a la Sagrada Casa de
Dios y ponía todos sus esfuerzos en poder lograrlo, y aÚn así no
todos podían llevar a cabo tan anhelado sueño.
A medida que iban
pasando los días, fui dándome cuenta de que mis temores no eran
infundados, puesto que, aunque contaba con el apoyo de todos los
que me rodeaban, día a día me enfrentaba con un nuevo problema
para poder seguir preparando mi viaje, asuntos de pasaportes,
visados, ... y el más importante: ¡con quién dejaría a mis
hijas!
De todos modos,
continué con los preparativos, y mientras lo hacía pedía
constantemente a Allah que abriera un camino para mí, puesto que
estaba convencida de que así como me había invitado a Su Casa
sin que yo lo esperase, también Él me ayudaría a poder
concretarlo. Le pedía, le imploraba que me dejase ver Su Casa, y
que no me impidiera la entrada a ella luego de haberme puesto en
su camino. Durante esos días sentí como nunca que Allah me
escuchaba y me acompañaba en mi viaje hacia Él. Repetidamente
leía las suras coránicas Al-Hayy y An-Nabá',
también el hadiz
Al-Kisá' (La Narración del Manto)' y la Ziárah de
'Ashúrah,
puesto que sabía que ello ayudaba a poder llevar a cabo la
Peregrinación, como así también decir frecuentemente Lá
haula ua lá qwuata illa billah(No hay poder ni fuerza
sino en Dios) y Ma sha'AI'lah (que sea lo que Dios haya
dispuesto), y otras súplicas recomendadas para ser leídas en el
mes de Ramadán.
Esos días aún están
en mí, y aunque fueron días muy decisivos, hoy creo que fueron
los mejores de mi vida, puesto que durante todo ese tiempo Allah
estaba conmigo, y yo lo sentía.
Fue así, que por
fin llegó el día esperado, el 30 de Dhúl Qa'dah en que
comenzaría a transitar por el sendero que me llevaría a la Casa
de Dios, aunque yo sentía que mi Peregrinación ya había
comenzado dos meses antes, desde que comencé a asistir a las
clases sobre la Peregrinación.
Antes de salir de
casa, me esmeré en hacer todo lo que había leído sobre le
recomendable de realizar en el momento de partir: recé dos
ciclos de oración, di limosna (zaqat),
y pedí a Allah para que en mi ausencia protegiera a mis
hijas, de las que me alejaba por primera vez, y tras pasar bajo
el Corán que nuestros vecinos habían preparado para despedirnos
a mí y a mi esposo, me encomendé a Allah "En el Nombre de Dios.
Me encomiendo a Dios. No hay poder ni fuerza sino en Dios. ¡Dios
mío! Ciertamente que te pido el bien que hay en aquello por lo
cual emprendo mi marcha y me amparo en Ti del mal que hay el
aquello por lo cual emprendo mi marcha. ¡Dios mío, incrementa en
mí Tus gracias, completa en mí tus bendiciones y utilízame en Tu
obediencia. Ha: que mis deseos sean sobre aquello que hay en Ti
y hazme morir encontrándome bajo Tu religión y la de Tu Enviado,
que Dios le bendiga: él y a su familia" *.
Tras instalamos en
el autobús que nos conduciría a nosotros y al resto de los
hermanos y hermanas, al Aeropuerto Internacional "Mehrabad" en
Teherán, dos horas de Qom, continué con mis súplicas, leyéndolas
de un pequeño libro de súplicas que todos llevábamos y que nos
acompañaría durante toda nuestra Peregrinación, hasta nuestro
regreso. Abrí el libro y leí: "Dios mío disponme enseñanza en mi
trayecto, reflexión en mi silencio y Tu recuerdo en mi
palabras".
Leí varias veces
Aiat-ul Kursi la aleya del Escabel) y tras ello un dicho
de Imam As-Sadiq (P) que encontré:
"Si te propones realizar la Peregrinación, dispón toda tu
determinación de liberar tu corazón para Dios, Imponente y
Majestuoso, de cualquier cosa que te este ocupando y de
cualquier velo; delega la totalidad de tus asuntos a Tu Creado
encomiéndate a Él en cada movimiento y estado de quietud, y
entrégate a su determinación, juicio y designio. Despídete del
mundo, del bienestar y de las criaturas de Dios, y despójate de
cualquier obligación en relación a las criaturas d Dios. .. y
prepárate de la forma en que lo hace aquel que no tiene
esperanza de volver. Compórtate de buenas maneras con tus
acompañantes y observa los tiempos de las oraciones prescriptas
por Dios y de las que son tradición del Profeta Asimismo observa
continuamente lo que te es obligatorio en lo que hace al buen
trato, soportar las fatigas, la paciencia, el agradecimiento, la
compasión, generosidad y el sacrificio. . . "
Es así que comencé
a sentir que aunque me movía con mi cuerpo hacia aquel destino
bendito, en realidad era un movimiento de mi espíritu, y pedí a
Allah que me ayudara a poder sentir todo eso en cada acción mía
a partir de aquel momento.
Cuando desde el
altavoz se anunció que pronto llegaríamos al Aeropuerto
Internacional de Jidda especial para peregrinos, no pude
contener mi emoción. Pensé en que pronto estaría en tierras de
nuestro bendito Profeta (BP); sentí que poco a poco me
trasladaba desde el siglo XX, al octavo año de la hégira lunar,
cuando finalmente los musulmanes conquistaron La Meca y
establecieron un gran estado desde el cual comenzó a irradiarse
hacia todas partes del planeta el fulgurante mensaje de la
Unicidad y la Justicia.
Cuando el avión
tocó tierra, todos los que allí nos encontrábamos, gritamos en
una sola voz, involuntariamente: "¡Dios mío! Bendice a tu
Profeta y a la Familia de tu Profeta!"....
Pronto estábamos
todos en la sección de registro, dividida en un sector para
mujeres, y otro para hombres, pero que se comunicaban entre sí.
Cada vez que entregaba mi pasaporte a un nuevo jefe de mesa, se
extrañaban al enterarse de que yo era argentina, de forma que
uno de ellos exclamó la aleya: «...y vendrán a ti, de
toda apartada comarca.. .».
Al pasar por la
sección de control, las mujeres encargadas de la inspección,
tomaron los libritos de súplica de nuestros bolsos y los dejaron
a un lado, donde había muchos más de ellos, que habían sido
arrebatados a los peregrinos que habían pasado antes que
nosotros. Me sorprendí mucho porque realmente no lo esperaba, y
cuando le pregunté por qué nos los quitaba, solo me respondió:
"¡Haram, haram!"
(¡Está prohibido!).
Está de más decir
lo que sentí; al verme despojada de lo que me ayudaría a
dirigirme al Profeta como él (BP) y nuestros Imames (P) nos lo
habían enseñado...
¿qué súplicas diría
en el momento de encontrarme frente a frente a la Casa de Dios?,
¿qué diría mientras estuviese circunvalando esa Sagrada Casa?,
¿qué diría cuando bebiera de la bendita agua de zamzam?
¿Cómo saludaría al Enviado de Dios cuando estuviese frente a él?
¿Es que yo no podría, como el resto de los musulmanes, actuar de
acuerdo a los actos preferibles que nos enseñó nuestro Profeta,
cuando lo más probable era que no iba a poder regresar otra vez?
Por más que traté no podía entender qué de malo podía tener un
libro donde a lo largo y ancho bendice al Profeta y que está
repleto de aleyas coránicas y súplicas a Dios, mientras que veía
a mi alrededor que las hermanas de otras escuelas islámicas
habían sido permitidas conservar sus libros. Yo ya había
escuchado que no se permitía la entrada de libros que no
estuvieran de acuerdo a los pensamientos wahabitas, ¡pero jamás
hubiese pensado que no se nos permitiría ingresar un libro de
súplicas!
Al salir del
control, me reconforté un poco, al saber que a mi esposo no le
habían quitado el libro de súplicas que llevaba consigo, porque
el guardia que lo había revisado no había puesto mucha atención
al hacerla, o tal vez porque se percató de que no había nada
malo en él.
Cuando salimos a la
explanada me llamó mucho la atención el techo en forma de
gigantescos toldos color crema, apoyados sobre grandes columnas
distanciadas entre sí, en las que se podía ver el cielo a través
de las aberturas
Justo había
comenzado a llover, y el olor de la lluvia primaveral y las
gotas de agua que se deslizaban por las aberturas del techo,
realzaban el ambiente y me sentía en el colmen de la dicha y el
sosiego.
Cada país o región
disponía de una sección señalizada por la bandera del país
correspondiente, por lo que al salir del registro, cada
caravana, que se distinguía por una vestimenta especial que
todos llevaban para poder ser diferenciados por los de su mismo
grupo y así evitar perderse, se dirigía allí a esperar la salida
del autobús que los llevaría a La Meca. Todos con los mismos
colores, hasta podían verse a algunos hermanos indonesios
vestidos como boy scouts. Los que más abundaban eran los
malayos, indonesios, iraníes, paquistaníes, y por supuesto, los
de los diferentes países árabes.
Tras esperar unas
horas a que estuviera preparado el autobús que nos trasladaría a
La Meca, y tras rezar la oración del ocaso y la noche, subimos
al mismo con mucha ansiedad, sabiendo que primero deberíamos
detenemos en el
Miqat1de Yuhfah para
vestir el Ihrám2, y
consagramos así peregrinos.
Mientras
viajábamos, desde el pasacintas del autobús, llegaba a nuestros
oídos una melodiosa voz que recitaba las benditas aleyas del
Sagrado Corán, que nos hacían estremecer de emoción, y abriendo
los ojos de nuestro corazón en medio de la oscuridad de la
noche, nos dejaba ver las huellas de nuestro bendito Profeta (P)
y de los combatientes que dieron todo para implantar la semilla
del naciente Islam. Las aleyas del Sagrado Corán que llegaban a
mis oídos penetraban en mí y se dejaban entender... eran las
aleyas de la Sura Al-Anbia' (Los Profetas) que ayudaban a
ambientamos en aquella bendita época en que cada uno de los
Profetas pregonaba su eterno mensaje de Unicidad... Noé, quien
fuera salvado de las aguas junto a su familia; Abraham, el
destructor de ídolos, quien fuera salvado del fuego por su total
sometimiento a Dios:
«Dijimos: ¡Oh fuego! Sé fresco y salvación para
Abraham"»... y Lot; Moisés y Aarón, a quienes se les otorgó
Al-Furqan (el diferenciador), la luz y el mensaje para los
timoratos; asimismo Isaac, Jacob, David y Salomón a quienes
fuera concedida la prudencia y la sabiduría, y agraciados con la
virtud; Job, quien invocara a Dios: «¡Por cierto que la
adversidad me ha azotado, pero Tú eres el más demente de los
misericordiosos»...
Ismael, Enoc
(Idrís), y Ezequiel (Dhull Kifl), todos los cuales se contaban
entre los perseverantes. .. «y acuérdate de Dhun-Nun
(Iunus=Jonás), cuando se fue airado, creyendo que no podíamos
sobre él, y clamó en las tinieblas (cuando se encontraba
dentro de la ballena): IWO hay más Dios que Tú! ¡Glorificado
seas! ¡Por cierto que me contaba entre los opresores!". Y le
exaudimos y le libramos de la angustia. Así salvamos a los
creyentes». Y Zacarías y Iahia Juan), y Jesús y su madre
María, a quienes Dios hizo de ellos un milagro para la
humanidad. « ¡Oh musulmanes!, por cierto que ésta es vuestra
religión; es una religión única y Yo soy vuestro Señor»... y
cuando Dios habló a nuestro Santo Profeta:
«Diles: "Ciertamente, me ha sido revelado que vuestro Dios es un
Dios único. ¿Es que acaso seréis musulmanes?..»
En aquel momento
deseé que el autobús nunca se detuviera, pues no quería privarme
de aquella sensación que había invadido todo mi ser.
Finalmente llegamos
a Yuhfah, al miqat,
al Hayy que era la respuesta a la invitación de Dios
y al llamado y la invocación de Ibrahim (P)... El miqat
que me impedía el paso hacia la Casa del Amado hasta que no
despojara de mí toda la vestidura de negligencia y desatención
acumulada durante toda mi vida. Me sentía nerviosa porque ahora
debían comenzar mis ritos corporales, y temía no hacerlos
correctamente, aunque a simple vista parecían fáciles de
realizar. Me concentré en mi intención, en echar afuera
cualquier pensamiento por más insignificante que fuese, que
pudiera distraerme de una intención sincera.
Todos descendimos
del autobús para dirigimos a las duchas que allí había, para
realizar el gusl o baño ritual que es preferible realizar
en ese momento, llevando con nosotros nuestro ihram que
habíamos preparado de antemano. Por mi parte, había tenido el
honor de que me lo confeccionara la madre de dos mártires de
guerra, por lo que ello me hacía conferirle aún más valor a lo
que por sí solo el
ihram para mí representaba: la vestimenta blanca, pura,
lícita, sin la cual no podíamos entrar a La Meca, y por medio de
la que muchas cosas se nos volvían haram (prohibidas)
mientras la vistiéramos3, así
como cuando al decir Allah-u Akbar al comienzo de nuestra
oración, muchas cosas se nos vuelven ilícitas hasta que la
concluimos. La vestimenta de la unión, la vestimenta que viste
por igual a todos los musulmanes de todas las razas y lenguas,
la que nos permitiría entrar a la Casa de Dios. Una vestimenta
blanca, higiénica, pura, brillante y luminosa, como aquella con
la que nos abrigaron y cubrieron cuando nacimos y abrimos
nuestros ojos al mundo, que nos ilumina por lo menos una vez
durante nuestra vida cuando llegamos a
Baitul-lah la Casa de Dios), y con la que seremos cubiertos
el día que partamos de este mundo y nuestra meta sea
Liqa'ul-lah (el encuentro con Dios).
El ihram que
no tiene ninguna particularidad con la que podamos jactamos ante
otros, no tiene la marca de ningún país, de ninguna edad, rango
o posición, que vestimos tanto si hace calor como si hace
frío... Es la vestidura de la igualdad, de la servidumbre, del
pudor, de la sinceridad...
Una vestimenta que
es un incentivo y un aliciente para llegar más rápido cerca de
Dios, que nos hace sentir más firmes y serios en el viaje que
hemos emprendido, que nos dice: "de ahora en adelante has
cambiado, deja al mundo a un lado, divisa la muerte, la
Resurrección, cuanto te presentes ante Dios...".
Tras vestir el
ihram, nos sentíamos triunfantes, ya que sabíamos que aunque
muriésemos en ese mismo instante, se nos perdonaría todo. Ahora
había llegado el momento, antes de partir, de responder al
llamado de Dios, una respuesta que habíamos practicado mucho
antes de nuestro viaje, puesto que, aunque a simple vista
parecía sencilla, el no pronunciar bien incluso una letra de
dicha talbiah
4, no nos convertiría en
peregrinos. Por todas partes a mi alrededor, veía grupúsculos de
gente de diferentes nacionalidades que repetían la talbiah
bajo la dirección del jefe de caravana, que para asegurarse de
que todos lo habían dicho bien, llamaba a uno por uno de los que
estaban bajo su cargo y les hacía repetida...
Entonces fue que me
concentré en decido bien, pero en ese momento recordé un
hadiz transmitido sobre que el Imam As-Sadiq (P) cierto día,
tras vestir el ihram,
quiso decir la talbiah, pero del llanto se le
aprisionó la voz y por más que lo intentaba" no podía decido.
Entonces uno de sus acompañantes le preguntó: "¿Qué te sucede?
¿Qué estás esperando?". El Imam respondió: "Temo decirlo...
¡Dios mío, he venido!, pero que se me responda: ¡No acepto que
tú hayas venido!",
Saqué fuerzas desde
mi interior para poder decirlo yo ahora... ¿Qué tenía que hacer
yo al lado de Imam Ya'far As-Sadiq? Pero traté de confortarme a
mí misma pensando que yo había emprendido el viaje de la
autopurificación y que Allah no me abandonaría. Entonces fue
que, lo dije...
LABBAIKA ALLAHUMMA LABBAIK, LABBAIKA LA SHARÍKA LAKA
LABBAIK... INNAL HAMDA UAN NI’MATA LAKA UALMULK LA SHARÍKA LAKA
LABBAIK
... ¡Heme aquí, Señor mío. Heme aquí. Heme aquí... Tú no tienes
asociados. Heme aquí... Ciertamente que la Alabanza y la Merced
te pertenecen, y asimismo la Potestad. Tú no tienes asociados.
Heme aquí.
Continué
repitiéndolo varias veces, para asegurarme de que lo había hecho
bien, y tras subir nuevamente al autobús que ahora sí nos
llevaría a La Meca, todos continuamos repitiendo juntos a viva
voz esas palabras, de vez en cuando acompañadas de bendiciones y
saludos al Profeta y su familia, y de la "súplica de la unión".
Durante el viaje
sentía que ya había dejado todo al mundo a un lado, y me había
impuesto no romper ese lazo que me unía a Dios, ese pacto que
nuestra naturaleza primordial
(fitrah) nos obliga a celebrar con nuestro Creador, y
pensaba que debía hacerla bien, puesto que tal vez sería la
primera y última vez que me encontraría allí. Pensé en cómo
Allah nos impone para todos los días de nuestra vida
responsabilidades que nos mantienen conectados con Él para poder
purificamos... pensaba en las cinco oraciones obligatorias
diarias que tantas veces son descuidadas al realizadas sin
concentración, en la oración del viernes, una vez por semana, en
el mes de ayuno de Ramadán que se nos impuso una vez por año, y
en la Peregrinación que estamos obligados a realizar, aunque sea
una sola vez en la vida, si es que contamos con los medios para
ello.
Finalmente llegamos
a La Meca:
«Sin duda que la primera Casa Sagrada erigida para el
género humano es la de Bakka (La Meca), donde reside la
bendición, y constituye una guía para la humanidad» (Corán;
3:96).
Es aquélla que
fuera establecida por Abraham y su hijo Ismael, para que fuera
centro del Mensaje, residencia de la Profecía de su misma
descendencia, y lugar de descenso del ángel Gabriel: «jOh,
Señor nuestro! Haz surgir de entre ellos un Profeta que les
recite Tus aleyas, les enseñe el Libro y la sabiduría y les
purifique...» (Corán; 2:129). Aquélla que encierra señales
evidentes, que encierra tanta historia, tanta espiritualidad.
Aquélla que, «quienquiera se refugie en ella estará a salvo»
(Corán; 3:97). Aquélla que fuera el primer lugar que emergió en
la Tierra (dahwul ard), el primer lugar establecido para
la adoración del Único. La Casa de Dios, que abre sus puertas
para dar residencia a todo creyente, hasta el punto que, cuando
estamos en ese recinto, no hace falta que acortemos nuestras
oraciones, como cuando lo hacemos cuando estamos de viaje, lejos
de nuestros hogares. Aquélla que contiene en sí lo que es la
qiblah y referencia de los musulmanes del mundo, aquélla en
la que los incrédulos tienen prohibido ingresar, y que por ello
fue llamada Masyid-ul Haram (La Mezquita Inviolable),
aquélla en la que rezaran cientos de Profetas de Dios, y que
fuera el lugar donde se rezó la primera oración colectiva
(yama'ah), cuyo Imam fuera Muhammad, y quienes lo seguían,
su esposa Jadiya y Ali, una oración comunitaria de solo tres
personas que hoy se convirtió en una de millones. Aquélla que en
un día viernes verá levantarse al Mahdi (P) de la descendencia
de Muhammad (BP)...
Primeramente nos
dirigimos a uno de los hoteles para ubicamos y dejar allí
nuestro equipaje. Tras descansar unas dos horas del largo viaje,
y realizar algunos nuevamente un baño ritual preferible para
antes de entrar a la Mezquita, cuidando de no realizar algunos
de los actos prohibidos mientras uno es
muhrim, como arrancarse un cabello, lavarse con jabones
perfumados, o mirarse al espejo -debido a lo cual los espejos de
los ascensores habían sido cubiertos con papeles para
facilitárnoslo, nos preparamos para dirigimos a la Casa de Dios,
con el propósito de realizar la Umrah Tamatu'.5
El religioso de la caravana, el Saiied Muytaba Huseiní, nos
acompañaría, y nos serviría de guía.
No puedo explicar
lo que sentí desde que salimos del hotel y tomamos una furgoneta
y franqueábamos la ciudad... Por un lado me desilusioné al ver
todos los edificios modernos y avenidas que nos hacían olvidar
un poco de toda la historia que encerraba esa ciudad santa, y en
esos momentos deseé que todo hubiese quedado como 1400 años
atrás, pero por otro lado, todas aquéllas montañas resecas que
rodeaban la ciudad me regocijaban y transportaban a otros
siglos; sea por donde fuera que íbamos, allí estaban y muchas
veces pasamos bajo túneles construidos en medio de las mismas.
Pensé en cómo Allah nos había ordenado la Peregrinación a Su
Casa ubicada en una tierra tan árida y calurosa, y me imaginé la
razón: nuestro propósito debía ser la autopurificación y todo
nuestro pensamiento debía concentrarse en Él, y para ello
debíamos hacerlo en un sitio que no se convirtiera luego en
lugar de turismo.
Por fin llegamos.
Desde lejos podíamos divisar los paredones que rodeaban a la
Ka'bah, por lo que caminábamos apresurados para poder
alcanzarla, a pesar de que no podíamos todavía ver a dónde
estaba. Al llegar al patio exterior, todo cubierto de mármol
blanco, nos quitamos los calzados, y tras elevar nuestras voces
en bendiciones y saludos a nuestros Profetas Muhammad (BP) e
Ibrahim (P), ingresamos por una de sus tantas puertas que daban
a los corredores que rodeaban a la Ka'bah, cada una de
las cuales lleva un nombre:
Cuando entré
todavía no podía divisada, solo veía alrededor mío miles y miles
de personas, algunas caminando, otras recitando el Corán, otras
haciendo súplicas, y todos dirigidos hacia ella... Mi corazón
palpitaba más y más, y yo dirigía siempre mi mirada hacia el
centro, donde debía hallarse... Hasta que por fin apareció...
Instantáneamente corrieron lágrimas por mis ojos, no podía
creerlo, era más majestuosa de lo que había imaginado, vestida
de negro, allí estaba. Lo primero que atiné a hacer, casi
involuntariamente, fue hacer una prosternación de agradecimiento
ante el Señor de los Mundos... "¡Oh Ka'bah! Alabado sea Dios,
Quien te engrandeció, ennobleció, y te convirtió en congreso y
asilo de la humanidad, y bendición y guía para el
Universo!..."*. La
Ka'bah, de unos 15 m. de alto, que guarda una forma cúbica y
simple, pero que al mismo tiempo es tan majestuosa y encierra
dentro de sí algo tan grande, tanta espiritualidad, tanta
grandeza, tanta historia... La que fuera construida por primera
vez por Adán, y reconstruida, tras el diluvio universal, por
Ibrahim y su hijo Isma'il: «...y tomamos de Abraham e
Ismael el pacto: "Purificad Mi Casa para los que llegan para
circunvalarla, para realizar retiros espirituales, y para
inclinarse y prosternarse... ,,» (Corán; 2: 125) . ..
aquélla que no puede ser destruida por nadie porque su Protector
y Dueño es Dios, aquélla que en el año del nacimiento del
Bendito Profeta (BP) resistió el ataque de Abrahah y su ejército
de cien mil soldados montados sobre elefantes, y fuera defendida
por los pájaros de Ababil los que con pequeñas piedras
exterminaron a todo el ejército opresor, con la anuencia de
Dios.
¡Oh Ka'bah! Cuán
altiva y orgullosa te sentiste aquel día que divisaste a lo
lejos esa imponente marcha dispuesta a llegar a ti que, coreando
victoriosa, infundía temor y pavor en los corazones de todos los
abusufianes que se refugiaban en sus casas para dar paso a los
que te purificarían y te circunvalarían portando el grito de
"No hay Dios sino Dios, Único, sin asociados. Suyo es el Reino y
Suya es la Alabanza. Da la vida y la muerte, y tiene poder sobre
todas las cosas. No hay divinidad sino Dios, Único, Único,
Único. Cumplió Su promesa, dio el triunfo a Su siervo y derrotó
a los confederados (en su contra) Él solo..." ¡Oh Ka'bah!
¡Qué alivio sentiste cuando Muhammad y Ali te alcanzaron y
comenzaron a arrojar de ti los ídolos que durante tantos años te
habían obligado a custodiar. . .! La Ka'bah, donde rezar una
sola oración equivale a rezar cien mil oraciones en otras
Mezquitas. . .
Continuamos
caminando hasta que llegamos al patio que la rodea, y vimos a
cientos de peregrinos que la circunvalaban, por lo que me di
cuenta que no nos resultaría tan fácil hacerla. Nos acercamos lo
más que pudimos, hasta que divisamos Maqam Ibrahim (el
sitial del Profeta Abraham)6,
el cual deben: mantenerse fuera de nuestro Tawaf o
circunvalación a la Casa de Dios. Por fin logramos llegar, y
comenzamos a circunvalar la Casa, sin haber puesto intención
todavía, puesto que debíamos comenzar desde el extremo oriental
de la Ka'bah, señalizado por una línea marrón dibujada en
el piso, por lo que marchamos junto a la multitud, que nos
guiaba hacia ella. Cuando estuvimos a punto de acercamos a
Hayar-ul Asuad (la piedra negra)7,
pusimos más atención, y cuando por fin estuvimos a un paso de la
línea marrón, nos concentramos en poner nuestra intención de
circunvalar la Casa; entonces saludamos a la piedra negra
exclamando Allahu Akbar,
y dirigiendo nuestras manos hacia ella en señal de saludo y
de renovación de nuestro pacto con Allah, continuamos el
Tawaf, junto a muchos peregrinos que continuamente se
incorporaban.
Resultaba difícil
realizar el Tawaf,
puesto que, como es sabido en la escuela ya'farita, mientras
circunvalamos debemos caminar por nosotros mismos y no dejamos
llevar, y mantener nuestro hombro izquierdo constantemente en
dirección a la Ka'bah, puesto que si nos desviamos un
momento, debemos retomar desde el lugar donde nos desviamos, y
como generalmente es imposible debido a la multitud, deberíamos
continuar con la multitud, y tras dar la vuelta, retomar desde I
ese punto. Además, debíamos esmeramos en mantenemos dentro de la
distancia de aproximadamente trece metros que separa a la
Ka'bah de Maqam Ibrahim (por lo que al pasar junto a
éste último debía estar a nuestra derecha), y al pasar por
Hiyr lsmail 8éste debía
encontrarse a nuestra Izquierda y no debíamos ni rozarlo.
Tampoco debíamos, en el momento del Tawaf,
pisar el Shadhirwan, que es una saliente en diagonal
que rodea la base de la Ka'bah. Y todo ello sumado a la
gran aglomeración y los empujones de mujeres y hombres, algunos
de ellos muy robustos, nos resultaba difícil, sobre todo a las
mujeres, poder realizar el Tawaf sin ningún problema. Es
por ello que los hermanos que nos acompañaban, hicieron un
semicírculo por detrás nuestro, para que pudiéramos las mujeres
llevar a cabo nuestro tawaf sin ningún inconveniente.
Está de más decir,
que todo este esfuerzo que realizábamos, encerraba mucha
bendición y la complacencia de Allah. En cada una de las siete
vueltas (ashwát), leíamos las súplicas preferibles
pertinentes para cada vuelta, además de pedir y suplicar mucho a
Allah por nuestros seres queridos y por nosotros mismos; así
mismo lo hacían, a nuestro alrededor, todos nuestros hermanos,
de diferentes escuelas de pensamiento islámico, todos unidos en
la misma intención, algunos leyendo las súplicas en árabe a
otros que no podían hacerla y que repetían todo lo que su guía
les dictaba, y otros haciendo súplicas en su propio idioma. Y
cada vez que pasábamos junto a la piedra negra, dirigíamos
nuestra mirada hacia ella, y la saludábamos, en señal de renovar
nuestro pacto: "Sabe que yo estoy firme en mi pacto de
Unicidad". Y en cada paso que dábamos, nos encontrábamos con
otro lugar bendito, como la canaleta de la misericordia
9, el Multazam
10, el Mustayar
11,
el Hatim 12, el
Rukn Iamani
13...
Mientras
circunvalábamos la Ka'bah, en realidad lo hacíamos
alrededor del eje y símbolo del Tawhid;
alrededor de la Profecía, junto al sitial de Ibrahim y lugar
de la invocación de Muhammad (BP): "Decid: No hay divinidad sino
Dios, y triunfaréis", y alrededor del Imamato, alrededor de la
que fuera la cuna del "nacido de la Ka'bah", en tanto
que, justo encima de nosotros, en el cuarto cielo, los Ángeles
del Misericordioso, circunvalaban Bait-ul Ma 'mur.
Cuando finalizamos
la séptima vuelta, comenzamos a dirigimos hacia el Maqam
Ibrahim, detrás del cual deberíamos realizar el
salat-ut-Tawaf. Es así que nos detuvimos lo más cerca
posible detrás del Maqam y realizamos el salat de
dos ciclos: «y adoptad el sitial de Ibrahim como oratorio»
(Corán; 2:125).
Tras concluir el
rezo, me detuve un momento a observar la vitrina del Maqam
que guardaba las huellas de Ibrahim, e involuntariamente, al
igual que la mayoría de los peregrinos, la besé, y me quedé unos
momentos reflexionando en lo que significaba dicho Maqam:
«(La Casa de Dios) encierra señales evidentes: allí está el
sitial de Abraham, y quienquiera se refugie en ella estará a
salvo...)) (Corán; 3:97). De repente sentí unas fuertes
palmadas en mi espalda y la voz de una de las guardias que me
decía: ¡Haram, Haram!
Nuevamente esas palabras, repetidas tan fácilmente y sin ningún
recelo, cuando nunca antes yo había escuchado de nadie que besar
por respeto un lugar tan sagrado pudiera tener algo de pecado,
de la misma manera que lo hacemos cuando besamos por respeto las
cobertura del Sagrado Corán. ¿Qué ideas nuevas eran aquéllas?
Me retiré de allí
pensando en volver en otro momento, y bebí mucha agua de
zamzam
14, en primer lugar para
mitigar la sed que tenía debido tawaf bajo aquel ardiente sol, y
también porque es preferible hacerla, antes de continuar con el
trote entre Safa y Marwa... "¡Dios mío! Disponla como
conocimiento beneficioso y como una amplia merced y como
curación de cualquier enfermedad o dolencia" *.
Safa y Marwa son
los nombres de dos colinas, separadas entre sí por unos 400
metros, y hoy en día esta distancia está recubierta por un
techo, habiéndose convertido así en una especie de galería de
dos caminos, uno de ida y otro de vuelta habiéndose dispuesto un
corredor al medio para los lisiados, Debido a las diferentes
ampliaciones de las que fue objeto Masyid-ul Harám, la
galería quedó unida a la estructura de la Mezquita,
Ahora debíamos,
tras el salat-ut-Tawaf
recorrer la distancia entre dichas colinas siete veces,
comenzando por Safa y concluyendo en Marwa: «Por Cierto que
las colinas de As-Safa y Al-Marwa se cuentan entre los ritos de
Dios...) (Corán; 2:158),
Mientras cumplíamos
con el trote entre Safa y Marwa recordaba e origen de tal
mandato, y la razón por h que habíamos sido ordenados a ello
Cuando Hadrat lbrahim ya era un anciano, aun no había podido
tener niños, y tras muchas súplicas a su Señor, Allah le otorgó
un niño, lsma'il por medio de su esclava Hayar, Por orden de
Dios lbrahim dejó a Hayar y a su pequeño hijo en medio de aquel
caluroso y árido desierto, entre dos montañas:
«¡Oh Señor nuestro!, en verdad que has establecido a una
parte de mi descendencia en un valle árido, cerca de Tu Sagrada
Casa, para que, ¡Oh señor nuestro!, observen la oración...»
(Corán 14:37)
,Tras ello se fue
de La Meca y tras acabárseles la comida y el agua, de a pace la
leche en el pecho de Hayar también se secó, El niño, hambriento,
comenzó a llorar, y Hayar se dirigió a lo alto de la colina de
Safa. Al no encontrar agua, se dirigió corriendo hacia Marwa, ya
que a lo lejos le pareció ver agua, pero no era más que un
espejismo, Allí tampoco encontró nada, por lo que nuevamente
desesperada, volvió a Safa, y esto se repitió siete veces, hasta
que vio que bajo los pies de su niño, comenzaba a surgir una
vertiente: el agua de zamzam que desde épocas del Profeta
hasta hoy, los musulmanes a su regreso a sus países, suelen
llevar de regalo un poco de esta bendita agua a sus parientes y
cercanos, puesto que se considera la mejor agua y poseedora de
propiedades curativas,
Además, la montaña
de Safa en épocas del Noble Profeta (BP) fue el púlpito desde el
cual invitaba a la gente a la Unicidad, Se transmitió del lmam
As, Sadiq (P) que el Profeta permanecía bastante sobre la
montaña de Sara, de manera que terminaba la recitación completa
de la Sura AI-Baqarah,
haciéndolo lentamente. También se transmitió de Abu
'Abdullah (P): "Si deseas que se incremente tu riqueza, aumenta
tu permanencia en Safa".
Mientras
continuábamos con nuestra caminata entre las dos colinas,
leíamos las súplicas pertinentes, y así lo hacían también los
diferentes grupos de las escuelas islámicas, todos juntos, con
los pies desnudos, vistiendo el
ihram, algunos caminando apresurados, otros más lento, otros
corriendo. . .
Cuando terminamos
la última vuelta, llegando a Marwa, debíamos hacer el taqsir,
es decir, debíamos cortar una pequeña cantidad de cabello, o de
uña. Todas estas cinco acciones, es decir: vestir el Ihram
y decir la talbiah, el Tawaf, el rezo del Tawaf,
el trote entre Sara y Marwa y el taqsír, en conjunto,
reciben el nombre de
'Umrah Tamattu' (peregrinación Menor).
Es así que habíamos
terminado la 'Umrah
y ya podíamos salir del estado de muhrim, y todas las
cosas que se nos habían vuelto haram mientras vestíamos
el lhram, ahora nos eran lícitas, y ya no recaía sobre
nosotros ninguna acción obligatoria hasta la noche anterior al
día noveno de 'Arafat, en que nuevamente debíamos vestir el
Ihram, y preparamos para los actos del Hayy
propiamente dicho.
Antes de retiramos
de aquel recinto sagrado, bebimos nuevamente abundante agua de
zamzam, puesto que nos sentíamos exhaustos, y allí comprendí
un poco lo que debía de haber pasado Hayar, en aquel desierto,
sin ningún techo que la cubriese, sola, desesperada, con un
pequeño hijo. .. entonces dirigí mi vista nuevamente hacia la
Ka'bah, esta vez para saludar a esa gran dama y a su hijo, y
al resto de los profetas que yacían junto a la Casa de Dios,
custodiándola, y manteniendo latente un significado más de todo
lo que representa esta gran congregación que es el Hayy,
y que seguramente no estaba compuesta solo por ritos corporales,
sino que cada movimiento nuestro debía llevar implícito el
verdadero sentido, el verdadero objetivo... ¡As-Salam-u
'Alaika ia Ismail! ¡La paz sea sobre ti, oh profeta de Dios,
para quien Dios hizo brotar la fuente de zamzam! ¡La paz
sea sobre ti, oh quien de cuya descendencia Allah dispuso al
Sello de los Profetas, al señor de los Enviados, Muhammad -las
bendiciones y la paz de Dios sean sobre él y su familia-,
respondiendo así a la súplica de tu padre:
<<jOh, Señor nuestro! Haz surgir de entre ellos un Profeta
que les recite Tus aleyas, y les enseñe el Libro y la sabiduría
y les purifique....).
¡La paz sea sobre
ti y sobre tu padre Ibrahim el amigo de Dios, y sobre tu hermano
Ishaq (Issac), el Profeta de Dios! ¡La paz sea sobre ti y sobre
todos los Profetas que se encuentran sepultados en este
territorio bendito y ennoblecido! ¡La paz sea sobre ti y sobre
tu madre pura y paciente. . .! Que Allah nos resucite como parte
de vuestro grupo, bajo el estandarte de Muhammad -las
bendiciones y la paz sean sobre él y su familia-. . .
Regresamos al hotel
para descansar, puesto que nos sentíamos agotadísimos. A la
mañana siguiente nos levantamos completamente renovados, con las
ansias de aprovechar lo más posible nuestra estadía allí, de
visitar los lugares sagrados y de realizar actos meritorios. Es
de hacer notar que los hermanos que habían sido designados para
atender y dirigir a los peregrinos en los hoteles iraníes o
durante los actos de la Peregrinación, realmente demostraron
concretar los numerosos dichos narrados sobre la importancia de
atender y ayudar a los demás peregrinos. Muchas veces son
personas respetuosas y de altos cargos en Irán que durante esos
días se entregan a la atención de los peregrinos, solo por
obtener la complacencia de Allah. Hasta nos agradó ver cómo se
habían esmerado incluso en decorar el comedor del hotel todo de
blanco, para realzar el ambiente y adecuarlo a la vestimenta que
nos cubría, puesto que las mesas. las sillas, las cortinas y
hasta los utensilios eran blancos.
Debido a que
todavía nos quedaban varios días hasta los actos del Hayy,
aprovechábamos de lleno nuestros días allí, y es así que cada
día temprano nos dirigíamos a Masyid-ul Haram,
acompañándonos siempre en nuestro camino hacia ella las resecas
montañas que nos mantenían en contacto continuo con la época de
la revelación. Es así que cada día al llegar allí rezábamos dos
ciclos (rak'ah) de oración para saludar a la Mezquita
(tahiiat-ul masyid),
leíamos bastante el Corán -puesto que es sabido que es
preferible durante esos días, realizar la lectura completa de
este Libro Sagrado en La Meca, bebíamos en demasía agua de zamzam
y de vez en cuando realizábamos un Tawaf meritorio
para nuestros padres, y cuando ya nos sentíamos agotados nos
sentábamos a descansar. y contemplábamos la Ka'bah, que
según las tradiciones ese solo acto implica el perdón de
pecados.
Tratábamos de rezar
las oraciones obligatorias en comunidad (yama'ah),
contentos de poder participar de tan grandiosa congregación
todos juntos hermanados en una sola voz: Allahu Akbar
(Dios es el más Grande).
La ilaha il.la Al.lah (no hay divinidad más que Dios),
Muhammad Rasulu Al.lah (Muhammad es el Mensajero de Dios)...
Una voz que nos unía a todos. que nos hacía entendemos a pesar
de la variedad de idiomas que nos separaban. Ciertamente que
establecer la oración comunitaria conforma la mayor demostración
de fuerza resistencia y unidad. La uniformidad en los
movimientos en las palabras la coincidencia en las intenciones y
en los objetivos...
Estábamos todos
allí congregados en la primera Casa Sagrada que fuera construida
desde el comienzo de la historia para guía de la humanidad. Esa
Casa bendita de cuya sacralidad todas las religiones están
informadas que fuera construida sobre los cimientos de la
naturaleza primordial del hombre (fitrah), para que fuera
manifestación del
Tawhid, símbolo de unión y hermandad, y ejemplo de justicia
y equidad.
Ninguna otra
religión ni nación cuenta con semejante programa educativo, que
abarque los diferentes ámbitos; devocional, educacional, moral,
cultural, de higiene, económico, político, social. . Por
momentos pensaba en todo ello en que el Hayy escondía un
gran secreto, el que los musulmanes del mundo se conocieran
entre sí y de esa manera estuviesen siempre enterados en forma
directa de lo que ocurre en el mundo islámico, sin que hubiese
necesidad de que escucharan las propagandas tergiversadas de los
ajenos al Islam que por medio de su difusión malintencionada
buscan la desunión entre los sometidos a Dios, Encontramos en el
libro Bihar-ul Anuar (f. 99, p. 33), que el Imam As-Sadiq
(P) dijo: "En el territorio de La Meca dispuso (Dios) que se
congregasen (las gentes) desde el Oriente y el Occidente para
que se conocieran entre sí y para que se conozca el legado del
Enviado de Dios y no caiga en el olvido... ".
El Tawaf, el
,salat, el sai y
el taqsir, constituyen solo un aspecto del Hayy, pero
esconden en sí algo más, puesto que si su único propósito
hubiera sido la adoración individual, no hubiese sido
obligatorio que todos vinieran de todos los rincones del mundo,
aunque sea una sola vez en su vida, cada año, hasta el fin de
los días, sea como fuese, aunque fuese sobre un "camello flaco":
«y proclama la peregrinación a las gentes y vendrán a ti, de
toda apartada comarca, ya a pie, ya cabalgando sobre macilentos
camellos» (Corán; 22:27); el hecho de que allí se reunieran
personas de influencia de todo el mundo islámico... Sí,
seguramente escondía objetivos y enseñanzas políticas y sociales
importantes, puesto que si nuestro Noble Profeta Muhammad (BP),
solo se hubiese atenido a realizar el tawaf y el salat,
no hubiese tenido tantos enemigos. Fueron su política y
cambios básicos los que lo llevaron a tantas guerras, esfuerzos
y emigraciones.
Al ver a toda esa
multitud a mi alrededor, cada uno ocupado en su adoración,
algunos rezando, otros recitando el Corán, otros realizando el
sai, otros conversando unos con otros, preguntando de sus
países y costumbres, venían a mi mente pensamientos de ánimo y
esperanza, de esfuerzo y hermandad, de unión y revolución. Sí,
al ver toda esa multitud, imaginaba que con la cantidad que solo
allí había, si solo ellos se unieran sinceramente, podrían
acabar con los problemas de nuestros hermanos de Palestina,
Líbano, Afganistán, Argelia, Turquía..., puesto que el Corán nos
ordenó que nos alzáramos en defensa de los débiles.
Pero pronto me
invadía la impotencia, porque cómo podía yo sola, despertar el
corazón de todos ellos, cómo hacerles olvidar las disputas
internas, a uno por uno, muchos de ellos diciendo que el Islam
está separado de la política; entonces yo les pregunto a los que
enarbolan dicha idea, ¿es acaso solo con la oración que
lograremos retornar su tierra a los palestinos y libaneses de
manos de los sionistas y a los afganos de manos de los
Talibanes, seres despreciables y serviles que enarbolan
falsamente la bandera del Islam, fósiles del siglo XX que están
actualmente ocupados realizando un genocidio más en nombre del
Islam, apoyados como siempre por el Shaitán americano, y esta
vez también por un gobierno lacayo de la región, para lograr sus
intereses económicos? ¿Es solo con la oración que el Profeta,
nuestro mejor modelo, el mejor de la creación, logró implantar
la fe islámica en los corazones? ¿o es que acaso tuvo que
hacerse de la política para superar las barreras?
«(¡Oh musulmanes!) ¿Qué os impide combatir por la causa de
Dios y la de los indefensos; hombres, mujeres y niños que dicen:
"¡Oh señor nuestro!, sácanos de esta ciudad cuyos habitantes son
opresores. Designamos de tu parte un protector y designamos de
tu parte un socorredor'?» (Corán; 4:75).
Así pasamos esos
días, conversando con hermanos de diferentes países,
conociéndonos unos a otros, visitando lugares sagrados, como la
Mezquita de Yinn (el Genio), en pleno centro mecano, donde
descendió la Sura Al-Yinn,
«Dí (oh Enviado): Me ha sido revelado
que un grupo de genios me escucharon mientras
recitaba el Corán. Dijeron, pues: ¡Por cierto que hemos
oído un Corán admirable, que guía a la verdad, por lo
que
creemos en él y jamás atribuiremos ningún
copartícipe a nuestro Señor... ,,»
Además, en La Meca
hay dos Mezquitas más que se remontan a la época del Enviado de
Dios (BP): la de Raiah, donde se clavó la bandera del Islam el
día de la conquista de La Meca, y la de BilaI, que se encuentra
sobre la montaña de Abu Qubais, donde aconteció el suceso de
Shaqq-uI Qamar (la
partición de la luna), Esta montaña se encuentra a continuación
de la de Sara, y es también allí que se encuentra el cementerio
de Fajj 15,
También visitamos
el Cementerio de Abu Talib, el cual constituye el primer
cementerio de la historia del Islam, llamado también Huyun o
Yannat-ul Mu'al-la, ubicado a una distancia de alrededor de un
kilómetro de Masyid-ul Haram,
encerrado hoy en día en el corazón de La Meca, y
considerado, después del cementerio de Baqi en Medina, la
más honorable morada de sepulcros, a donde el Enviado de Dios
(BP) solía dirigirse reiteradamente, Allí se encuentran
enterrados 'Abd-u Manar, el bisabuelo del Profeta; 'Abd-ul
Muttalib, el abuelo del Profeta; Abu TaIib, el tío del Profeta,
"el creyente de Quraish", quien apoyara y defendiera al Profeta
con sus palabras e influencia; Qasim, el hijo del
Profeta; según algunas versiones Aminah bint Wahab, la madre del
Profeta -aunque lo más probable es que haya sido enterrada en
Abua', entre La Meca y Medina-;Jadiyah Al-Kubra, la más querida
de las esposas del Profeta, la primera y la única mientras ella
vivió, la madre de todos los hijos del Profeta (BP), la mujer
más hermosa, noble y virtuosa de Quraish; según el Enviado de
Dios (BP), una de las cuatro mejores mujeres del universo, junto
a Fatimah, su hija, a María, la madre de Jesús, y a
Asiah, la esposa del Faraón. Jadiyah, la primera musulmana, a
quien Dios enviaba Sus saludos y las albricias del Paraíso a
través de Gabriel y el Profeta, a quien el Profeta, tras su
muerte, continuamente recordaba y por quien lloraba. De vez en
cuando sacrificaba unos corderos y repartía su carne entre las
amistades de Jadiyah, manteniéndola así continuamente en su
recuerdo. Ella no solo fue su esposa, sino su compañera, su
protectora, su auxiliadora, puesto que puso a su disposición
todos sus bienes por la causa del naciente Islam, y que fueron
de menester durante los tres años del boicot económico impuesto
a los musulmanes por los idólatras de La Meca. Dios Altísimo
alejaba muchas de las penurias del Profeta a través de Jadiyah.
¡As-salamu 'alaiki ia 'ummul mu'min'in! ¡La Paz sea
contigo, oh madre de los creyentes!
También yacen junto
a ellos algunos grandes sabios y muchos creyentes, pero lo que
me sorprendió enormemente fue ver el estado de abandono en el
que se encuentra este bendito lugar que guarda en sí sagradas
reminiscencias de la historia del Islam. Por un lado no se nos
permitió a las mujeres ingresar al cementerio, y por otro, según
lo que pude observar desde afuera, las tumbas solo estaban
delimitadas por rocas, sin que ni siquiera estuviese escrito
sobre ellas el bendito nombre de estas grandes personalidades.
No pude ver ni un solo mausoleo levantado en señal de respeto a
quienes allí yacían, sino que ello más se asemejaba a una ruina
prolijamente delimitada. Entonces me percaté de que ésta era
otra de las extrañas ideas de la secta wahabita, la cual surgió
de un siglo a esta parte, para establecer sus propias
innovaciones en la religión.
Otras de las
reminiscencias sagradas que existían en La Meca y que fueron
demolidas, es el lugar de nacimiento del Enviado de Dios (BP), y
asimismo la casa de Hadrat Jadiyah y el Profeta -lugar donde
nació Fatima Az-Zahra', lugar de descenso de Gabriel (P), lugar
de descenso de la revelación, la misma casa donde los idólatras
de La Meca intentaron asesinar al Profeta, por lo que 'Alí
durmió en su lugar mientras el Profeta emigraba a Medina-, ambas
casas ubicadas al noreste de La Meca. También fue destruida la
casa de Umm Hani -hermana de Imam 'Alí- desde donde partió el
Profeta (BP) en la noche del Miaray (ascensión a los
cielos); así también la casa de Arqam, a la cual el Profeta
designó como refugio de los musulmanes tras tres años de prédica
oculta, y muchos se hicieron musulmanes allí. También el
santuario de los mártires de Fajj y el lugar donde el Enviado de
Dios (BP) explicó las normas y rituales del Hayy, en ‘Arafat.
Comienzan los actos
del Hayy Tamattu':
Tras la Umrah,
debíamos permanecer en La Meca hasta el día 8 de Dhull Hiyyah
(taruiah), cuando comenzarían los actos del Hayy,
puesto que el Hayy
tiene un mes determinado, días determinados, horas determinadas
y ciertos movimientos particulares. Incluso todos deben recorrer
los mismos caminos: «Luego, descended también vosotros por
donde descienden los demás» (Corán; 2:199). Los actos de la
Umrah Tamattu' se realizan en cualquier momento que uno
llega a La Meca, puesto que tiene un tiempo amplio, pero los
actos del Hayy Tamattu' debemos realizarlos todos juntos.
La Umrah es una especie de introducción, de ejercicio y
práctica y un estado de espera, aguardar la llegada de todos, de
cada grupo, para comenzar los actos del Hayy.
Los primeros días
de nuestra estadía allí, habíamos observado continuamente entrar
a La Meca grupos de gente, que conformaban gotas juntándose en
el mar mecano, para en la noche entre el octavo y noveno día
conformar todos un diluvio agitándose torrencialmente. Y ahora,
había llegado esa noche, donde deberíamos nuevamente consagramos
peregrinos, esta vez durante más días. Esta vez requeriría más
esfuerzos pero al mismo tiempo todo ello nos procuraría mucha
misericordia, una tan grande, que si podíamos salir Victoriosos
de ella, se nos perdonarían todos los pecados y negligencias
acumuladas durante toda nuestra vida. Pero para lograr ello,
debíamos concentramos en hacerlo bien, y no solo dedicamos a
simples movimientos regulares. Dijo el Imam 'All (P) a Kumail:
"Oh Kumail, no existe movimiento para el que no necesites del
conocimiento y la sabiduría".
La Umrah
Tamattu' tenía cinco acciones, pero el Hayy Tamattu'
tiene trece
16. Nuevamente debíamos
despojamos de la vestimenta de la negligencia y preparamos, esta
vez para volver a nacer. Otra vez colocamos la vestimenta
blanca, resplandeciente, todos iguales, como si estuviésemos
preparándonos para el Día del Encuentro con el Señor del
Universo, como si estuviésemos esperando ser perdonados, y
dirigidos hacia nuestras moradas eternas.
En la medianoche,
entre el octavo y el noveno día de Dhul Hiyyah, ya en el
itinerario desde el hotel hacia
Ma.ryid-ul Haram, podíamos ver un gran embotellamiento de
tránsito, unos apresurados por llegar allí y otros para
dirigirse directamente a 'Arafat, solo llevando un pequeño
bolso, con lo suficiente para pasar tres días en el desierto, en
'Arafat, en Mash'arul Haram y en Mina respectivamente.
«Equipaos de provisiones, mas sabed que el mejor abastecimiento
es la piedad...» (Corán; 2:197)
Todos juntos
bajamos del autobús decididos a pasar toda la noche, hasta el
rezo de la aurora, en la Mezquita, junto a la Ka'bah,
para, tras ello, dirigimos a 'Arafat, puesto que debíamos estar
allí antes del mediodía del día noveno. Bajo la dirección del
religioso de la caravana, de a grupo o individualmente,
repetíamos nuevamente la Talbiah: Labbaika Allahumma
Labbaik... ¡Heme aquí, Dios mío! Heme aquí...
Pasamos toda la
noche junto a la Ka'bah,
y debido a que muchos ya se habían dirigido a ‘Arafat, pude,
aprovechando que no había tanto tumulto, tocar y besar por
primera vez la Ka'bah, a la que encontré toda perfumada.
Me senté frente a ella contemplándola, pidiéndole mucho a Allah,
por mis padres, por mis seres queridos, por mí misma, para que
no me desviara jamás del mejor de los caminos, puesto que:
«Por cieno que mi Señor me condujo por el camino recto,
el de una religión íntegra...» (Corán; 6:161).
De tanto en tanto
subíamos a la azotea que la rodea y la observábamos desde allí.
¡Qué bella era! Rodeada de un manantial humano y de aves que la
circunvalaban, como si también hubieran sido ordenadas a ello,
como si supieran. . .
Cuando llegó la
hora del rezo de la alborada, me situé lo más cercano posible a
la Casa de Dios; hasta ese momento yo no había podido rezar tan
cerca de ella, por lo que ahora disfrutaba de ello como si fuera
la primera vez que veía la Ka'bah, la Qiblah de
los musulmanes del mundo. No había lugar a equivocación, ni
necesidad de brújulas para determinar su dirección... la tenía
frente a mí. Todos los que nos encontrábamos allí, sin
distinción de razas ni lenguas, nacionalidades ni escuelas de
pensamiento islámico, todos sometidos al Único, al escuchar el
Adhán llamado a la oración), nos colocamos en filas,
rodeando el recinto sagrado, esperando a que. el Imam comenzara
a dirigir la oración. Mientras escuchaba la melodiosa voz del
Imam que salmodiaba las aleyas divinas, sentía la brisa del
amanecer sobre mí, teniendo ante mis ojos, a unos cinco metros,
a la que es nuestra
qiblah, toda vestida de negro, engalanada de oro, y
enteramente perfumada.
Al finalizar el
salát, llenamos nuestras cantimploras con agua de zamzam
y nos dirigimos rápidamente a las afueras de la Mezquita, para
reunimos con el resto del contingente y subimos al autobús que
nos llevaría a
'Arafat, a unos 24 km al norte de La Meca, y que se
encuentra fuera de los límites del Haram ; llamada así
porque Adán y Eva reconocieron su pecado en ella, y tras una
larga separación, se unieron nuevamente, y además porque el
Angel Gabriel enseñó allí a Ibrahim los rituales del Hayy,
tras lo cual Ibrahim le decía a Gabriel (P): "'Ariftu,
'Ariftu" ("¡Comprendí, comprendí!").
'Arafat, tierra de
los sueños, tierra en la que dudar siquiera si Dios nos ha
perdonado tras salir de ella, constituye en sí un gran pecado.
En ese día todos volvemos a nacer, y al mismo tiempo, pienso yo,
es el día que más se asemeja al de la Resurrección, el día más
temido por Shaitan. 'Arafat, la tierra por la cual Dios se
enorgullece ante los Ángeles por las lágrimas y súplicas de los
invitados a Su Casa, lugar en que el Monte de la Misericordia en
el desierto de 'Arafatquinto de los Imames inmaculados,
el Imam Al-Baqir (P), desde el mediodía hasta el ocaso, elevaba
sus manos hacia el cielo. Tierra por la cual, durante siglos y
siglos, pasaron los mejores hombres de la Tierra; lugar en el
que hasta los hombres corruptos disfrutan de la gracia de Dios;
tierra a la cual las lágrimas del Imam Husain (P) aumentaron su
bendición; tierra en la que cada año, se encuentra, en ese mismo
día, el
Qai'm o "Restaurador" de la familia de Muhammad, observando
las acciones de los que allí se encuentran, aunque nadie pueda
reconocerlo...
Ya en el camino
sentimos la intensidad del calor. Los hombres se dirigían allí
en un autobús sin techo, puesto que mientras vistieran el
ihram, no deberían estar bajo la sombra, cosa que les hacía
sentir de lleno los rayos del sol. Llegamos pronto. Podíamos ver
a cada grupo que transitaba por las callejuelas, dirigido por un
guía de entre ellos, que para atraer la atención de los que lo
seguían, alzaba en alto sus manos que portaban diferentes
señales, desde abanicos y sombrillas, hasta chinelas, gorros y
pañuelos multicolores. También, de tanto en tanto podían verse a
algunos hermanos subidos en furgonetas, distribuyendo jugos,
yogures y gaseosas frescas a los que por allí pasaban.
El jefe de la
caravana nos condujo hacia una tienda que ya había sido
destinada de antemano para nosotros, las mujeres en una, y los
hombres, al Iado, en otra. Las tiendas eran amplias, abiertas al
frente, y descuidadamente alfombradas por mantas y moquetas que
de tanto en tanto dejaban entrever la tierra que cubrían, todo
lo cual nos transportaba a remotas épocas, la de la revelación.
Tras una hora
llegaron a nuestros oídos, desde los altoparlantes, las aleyas
de la Bara'ah:
«y he aquí la advertencia de Dios y Su Enviado, a los
humanos, para el día de la gran Peregrinación (Al-Hayy): "Que
Dios y Su Enviado se desentienden de los idólatras..."»
(Corán; 9:3)
«Bara'ah
(desentendimiento) de Allah y Su Enviado de los idólatras»,
nos dice Allah en el Corán, la primera de las trece aleyas de la
sura At- Taubah que correspondiera a Imam 'Ali (P) el
honor de proclamar a la gente; que al llevar implícito tal
significado es el único capítulo
(surah) del Corán que no comienza con el enunciado:
«Bismillahi Ar-Rahmani Ar-Rahim)) (En el Nombre de Dios, el
Clemente, el Misericordioso), puesto que el hecho de renegar
de los incrédulos, no debe estar acompañado de las palabras
Clemente y Misericordioso (Rahmani y Rahim).
Desentenderse de los idólatras, de los incrédulos y de todos
aquéllos que se oponen al establecimiento de la ley divina en la
Tierra.
Mientras nos
dirigíamos en calma hacia la
Bi'zah (Delegación) de la República Islámica de Irán, donde
se realizaría la Bara'ah, veíamos diferentes grupos, que,
enarbolando banderas, portaban la mejor composición de palabras
que pudiera existir: La ilaha illa Allah, para que
flamearan en las más altas cimas de la existencia. Se dirigían a
nuestro mismo destino, para unirse también al blanco ejército
del Tawhíd. Por fin llegamos, y tras situamos en las
tiendas al frente de la Bi'zah, junto al resto de las
hermanas y hermanos, comenzó la lectura del mensaje del líder de
la Revolución Islámica de Irán, el Aiatullah Saiied 'Ali
Jameneí, ofrecido por su representante en el Hayy, el
Huyyatulislam Rai Shahri.
Lamentablemente, el
tema de la Bara'ah
es algo que no todos los musulmanes han comprendido. Muchos
creen que el Hayy solo debe comprender los actos
devocionales y que la política no forma parte de él. Entonces,
¿qué sentido tuvo que en el año noveno de la hégira, el día 10
de Dhul Hiyyah, mientras la gente se encontraba realizando los
actos del Hayy, de repente 'Ali (P), cumpliendo con las órdenes
del Profeta (BP), se pusiera de pie en un lugar elevado y
comenzara la recitación de las trece aleyas de la Sura At-
Tawbah, que anunciaban la obligación de desentenderse de los
incrédulos? ¿Qué sentido tiene la aleya que dice:
«Dios dispuso a la Ka’bah, la Casa Sagrada, como congreso
para la gente...)) (Corán; 5:97)?
Si es que el
aspecto político está separado de la religión y en particular
del Hayy, ¿por qué el Profeta le confirió tanta
importancia, y ordenó a los musulmanes que durante el trote
entre Sara y Marwa, en un sector en particular, apresuraran la
marcha para que demostraran a los incrédulos la fuerza y la
voluntad que poseían los musulmanes, y desmintieran así el rumor
que habían difundido los idólatras de La Meca sobre que los
musulmanes, a raíz de la mala calidad del agua y el mal clima de
Medina, se encontraban agotados y debilitados? Aun hoy en día
este sector, de una distancia de alrededor de unos 70 m., se
encuentra delimitado por columnas verdes, donde los hombres -las
mujeres están exceptuadas- deben hacer Harwalah, es decir
que, al llegar a esa parte, deben apresurar su marcha, de manera
que su andar sea entre caminar y correr.
Además, existen
abundantes dichos del Profeta (BP) y los Imames de AhIul
Bait, que señalan el aspecto político del Hayy. Y
aquí tenemos al Shaij Shaltut, mufti sunnita, antiguo director
de la Universidad "Al-.Azhar" de Egipto, confirmando todo esto:
"Teniendo en cuenta
la posición especial con la que cuenta el 'Hayy' en el
Islam, y los objetivos que en el mismo se han trazado para el
individuo y la sociedad, sería adecuado que los hombres de
conocimiento y pensamiento, las personalidades científicas y
culturales, los funcionarios políticos y administrativos, los
expertos en asuntos económicos y de hacienda, los maestros de la
shari'ah y la religión, y los hombres de guerra y yihad,
le otorgaran una especial atención. Sería conveniente que en
este Haram
divino se congregasen personas pertenecientes a todas esas
esferas, que los poseedores de ideas, pensamiento, opinión,
iytihad, fe y elevados objetivos se reunieran, para que se
vea cómo La Meca despliega sobre ellos las alas de su
misericordia, y la palabra tawl1idlos reúne alrededor de
la Casa de Dios, y como resultado, se ocupen en conocerse y
aconsejarse entre sí, y ayudarse unos a otros. Entonces todos
regresarán a sus tierras perteneciendo a una sola comunidad, de
manera que los corazones serán uno, y sus emociones y
sentimientos también serán uno" (Ash-Shari'ah wal 'Aqidah,
p. 150)
De entre los
investigadores y escritores sunnitas contemporáneos, Farid
Waydi, en La Enciclopedia de' Islam, tema del Hayy,
T.3, p. 350, escribe:
"Si los jefes de
los gobiernos islámico s aprovecharan estos actos (del Hayy),
para originar la unión islámica entre las naciones musulmanas,
llegarían a grandes resultados, puesto que la confluencia de
decenas de miles de personas de diferentes partes del mundo en
un punto en especial, y la atención de sus corazones a lo que en
este lugar se les inculca, originaría que se sintieran
influenciados y que todos regresaran a sus países con un mismo
espíritu, con un mismo corazón y difundieran así lo que
escucharon y aprendieron de sus hermanos. El ejemplo de este
grupo, es como el ejemplo de los miembros de un gran congreso
que desde todas las partes del mundo llegan para reunirse en él,
para, al final del mismo, dispersarse a todos los rincones del
mundo, portando el mensaje del congreso. El efecto de este gran
congreso, sea cual fuera, el reunirse en ese punto y el
dispersarse luego por los diferentes países, acarrea ese mismo
resultado".
El Dr. Qardawi,
escritor sunnita contemporáneo, en el libro "La adoración en
el Islam':
escribe:
"El mayor resultado
que puede obtenerse de esta congregación, es que el H'!1)' es el
factor más importante para despertar a la comunidad islámica de
su prolongado letargo, y es por ello mismo que algunos gobiernos
satélites u ocupantes de los países islámicos impiden a los
musulmanes visitar la Casa de Dios, puesto que saben que si, se
establece un movimiento entre los musulmanes, nada podrá detener
su movilización".
Él, además, en su
libro "La religión y el HAYY según las cuatro escuelas de
jurisprudencia", p. 51, escribe:
"El Hayy es
un medio a través del cual los musulmanes se conocen unos a
otros y es causa de que se origine un sentimiento de unión entre
las diferentes naciones que viven bajo el estandarte del
Tawhid, ya que en estas ceremonias sus corazones se hacen
uno y se unifica su discurso. Es entonces que se levantan, para
modificar su situación y corregir las desviaciones de su propia
comunidad".
Ahora, si es que en
realidad el HAYY
cuenta con tal posición, ¿por qué la mayoría de los musulmanes
se encuentra negligente al respecto? Si es que el HAYY es
un medio para unir los corazones y unificar las palabras, y
originar una sola línea política y de pensamiento entre los
musulmanes, ¿por qué no movilizamos a través de ello, las
fuerzas y poder islámicos en contra de los que transgreden en
los países islámicos, como en Palestina ocupada, Afganistán,
Líbano, etc.? Si el HAYY abarca además el aspecto
económico, cultural y científico, ¿por qué los musulmanes,
durante este bendito congreso, no piensan una solución para
mejorar la situación general de los musulmanes? ¿Por qué no se
les da oportunidad a nuestros hermanos palestinos, afganos,
irakíes, africanos, libaneses, y..., para que eleven su grito de
sangre haciendo llegar así su pedido de ayuda al resto de sus
hermanos? ¿Por qué no hacemos algo en contra del atropello por
parte de los diferentes tipos de despotismo?
¡Oh musulmanes!
«¿Acaso les teméis? ¡Dios es más digno de ser temido, si es que
sois creyentes!» (Corán; 9:13). ¡Oh musulmanes! «No seáis
como aquéllos que se dividieron y discordaron después de
haberles llegado las evidencias...» (Corán; 3:105). «¡Oh
musulmanes, os hemos constituido en una nación justiciera para
que seáis (vosotros los) árbitros de la humanidad!» (Corán;
2:143). «Muhammad es el Enviado de Dios, y quienes están con
él son severos para con los incrédulos, pero compasivos entre
sí... Tal es su ejemplo en la Tora y su ejemplo en el Evangelio;
como simiente que retoña, se robustece, se desarrolla y se
afirma en sus tallos; complace a los sembradores para irritar a
los incrédulos» (Corán; 48:29)
Es así que, los que
allí nos encontrábamos, guiados por la voz del altoparlante,
comenzamos a repetir conjuntamente y a viva voz: "No hay
divinidad sino Dios, Muhammad es el Enviado de Dios... ¡Oh
musulmanes! ¡Uníos, uníos!
la aiiuhal muslimun ittahidu, ittahidu... Esa voz se
levantaba haciendo vibrar de fe los corazones, atrayendo a
muchos, desde todos los rincones de 'Arafat, a unírsenos, e
infundiendo en nosotros, al mismo tiempo, valor y esperanza. Sí.
Si es que hoy vemos a los enemigos del Islam que, refugiándose
unos en otros, confabulados unos con otros, hacen tanto bullicio
y alboroto, esto jamás puede ser una prueba de su victoria, ya
que podemos vislumbrar el día en que los celosos hijos del
Islam, lejos de las tendencias divergentes, se levanten bajo la
sombra del Corán y acaben con toda esa impertinencia, puesto que
«Ellos pretenden extinguir la luz de Dios con sus lenguas,
Pero Dios perfecciona Su luz, aunque eso disguste a los
incrédulos...» (Corán; 61:8). «Que no te alucine,
entonces, el bienestar de los incrédulos en la Tierra, porque es
un goce transitorio y su albergue será el infierno. j Y qué
aciaga morada!» (Corán; 3:196-197).
Al regresar,
almorzamos, y tras ello todos juntos, dirigidos por el religioso
de la caravana, comenzamos a leer la Súplica de Imam Husain (P)
en ‘Arafat, llegándonos a sentir tan conmovidos que hubiésemos
deseado desde lo profundo de nuestro corazón haber sido uno de
sus acompañantes en aquel día. Estábamos allí, a unos metros de
Yabal-ur Rahmah (el Monte de la Misericordia), en donde, un
día. como ese, en la última peregrinación de Imam Husain, antes
de dirigirse a Karbala para ser cruelmente asesinado, salió de
su tienda para dirigirse al Iado de Yabal-ur Rahmah junto
a algunos de sus familiares y seguidores, y una vez allí, se
orientó hacia la
Qiblah, alzó sus benditas manos al cielo, y como un
hambriento implorando ayuda, se entregó a una larga súplica
llena de contenido, bajo aquel desierto ardiente, cubriéndolo
las lágrimas, acompañándolos los que lo rodeaban con gritos
elevados de llanto, diciendo tras él: Amin.
¡Oh Husain! ¿Qué
dijiste aquél día, que aún hoy las piedras de esta montaña
claman y lloran de angustia? ¿Qué dijiste aquél día, que aún hoy
los peregrinos que están bajos las tiendas lloran por ello?
As-Salamu 'Alaika ia Husain ibn 'Ali.
Al finalizar la
súplica salí de la tienda para caminar un poco entre los
peregrinos. En realidad, buscaba las huellas y los pasos de mi
Maulá, de mi Imam, del
Qa’im, de la doceava refulgente estrella de la Wilaiah,
para asegurarme de que había puesto mis pies sobre la misma
tierra que él. Mientras caminaba, escuché unos lamentos bajo
aquel gran desierto, que venían de una de las tiendas. Un grupo
de tres hombres lloraba y suplicaba a Dios por la pronta
aparición de AIQa'im (P). Me detuve tras la tienda unos
minutos, mientras escuchaba a uno de ellos decir: la lmam-uz
Zaman, ¿a dónde estás? ¿Bajo cuál tienda te encuentras ahora
sin que nadie pueda reconocerte? ¿Por qué no vienes hacia mí?
¿Por qué no te sientas aquí con nosotros? ¿Acaso aquí también
vas a impedimos verte?...
Al caer el ocaso,
había concluido el tiempo obligatorio de permanencia (Wuqúf
en ‘Arafat, y ahora debíamos dirigimos a Muzdalifah,
también llamado
Mash'arul Haram. Es así que tras rezar en 'Arafat el rezo
del ocaso, y despedimos de esa tierra bendita, a la que tal vez
jamás regresaríamos, salimos de allí, sintiéndonos haber nacido
otra vez, puesto que no teníamos derecho a pensar que no
habíamos sido perdonados, ya que en ese día Dios toma como
testigos a Sus Ángeles diciéndoles: "Sed testigos de que Yo en
este bendito día, he perdonado a todos los que han venido aquí
hoy". Entonces recordé un dicho de Imam As Sadiq (P): "Cuando el
día de ‘Arafat llega a su fin, y lo envuelve la noche, los
Ángeles dicen al hombre: "Oh peregrino de la Casa de Dios, se te
han perdonado todos tus pecados anteriores, entonces, ten
cuidado de cómo serás de ahora en adelante".
La noche entre el
noveno y décimo día de Dhül Hiyyah - en Mash 'ar-ul
Haram:
«Cuando descendáis
en tropel del monte ‘Arafat, mencionad a Dios en la tierra de
Mash'ar-ul Haram y acordáos de Él, de cómo os
iluminó, aun cuando anteriormente os
contabais entre los desviados)) (Corán; 2:198)
Me senté en al
autobús que nos llevaría a
Mash'ar-ul Haram, a unos diez kilómetros de ‘Arafat, a donde
recogeríamos, en medio de la noche, las piedrecillas con las que
apedrearíamos a Shairin, acción que recibe el nombre de
Rami-ut Yamarat. Rami significa "arrojar", y Yamarat
es el nombre de tres círculos, en Mina, cada uno de los cuales
está separado de los otros a una distancia de aproximadamente
cien metros, en el centro de cada uno de los cuales hay una
columna, que reciben el nombre de Yamarah Ula, Yamarah Wusta
y Yamarah 'Uqba, que representan a Shaitan, y los
peregrinos deben apedrearlas. Los cuatro lados de la columna
están abiertos, excepto Yamarah 'Uqba, que en el pasado
uno de sus lados no estaba expuesto, puesto que estaba unido a
la montaña, pero en los últimos años, que la montaña fue
quitada, encontró una forma similar a las otras dos columnas.
Es condición de que
las piedrecillas sean recogidas dentro de los límites del
Haram17-a
excepción de
Masryid-ul Haram o cualquier mezquita en general- siendo
preferible hacerla de Mash 'ar-ul Haram. Mientras nos
dirigíamos allí, tratando de hacemos paso a través de la
aglomeración, observaba por la ventanilla una fila interminable
de miles de peregrinos, que nos acompañaban en nuestro
itinerario, a pie, rodeando las montañas; cientos de miles de
hombres y mujeres, de todas partes del mundo, en medio de un
desierto, despojados de todo, cuyas vestimentas claras
resaltaban en la noche oscura, lentamente moviéndose uno tras
otro, que habían sido objeto de la misericordia de Dios, que
habían sido perdonados, que se dirigían al Mash 'ar-ul Haram
para continuar con los actos del Hayy.
Mientras observaba
ello, imaginaba el Día de la Resurrección, el ihram de
los peregrinos me recordaba la mortaja (kafan), también
blanca; el estar solos allí, alejados de todos los parientes y
cercanos, se asemejaba a nuestro alejamiento de ellos en el
momento de la muerte, el
Labbaik, me recordaba al Taqin o exhortación que se
realiza al fallecido, y la aglomeración de tan colosal multitud
en aquella oscuridad, cada uno esforzándose por llegar a destino
para aliviar su cansancio, me hacía imaginar la aglomeración y
la marcha del Día de la Resurrección, donde cada uno pensará
solo en sí mismo:
<El día que la presenciéis (la hora del Juicio) cada
nodriza olvidará al hijo que amamante; toda embarazada abortará,
y verás a los hombres como ebrios...»
(Corán: 22:2)
Llegamos allí poco
antes de la media noche. Descendimos del autobús llevando con
nosotros una pequeña bolsa en nuestras manos para guardar allí
las piedrecillas, mientras que el jefe de la caravana nos
recordaba que debían ser pequeñas, del tamaño de una falange del
dedo, y que debíamos juntar alrededor de cien, puesto que debían
alcanzamos para lanzarlas una vez al Yamarah Uqbah, y
luego dos veces, a cada uno de los tres yamarat, ÚIa, Wusta
y Uqbah,
a cada uno de los cuales debíamos arrojar siete piedras, lo que
sumaba en total cuarenta y nueve. y como debíamos acertar las
siete de seguro, debíamos recoger de más por si no le
acertábamos la primera vez, puesto que la condición es que las
piedrecillas no hayan sido utilizadas previamente, por lo que no
debíamos utilizar las que caían alrededor de los yamarat.
Ahí estábamos,
todos reclinados, envueltos por la noche, buscando con nuestros
manos nuestras armas para poder estar preparados de antemano
cuando nos encontrásemos frente a nuestro mayor enemigo; una
confluencia de sentimientos opuestos que nos impedía sentimos
negligentes, por un lado, concentrados en encontrar la mejor
arma para eliminar a Shaitan de nuestras vidas, y por otro,
acariciando la tierra que un día había sentido y palpado la
suavidad de las benditas manos de nuestro Profeta Muhammad, de
nuestros Imames, de sus grandes y sinceros compañeros. Era un
lugar donde no había lugar para pecado alguno, un lugar donde no
había ningún medio para distraer o mantener ocupado a nuestro
espíritu en otra cosa que lo divino, donde la tierra era la
alfombra de adoración, y el cielo el lugar hacia donde se
elevaban las manos en súplica, entre los cuales no había nada
más que oscuridad, y las ondas de súplicas y lamentos de los
hombres de Dios, que habían quedado grabados en el espacio, las
huellas de los grandes Profetas: Ibrahim, Moisés, Jesús,
Muhammad... ¡Dios! ¡Cuántas penurias atravesaron en este mismo
lugar sagrado Tus siervos sinceros para erigir en la Tierra Tu
verdad! ¡Cómo se esforzaron para enseñar a las gentes Tu
Mensaje! Pero, lamentablemente, cuán pocos son hoy los que
realmente lo comprendieron. Cuán pocos son los que no buscan
pretextos para someterse a Ti y actuar de acuerdo a lo que les
ordenaste. . .
'Por ventura, no es hora ya de que los creyentes sometan
sus corazones al recuerdo de Dios y ante la verdad revelada...
?" (Corán: 57:16).
En Mina:
Tras reunir
alrededor de cien piedrecillas, nos dirigimos a Mina, donde
debíamos hacer el Rami. Cabe hacer notar que los hombres,
debían permanecer en Mash 'ar-ul Haram toda la noche,
hasta el amanecer del día del 'Id, pero las mujeres, ancianos,
niños y jefes de caravana que los acompañan, están exentos de
permanecer allí, pudiendo hacer el
Rami a los Yamarat durante la noche, momento en
que hay menos congestión de gente.
"Mina" se encuentra
en los alrededores de La Meca, dentro de los límites del
Haram. "Mina" significa "probar, derramar sangre, medir". Es
posible que el nombre verdadero de este lugar fuese Muna
(deseos). Se narró del Imam As-Sadiq (P) que dijo: "Debido a que
Gabriel (P), en esta tierra, dijo a Ibrahim (P): "Tamanni'
-expresa tu deseo- se la llamó Muna". Allí se encuentra la
Mezquita de Jaif, que se narró que en ese sitio rezaron mil
profetas.
Cuando llegamos
allí, nos dirigimos hacia los
Yamarat, donde un día, en tiempos del Profeta Ibrahim
(P), tras concluir con la reconstrucción de la Ka'bah, y
mientras Gabriel le enseñaba los rituales del Hayy, Iblis
se le apareció en tres diferentes lugares e intentó tentado,
tras lo cual, ordenado por Gabriel, Ibrahim le arrojó siete
piedras, alejándolo así de él, volviéndose esta acción, a lo
largo de la historia, una tradición impuesta por Dios a todos
los peregrinos a Su Casa. En estos mismos lugares Shaitán había
intentado seducir al Profeta Adán (P) también.
El yamarat
que debíamos apedrear ese día era el Yamarat-ul Uqba. A
pesar de que la mayoría de los peregrinos habían permanecido en
Mash 'ar ul Haram,
nos sorprendimos de ver la cantidad de gente agolpada en los
Yamarat, arrojando las piedras. Los cuatro jefes de caravana
que nos acompañaban, con los brazos entrelazados, juntos se
adelantaron hacia el tumulto que rodeaba la gran columna, por lo
que de ese modo las mujeres, avanzando tras ellos, y tras
sortear algunos golpes de piedras que caían sobre nosotras a
fuerza de la mala puntería de algunos hermanos peregrinos,
pudimos hacemos lugar y lograr llegar adelante, al frente, para
comenzar a pegar las siete piedrecillas, una a una, acompañadas
con la viva voz de ¡Allah-u Akbar!...
Debíamos tener
certeza de que las siete piedras habían golpeado en las
columnas, y si no acertábamos, debíamos continuar hasta estar
seguros. Siete piedrecillas, cada una de las cuales alejaba de
nosotros a Shaitán más y más; un solo ataque no era suficiente,
ya que él repite su seducción una y otra vez, hasta que lo
consigue; un solo ataque no lo asusta, debíamos, lanzarle siete
veces hasta estar seguros de que se había alejado por completo
de nosotros. Debíamos hacerlo conscientes de por dónde nos
ataca, ya que así sería fácil derrotado, puesto que el Corán nos
dice: "Por cierto que la argucia de Shaitan es endeble!"
(Corán; 4:76).
Tras terminar, pude
detenerme a observar unos momentos a mi alrededor, y vi la
cantidad de guijarros que se habían juntado a los alrededores de
la columna, surcada ésta por un bajo paredón circular. Mientras
intentaba hacerme paso a través de la multitud para reunirme
nuevamente con los de mi caravana, pude ver la cantidad de
calzados y chinelas que habían quedado allí bajo los pies del
gentío, debido a que era imposible regresar a buscados en medio
de tanto tumulto.
Finalmente, agotados,
pero al mismo tiempo triunfantes, emprendimos la marcha hacia
las tiendas donde pasaríamos la noche, en Mina, en tanto que los
hombres aún debían estar en Mash 'ar-ul Haram, para
dirigirse a Mina para el rami-ul yamarat recién a la
salida del sol.
Mientras caminábamos y
nos acercábamos, podíamos ver aparecer en medio de la noche,
cientos de miles de blancas tiendas, todas alineadas, que
iluminaban la oscuridad como luciérnagas.
En Mina utilizamos
carpas más modernas que las de ‘Arafat, ya que después del
trágico incendio acaecido en el sector de los hermanos
paquistaníes durante la peregrinación del año pasado, este año,
además de disponer reglas como la prohibición de cocinar dentro
de las mismas, se comenzaron a colocar carpas hechas de un
material ignífugo, teniendo nosotros la fortuna de que nos
tocaran al habemos incorporado a las caravanas iraníes, puesto
que fueron los primeros en utilizadas por corresponderles la
primacía al haber colaborado para su construcción, si bien en
años subsiguientes ello abarcará a todas las caravanas. Estas
carpas se asemejaban a bungalows, en cuya parte superior tienen
una saliente de estilo japonés, todos los cuales cuentan con
sistema de aire acondicionado, y desde adentro, una y otra carpa
se comunican entre sí por medio de despegar los costados de los
paneles de las mismas que se sujetan entre sí por medio de una
tela adherente.
Ingresamos a una de
ellas, obviamente sintiéndonos agotadísimas. Tras descansar un
poco, tratamos de mantenemos despiertas, puesto que, de acuerdo
a los trasmitido del Imam As-Sadiq (P): "Es adecuado, si puedes,
que permanezcas despierto toda la noche, puesto que las puertas
de los cielos permanecen abiertas en esta noche y la gracia de
Dios sobre sus siervos es abarcadora, y nosotros en este
desierto, somos los invitados de Dios, y Él Mismo dijo: "Es un
deber para mí que responda vuestras súplicas". (Kafi, T.
4, p. 469). Tratando de cumplir con ello, algunas de las
hermanas intentaban vencer su sueño por medio de la recitación
del Corán, otras estaban sumergidas en las súplicas, hasta
algunas escribían en su diario las experiencias vividas,
esforzándose por recordar el más mínimo detalle de lo que habían
vivido en ese largo e inolvidable día, empeñadas en transportar
todo ello desde sus corazones al papel. . .y finalmente se
podían ver otras que finalmente habían sido vencidas por el
sueño.
Al fin, tras
realizar la oración del alba, los que no habían dormido durante
la noche -y aun los que lo habían hecho- descansaron un poco,
para prepararse para el
'Id AI-Qurban la festividad del Sacrificio). Mientras tanto,
los hombres recién estaban saliendo de Mash'ar-ul Haram o
MuzdaIifah, con destino a Mina, para luego de un pequeño
descanso, dirigirse a apedrear a Shaitan
Ofrenda de un
animal (Hadi):
«Hemos dispuesto al sacrificio de los camellos como parte de
los ritos de Dios, yen ello obtenéis beneficios. Pronunciad
pues, el nombre de Dios. sobre ellos en el momento del
sacrificio, cuando aún están de pie; y cuando hayan caído,
comed, pues, de ellos y dad de comer al satisfecho y al
mendigo...» (Corán; 22:36)
El segundo acto
obligatorio que debíamos realizar en Mina, en el día de 'Id
al Qurban, era el sacrificio de un animal o Qurban:
«(Asimismo, Dios) estableció el mes sagrado (Dhul Hiyyah),
la ofrenda del animal Y los ornamentos que cuelgan del mismo...»
(Corán; 5:97)
Pensé
reiteradamente en el significado de ello, de por qué debíamos
"ahora derramar sangre" en un lugar sagrado, y creí entender el
significado. Pensé en la primera vez que un hombre de Dios había
sido ordenado a ello en esas tierras benditas, y nuevamente vino
a mi mente Ibrahim (P). Imaginé la fe y devoción que este ser
humano perfecto debía haber tenido hacia su Dios, pensé en todas
las veces que había sido probado por su Señor, pero no cabía en
mi mente, no podía concebir ese momento en que, ordenado por
Dios, no dudó un solo instante en que debía llevar a cabo la
orden de sacrificar a su pequeño hijo Isma'il; no preguntó la
razón y la f1losofia de tal orden, no se demoró en acatada,
hasta que, cuchillo en mano, estando a punto de pasarlo por la
garganta de su hijo, recibió una nueva orden de que, "nuestro
propósito no es derramar sangre, sino tu liberación; en su
lugar, debes sacrificar un animal". Ibrahim fue probado con las
más difíciles pruebas:
«y de cuando Su Señor probó a Ibrahim, con ciertos
mandamientos que él observó»
(Corán; 2:124).
Y ahí estábamos, en
una tierra repleta de historia, en un suelo en el que un día,
miles de años atrás, Isma'il, ese valiente adolescente, apoyó su
bendito rostro para ser degollado por su padre, en sumisión a
Dios. Pensé en la gran diferencia que existe entre nosotros y
los santos de Dios, en todas las excusas y disculpas que nos
inventamos a veces para quebrantar las órdenes de Dios; cuando
escuchamos una norma divina que no nos conviene, dudamos, nos le
oponemos, preguntamos la causa, la filosofía, tratando de
arreglarla a nuestro interés, para luego sentimos tranquilos con
nosotros mismos por haber encontrado una solución...
¡Pero si hubieran hecho lo que se les aconsejó, cuánto
mejor habría sido para ellos y más firme para su fe» (Corán;
4:66).
Aquella de Abraham
fue una victoria de la sumisión por sobre los instintos; la
derrota del llamado de un padre en cuyo interior una voz
ardiente clamaba: "No lo hagas, no mates a tu hijo" vencida por
la proclama del Señor del Universo que le decía: "En ello está
mi complacencia. Debes ser probado". Sí, el día 10 de Dhul
Hiyyah, es día de 'Id, de festividad, de celebrar el
triunfo del intelecto y la revelación por sobre las pasiones y
efusiones del alma, por lo cual Ibrahim fue llamado por Dios "el
amigo de Dios" y tras lo cual recibió el título de Imam:
«Por cierto que te designaré Imam de los hombres»
(Corán; 2:124).
Día de la
"Festividad del Sacrificio" ('Id Qurban o Adha)...
¡Qué día, Día de sumisión, día en que Shaitan fue expulsado, día
de lucha, de apedreamiento y derramamiento de sangre. Eso es lo
que el Islam -"sumisión a Dios"- requiere de un musulmán -"el
sometido a Dios"-, que sea valiente, que resista ante el enemigo
de Dios, sea como fuera que se presente, ya sea en forma del
Shaitan que se apareció a Abraham y a Adán, o en forma de otros
tipos de Shaitanes, denominados hoy en día como imperialismo,
explotación, etc. Eso es lo que Allah nos quiso decir al
ordenamos seguir con la tradición de sacrificar un animal, sino
de otra manera no representaría más que gastos, esfuerzos y
derramamiento de sangre inútiles. «Ni sus carnes ni su sangre
llegan donde Dios; en cambio, le alcanza vuestra piedad
(Corán; 22:37). Es un símbolo, no un simple acto sin sentido.
Eso es lo que Allah quiere de nosotros, pero ¡en qué pésima
situación nos encontramos hoy en día los que nos llamamos
musulmanes!
Ahora, cada uno de
nosotros debía sacrificar un animal. Obviamente, no hacía falta
que las mujeres lo hiciésemos con nuestras propias manos.
Incluso los ancianos y la mayoría de los hombres, previo pago
del precio correspondiente ya sea de un cordero, vaca o camello
sano, sin defectos, de acuerdo a las posibilidades de cada uno,
toman representantes que lo hacen por ellos. Debíamos esperar
que nos llegase la noticia de que en el Maslaj
18ya habían sacrificado un cordero a nuestro nombre.
Antes de ello, no podíamos realizar el siguiente acto
obligatorio en Mina, es decir, el Taqsir
-cortar una pequeña cantidad de cabello o de uñas- para las
mujeres y asimismo para los hombres que en años anteriores ya
habían realizado el Hayy, y el Halq -o rasurarse la
cabeza- para los hombres que realizaban por primera vez el Hayy.
«Que luego se purifiquen (por medio de cortarse algo de
cabello y uñas, o de rasurarse las cabezas)>> (Corán;
22:29).
Además se
transmitió del Imam As-Sadiq que por cada cabello que se
desprende de la cabeza del musulmán, éste obtiene una luz el día
de la Resurrección.
Cada tanto nos
informaban los nombres de quienes ya podíamos hacer el
Taqsí'r, y mientras tanto, el resto permanecía expectante,
puesto que se transmitió que tras derramarse la primera gota de
sangre del animal, Allah perdona los pecados de su dueño. Cuando
por fin fueron sacrificados todos los corderos, y ya todas
habíamos realizado el Taqsír, nos felicitamos entre todas
por haber cumplido una parte más de las órdenes de Dios, y en
celebración del día del 'Id. Tras el sacrificio del
animal los hombres que realizaban el Hayy por primera vez,
debían rasurarse las cabezas.
Tras ello, salíamos
del estado de ihram
y se nos volvían lícitos casi todos los actos que al vestir
el ihram se nos habían vedado
19.
Aquel día, con todo lo
que en sí contenía, había finalizado. Ahora debíamos pasar la
noche allí (baitutah
20) para, al día
siguiente, el 11 de Dhul Hiyyah, realizar el
ramiat los tres yamarat.
En la noche entre el
día 11 y 12, ya todo estaba en calma, puesto que la mayoría de
los actos del Hayy habían concluido y el sonido de las letanías
se elevaba de cada tienda ubicada en Mina.
A la mañana, nos
dirigimos hacia los
Yamarat para apedrearlos por última vez, y tras concluir
todo, nos dirigimos, a pie, hacia el hotel.
Tras tres días en
el desierto debíamos dirigimos a la Casa de Dios, a la
Ka'bah, para realizar nuevamente el Tawaf, esta vez
con más congestión de gente. Esta vez con un sentimiento
distinto, pues esta vez se nos habían perdonado todos nuestros
pecados, esta vez nos acercábamos un poquito más al nivel de los
ángeles que circunvalan en los cielos. Esta vez no solo nuestro
cuerpo se movía, sino también nuestro espíritu circunvalaba la
Casa.
Tras concluir el Tawaf,
debíamos realizar el salat-ut Tawaf
21y luego nuevamente el sai
entre Sara y Marwa. Esta vez ya no hacía falta el taqsir
porque ya lo habíamos realizado en Mina.
Los últimos actos
del Hayy son la realización de Tawaf-un nisa
22que tanto hombres como mujeres deben realizar, y tras
ello el salat-ut Tawaf un nisa', con lo que se dan por
terminados los actos del
Hayy.
Volvimos al hotel
extenuados y al mismo tiempo victoriosos, tras unos días que
habían sido mucho mejores que toda una vida de negligencia.
El jefe de caravana
nos informó que aún íbamos a permanecer en La Meca dos días más,
y que tras ello nos dirigiríamos a Medina, por lo que podíamos
aprovechar esos días visitando lugares sagrados como la cueva de
Hira., donde el Bendito Profeta (BP) recibió la primera
revelación; ubicada en
Yaba/-un Nur, ''la montaña de la luz", luz y esplendor
que iluminó el mundo de la existencia y transformó a la
humanidad. Era como si viéramos cómo el Enviado para los mundos,
acongojado y desesperanzado de todos, se refugiaba en esas rocas
ardientes y escabrosas, y se situaba en una pequeña cueva, y
desde lejos, con su corazón abatido, observaba la ignorancia y
las tinieblas. Y yo ahora, podía leer en cada roca, escrito con
la más clara y prolija letra, aquel primer esperanzador anuncio
de florecimiento, sabiduría y revolución, traído a Muhammad por
el Ángel Gabriel:
«¡Lee!, en el Nombre de tu Señor que todo lo creó!».
Agradecí a Allah
todo lo que me había otorgado durante todos esos días, puesto
que si Él no hubiese querido yo no habría estado allí. Pensé en
los amargos días en que el Profeta, Jadiyah, Abu Talib, y todos
aquellos primeros musulmanes habían pasado para que hoy podamos
nosotros tranquilamente rezar una oración, y aun así muchas
veces no son realizadas, se dan excusas: "Estamos en un país que
no es islámico. Es difícil para nosotros", etc. ¡Oh musulmanes!
« (Dios) no os impuso dificultad alguna en la religión;
porque es el culto de vuestro padre Abraham. Dios os denominó
musulmanes antes y en este Corán para que el Enviado sea testigo
de vosotros y para que seáis testigos de los humanos. Observad,
pues la oración, pagad el zaqat y amparaos en Dios que es
vuestro Señor. ¡Y qué excelente Señor!» (Corán; 22:78)
Pensé en los
millones de mujeres y hombres a lo largo de la historia que
desearon desde lo profundo de su corazón estar allí y gozar de
la gran misericordia que Allah nos provee en esos días, pero que
finalmente murieron sin poder concretar su sueño... y pensé en
si realmente muchos de los que se nos otorga la bendición de
estar allí, realmente somos merecedores de ello. .. Entonces
vinieron a mi mente las benditas aleyas:
«Dicen: "¡Creemos '. Diles: "No creéis aún, mas bien
decid: "Nos hemos islamizado'" ya que la fe todavía no ha
penetrado en vuestros corazones... Solo son creyentes quienes
creen en Dios y en su Enviado y luego no caen en la dubitación,
y sacrifican su hacienda y sus personas por la causa de Dios
¡Estos son los sinceros!» (Corán: 49:14,15).
«Son quienes, cuando les arraigamos en la Tierra,
observan la oración, pagan el zaqat, encomiendan el bien y
prohíben lo execrable» (Corán: 22:41). «Que mencionan a
Dios, estando de pie, sentados o acostados y meditan en la
creación de los cielos y de la tierra, diciendo: "¡Oh Señor
nuestro! ¡No lo creaste en vano'» (S.C.; 3:191).
«Les verás orando prosternados, anhelando la gracia de
Dios y Su complacencia, y en sus rostros están marcadas las
huellas de la prosternación».
(S.C.; 48:29)
Tras dos días allí,
debíamos partir de La Meca, de esa ciudad bendita a la que tal
vez jamás regresaríamos. Antes de partir, realicé un tawaf
de despedida (tawaf ul Wada'), suplicándole a Allah que
me permitiera volver a ella otra vez, y que no me hiciera caer
en la negligencia después de haber sido guiada. Pedí mucho por
mis padres, parientes, amigos y cercanos, para que los alejara
de todo tipo de error y falta, y le rogué que, así como me había
permitido ver Su Casa en este mundo, que me permitiera encontrar
en el otro mundo, junto a la Fuente de Kauzar, a Su
Profeta, a su hija Fátimah, a 'Alí y los Imames de su
Descendencia, puesto que, según dijo el Profeta (BP): "Cada uno
será resucitado junto a aquéllos a quienes ama".
Tras finalizar con
el tawaf, no podía alejarme de esa bendita Casa,
resultaba difícil saber que tal vez no volvería a veda más. La
besé y la toqué lo más que pude, y rogué a Allah, así como nos
lo enseñaron nuestros Imames (P): "¡Dios mio!, bendice a
Muhammad, Tu siervo y Enviado, Tu Profeta y fiel depositario, Tu
amado y confidente y lo mejor de Tu creación. Dios mío, así como
difundió Tu mensaje, se esforzó en Tu camino, elevó Tu asunto,
fue afligido por Ti, y Te brindó devoción, hasta que le llegó la
certeza, asimismo, Dios mío, tómame triunfante, que me sea
respondida mi súplica de forma que retorne de la mejor manera en
que alguien de tu partido lo hace habiendo sido objeto del
perdón, la bendición, la misericordia, la complacencia y el
bienestar. ¡Dios mío!, si decretas mi muerte, otórgame el
perdón, y si me permites seguir viviendo, agráciame con ello en
el futuro. ¡Dios mío!, no decretes que sea la última vez que me
encuentre en Tu Casa. ¡Dios mío!, me hiciste cruzar naciones
hasta que me hiciste llegar a Tu
Haram, Tu lugar de seguridad, siendo que esperaba Tu perdón.
Si es que en realidad haz perdonado mis faltas, acrecienta Tu
complacencia, acércame hacia Ti y no me alejes. Y si es que aún
no me has perdonado, entonces perdóname ahora... Este es el
momento de mi partida, si es que me lo permites... ¡Dios mío!
protégeme, hasta que me hagas llegar junto a los míos".
Tras ello bebí por
última vez agua de
zamzam al Iado de la Ka'bah, y me alejé despacio sin
darle la espalda, como lo hacen muchos en señal de respeto, y
cuando ya estaba a punto de alejarse de mi vista, hice un
suyud, una larga prosternación de agradecimiento y a la vez
de desconsuelo. "Contritos, arrepentidos, adorando a nuestro
Señor, alabándole, anhelando a nuestro Señor y volviendo hacia
Dios, Insha 'Allah... "
Subimos al ómnibus
que nos llevaría a Medina. Era difícil alejarse de allí, pero
finalmente debíamos hacerlo. Adiós primer adhan de Bilal
sobre la Ka'bah, adiós primer lugar de la tierra, adiós suelo
que contienes dentro de ti la historia del Islam y de la
humanidad, adiós tierra sagrada, que no te conformaste con todo
lo que viste, que todavía esperas tener el honor de ser la
primera de ver el levantamiento de Al-Mahdi, quien llenará la
Tierra de equidad y justicia, luego de que habrá sido llenada de
opresión y tiranía. Entonces, ¡Dios mío! ¡Apresura su aparición,
y acrecienta el número de sus ayudantes y auxiliadores, y haz
que nos contemos entre ellos!
NOTAS:
1Miqat: Es
obligatorio, para quienes desean ingresar al Haram
Divino, vestir el ihram
en uno de los seis lugares que fueron designados por el Santo
Profeta (BP). Estos Miqat son:
Masyid-ush Shayarah o
Dhul Hulaifah, ubicado a 12 km de Medina y a una distancia de
alrededor de 490 km de La Meca, y es el Miqat de los que
se dirigen a La Meca desde Medina. Es uno de los Miqat
más alejados de La Meca.
Wádi-ul 'Aqiq, es el
Miqat de la gente de la región de Nayd e lrak, ubicado a
unos 100 km de La Meca.
Qarn-ul ManaziI, es el
Miqat de los peregrinos que se dirigen a La Meca desde
Ta'if. Está ubicado a unos 94 km. de La Meca.
lalamlam, es el
Miqat de los peregrinos que se dirigen a La Meca desde el
Yemen. Está ubicado a unos 84 km. de La Meca.
Yuhfah, es el Miqat
de los peregrinos que se dirigen a La Meca desde Damasco (Siria)
y Egipto. Está ubicado a unos 156 km. de La Meca.
Adnál Hill, quienes no
vistieron el ihram
en el Miqat o en un lugar a una distancia paralela al
mismo a partir de La Meca, y no pueden regresar, visten el
ihram en Adnal Hill, o sea el primer punto antes de llegar a
los límites de la región del Haram Divino.
Miqát-ul Sibián, es el
Miqat de los niños, quienes no pueden soportar el calor o el
frío, a quienes se les permite vestir el ihram en la
región de Fajj, a unos 6 km. de La Meca.
2Ihram:
Vestimenta blanca que debe vestir el peregrino en uno de los
Miqat, antes de ingresar a La Meca. Es obligatorio que el ihram
de los hombres no sea cocido, y está formado por dos grandes
toallas que se colocan, una ceñida alrededor de la cintura
-cubriendo las partes pudendas y muslos-, y la otra cubriendo
desde los hombros para abajo. EI ihram de la mujer debe
cubrir todo el cuerpo y la cabeza, dejando al descubierto solo
el rostro y las manos, pudiendo ser cocido. Es condición de que
tanto el ihram del hombre como el de la mujer sean puros
y que no sean usurpados.
3 Tras vestir el ihram,
24 cosas se vuelven prohibidas, las cuales se dividen en tres
grupos:
I- Las que se
vuelven prohibidas solo para los hombres: Usar vestimentas
cosidas; usar medias o algún tipo de calzado que cubra la parte
superior del pie; cubrirse la cabeza; caminar bajo la sombra
(durante el itinerario de ida Y vuelta a pie al hotel. En el
hotel o lugar de permanencia y descanso no hay problema).
II- Las que se vuelven
prohibidas solo para las mujeres: cubrirse la cara; Usar
ornamentos o joyas.
III- Las que se
vuelven prohibidas tanto para los hombres como para las mujeres:
Usar perfumes; mirarse en el espejo; taparse la nariz ante un
olor desagradable; teñirse con henna, usar anillos o anteojos
(no estando prohibidos si no se utilizasen con la intención de
agradar); untarse aceite en el cuerpo (cremas, etc.); cortarse
las uñas; depilarse o afeitarse
(ya sea mucho o poco); casarse o casar a otras personas;
cortar las plantas y árboles del Haram; extraer un diente
o hacer que alguna parte del cuerpo sangre; experimentar
cualquier tipo de deleite sexual (contacto sexual, besos,
caricias, etc.); la masturbación (que si bien está prohibida en
cualquier caso, aquí además provoca un defecto en la
peregrinación, que debe ser compensado); usar kohol; portar
armas; matar o repeler los insectos que se posen en el cuerpo;
cazar animales del desierto o comer su carne; mentir, ofender u
ostentar; jurar por Dios.
4Talbiah:Es el
hecho de decir:
LABBAIKA ALLAHUMMA LABBAIK, LABBAlKA LA SHARiKA LAKA LABBAIK.
INNA AL HAMDA UAN NI'MATA LAKA UAL MULK LA SHARiKA LAKA
LABBAIK... iHeme aquí, Señor mío. Heme aquí. Heme aquí... Tú
no tienes asociados. Heme aquí... Ciertamente que la Alabanza y
la Merced te pertenecen, y asimismo la Potestad. Tú no tiene