La Educación sexual en el Islam
por Sheij Abdul Karim Paz
Hoy en d ía, en Argentina existe una ley, la 26150, que fue sancionada el 4 de octubre del año 2006, y trata sobre la educación sexual obligatoria en las escuelas del país. Según se cree, con ella se podrá hacer frente a toda una problemática que existe actualmente en torno a una serie de consecuencias no deseadas con relación a la vida sexual de los habitantes de nuestro suelo. Muchos se quejan de que esta ley no se haya reglamentado en ningún distrito del país.Los sociólogos especialistas dan la voz de alarma con respecto al aumento de madres menores de 15 años que dan a luz a 2500 nacimientos por años en Argentina. Dicen que el 80% de los nuevos diagnósticos de VIH en nuestro país, son por sexo sin protección, según el informe de la Fundación Huésped.
103.885 madres menores de 20 años dieron a luz en el transcurso del 2006, según el último informe del Ministerio de Salud de la Nación. Esto significa un 15% del total de nacimientos (700 mil).
En la ciudad de Buenos Aires, 3.093 menores de 20 años dieron a luz en el año 2006.
Hasta aquí la alarma de los especialistas que claman por la reglamentación inmediata de la ley de educación sexual como panacea para todas estas consecuencias no deseadas. Pero la verdad es que la educación sexual tal como está planteada en esta ley, lejos de solucionar el problema, lo puede ahondar y provocar otras terribles consecuencias a menos que se tengan en cuenta cuestiones más profundas para comprender a fondo la temática de la sexualidad en nuestra cultura occidental.
Hay problemas más de fondo que el mero hecho de aprender a utilizar diversos métodos anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados y bajar en consecuencia el índice de abortos o prevenir la enfermedad del sida. ¿Qué hacer ante esta realidad tan cruda que nos golpea a diario en Occidente donde, producto de una sexualidad exacerbada, se manifiestan toda una serie de fenómenos tan negativos para la salud y felicidad humanas como es el caso de los abortos clandestinos en aumento, o los embarazos no deseados, los niños abandonados, las madres solteras, los padres huidizos con respecto a sus responsabilidades, el sida, etc.? ¿Acaso basta con proveer de una buena educación sexual en cuanto a un uso oportuno y correcto de los métodos anticonceptivos? En todo caso, ¿Es ellos suficiente? ¿O, por el contrario, deja el problema de fondo sin resolver y acentúa desequilibrios provocando en consecuencia otro tipo de anomalías tan malas o peores que las que pretende evitar?
Se impone una visión más profunda de la temática del sexo y para nosotros el Islam contiene esa mirada más profunda e integral para dilucidar lo referente al sexo, a su verdadera naturaleza, a sus funciones y objetivos.
Desde el punto de vista Islámico, Dios nos creó a los seres humanos, y nos dotó de intelecto, razón y corazón, sentidos, instintos, en resumen, un espíritu y un cuerpo. Las necesidades del cuerpo cumplen todas una función vital y están satisfechas en el sistema de la creación para bien del desarrollo necesario, la perfección y felicidad del ser humano.
El Islam no mira al sexo como un tabú. Muy por el contrario, sostiene que el sexo es una bendición divina como otras y ha de ser satisfecho en forma armónica y responsable. Para el Islam el marco legítimo y apto en el que ha de desarrollarse la sexualidad es en el matrimonio entre el hombre y la mujer. Ambos sexos son complementarios, física, psíquica y espiritualmente. La perfección, complementación y equilibrio que se da entre el sexo masculino y femenino no puede darse jamás entre seres del mismo sexo, por lo tanto el Islam rechaza la homosexualidad como posibilidad del desarrollo armónico e integral del ser humano. Es un derecho de los hijos el tener padre y madre y gozar del equilibrio y armonía que suponen la presencia en su conformación y crianza por parte de dos seres complementarios y que se perfeccionan mutuamente. La homosexualidad no solo atenta contra la conservación de la especie humana, sino que priva a los hijos (adoptados en el caso de los matrimonios homosexuales) de la necesidad ontológica de la complementariedad del padre y de la madre, además de las privaciones, desequilibrios y carencias que sufren las parejas homosexuales en sí mismas. Incluso el afecto que muchas veces se profesan no puede nunca compensar las pérdidas irreparables que sufren al no desarrollarse en forma complementaria con el sexo opuesto.
El hombre y la mujer poseen por parte de Dios, un intelecto, un corazón, centro de los sentimientos, sentidos e instintos. El instinto sexual es muy fuerte y se manifiesta plenamente desde la pubertad. Al igual que los demás instintos cumplen una función vital prevista por el Creador en su infinita sabiduría. La función de la sexualidad es la procreación y la preservación de la especie humana, la atracción de los sexos opuestos genera las condiciones necesarias para la conformación y atracción de los conyugues que conforman la base de la familia, que a su vez será el seno donde se satisfacen todas las necesidades para el nuevo ser humano que nace y crece. Ese lazo familiar debe ser fuerte y el sexo responsable y bien guiado, hace posible esa sólida unión familiar de los cónyuges que facilita el ambiente afectivo y sólido que el recién nacido necesita para su sano desarrollo.
En el mundo islámico, en términos generales, debido a las influencias culturales de la educación islámica imperante, el despertar y desarrollo sexual es natural, gradual y armónico, lejos del desenfreno y la artificialidad que impera en la extralimitada sociedad occidental. Es cierto que muchos países islámicos bajo el influjo de la cultura occidental, hoy está expuesta a muchos de los mismos males que se padecen en Occidente, pero en aquellos países de mayor observancia de la religión islámica como es el caso de la República Islámica de Irán, u otros sectores, zonas o familias del mundo islámico, la sexualidad está desarrollada de una manera más natural y normal.
En Occidente impera el desequilibrio en todos los órdenes, el consumismo, el materialismo, la falta de espiritualidad, la doble moral, la desigualdad social, y en materia sexual, un hiper estimulación permanente y en aumento vertiginoso de la pornografía que es tan nociva como la idea puritana que imperaba en la Europa victoriana de hace dos siglos atrás.
La cultura occidental mezcla ingredientes altamente nocivos para el desarrollo de las personas, especialmente los adolescentes que están más expuestos por ello a conductas sexuales inadecuadas y fuera de todo equilibrio, armonía y verdadero desarrollo sano como condición de su verdadera felicidad. En primer lugar, la cultura materialista de Occidente incentiva como nadie, la mera fantasía y desconexión de la realidad. Luego el juego en cualquiera de sus variantes, futbol excesivo, tenis, autos, rugby, básquet, golf y todo tipo de deportes espectáculos. Luego distracciones, análisis muy superficiales sobre los más diversos acontecimientos, sexo pornográfico por todas partes y a toda hora. Para todas las edades y en cualquier momento, aún cuando uno va manejando cada vez más se llena de carteles en las ciudades y en las rutas con mujeres jóvenes y atractivas con su cuerpo semidescubierto. En último y menor grado, nuestra cultura provee ínfimas dosis de sabiduría completamente al margen de todo lo que a diario inunda la mente de sus alucinados habitantes.
Es natural que en estas condiciones, la madurez sexual de los jóvenes, tan hiper estimulada en forma tan artificial y temprana, lejos está de corresponderse a una madurez mental que se halla totalmente o casi totalmente enajenada y le permitan armonizarse. Una sexualidad genital que se despierta antes y una mente que inmersa en fantasías, juegos y placeres se desarrolla con suerte, mucho después traen aparejados un montón de efectos no deseados en las conductas sexuales y por supuesto que el solo hecho de aprender a utilizar los anticonceptivos no soluciona estos problemas.
Por el contrario, en el Islam, la sexualidad está lejos de los dos extremos, del tabú puritano que considera al sexo pecaminoso, bajo, sucio, de lo que no se debe hablar y del extremo del libertinaje reinante en la actualidad de la cultura occidental. La sexualidad es un don de Dios, y como tal es un signo de Su Bondad y Sabiduría. Pero tiene un ejercicio responsable y dentro de ciertos parámetros, tal como otros instintos que deben ser regulados por la razón y la responsabilidad moral a fin de evitar sus excesos perjudiciales y sus defectos nocivos. Lejos de sostener al celibato, a la completa abstinencia y a la virginidad como valores positivos absolutos, el Islam sostiene que es en el casamiento donde el hombre halla su perfección. Es digno destacar que el caso de la Virgen María es un caso excepcional para destacar el milagro de la creación del Verbo ¡Sea!, y resaltar la Misericordia enviada por Dios para el universo en la persona de Jesús, la paz sea con él y su madre.
La norma es que la unión amorosa y responsable del hombre y la mujer, es decir el casamiento, es el marco lícito para la actividad sexual y eso es lo que garantiza para los hijos el centro de seguridad, afectos, guía, crianza, educación que necesita en un perfecto equilibrio (obviamente cuando se dan el resto de las condiciones necesarias para que la familia cumpla efectivamente ese rol).
Dijo el profeta Muhammad, la bendición y la paz sean con él y con su Familia: La oración del hombre y de la mujer casados vale setenta veces más que el de los solteros.
En el mundo islámico como dije, al observar un recato y pudor provenientes de la educación profética que impera en esos lugares, los jóvenes ven madurar naturalmente su instinto sexual con la madurez mental. Si a ello sumamos la recomendación profética para que los jóvenes se casen temprano, llegando, incluso el profeta a recomendar que la mujer no vea la primera menstruación en su casa. No debemos extrañarnos, porque en una sociedad moldeada por las enseñanzas proféticas, los jóvenes maduran mentalmente más rápido y sexualmente más tarde por no existir la artificial super estimulación sexual que inunda a Occidente. Hay mucho más inocencia y los casos de matrimonios tempranos y vírgenes de ambos conyugues es infinitamente mayor que el que puede darse raramente en nuestra cultura. Por otra parte, en una sociedad islámica, las familias son más sólidas y por ende ayudan más y mejor a los jóvenes inexpertos que comienzan su vida conyugal con mucha necesidad de ayuda de los mayores a proveerlos de la ayuda material que suelen necesitar en sus comienzos. Los abuelos, tíos, primos están muy cerca, no tan alejados como sucede en nuestra cultura en muchos casos.
¿Cómo podemos conciliar nosotros, los musulmanes occidentales, la realidad que nos rodea con las enseñanzas islámicas? Hay caminos. Uno de ellos es evitar en lo posible, contaminar nuestra mente y la de nuestros hijos con la pornografía reinante de modo de quedar expuestos solamente a aquello que no podemos evitar. Luego, ser conscientes que debemos rechazar esos efectos placenteros pero venenosos de la constante exhibición obscena de mujeres y hombres semi o totalmente desnudos. Crear espacios más sanos en ese sentido. Enseñar el valor de la abstinencia hasta que se den las condiciones para un casamiento. Por otra parte, ayudar a generar esas condiciones en forma más temprana. Exigir formalidad a los noviazgos adolescentes en el marco de los casamientos temporales o definitivos que ofrece el Islam.
Aquellos que no puedan practicar abstinencia, deben saber que el Islam prohíbe la masturbación por sus nocivos efectos psíquicos y físicos. Entonces si van a desarrollar una actividad sexual, deben ser conscientes de las responsabilidades morales que conlleva y enmarcarlas en una relación seria y responsable. En el Islam está prohibido mentir y engañar. Por lo tanto las relaciones humanas deben ser sinceras, serias, responsables y donde prime el amor. Para ello, en el Islam tenemos la doble variante del matrimonio transitorio o permanente. Es preferible que las parejas dirijan su unión a un compromiso permanente y el casamiento temporal esté orientado en muchos casos a una formalización permanente a posteriori. Este casamiento temporal conlleva responsabilidades pero son más fáciles que las del casamiento permanente. El rol de los consejos familiares (no imposiciones), en este sentido son importantes. En el Islam, para que un casamiento temporal tenga lugar, se debe contar, además del consentimiento de ambos conyugues, con el permiso de los padres de la mujer si esta fuera virgen. El marido no está obligada a mantener a la esposa a diferencia del casamiento definitivo y puede vivir cada uno en casa de sus padres si no están preparados para asumir los gastos de una vivienda propia.
Por último, deben tener conocimiento del empleo de los métodos anticonceptivos que en el Islam son lícitos para aquellos que no quieran procrear.
Todo el marco conceptual y cultural planteado en el Islam es necesario para una verdadera educación sexual. En Occidente parecen querer empezar por el final, el aprendizaje del uso de anticonceptivos para que siga la fiesta. Una fiesta que está llevando a la ruina de la familia y de la sociedad. Luego que no se asombren de que producto de este desequilibrio en materia sexual, surjan todo un sinn úmero de experiencias traumáticas que tienen que ver con ello. Desde embarazos no deseados, hasta adictos a la masturbación que se destruyen o sátiros y violadores, pedófilos y otras lacras abundantes de nuestra sociedad actual.
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