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VIAJEROS DEL ORIENTE Y OCCIDENTE MUSULMÁN
Ibn Fadlan— Al-Mas’udí— Ibn Hauqal—
Al-Muqaddasí— Yakut—
Evliya Çelebi—Rifa'a al-Tahtauí—
Ibn Ÿubair— Ibn Battuta
«Mi alma me movió a abandonarla y a vagar
errante, porque el agua es más pura en la nube que en el
charco».
Al-A’ma al-Tutilí (m. 1126), poeta
andalusí.
Angelo Arioli (Nettuno,
1947), profesor de Lengua y Literatura Arabe en el
Departamento de Estudios Orientales de la Facultad de Letras
de la Universidad de Roma, especialista en onomástica y
prosopografía islámica, es autor de estas significativas
líneas: «En principio fue la Palabra; inmediatamente
después llegaron los mercaderes. Mercaderes viajeros, una de
las dos categorías, de las dos tipologías arcaicas, a las
que se puede reducir el tropel de narradores, de aquellos
que de plausibles experiencias personales extrajeron o
proporcionaron, conscientes o no, materia de relato, desde
que el mundo es mundo, o lo que es lo mismo, desde que el
viaje es viaje, hasta este mundo nuestro donde se viaja
frenéticamente, pero ya no se cuenta, ya no se fabula, sobre
tierras o acontecimientos lejanos, unos y otros
superficialmente cercanos en el cotidiano aplastamiento del
espacio/tiempo perpetrado por los medios de comunicación,
entendidos en el más amplio sentido. Antaño eran los
mercaderes quienes narraban novedades y eventos: "narrar",
"novedades", "eventos", tres palabras que la lengua árabe
hace derivar de la misma raíz, las dos primeras unidas en la
misma palabra, como para sugerir que es el "evento", lo que
es "nuevo", lo digno de "narración", o, si se prefiere —por
darle vueltas a un juego dialéctico contemporáneo —, que lo
que es objeto de "narración" se postula implícitamente como
"evento", "novedad". Nota: Los primeros
significados de la raíz h-d-th son "ser reciente,
nuevo" y "acaecer, suceder, tener lugar"; una de las muchas
flexiones de esta raíz, la palabra hadath, significa
a un tiempo "novedad" y "acontecimiento". Una flexión
sucesiva de la misma raíz, con duplicación de la segunda
radical, da vida al verbo
haddatha que significa narrar"; una flexión ulterior
produce los dos homógrafos y homófonos hadith, es
decir una sola palabra, distinguible sólo en los respectivos
y diferenciados plurales, con el significado de "nuevo" y de
"narración"» (Angelo Arioli: Islario maravilloso. Periplo
árabe medieval, Julio Ollero Editor, Madrid, 1992, pág.
215).
VIAJEROS DEL ORIENTE MUSULMÁN
El principio islámico de
viajar, al menos una vez en la vida, a las ciudades santas
de La Meca y Medina, sumado a la tradición de visitar
lugares sagrados como Jerusalem, Naÿaf y Karbalá, viajes que
se realizaban desde zonas remotas como al-Ándalus o el
Turquestán y que podían durar incluso años, entre la ida y
la vuelta a su lugar de origen, junto con las necesidades
propias de los comerciantes y también de los gobernantes, la
geografía adquirió en el Islam una real importancia.
El Islam es, pues, por
excelencia, una civilización de movimientos de tránsito, lo
que supone lejanas navegaciones y una múltiple circulación
caravanera, tendida, ante todo, entre el océano Indico y el
Mediterráneo, lanzada generalmente desde el Mar Negro a
China y a la India y, por último, eficaz desde el «país de
los negros» (Bilad as-Sudán) a Africa del Norte.
Este sistema caravanero
tenía metas tanto culturales y religiosas como comerciales.
El Islam tiene sus mercaderes musulmanes y no musulmanes. Se
han conservado por casualidad las cartas de los mercaderes
judíos de El Cairo desde la época de la primera cruzada
(1095-1099); demuestran que los musulmanes conocían todos
los instrumentos de crédito y de pago y todas las formas de
asociación comercial (por consiguiente, no será Italia la
inventora de ellos como se ha aceptado con demasiada
facilidad).
Suleimán at-Taÿir (es
decir: "el mercader"), llevó hacia el año 840 sus mercancías
a la China y la India desde el puerto iraní de Siraf en el
Golfo Pérsico. Un autor anónimo de 851 escribió un relato
del viaje de Suleimán; este relato es anterior en 425 años a
los viajes de Marco Polo (cfr. J. O’Kane: The Ship of
Suleiman, Londres, 1972).
A fines del siglo IX, Abu
Zaid as-Sirafí compila su obra Silsilat at-tawari ("Cadena
de las crónicas"), recogiendo excelentes informes sobre la
navegación en el océano Indico, la India y China.
Igualmente, hacia el año 1000?, otro persa, el Capitán
Bozorg, hijo de Shahriyar al-Ramhumurzí (relativo a la
ciudad de Ramhumurz, en la provincia iraní de Juzistán),
acopia relatos sobre el Lejano Oriente.
El primer gran geógrafo
musulmán es Ubaidullah Ibn Jordadbeh (825-912), autor de una
obra cuyo título se repetirá abundantemente en este género,
a lo largo de varios siglos: Kitab al-masalik wa
al-mamalik
("Libro de los caminos y los reinos"), aparecido en 846 y
nuevamente, revisado, hacia 885 (traducido por M. J. de
Goeje, Leiden, 1967). En él se hace abstracción de la parte
astrónomica o matemática para extenderse en la descripción
de los países, señalando cuidadosamente los itinerarios,
indicando lo más aproximadamente posible las distancias
entre dos puntos, de forma que el caminante pudiera en todo
momento conocer la dirección a seguir. También encontramos
el curioso relato del viaje del intérprete Sallam a «la
muralla de Gog y Magog», denominación con que el autor
parece indicar la Gran Muralla china (cfr. F.E. Peters:
Allah’s Commonwealth. Ibn Khurdadhbih, Nueva York,
1973).
Otra importante obra de
este tipo es el Kitab al-Buldán ("Libro de las
comarcas"), publicado hacia 891 (traducido por M.J. de
Goeje, Leiden, 1976) por un shií, Abu l-’Abbás Ahmad
al-Yaqubí (m. 897), autor también de una gran historia
universal (edit. por M.T. Houtsma, Historiae, Leiden,
1969).
Abu Zaid Ahmad ben Sahl
al-Baljí, muerto en 934, escribió un Kitab suwar
al-aqalim
("Libro de los visitantes de las regiones"), donde se
describen los distintos territorios del mundo islámico. El
número de mapas será siempre de veintiuno, a partir de este
momento. El primero, responde a la totalidad del mundo
habitado, conocido hasta el momento por los geógrafos
islámicos. Otros tres nos muestran los tres mares más
importantes para los musulmanes: el Mediterráneo, el Caspio
y el «cuasi mar» Golfo Pérsico. Los diecisiete restantes
representarán las diversas regiones en el que los geógrafos
dividían el mundo islámico. La característica común a todos
estos mapas es la de ser extraordinariamente esquemáticos,
usando figuras geométricas. Por ejemplo: representan las
islas como círculos, lo que permitía ser consultados por
personas de no gran formación en la materia. como podían ser
lo viajeros y peregrinos.
Embajada a Carlomagno
Una de las primeras
grandes travesías que tuvo como protagonistas a viajeros
musulmanes del Oriente se refiere a aquella embajada enviada
por el abbasí Harún ar-Rashíd (766-809) a la coronación del
Emperador de Occidente, Carlomagno (742-814), en Aquisgrán
(hoy Aachen, Alemania). Esta arribó a destino el 30 de
noviembre del año 800 (la ceremonia estaba prevista para la
Navidad a cargo del Papa León III), luego de recorrer varios
miles de kilómetros desde Bagdad.
Los embajadores del Islam
le llevaron al rey de los francos como prueba de buena
voluntad, un elefante, animal que no se veía en esas
latitudes desde los tiempos del estratega cartaginés Aníbal
(247-183 a.C.). El paquidermo desfiló por las calles camino
de palacio aclamado por una alborozada multitud. Carlomagno
quedó encantado con este obsequio y otros magníficos
presentes cedidos por el califa bagdadí, como un juego de
ajedrez, camellos, especias y perfumes, un reloj hecho por
sus relojeros que tañía una campanada cada hora, y un órgano
musical neumático, el primero de su clase que entraba en
Europa. Y lo que parece increíble: «las llaves del Santo
Sepulcro y el estandarte de Jerusalem». Véase Travellers
and Explorers. An Elephant for Charlemagne, Iqra Trust,
Londres, 1992, págs. 8-11; Sigrid Hunke: Kamele auf dem
Kaisermantel —deutsche-arabische Begegnungen seit Karl dem
Grossen, Stuttgart, 1976; Francis William Buckler:
Harun al-Rashid and Charles the Great, Ams Press, Nueva
York, 1978.
Ibn Fadlan
El 21 de junio del 921
(Safar 309), un grupo de viajeros partió desde Bagdad. Esta
nueva embajada era encabezada por Nadir al-Haramí que
portaba mensajes amistosos del abbasí al-Muqtadir
(califa entre 908-932) para ser entregados al rey de la
Rusia vikinga, Igor (877-945), hijo de Rurik (m. 879),
fundador de la dinastía homónima. La embajada llegó a
destino en mayo de 922 (Muharram 310). En realidad se
trataba de una delicada misión diplomática destinada a
lograr un alianza contra un enemigo común: Bizancio. Igor
lideraría una fracasada expedición contra Constantinopla en
941-944 que contó con el apoyo del califa al-Mutaqqí (cfr.
Frank R. Donovan: Los Vikingos, Editorial Timun Mas,
Barcelona, 1965, págs. 62-77).
Entre los viajeros se
contaba un sagaz y observador secretario, Ahmad Ibn Abbás
Ibn Fadlan quien recorrería enormes extensiones de
Escandinavia, Rusia central, el mar Negro y el Caspio. En
922 llevó a la madurez un diario de ruta llamado en árabe
Risala
("Tratado"), también conocido como «Viaje al país de los
búlgaros del Volga» (trad francesa de M. Canard, en Annales
de l'Institut d'etudes orientales de la faculté des lettres
de l'Université d'Alger, t. XVI, Argel, 1958). Sus
observaciones, caracterizadas por un afán de objetividad,
son muy valiosas, pese a que de vez en cuando se manifieste
en ellas la indignación por las costumbres de pueblos no
musulmanes como los eslavos y los turcos paganos (cfr. A.
Ibn Fadlan: Voyages chez les Bulgares de la Volga,
Sindbad, París, 1988).
Al-Mas’udí
Abu al-Hasan Alí Ibn
al-Husain Ibn Alí al-Mas’udí, nacido en Bagdad y fallecido
en El Cairo en 957, nacido en el seno de una familia shií,
es el autor de la monumental obra Muruÿ ad-dahab wa
ma’adin al-ÿawahir
("Campos de oro y minas preciosas"), generalmente citado en
Occidente como "Las praderas de oro" (traducida al francés
en 9 tomos por Charles Barbier de Meynard y Pavet de
Courteille, París, 1861-1877, y 1962). Escrita hacia 947, y
revisada y publicada nuevamente en 957, es una enciclopedia
monumental de treinta tomos sobre historia y biografías,
pero su mayor interés reside todavía en sus noticias y
descripciones geográficas y en los innumerables datos sobre
historia natural y sobre descripciones de usos prácticos y
de procedimientos técnicos.
Por ejemplo, en ella se
encuentra la primera mención conocida de una colección de
cuentos de origen persa llamada Hezar efsaneh ("Mil
cuentos") cuyo fondo es de procedemcia india, que luego
formaron «Las mil y una noches». Por esto los historiadores
e islamólogos occidentales acostumbran llamarlo «el Plinio,
además del Herodoto, del mundo musulmán».
Gran cosmógrafo, redactó
el
Kitab al-Tanbih ua-l-ishraf ("Libro de la advertencia
y de la revisión"), un tratado de ciencia, filosofía,
mineralogía y botánica que fue traducido por M.J. de Goeje
(E.J. Brill, Leiden, 1967), con traducción al francés por
Carrá de Vaux: Macoudi, le livre de l'avertissement et de
la révision (París, 1897). También escribió una
«Historia de Alí y del imamato».
Viajero incansable e
insaciable, recorrió grandes extensiones de Siria,
Palestina, Arabia, la costa oriental de Africa, Irán, Asia
central, la India, Ceilán y el mar de la China. Perspicaz
educador, no comprimía su materia hasta la aridez, sino que
escribía a veces con una amable despaciosidad que no evitaba
dar, de vez en cuando, una historia divertida.
Al-Mas’udí es una de las
fuentes más ricas, de más confianza y más variadas acerca
del estado del mundo islámico en su época. En las cuarenta
obras de al-Mas’udí, así como las de sus contemporáneos
Ibn Hauqal
Sobre Abu l-Qasim Muhammad
Ibn Hauqal se puede agregar que estuvo al servicio fatimí y
fue comerciante. Pasó su adolescencia en Irak y luego viajó
por el Egipto, norte de Africa, al-Ándalus, Ghana, Sicilia,
Armenia, Azerbayán e Irán. Ibn Hauqal (hacia 975) describe
una especie de pagaré por 42.000 dinares dirigido a un
mercader de Marruecos, con la palabra árabe saqq;
correspondiente a esta forma de crédito deriva la palabra
cheque. Escribió el Kitab Surat al-ard
«Libro de la configuración de la tierra» (traduc. J.H.
Kramers, Leiden, 1938), y el Kitab al-masalik wa
al-mamalik «Libro de los caminos y de los reinos»
(traducido por M.J. de Goeje, Leiden, 1967).
En Ibn Hauqal y Abu Ishaq
Ibrahim al-Istahrí (floreció hacia 950), es donde
encontramos las primeras menciones de los molinos de viento,
la cual fue una invención islámica (véase Barón Carra de
Vaux: Les penseurs de l’Islam, 5 vols., París, 1921).
Al-Muqaddasí
Por la misma época
descolló el geógrafo Abu Abdallah Muhammad al-Muqaddasí
(946-1000), natural, como se ve por su apodo, de Jerusalem
(en árabe: Baitul Muqaddás). Su principal trabajo es
Kitab Ahsan al-taqasim fi ma’rifat al-aqalim ("La mejor
de las divisiones para el conocimiento de los países"),
publicado en 985, y traducido en Leiden en 1906.
Al-Muqaddasí fue un
verdadero trotamundos que visitó todas las regiones del
Islam excepto al-Ándalus y sufrió incontables aventuras y
vicisitudes (cfr. Basil Anthony Collins: Al-Muqaddasi:
The Man and His Work. With Selected Passages Translated from
the Arabic, University of Michigan, Michigan, 1974).
Yakut
Yakut Abdillah ar-Rumí
(1179-1229) fue junto al-Idrisí, uno de los más grandes
geógrafos de la Edad Media. Griego del Asia Menor, donde
había nacido, fue educado por un mercader de Bagdad y
gracias a su buen trato y orientación se convirtió al Islam.
Viajó mucho, primero como mercader, luego como geógrafo.
En Merv (una ciudad al
norte de la actual Mashhad, en Irán, hoy desaparecida)
encontró diez bibliotecas, una de ellas con doce mil libros.
Los bibliotecarios, que sabían distinguir quien amaba la
sabiduría, le permitieron llevar hasta 200 volúmenes de una
vez a su aposento. Luego pasó a Jiva (Uzbekistán) y a Balj
(Afganistán). Allí los mongoles casi lo atraparon en su
avance destructor y asesino; huyó, pero sin soltar sus
manuscritos de viaje, a través de Irán hasta Mosul (Irak).
Mientras comía el pan de la pobreza trabajando como copista,
hacia 1228 completó su Muÿam al-buldán ("Diccionario
de las comarcas"), vasta enciclopedia geográfica que reunía
casi todos los conocimientos geográficos de la época. Otra
de sus obras es el
Muÿam al-udaba (traducido por David Samuel Margoliuth
en 6 volúmenes, Leiden, 1907-1931). Al año siguiente
fallecería en Alepo, Siria. Yakut lo abarcó todo:
astronomía, física, arqueología, teología, historia. Su
Muÿam al-buldán
fue publicado en árabe en diez volúmenes por M. Al-Janiÿi,
El Cairo, 1906-1907; también hay una traducción parcial al
inglés por W. Jwaideh: The Introductory Chapters of
Yakut's Mu'jam al-buldan, Brill, Leiden, 1959.
Ibn Maÿid
Un aspecto destacable de
la tradición náutica musulmana es la de la navegación
astronómica. A este respecto, no hemos de olvidar la larga
experiencia acumulada por los musulmanes en el océano Indico
y que culminó en los siglos XV y XVI con el piloto
Shihabuddín Ahmad Ibn Maÿid al-Naÿdí (1437?-1501?).
Este celebérrimo
navegante, que compuso un gran tratado de náutica, el más
importante del Islam, llamado Kitab al-Fawa’ id fi usul
al-bahr ua-l-qawa’id
("El Libro de los Beneficios relativo a los Principios y
Fundamentos de la Ciencia del Mar", traducido y comentado
por el catedrático inglés Gerald R. Tibbetts con el
título
Arab navigation in the Indian Ocean before the coming of
the Portuguese, The Royal Asiatic Society, Londres,
1981), es de quien se ha dicho que fue el piloto coaccionado
a guiar a Vasco de Gama (1469-1524) desde Malindi (en la
costa oriental de Africa) hasta Calicut (en la costa
sudoeste de la India) en 1498 (cfr. Auguste Toussaint:
Historia del Océano Indico, FCE, México, 1984
Ibn Maÿid, que era hijo y
nieto de marinos, y quien según el investigador francés
Gabriel Ferrand (1864-1935) pertenecía a la escuela shií de
pensamiento (ver G. R. Tibbetts, O. cit., pág. 17), se
refiere en repetidas ocasiones a los pilotos que le habían
precedido y a las guías (rahmani) que éstos habían
escrito mucho antes que él.
Gracias al cronista
portugués João de Barros (1496-1570), que lo cita en su
Década I, Libro IV, Capítulo VI, sabemos que Ibn Maÿid
le mostró a Vasco de Gama un instrumento que era desconocido
en Occidente. Se trataba del kamâl, constituído por
un pequeño cuadrado de madera o de cuerno, de cuyo centro
salía un hilo graduado con un nudo que correspondía (en cada
uno dos
kamâl) a un determinado ángulo. Su práctica era
simple: una vez que el observador había escogido el kamâl
adecuado, tomaba entre los dientes el hilo a la altura del
nudo y con el hilo tenso hacía coincidir la estrella que
había elegido con la arista superior del referido cuadrado
de madera, mientras que la arista inferior rozaba el
horizonte. Según la descripción de Barros, parece que había
un kamâl
para cada altura utilizada. Más adelante, el kamâl
evolucionó y llegó a disponer de un hilo graduado con varios
nudos, lo que permitía observar las estrellas en varias
alturas con el mismo instrumento.
Vasco de Gama trajo este
instrumento de la India y en Lisboa se calculó, para su uso,
una tabla con una graduación en pulgadas, posiblemente con
la participación de dos pilotos musulmanes. El navegante
Pedro Alvares Cabral (1467-1520) llevó un ejemplar, por lo
menos, de este instrumento en el viaje en el que descubrió
el Brasil en 1500.
Evliya Çelebi
La tradición de la rihla
prosiguió en diversas partes del mundo musulmán y, bajo los
otomanos, fue cultivada por Ibn Darwish Mehmed Zilli,
conocido como Evliya Çelebi (1611-1684), autor del
Seyahatnamé, también llamado Tarihi seyyah,
importante fuente sobre los pueblos del imperio otomano, de
historia y aspectos geográficos y sociológicos que comprende
diez volúmenes (cfr. Korkut M. Bugday: Evliya Çelebis
Anatolienreise aus dem dritten Band des Seyahatname,
Leiden, 1996).
Evliya Çelebi viajó por
Hungría y Austria, y visitó la esplendorosa ciudad de Viena
(la antigua Vindobona "la ciudad blanca") «con el ojo avizor
de un guerrero de frontera». El siglo XVII se caracterizó
por los enfrentamientos entre otomanos y austríacos que
culminó con el infructuoso segundo sitio (el primero fue
entre el 27 de septiembre y el 15 de octubre de 1529) de la
capital a orillas del Danubio entre el 17 de julio y el 12
de septiembre 1683 por parte del ejército del visir Kara
Mustafá (1634-1683), el cual se dejó sorprender por la
columna aliada franco-germana-polaca de socorro al mando de
Carlos de Lorena (1643-1690) y Juan III Sobieski (1629-1696)
—véase M. Smets:
Wien in und aus der Türken Bedrängis, 1529-1683,
Viena, 1893; Richard Kreutal: Kara Mustafa vor Wien: Das
Turkische Tagebüch der Belägerung Wiens 1683, verfasst von
Zeremonienmeister des Hohen Pforte, Graz, 1960; David G.
Chandler: Atlas of Military Strategy. The Art, Theory and
Practice of War, Islam versus Christianity,
Arms and Armour Press, Londres, 1996, págs. 54-59.
Evliya Çelebi fue sin duda
un gran viajero y un gran romántico, a veces fantasioso
cuando se refiere a una obvia mítica expedición de cuarenta
mil jinetes tataros a través de Austria, Alemania, y Holanda
hacia el Mar del Norte. Su estilo literario es excelente y
destacan la minuciosidad y precisión de sus descripciones
geográficas, de personas y grupos sociales. Por ejemplo,
sobre la Casa Real de Austria opina lo siguiente: «Por la
Voluntad de Dios Todopoderoso, todos los emperadores de esta
casa son igualmente repulsivos en su aspecto. Y en todas las
iglesias y casas, así como en las monedas, el emperador es
representado con su feo rostro, y ciertamente, si cualquier
artista osara retratarlo con un bello semblante sería
ejecutado, pues él considera que así lo desfiguran. Estos
emperadores están orgullosos de su fealdad».
Sin embargo, otros juicios
de Evliya Çelebi sobre la sociedad austríaca son altamente
favorables e incluso halagadores. Sobre las mujeres vienesas
dice que «gracias a la pureza del agua y al buen aire son
hermosas, altas, de esbelta figura y rasgos nobles».
También pondera las excelencias de la vasta y bien cuidada
biblioteca de la catedral de San Esteban.
Evliya en sus narraciones,
a diferencia de otros viajeros y escritores musulmanes,
evita cuidadosamente cualquier comparación explícita entre
aquello que vio en Austria y lo que él y sus lectores
conocen en casa. En las historias magistrales con las cuales
entretiene a su público, importantes y detallados
señalamientos pueden apreciarse acerca del ejército, el
sistema judicial, la agricultura, así como sobre las
características topográficas y edilicias de la ciudad
capital. Véase Evliya Çelebi: Narrative of Travels in
Europe, Asia and Africa, (2 vols.). traducción parcial
de J. von Hammer, Londres, 1834; Evliya Çelebi: Viajes,
(10 vols.), Editado por N. Asím, Kilisli Rifat y H.N. Orkun,
Estambul, 1896-1938 (en turco); A.A: Pallis: In the Days
of the Janissaires, Selections from Evliya Çelebi,
Londres, 1951; R.F. Kreutel: Im reiche des Goldenen
Apfels, Graz, 1957; K. Teply: Evliya Çelebi in Wien,
Der Islam, Viena, 1975.
Ilias Ibn Hanna de Mosul
Desde los comienzos del
Islam, miembros de las minorías cristianas y judías viajaron
desde el mundo musulmán hacia los cuatro puntos cardinales
del planeta con una libertad inimaginable en nuestros días
presentes de pasaportes, visas, controles electrónicos y
restricciones migratorias. Un ejemplo es el sacerdote
cristiano caldeo Ilias Ibn Hanna de Mosul.
En 1668 viajó a Italia,
Francia y España, y desde allí abordó un navío que lo llevó
a la América española, donde visitó México, Panamá y Perú.
Sin lugar a dudas, se trata del primer oriental en visitar y
describir el «Nuevo Mundo», por lo menos oficialmente (cfr.
Ilyas b. Hanna: Le plus ancien voyage d'un oriental en
Amerique, 1668-1683, A. Rabbath, Beirut, 1906).
Abu Talib Jan
Mirzá Abu Talib Jan nació
en Lucknow en 1752, en el seno de una familia shií. Entre
1799 y 1803 viajó extensamente por Europa, y a su vuelta a
la India escribió un libro describiendo sus aventuras y
descubrimientos (cfr. C. Stewart: Travels of Mirza Abu
Talib Khan, Londres, 1814; Masir-i Talibi ya
Safarname-i Mirza Abu Talib Khan, ed. H. Khadiv Jam,
Teherán, 1974).
Abu Talib Jan comenzó su
itinerario europeo en Irlanda y pasó la mayor parte del
tiempo en Londres. El retorno a su tierra natal lo hizo vía
Francia, Italia y Oriente Medio. Este viajero indomusulmán
señala, muy sorprendido, que en Dublín había sólo dos casas
de baño, ambas muy pequeñas y mal equipadas, destinadas
exclusivamente para enfermos. «En verano —explica—
la gente de Dublín se baña solamente en el mar, y en
invierno no se bañan para nada».
Abu Talib Jan encontró a
las mujeres inglesas en un estado social lamentable respecto
de sus hermanas musulmanas. «Las inglesas se mantienen
ocupadas en tiendas y diversos puestos de trabajo —una
situación que Abu Talib atribuye a la sabiduría de los
legisladores y filósofos ingleses en la búsqueda del mejor
camino para mantenerlas alejadas de la malicia—, pero,
sin embargo, están sujetas a fuertes restricciones. Por
ejemplo, ellas no salen después de oscurecer y no pasan la
noche en ninguna otra casa que la propia sin la companía de
sus maridos. Una vez casadas, carecen de derecho de
propiedad y están completamente a merced de sus maridos,
quienes podrían despojarlas a voluntad. Las mujeres
musulmanas, por el contrario, están muchísimo mejor. Su
posición legal y derechos de propiedad, incluso contra sus
propios esposos, están establecidos y defendidos por la ley.
Y tienen otras muchas ventajas. Ellas pueden salir de sus
moradas a visitar a sus familias, a sus relaciones o a sus
amigas, y al mismo tiempo, permanecer fuera de sus hogares
por varios días y noches»
(cfr. Stewart, págs. 135-37; Masir, pág. 268).
Rifa'a al-Tahtauí
En el siglo XIX, uno de
los viajeros musulmanes más notables en cuanto a
experiencias y producción literaria fue el sheij egipcio
Rifa’a Rafi’ al-Tahtauí (1801-1873), un becario a quien el
jedive (virrey otomano) de Egipto, Muhammad Alí (1769-1849),
envió a estudiar a París (1826-1831). Su rihla, titulada
«Purificación del oro en París» (Tajlís al-ibriz fi
taljís Bariz, que lleva el subtítulo contemporáneo:
Usul al-fikr al-arabi al-hadith ind al-Tahtawi: Las
bases del pensamiento árabe moderno según al-Tahtauí—,
El Cairo, 1974), es un cuadro fascinante de las costumbres
de los franceses decimonónicos. Muhammad Alí favoreció su
publicación a partir de 1834 y la hizo traducir al turco.
«El relato del viaje a París de Rifa'a Tahtawi apunta ya los
temas esenciales de la Nahda y justifica la noción de
renacimiento del dinamismo cultural árabe» (Mohammed
Arkoun. El pensamiento árabe, Paidós Orientalia,
Barcelona/Buenos Aires, 1992, pág. 112).
El sheij al-Tahtauí
durante sus cinco años de permanencia en la ciudad a orillas
del Sena (la antigua Lutecia Parisiorum de los romanos) se
multiplicó en recopilar información y aprender todo lo que
pudiera ser útil para el Islam y los musulmanes. Así se tomó
el trabajo de traducir al árabe el texto completo de la
constitución francesa y de numerosas obras de la Ilustración
sobre ciencias, filosofía y derecho. Era un políglota que
dominaba dieciséis lenguas orientales y occidentales.
También recorrió otras regiones y ciudades de Francia, entre
ellas Marsella.
El sheij al-Tahtauí
rápidamente reconoció el valor de la prensa en el mundo de
las comunicaciones pero la juzgó con su peculiar ojo
crítico: «Los hombres se enteran del modo de pensar de
otros a través de ciertas páginas diarias llamadas Journal y
Gazette. De ellas, un hombre puede saber lo que sucede
dentro y fuera del país. Aunque tal vez se puedan hallar más
mentiras que verdades, de todas formas contienen noticias
por las que se puede adquirir conocimiento...Entre las
ventajas que contemplan estas páginas se encuentra la
alternativa de que si un hombre ha hecho bien o mal y es
importante, los del Journal escriben sobre el particular y
el hecho es conocido tanto por los grandes como por la gente
común, con el objetivo de ganar aceptación para los hombres
de buenas obras y condena para los transgresores».
Sobre los habitantes de
París dijo: «Los parisienses se distinguen entre la gente
de la cristiandad por la agudeza de sus intelectos, la
precisión de su comprensión, y la consagración de sus mentes
a los temas profundos... y siempre desean conocer el origen
de las cosas y las pruebas correspondientes. Incluso el
pueblo común sabe leer y escribir...Están más cerca de la
avaricia que de la generosidad... Entre sus creencias
desagradables está la que afirma que el intelecto y la
virtud de sus sabios son más importantes que la inteligencia
de los profetas».
Veamos la percepción que
tuvo el Sheij al-Tahtauí al concurrir por primera vez a una
cafetería francesa en Marsella junto a otros estudiantes
egipcios en 1826: «La primera obra de arte en la que
reparamos fue un magnífico café, en el que entramos tras
considerar su extraordinario aspecto y disposición... En
este café se vende todo tipos de bebidas y pastelería...
Normalmente, cuando una persona toma café, se le sirve
azúcar con la taza para que lo mezcle, lo disuelva y lo
beba. Nosotros procedimos así, según sus costumbres. La taza
de café que tienen es cuatro veces más grande que en Egipto;
en fin, es un tazón más que una taza. En ese café se
encuentran las hojas con los acontecimientos del día, a
disposición de los clientes».
El Sheij al-Tahtauí,
adherente a la escuela shafi'í de pensamiento islámico, está
considerado como el principal precursor del Renacimiento
(Nahda) literario árabe. Otras obras suyas son las odas
patrióticas egipcias Manzuma Misría y Fi al-Din ua
al-lughah ua al-adab (Beirut, 1981). Dejó inconclusa una
crónica llamada Anuar Taufiq-il-Ÿalil, de la cual
sólo apareció el primer tomo que abarca un período histórico
que llega hasta el Profeta Muhammad (BPD).
Entre 1835 y 1848 se
centralizó la actividad traductora en Egipto bajo la
dirección del sheij al-Tahtauí.
Abu-l-Hasan Shirazí
La actividad diplomática
iraní no comenzó hasta el siglo XIX, cuando las Guerras
Napoleónicas extendieron sus escenarios bélicos y políticos
al Medio Oriente e incluso la India. La primera figura
notable entre los visitantes iraníes a Europa fue Haÿÿi
Mirzá Abu-l-Hasan Muhammad Alí Shirazí, quien partió de
Teherán para Londres el 7 de mayo de 1809, acompañado del
famoso diplomático y novelista británico James Justinian
Morier (1780-1849), autor de las célebres «Aventuras de
Haÿÿi Baba de Isfahán» (1824) y «Las Aventuras de Haÿÿi Baba
de Isfahán en Inglaterra» (1828), que satirizan a la
civilización occidental. Shirazí salió de Londres de regreso
a Persia el 18 de julio de 1810, acompañado por James Morier
y Sir Gore Ouseley, un orientalista (cfr. I. Ra'in:
Safarname-i Mirza Salih Shirazi, Teherán, 1968; C.A.
Storey: Persian Literature, vol. 1, págs. 1076-8,
Londres, 1953).
Husain Jan Muqaddam
El segundo embajador iraní
enviado al Occidente en el siglo fue Husain Jan Muqaddam
Aÿudán Bashí, un militar elevado al rango de adjutor
general. En 1838, por comisión del shah Muhammad de la
dinastía Qaÿar, viajó a Europa, aparentemente para asegurar
el retorno del embajador británico en Teherán, Sir John
McNeill. Su ruta hacia Inglaterra fue vía Estambul, Viena y
París, llegando a Londres en abril de 1839. Aunque Husain
Jan no escribió detalles de su viaje, un auxiliar anónimo de
su embajada, muy idóneo y observador, redactó una
interesante crónica de eventos conocida como Sharh-i
ma'muriyat-i Ajudan bashi (Husain Khan Nizam ad-Dawla) dar
Safarat-i Otrish, Faransa, Inglistán, publicada en
Teherán en 1968. El islamólogo Alessandro Bausani hizo la
traducción italiana con el título: Un manoscritto
Persiano inedito sulla Ambasceria di Husein Han Moqaddam
Agudanbashi in Europa negli anni 1254-1255 H (1838-39),
Oriente Moderno 33, Roma, 1953.
Una de sus anécdotas,
ocurrida durante la inauguración del tramo ferroviario entre
Londres y Croydon en 1839, relata la sorpresa que produjo en
la multitud allí reunida (cercana a las cuarenta mil
personas), la presencia de la embajada persa con sus barbas,
turbantes y ropas tradicionales: «Tan pronto como nos
vieron comenzaron a gritar con exclamaciones de asombro y
escarnio. Pero el Aÿudan Bashí tomó la delantera
saludándolos muy cortésmente, y ellos respondieron
descubriéndose y agitando sus sombreros, por lo que todo
acabó muy convenientemente» (cfr. Sharh-i
ma'muriyat-i Ajudan bashi..., pág. 385; Bausani: Un
manoscritto Persiano..., págs. 502-3).
VIAJEROS DEL OCCIDENTE MUSULMÁN
El historiador irakí A.
Dhul Nun Taha describe, en un artículo publicado por una
revista francesa especializada, las peculiaridades de los
viajes andalusíes hacia Oriente:
«En las relaciones entre al-Ándalus y los países de Oriente
la balanza se inclinó, en los primeros tiempos, en favor de
Oriente. Entre los sabios, los viajes eran más frecuentes de
al-Ándalus hacia Oriente porque era éste el centro
culturalmente más desarrollado. Al-Ándalus se apoyaba mucho,
en un comienzo, en las ciencias de Oriente, a las que
consideraba el origen y fundamento que los andalusíes debían
conocer.
Los viajes fueron, por
tanto, un factor de fortalecimiento y afirmación de los
vínculos entre ambas regiones. Gracias a ellos la vida
científica y cultural andalusí se desarrolló y alcanzó gran
expansión, con lo que al-Ándalus pasó de la situación de
país relativamente atrasado, a la zaga del Oriente musulmán,
a la de competidor, a veces superior a este último»
(Importance des voyages scientifiques entre l’Orient et
al-Ándalus, en Revue de l’Occident musulman et de la
Méditerranée, París, 1985, nº 40).
El término árabe Rihla
significa «viaje, partida, marcha, salida, emigración,
periplo, itinerario, relato de viaje», es justamente esta
última acepción la que se especializó para dar nombre a un
género que ocupa un lugar destacado en la literatura
islámica. Efectivamente, en el siglo XII aparece algo nuevo
en las letras árabes, el género de la rihla. Dicho
género tiene como característica el que casi todos sus
autores sean occidentales, andalusíes o magrebíes, y
peregrinos hacia los lugares santos del Islam (cfr.
Francesco Gabrieli: Viaggi e Viaggiatori arabi,
Sansoni, Florencia, 1975).
Ibn Hamza (m. 814) fue el
precursor del género relatando los avatares de su misión
como embajador en Bizancio, donde había sido enviado por el
emir omeya de Córdoba Hisham I.
El primer gran viajero
andalusí fue Abu Hamid al Garnatí (1080-1169), autor de la
rihla llamada Tuhfat al-ahbab ua mujbat al-aÿab ("El
Regalo de los corazones y elección de maravillas"), quien
visitó el norte de Africa, Siria, Irak, Persia, Jorasán,
Transoxiana y centro y sur de Rusia, Hungría y pereciendo en
el transcurso de uno de sus viajes, en Damasco. Véase
Blanche Trapier: Les Voyageurs Arabes au Moyen Age,
Gallimard, París, 1937; César Dubler: Abu Hamid el
Granadino y su relación de viaje por tierras eurasiáticas,
Edit. Maestre, Madrid, 1953; Dale F. Eickelman y James
Piscatori: Muslim Travellers. Pilgrimage, Migration and
the Religious Imagination, Routledge, Londres, 1990; Abu
Hamid al-Garnati:
Tuhfat al-Albab (El Regalo de los espíritus), AECI,
Madrid, 1990; Abu Hamid al-Garnati: Al-Mu'rib 'an ba'd
aya'ib al-Magrib (Elogio de algunas maravillas del Magreb),
AECI, Madrid, 1991.
Ibn Yaqub
Ibrahim Ibn Yaqub
al-Israilí al-Turtushí, fue un comerciante judío andalusí,
nacido en Tortosa (Cataluña), que viajó durante la primera
mitad del siglo X por Francia, Holanda, el norte de
Alemania, Bohemia, Polonia y el norte de Italia. Sus
magníficos y sagaces comentarios de ciudades y regiones
europeas que visitó, y de otras que logró precisar en su
itinerario de viaje, como las Islas Británicas, Utrecht,
Burdeos, Schleswig y Maguncia, entre 934 y 935, sirvieron
como valiosas referencias incluso a geógrafos musulmanes muy
posteriores, como el afamado enciclopedista iraní Zakariya
Ibn Muhammad al-Qazviní (1203-1283).
Al referirse a los
francos, Ibn Yaqub, como buen andalusí, se horroriza de su
falta de higiene: «No encontraréis a nadie más sucio e
inmundo que ellos. Son gente pérfida y traicionera. No se
bañan más que una o dos veces por año, y en agua fría, y
jamás lavan sus ropas hasta que éstas se caen a pedazos...
Pregunté a uno de ellos la razón de por qué se afeitan la
barba, y me contestó: "El pelo es una superfluidad. Si nos
lo quitamos de nuestras partes íntimas, por que lo
dejaríamos permanecer en nuestras caras"» (cfr. André
Miquel: L'Europe occidentale dans la relation arabe de
Ibrahim b. Yaqub, Annales ESC, París, 1966, pág. 1053).
Véase también Tadeus Kowalski: Relatio Ibrahim Ibn Jakub
de itinere slavico, en Monumenta Poloniae Historica 1,
Cracovia, 1946, E. Ashtor; The Jews of Moslem Spain,
Filadelfia, 1973, vol. 1, págs. 344-49.
Los Almagrurinos
Los adelantos en la
ciencia náutica desarrollados en el seno del Islam
permitieron que ocho hermanos de una familia musulmana de
Lisboa, en al-Ándalus (hoy Portugal), llamados
al-Mugarribún, latinizados como «los Almagrurinos», zarparan
hacia el «Mar de las Tinieblas» (Bahr al-Dulumat) en
el año 1013 -379 años antes de Colón-, hacia esa inmensidad
también llamada en árabe al-Bahr al-Zafit
«Mar de pez negra», al-Bahr al-Ajdar «Mar Verde»,
al-Bahr al-Garbí "Mar Occidental", o
al-Bahr al-Mudlim al-Muhît «Mar Tenebroso Circundante
o Envolvente», al que los griegos denominaran con el
adjetivo Atlantikós, que recoge en una ocasión
al-Idrisí (ver aparte), al citar a Aristóteles y
Arquímedes.
Tras más de dos meses de
navegación llegaron a la isla de los «hombres rojos». Este
hecho tan poco conocido en Occidente fue divulgado por el
escritor español Vicente Blasco Ibañez (1867-1928) en su
obra
En busca del Gran Khan y hace pensar si los hermanos
Almagrurinos habrían llegado a tocar en alguna isla oriental
de América (cfr. Ibrahim H: Hallar, Descubrimiento de
América por los árabes, Buenos Aires, 1959).
Desde el siglo VIII al XI,
los musulmanes fueron los únicos dueños del Mar Mediterráneo
y en el Océano Indico ejercieron una efectiva talasocracia
hasta principios del siglo XVI. Del árabe provienen los
nombres marinos, como almirante, aduana, tarifa, fragata,
amarra, zozobrar, falúa, calafate, azimut, rambla, chalupa,
canal, etc., términos que luego se integraron
definitivamente a los idiomas europeos. Por ejemplo, las
palabras arsenal, atarazana y dársena provienen del nombre
árabe dar al-sinaa, «casa de fabricación».
Ibn Ÿubair
Abu al-Husain Muhammad Ibn
Ahmad Ibn Ÿubair al-Kinaní al-Andalusí al-Balansí ("el
Valenciano"), nació en Valencia en 1145 y murió durante su
tercera travesía, en Alejandría, Egipto, en 1217. Su famosa
Rihla se refiere a su primer viaje, el que realizó entre el
15 de febrero de 1183 y el 25 de abril de 1185, cruzando el
Mediterráneo y visitando Egipto, La Meca, Siria, Irak,
Palestina, Cerdeña, Sicilia y Creta.
La Rihla de Ibn Ÿubair,
uno de los textos narrativos más fiables y documentados de
fines del siglo XII (ver Ibn Ÿubayr: A través del
Oriente. El siglo XII ante los ojos, traducción y notas
de Felipe Maíllo Salgado, Ediciones del Serbal, Barcelona,
1988), es una de las fuentes más importantes con que cuenta
el historiador para saber como se encontraba el Mundo
Islámico, la Sicilia normanda y la navegación en el
Mediterráneo en el siglo XII.
Ibn Ÿubair, al hacer
escala en Palermo de vuelta de la peregrinación a La Meca,
en diciembre de 1184, nos brinda este valioso testimonio de
la Sicilia normanda del rey Guillermo II (1154-1189): «La
más hermosa de las ciudades es la sede de su rey,
los musulmanes la llaman al-Madina (la Ciudad) y los
cristianos la conocen como Balarma (Palermo). En ella
está la la residencia de los musulmanes urbanos, tienen allí
mezquitas, y los mercados que les están reservados en los
arrabales son numerosos (...) La actitud de este rey
es admirable en lo concerniente a la bondad de su conducta y
al empleo de musulmanes (...) El tiene plena
confianza en los musulmanes, confía en ellos sus negocios e
importantes oficios, hasta el punto que su intendente
(nazir) de su cocina es un hombre musulmán. Tiene una
tropa de negros musulmanes bajo el mando de un jefe
(qa'id) salido de entre ellos. Sus visires y chambelanes
también son musulmanes
(...) Una de las admirables condiciones que de él se
cuentan es que lee y escribe el árabe (la lengua de los
normandos era el francés) y que, según lo que nos
manifestó uno de sus servidores privados, su fórmula de
validación es: Alabado sea Dios, Señor de los Universos
(Alhamdulillah Rabbil 'Alamin). En cuanto a las doncellas
de honor y favoritas su palacio son todas musulmanas. Una de
las cosas más extraordinarias que nos ha contado el
sirviente susodicho —Yayha Ibn Fityan, el bordador, que
borda con oro en el taller real (tiraz)—, es que si una
franca cristiana es introducida en su palacio se vuelve
musulmana, pues las mencionadas damas la convierten al
Islam» (Ibn Ÿubair: O. cit., págs. 377-378).
Más adelante nos revela
ciertos aspectos de la vida cotidiana en Palermo y sus
cercanías : «En esta ciudad el vestido de las cristianas
es el mismo que el vestido de las mujeres musulmanas. Las
lenguas alerta, envueltas y veladas, salen en esta fiesta
susodicha
(de la Natividad) vistiendo ropajes de seda bordados
de oro, envueltas en mantos magníficos, veladas con velos de
varios colores, calzadas con botines ornados de oro se
pavonean yendo a sus iglesias llevando el conjunto de los
atavíos de las mujeres de los musulmanes: alhajas, tintes y
perfumes (...) Pasamos por una serie de pueblos y
aldeas colindantes. Contemplamos labores y cultivos en una
tierra que no hemos visto semejante en cuanto a bondad ,
generosidad y extensión; la comparamos a al-Qanbaniya
(la Campiña) de Córdoba; pero ésta es mejor y más fértil.
Pasamos una noche en el camino, en una ciudad llamada Alqama
(Alcamo, entre Palermo y Trapani), grande y vasta, en
ella hay un mercado y mezquitas. Sus habitantes, así como
los habitantes de las aldeas que se hallan en este camino,
son todos musulmanes» (Ibn Ÿubair: O. cit., págs.
387-388).
Ibn Battuta
El gran explorador
Shamsuddín Abu Abdallah Muhammad Ibn Battuta at-Tanÿí ("el
Tangerino"), nació en Tánger el 25 de febrero de 1304 (17 de
raÿab de 703 H.) y murió cerca de Fez, Marruecos, en 1368/9
(770 H.) o en 1377 (779 H.).
El 13 de junio de 1325 (2
de raÿab de 725 H.), a la edad de veintidós años partió por
primera vez hacia La Meca con el firme propósito de cumplir
con la peregrinación preceptiva en el Islam. Visita el Norte
de Africa, Egipto, Palestina, Siria, Arabia (La Meca), Irak,
Irán y retorna a La Meca, donde reside por espacio de tres
años (1327-1330). En su segundo viaje pasa por Yemen, Adén y
la costa oriental africana. Desde allí regresa por Omán y el
Golfo Pérsico cumpliendo una tercera peregrinación a La Meca
en 1332. En su tercer viaje cruza por Egipto, Siria, Rusia y
Constantinopla. Luego vuelve a través del interior ruso y
sale a Afganistán para llegar al valle del Indo. En la India
reside casi diez años (hasta 1342), y uno y medio en las
remotas Islas Maldivas donde ejerció como juez islámico
(Cadí).
Su derrotero en el Lejano
Oriente comienza en la isla de Ceilán (hoy Sri Lanka), y
sigue por Bengala, Assam, Sumatra, China (1347), cumpliendo
una cuarta y última peregrinación a La Meca (1348), y
retornando a Fez (1349). Más tarde, viajará a al-Ándalus
(1350) y a Malí (1352). Sus escritos describen la
fascinación que lo embargó al descubrir la capital del reino
nazarí: «Después continué la marcha hacia Granada,
capital del país de al-Ándalus, novia de sus ciudades. Sus
alrededores no tienen igual entre las comarcas de la tierra
toda, abarcando una extensión de cuarenta millas, cruzada
por el famoso río Genil y por otros muchos cauces más.
Huertos, jardines, pastos, quintas y viñas abrazan a la
ciudad por todas partes...» (Ibn Battuta: A través
del Islam, Alianza, Madrid, 1988, págs. 761-763).
En Siÿilmasa (Marruecos),
la ciudad de oro, Ibn Battuta encontró, bien es verdad que
con alguna extrañeza por su parte, a uno de sus compatriotas
de Ceuta, el alfaquí al-Bushrí, a cuyo hermano había
conocido en China. El Islam de esta época abunda en
desarraigados de todo género que la hospitalidad musulmana
acoge, desde el Atlántico al Pacífico, sin desertar en
ningún momento de esta tarea.
Ibn Battuta es el viajero
y explorador más extraordinario de la historia de la
humanidad. Sus viajes entre 1325 y 1354, realizados en una
época donde no existían medios rápidos y seguros de
transporte, totalizaron ciento veinte mil kilómetros, o sea
tres veces superior a la distancia cubierta por su
predecesor europeo, el veneciano Marco Polo (1254-1324),
cuyo libro de viajes fue en realidad escrito por el
amanuense Rustichello de Pisa (Marco Polo: Libro de las
Maravillas, Ediciones B, Barcelona, 1997).
El título original en
árabe de su Rihla o Libro de Viajes es Tuhfat al-nuzzar
fi ÿaraib al-amsar ua aÿaib al-asfar, es decir «Don para
quienes observan las curiosidades de las ciudades y las
maravillas de los viajes». Por disposición del sultán mariní
de la época, Ibn Ÿuzayy, un escribano andalusí, vertió en
bella prosa las memorias de Ibn Battuta conformando la obra
citada. Si los cineastas de Hollywood quisieran aceptar la
historia real, y se informaran sobre las vidas de Ibn
Battuta o Ibn Ÿubair, no tendrían nada que inventar para
filmar las películas más extraordinarias y taquilleras (cfr.
Ross E. Dunn: The Adventures of Ibn Battuta,
University of California Press, Los Angeles, 1986; Thomas J.
Abercrombie: Ibn Battuta. Prince of Travelers,
National Geographic magazine, Washington, Diciembre 1991,
págs. 2-49); Roderic Owen: The Great Explorers.
Ibn Battuta, Orion Publishing Group, Londres, 1995,
págs. 30-33).
Benjamín de Tudela
Otro viajero-geógrafo muy
conocido fue el judío andalusí Benjamín de Tudela
(1130-1175). Hacia 1165 parte desde Zaragoza y pasa por
Jerusalem, Alejandría, Bagdad y muchas otras ciudades y
pueblos. Se habla de que llegó hasta la India, cosa que no
ha podido ser comprobada. Regresa a al-Ándalus en 1173. Se
trata, por tanto, de un viaje de ocho años, realizado en su
mayor parte a través del Mundo Islámico sin pasaporte ni
salvoconductos, con entera libertad, pese a su condición de
no musulmán.
Veamos como nos describe
el trato de los pacientes en el hospital Dar al-Maristán
(Casa de los enfermos) de Bagdad (inaugurado en el año 794):
«En esta casa se retienen a los enfermos mentales de toda la
ciudad... Mensualmente los funcionarios del califa les
interrogan y examinan, soltándoles si han recobrado la
razón, y cada cual vuelve a su casa y a (ocupar) su
cargo... Hay allí en Bagdad como unos cuarenta mil judíos y
permanecen en calma, tranquilidad y honor bajo el poder del
gran califa»
(cfr. Libro de Viajes de Benjamín de Tudela,
Riopiedras ediciones, Barcelona, 1989, págs. 92/93; Elkan
Nathan Ader: Jewish Travellers in the Middle Ages, 19
Firsthand Accounts, Dover, Nueva York, 1987).
Al-Magribí
En el siglo XIII se
destaca el gran viajero y geógrafo Ibn Said al-Magribí
(1208-1286) de Granada, cuyo Kitab bast al-ard fi tuliha
ua al-’ard
("Libro sobre la extensión de la tierra a lo largo y a lo
ancho") fue muy utilizada por autores posteriores como el
historiador y geógrafo Abu al-Fada al-Ayubí (1273-1331).
También es autor de una rihla llamada An Nafha
al-miskiyya fi s-sifarat almakkiyya ("Suave exhalación
de almizcle en la embajada mecana").
El magrebí At-Tamgrutí
(muerto en 1595 en Marrakesh), compondría una rihla titulada
An nafahat al-miskiyya fi s-sifarat at-turkiyya
("Suaves exhalaciones de almizcle en la embajada turca"),
tras ser enviado por el sultán de Marruecos en embajada a la
corte del sultán otomano Murad III.
R.H. Shamsuddín Elía
Profesor del Instituto Argentino
de Cultura Islámica |