|
LA POESÍA EN EL ISLAM
«En esplendor el Oriente cruzó el Mar
Mediterráneo. Si conoces las rimas de Calderón, tu debes
conocer y amar a Hafiz».
Johann Wolfgang Goethe
La poesía en lengua árabe
se nutrió al principio de los poemas amorosos y heroicos
compuestos por los beduinos del Hiÿaz en la Edad de la
Ignorancia (en árabe, al-ÿahiliyya), el período de la
antigua Arabia pagana que concluyó con la revelación del
Profeta Muhammad (BPD). Esta época estuvo dominada por el
tribalismo anárquico de los beduinos de la Arabia
septentrional y central, cuyos valores basados en la
virilidad, la generosidad y la hospitalidad fueron cantados
en una poesía oral y después en célebres poemas escritos de
los «Días de los árabes» (Ayyam al ‘Arab). Tal vez inspirada
por los poemas y la vida del guerrero Antara Ibn Shaddad
al-’Absí (siglo VI d. C.), la novela de caballería titulada
la «Vida de Antar» (Sirat Antar) constituye antes que
nada un canto a las virtudes caballerescas y viriles de las
tribus beduinas preislámicas. Sus diez mil versos, escritos
en prosa rimada, fueron redactados probablemente en el Irak
abbasí del siglo XII, ya que se extiende a lo largo de 500
años, desde la edad de la ignorancia hasta la época de las
cruzadas. La obra se basa en las incontables proezas de
Antara o Antar, un mestizo de árabe y de africana (cfr.
Gustave Rouger: El romance de Antar, Lautaro, Buenos
Aires, 1943).
La casida
Nacida en Arabia y llevada
a su apogeo por los poetas preislámicos, fue cultivada en la
corte abbasí, aunque también las cortes provinciales, en
Irán, donde influyó a la lengua persa en plena renovación, y
en la España musulmana. Desde allí irradió hasta la Provenza
y el Languedoc para inspirar la poesía de los trovadores. A
partir de unos temas estrictamente definidos por la
tradición, numerosos manuales de prosodia enseñaban como
«cincelar» la casida (en árabe qasidah), que consta
de de 30 a 120 versos de idéntico metro, acabados todos con
la misma rima.
La poesía clásica árabe
La poesía tuvo un gran
auge durante la dinastía abbasí. Hasan Ibn Hani al-Hakamí
(762-810), se ganó el apodo de
Abu Nuwás ("Padre del bucle") por sus abundantes
rizos. Nacido en Ahwaz (Irán), de padre árabe y madre persa,
fue uno de los poetas más célebres de Bagdad. En el fin de
sus días, se convirtió en un asceta y adhirió al shiísmo.
Abu al-Faraÿ al Isfahaní (897-967), oriundo de
Isfahán que vivió la mayor parte de su vida en Bagdad,
recopiló la poesía de la época en su Kitab al-Aganí
("Libro de canciones"), compuesto de veinte tomos. Véase
Régis Blachère:
Histoire de littérature arabe, des origines jusqu'a la
fin du XVe siècle, 3 vols., Maisonneuve et Larose,
París, 1966.
Al-Mutanabbí
Abu at-Tayyib Ahmad Ibn
Husain al-Mutanabbí nació en Kufa (Irak), en 915. Ambicioso,
sin escrúpulos, en su juventud, intentó, haciéndose pasar
entre los beduinos de Siria por profeta (de aquí el apodo de
"al-Mutanabbí" con el que se le conoce y que significa "el
que se las da de profeta"), tallarse a punta de espada un
feudo. El resultado de sus esfuerzos no pudo ser más
deprimente y pasó un par de años encerrado en una mazmorra
de la que sarío curado de toda ambición política. En 948
entró al servicio del gobernador de Siria Abu al-Hasan
Ibn Hamdán (916-967), llamado Saif ud-Daula,
poeta él mismo, mecenas de artistas y sabios como al-Farabí,
y un guerrero que luchó constantemente contra los
bizantinos. En Alepo, ciudad que constituía entonces uno de
los mayores centros de atracción intelectual de la época,
al-Mutanabbí compuso sus poemas más renombrados. Luego se
embarcó en una serie de correrías y aventuras por Egipto,
Irak e Irán. A su regreso a Bagdad fue atacado por una
partida de salteadores. El poeta,en un primer momento y ante
el número de atacantes, deseaba huir, pero su escudero le
recordó inoportunamente estos versos heroicos compuestos en
su juventud:
«¡Oh,
cómo me conocen
la noche y el Desierto y mi
corcel,
y la lanza y la batalla,
y la pluma y el papel!»
Al-Mutanabbí decidió
portarse de acuerdo con ellos, combatió y murió de sus
heridas en 965. Al lado de al-Mutanabbí encontramos la
figura del príncipe-poeta Abu Firas al-Hamdaní
(932-968), —no confundirlo con el geógrafo, poeta y erudito
Abu Muhammad al-Hamdaní
(893-945), llamado la «lengua del Arabia del sur»—, cuya
vida transcurrió en continuas intrigas políticas y en la
guerra contra los bizantinos (cfr. O. Petit y W. Voisin:
Abu Firas, chevalier poète, Publisud, París, 1990). Al
lado de estos grandes neoclásicos que ilustran la corte de
Seif ud-Daula, encontramos a un modernista de valía,
al-Sanaubarí (m. 945), creador de hecho de la poesía
floral (nawriyyat, rawdiyyât), en la que
describe batallas de flores en las cuales «la rosa, el
lirio "de sonrisa vanidosa", la violeta "en traje de luto" y
el clavel que convoca al ejército, avanzan en flotantes
corazas, bajo un velo de revuelto polvo, contra el narciso,
"con párpados de alcanfor y ojos ribeteados de azafrán"».
Al-Maarrí
Abu ‘Ala Ahmad Ibn
Abdallah al-Maarrí (979-1058), nació en Maarrat an-Numán, a
mitad de camino entre Alepo y Hama. La viruela lo dejó ciego
a los cuatro años; sin embargo, emprendió la carrera de
estudiante, se aprendió de memoria, en las bibliotecas, los
manuscritos que le gustaban, hizo largos viajes para oír a
famosos maestros y regresó a su aldea. En 1008 visitó
Bagdad, fue honrado por poetas y eruditos y quizás adquirió
entre los librepensadores de la capital algo del
escepticismo que sazona sus versos. En 1010 regresó a
Maarrat, se hizo rico con sus poesías, pero vivió hasta el
fin con la simplicidad del sabio.
Era vegetariano acérrimo y
muy ascético. Murió a los ochenta y cuatro años; y un
piadoso discípulo relata que 180 poetas lo siguieron en su
entierro y 84 sabios recitaron elogios ante su tumba.
Lo conocemos ahora
principalmente por sus 1592 poemas breves llamados
Luzumiyyat ("Imperativos"), Saqt az-Zand
("La chispa del pedernal"), Du as-saqt ("Comentarios
al precedente",
al-Fusul al-gaiat ("Partes y fines"), y también por
su
Risalat al-gufrán
("Epístola del perdón"), traducida por Vincent Monteil (L'Epître
du pardon, Gallimard, París, 1984). En 1944 se celebró
su milenario lunar y se renovó su tumba. He aquí una de sus
composiciones:
«Temed a Dios, únicamente y
por él
soporta las penas y haz el
bien,
pues la abstinencia y la
pureza de corazón
son los únicos medios para
salvarse».
Cuarenta años después, el
11 de diciembre de 1097, un contingente de cruzados francos
liderados por Raimundo de Saint-Gilles
(1042-1105), conde de Tolosa, luego de quince días de sitio,
penetró en Maarrat an-Numán pasando a cuchillo a todos sus
habitantes, saqueando e incendiando todo a su paso. Y lo más
revelador: los francos demostraron ser expertos caníbales,
ya que la antropofagia era una práctica común en la Europa
cristiana del siglo XI, asolada por el hambre y la falta de
alimentos, como lo certifica el cronista borgonón
Radulfus Glaber «El Calvo» (985-1050) en su
Historiarum Sui Temporis (escrita en 1030-1035). Veamos
los siguientes testimonios del historiador Radulfus de Caen
(1080-1120): «Durante tres días pasaron a la gente a
cuchillo, matando a más de diez mil personas y tomando
muchos prisioneros» (Ibn al-Atir: Al-Kamil fil
Tarij). «En Maarrat, los nuestros cocían a paganos
adultos en las cazuelas, ensartaban a los niños en espetones
y se los comían asados» (Radulfus de Caen: Gesta
Tancredi Siciliae Regis in Expeditione Hierosolymitana).
Véase Amín Maalouf: Las cruzadas vistas por los árabes,
Alianza, Madrid, 1997, Cap.III: Los caníbales de Maarrat,
págs. 57-60); Mijail Zaborov: Las cruzadas, Akal,
Madrid, 1988, págs 15-16.
Al-Maarrí señala el cenit
de la poesía islámica en árabe y el comienzo del liderazgo
poético persa que se extenderá hasta mediados del siglo XIX
a través de la India musulmana.
El zéjel y la moaxaja
La poesía andalusí se
plasmó mediante el zéjel y la moaxaja, relacionados con la
música. La prosodia no clásica del zéjel (en árabe zaÿal
"melodía"), que quebró la rígida estructura de la casida,
constituye una contribución mayor de al-Andalus a la poesía
islámica árabe. Su esquema más común se basa en un
estribillo o jarcha ("salida") asonantado, sin número
de fijo de versos, y una mudanza de cuatro versos, el último
de los cuales rima con el estribillo.
El más importante de los
poetas hispanomusulmanes que cultivaron el zéjel fue Ibn
Quzmán (m. 1159), que introdujo el árabe vulgar y
dialectal en lo que hasta entonces era un bastión del árabe
literario. El zéjel estuvo vinculado al canto y la música y
fue utilizado en numerosas cantigas galaico-portuguesas.
También en la poesía provenzal se han encontrado estrofas
con el mismo esquema métrico, todo lo cual hace pensar en
que muy probablemente el zéjel estimuló la aparición de una
lírica escrita ya en las distintas lenguas románicas.
La moaxaja (en árabe
muwashshahat) es un poema de cinco o más estrofas que
comprende un estribillo inicial o refrán, al que siguen tres
versos con su propia rima y dos más que reproducen las rimas
del estribillo inicial.
Los maestros más grandes
de la moaxaja fueron el cordobés Ibn Zaidún
(1003-1070) y los granadinos Ibn al-Jatib
(1333-1375) e Ibn Zamrak (1333-1392), este último
llamado «el poeta de la Alhambra» (Véase Emilio García
Gómez: Cinco poetas musulmanes. Biografías y
Estudios, Espasa-Calpe, Madrid, 1959 y del mismo autor:
Ibn Zamrak, el poeta de la Alhambra, Patronato de la
Alhambra, Granada, 1975).
Al-Andalus tuvo una enorme
influencia en la composición de los romances españoles de
gesta de los siglos XV y XVI. El siguiente romance popular,
impreso en el Romancero de 1550, nos presenta al rey Juan II
de castilla (1405-1454), a la vista de Granada, tomando
informes del moro Ibn Ammar sobre los hermosos edificios de
la ciudad. Luego dice:
«Allí habla el rey don Juan;
Bien veréis lo que decía:
"Granada, si tú quisieses,
Contigo me casaría:
Daréte en arras y dote
A Córdoba y a Sevilla
Y a Jerez de la Frontera,
Que cabe si la tenía.
Granada, si más quisieses,
Mucho más yo te daría".
Allí hablara Granada,
Al buen Rey le respondía:
—Casada só, el rey don Juan;
Casada, que no viuda;
El moro que a mí me tiene,
Bien defenderme querría"».
La poesía clásica persa
La formación de diversos
estados iranios independientes entre los siglos IX-XI
auspició el renacimiento del «persa medio» —pahlaví— bajo la
forma de una lengua persa revitalizada por medio de
numerosos préstamos léxicos y sintácticos del árabe, y en lo
sucesivo transcrita en el alfabeto árabe. En este
renacimiento cultural auspiciado y contenido por el Islam,
la poesía surgida de la gran tradición épica de la antigua
Persia, desempeñó un papel central. Véase Antonino Pagliaro
y Alessandro Bausani: Storia della Letteratura Persiana,
Nuova Academia Editrice, Milán, 1960; G. Morrison:
History of Persian Literature from the Beginning of the
Islamic Period to the Present Day, E.J. Brill, Leiden,
1981.Z. Safa: Anthologie de la poèsie persane (XIe XXe
s.), Gallimard, París, 1987.
Rudakí
Abu Abdallah Ÿa’far Ibn
Muhammad (859-940), llamado Rudakí, fue el «padre» de la
recuperación de la antigua épica irania. Estuvo al servicio
de Nasr II (m. 943), emir samaní de Bujará, y en los
últimos años de su vida fue condenado a la ceguera, sin duda
a causa de sus convicciones shiíes. Fue autor de cien mil
dísticos, de los cuales sólo se conservan menos de mil. Se
destacó especialmente en el panegírico y la elegía fúnebre.
También llevó a cabo la versificación en persa de
Calila y Dimna, la famosa colección de fábulas de
origen indio, que había de convertirse en un clásico de la
lengua árabe.
A Rudakí se le ha
considerado como el verdadero primer poeta del Irán
islámico, y ha sido llamado, a veces, «el Chaucer de Irán».
Firdusí
Abu-l-Qasim Mansur Ibn
Hasan al-Firdusí (940-1020), hijo de un jardinero de tus,
nació en Baj, cerca de la actual Mashhad, provincia de
Jorasán (Irán). En la Plaza Firdusí de Teherán, la capital
de la República Islámica del Irán, hay una estatua de este
poeta que tiene en la mano su obra cumbre, el «Libro de los
Reyes» (Shah Nameh) y parece contemplar los picos
nevados de la cordillera Elbruz que se recorta en el
horizonte.
El inmenso poema (cerca de
sesenta mil dísticos) fue compuesto por Firdusí durante más
de treinta años y tuvo como recompensa material una escasa
suma del indiferente e ingrato Mahmud de Gazna
(971-1030), monarca a quien servía. Además, sus
simpatías shiíes le acarrearon problemas. Firdusí compuso
asimismo una serie de poemas líricos y versificó el
Yusuf-u-Zuleija, basado en la historia del Profeta José.
El «Libro de los Reyes» nunca ha dejado de enseñarse ni de
recitarse (incluso en las casas de té) en el Irán, que
continúa considerando este inmenso poema como su milenaria
epopeya nacional. Véase A.M. Piemontese: Nuova Luce su
Firdawsi: suo Sahnama datato 614 H./1217 a Firenze, en
A.I.O.N. (Annali dell'Istituto orientali di Napoli, vol. X,
Nápoles, 1980.
Un contemporáneo de
Firdusí y poeta oficial de la corte de Mahmud de Gazna y la
de su hijo Mas’ud, fue Onsorí (m. 1049), que escribió
numerosos poemas líricos y casidas.
Nasir Josrou
Nasir Josrou al-Marvazí
al-Qubadiyaní (1004-1088) fue un poeta y teólogo persa que
viajó hacia 1045 a La Meca, Palestina y Egipto. A su retorno
al hogar, se vio obligado a exilarse en Badajshán (hoy
Afganistán oriental), por ser adherente de la escuela shií
de pensamiento. Es autor de un género llamado Safarnameh
(poesía de viajes), un «Libro de la felicidad» (Sa'adat-nameh)
y de composiciones filosóficas y teológicas como
Raushana’i-nameh y Ÿami’ al-hikmatain
(cfr. Henry Corbin: Etude préliminaire pour le Livre
rèunissant les deux sagesses de Nasir-e Khosraw,
Teherán, 1953). Su Safarnameh fue traducido al
francés y editado por Charles Schefer, París, 1881.
Nizamí
Ilias Nizamuddín Abu Yusuf
Ganÿaví (1140-1203), más conocido como Nizamí Ganÿaví,
nacido en la ciudad santa de Qum, fue el mayor poeta iraní
del género narrativo del siglo XII. Escribió cinco poemas o
masnavíes, ciclo conocido como «el Quinteto» (Jamseh
en árabe), inspirados en la épica preislámica persa:
Majzán ul-Asrar (1179) o «Tesoro de los misterios»,
Josrou va Shirín (1180), sobre el rey sasánida Cosroes
II y una princesa armenia, el popular Maÿnún ua Laila
o «Laila y Maÿnún» (de la cual Dante se inspiró para su
historia de "Paolo y Francesca"),
Haft Peikar o «Las siete bellezas» (su obra maestra)
y el
Iskandar Nameh o «Libro de Alejandro» (Véase
la traducción al inglés de H.W. Clarke: The Sikander Nama,
Londres, 1881), acerca del estratega macedonio, considerado
un profeta por el Sagrado Corán, en donde recibe el nombre
de Dulqarnain (cfr. Sura 18, Aleyas 83 y 98).
Haft Peikar
narra la historia de Bahram Gur y sus siete esposas,
princesas de diversas regiones del mundo. Cada día de la
semana Bahram visita a una de sus consortes, que le cuenta
una historia. Cada una de las siete historias tiene un tono
y unas connotaciones diferentes, e ilustra un determinado
aspecto del destino humano. Sin embargo, Haft Peikar
no es sólo una colección de cuentos: es una una obra de
ingenio, y de gran riqueza simbólica. En palabras del
especialista Rudolf Gelpke, Nizamí
«crea la imagen artística de un orden cósmico global
de complicada simbología, que puede encontrarse en muchas
civilizaciones». Es evidente que la ópera Turandot,
última partitura del célebre compositor italiano Giacomo
Puccini (1858-1924), está inspirada en el cuento de la
princesa rusa Turandujt.
Omar Jaiám
Guiazudín Abulfaz Omar
Ibrahim al-Jaiamí (1048-1131), conocido en Occidente como
Omar Jaiám (en árabe el epíteto al-jaiám
significa "el fabricante de tiendas" e indicaría la
profesión de su padre) nació en la ciudad de Nishabur, en
Jorasán. Durante su juventud viajó por su provincia natal, y
las vecinas ciudades de Balj (Afganistán y Samarkanda
(Uzbekistán). Filósofo de la escuela de Avicena, fue además
médico, astrónomo y matemático.
Su celebridad universal se
debe a sus composiciones poéticas denominadas en persa
Rubaiat (cuartetas), percibidas como epicúreas, pero en
realidad completamente consubstanciadas con el gnosticismo
islámico. Las versiones de las Rubaiat (plural de
rubai) dadas a conocer en occidente a partir de 1859 por
el inglés Edward FitzGerald
(1809-1883) y otros europeos y norteamericanos, son, en su
mayor parte, apócrifas y adulteradas, expresando un sentido
que Omar Jaiám jamás manifestó. Un ejemplo es el simbolismo
del vino, acompañado de palabras como taberna, embriaguez,
etc.
Los poetas musulmanes del
Irán como Jaiám, Sa’adi o Hafiz cuando en sus rimas se
refieren a la embriaguez no aluden, como los occidentales
pretenden o creen entender, a la borrachera del intoxicado
por el alcohol sino al respeto y humildad de un alma
piadosa, llena de amor a Dios, que liberándose de su
ataraxia (imperturbabilidad, estado de indiferencia del
hombre ante los problemas del mundo exterior), se pone en
comunicación con la naturaleza y su Creador divino. El vino
es un simbolismo místico en la poesía islámica por el cual
se logra la embriaguez divina.
El sheij naqshbandí
Abdel Ghani al-Nabulsí
(1641-1731), polígrafo y místico de Palestina que vivió
en Nablus y Damasco, que luchó por una teología y un sufismo
reformados y fue un akbarí (seguidor de Ibn al-Arabi), dice:
«El vino significa la bebida del amor divino que resulta de
la contemplación de los rasgos de sus Bellos Nombres. Pues
este amor engendra la embriaguez y el olvido completo de
todo cuanto existe en el mundo»
(cfr.Varios autores: Los escritores célebres, Gustavo
Gili, Barcelona, 3 vols., 1966, Vol. I, pág. 208).
Para la atribulada
concepción de los occidentales, atada al materialismo y al
hedonismo, el gnosticismo poético de los musulmanes resulta
por su profundo contenido espiritual una perspectiva muchas
veces inimaginable (cfr. E.G. Browne: A literary history
of Persia, 4 vols., Cambridge, 1951-1953; Arthur J.
Arberry: Clasical Persian Literature, Londres, 1958).
En realidad, este pensador
iraní brilló en su ámbito más como científico que como
poeta. Omar Jaiám está considerado como uno de los sabios
más grandes del Islam. Entre la docena de tratados
científicos suyos que se conservan, destaca su Algebra, una
obra maestra de la matemática medieval, en la que resolvió
ecuaciones de segundo grado por medio de soluciones
algebraicas y geométricas. Invitado por el sultán selyúcida
Ÿalaluddín Malik Sha (1055-1092), trabajó con los
matemáticos del observatorio de Isfahán en la elaboración
del calendario «Ÿalalí» (en honor del sultán). Este
calendario solar se basó en unos fundamentos astronómicos
más fiables que los del calendario gregoriano (ordenado por
el Papa Gregorio XIII en 1582 para reemplazar al juliano del
año 46 a.C.) y, según afirman los especialistas, presentaba
tan sólo la desviación la desviación de un día ¡sobre 3.700
años! Véase Seyyed Hossein Nasr: Islamic Science. An
Illustrated Study, World of Islam Festival Publishing
Company Ltd., Kent, 1976, págs. 82 a 86, 96 y 143.
Attar
Fariduddín Muhammad Ibn
Ibrahim Attar (1142-1225) fue un poeta místico shií y uno de
los más trascendentes del Islam. Es escasa la información
sobre «el perfumero» (attar en árabe), que pasó la
mayor parte de su vida en Nishabur (Jorasán, Irán), y que
murió durante las invasiones de los mongoles.
De los cien mil a
doscientos mil versos que se le atribuyen, sólo han podido
confirmarse como suyos los correspondientes a cuatro obras
que por lo demás constituyen cuatro títulos fundamentales de
la mística islámica.
El «Memorial de los
santos» (en prosa) en árabe Tadhkirat al-Auliya’, en
el cual se relata la experiencia mística de 72 sufíes, es
una obra que pone al alcance del lector la significación
profunda del misticismo islámico. De entre sus grandes
composiciones poéticas (maznawí), «El Coloquio de los
Pájaros» (Mantiq al-taír) es la más universalmente
conocida. En esta obra, se relata el viaje iniciático y
alegórico de treinta pájaros (símbolo de los peregrinos).
Conducidos por una abubilla —en el Sagrado Corán, esta ave
es mensajera entre el Profeta Salomón y la reina de los saba
(Sura 27, Aleyas 20 a 29)—, que, tras muchos peligros y
abatimientos, los lleva hasta la presencia del pájaro
fabuloso conocido como Simurg, el ave que representa a Dios.
Al término del viaje, y después de atravesar siete valles
—cuyos nombres son Búsqueda, Amor, Confianza, Conocimiento,
Independencia, Unicidad divina, del Asombro, y de la
Indigencia y de la Muerte—, los pájaros peregrinos descubren
su Yo profundo. Otras de sus obras, son «El libro divino» (Ilahí
Nameh), donde demuestra en términos místicos la
superioridad de lo espiritual sobre lo material a través de
un diálogo entre un rey sabio y sus seis hijos, ávidos de
poder y de riquezas, y «El libro de los secretos» (Asrar
Nameh), un tratado sobre sufismo. La obra de Attar, al
igual que la de ar-Rumí, ha ejercido una influencia
considerable en todo el mundo musulmán, sobre todo en Irán.
Véase Fariduddín Attar: The Ilahi-Nama or Book of God,
trad. J.A.Boyle, Manchester University Press, manchester,
1976; Muslim Saints and Mystics (Memorial of the Saints),
trad. Arthur J. Arberry, Routledge, Londres, 1979; Le
Livre des secrets (Asrar-Nama), trad. C. Tortel, París,
1985; El Coloquio de los Pájaros, Manuel Aguiar,
Montevideo, 1994.
Rumí
Ÿalaluddín ar-Rumí
(1207-1273) nació en la ciudad de Balj (Afganistán). Su
padre, Bahauddín Ualad, fue un distinguido místico, escritor
y maestro. Por la amenaza del acercamiento de los invasores
mongoles, Bahauddín y su familia abandonaron su ciudad natal
en 1218 trasladándose a Nishabur (Jorasán), donde
encontraron a Fariduddín Attar, el cual regaló al
joven Ÿalaluddín un libro de filosofía y lo encandeció en el
amor a los estudios teológicos. Tras sendas estancias en
Bagdad y Damasco, y luego de peregrinar a La Meca, Bahauddín
y su familia llegaron a Anatolia, llamada Rum por los
musulmanes (de ahí el nombre de ar-Rumí), por haber
pertenecido a los bizantinos, herederos de los romanos o
rumíes. Fue así que se instalaron en Konya (hoy Turquía) en
1228.
Hacia 1240, durante un
viaje a Siria, Ÿalaluddín se encontró con el místico Ibn
al-Arabi de Murcia (ver aparte). Un discípulo de este
sabio andalusí, Sadruddín al-Qunauí, era colega y amigo de
ar-Rumí en Konia. Pero el momento más decisivo en la vida de
Yalaluddín ocurriría en 1244, cuando en la calle encontró a
un piadoso sabio llamado Shamsuddín al-Tabrizí
(de la ciudad de Tabriz, Irán), quien con su misticismo
y generosidad influiría en ar-Rumí de tal modo que lo
convertiría en uno de los más grandes místicos y poetas del
Islam.
A partir de entonces,
surgieron sus grandes obras: el «Diván de Shams», dedicado a
su maestro Shamsuddín, el Maznaví con sus cuarenta y cinco
mil coplas, compuesto bajo la influencia de otro sabio
llamado Hesamuddín Çelebi, y una pequeña colección llamada
Fihi ma fihi ("hay en ello lo que hay en ello"), donde
expone sus ideas fundamentales sobre la filosofía y mística
del Islam.
Ar-Rumí fundó en Konia la
cofradía mística de los Mawlawiyya, de la que fue su sheij o
maestro. Precisamente, del título que se le atribuyó en
honor a sus méritos, Maulana (en árabe "nuestro maestro"),
Mulaví en persa, Mevlana en turco, deriva el nombre de esta
organización que luego fue conducida por su hijo Sultán
Ualad, asimismo poeta místico.
Véase A. Reza Arasteh:
Rumi, el persa, el sufi: Prefacio de Erich Fromm, Paidós
Orientalia, Barcelona, 1985; Rumi: 150 cuentos sufíes.
Extraídos del Mathnawi, Paidós Orientalia, Barcelona,
1996; Fihi-ma-fihi. El libro interior. Los secretos de
Yalal al-Din, Paidós Orientalia, Barcelona, 1996; Djalal
ud Din Rumi: Rubayats. Odas de la embriaguez divina,
Obelisco, Barcelona, 1996; Shemsud-d-din El Eflaki: Los
sufíes. Historia de la vida de Rumi. Selección de James
Redhouse, Edaf, Madrid, 1997.
Sa’adi
Musharifuddín Ibn Muslih,
llamado Sa’adi (1213-1283), nació en el seno de una familia
de teólogos de Shiraz (Irán) y se formó como místico en la
famosa madrasa Nizamiyya de Bagdad, donde conoció la obra de
Suhrawardi (ver aparte). Después de realizar diversas
peregrinaciones a La Meca, viajó a Asia central, India, el
Cercano Oriente, Yemen, Etiopía y Marruecos. En Palestina
fue prisionero de los cruzados.
Luego regresó a su nativa
Shiraz e ingresó en una cofradía mística. Considerado como
uno de los tres grandes poetas clásicos del Irán y como el
precursor de Hafiz, llevó a su apogeo el arte del gazal,
composición poética afín a la casida.
En el Bustán ("El vergel
fragante"), entreverado de anécdotas, reflexiona a lo largo
de diez capítulos sobre la justicia, la equidad de los
príncipes, el dominio de sí mismo, la meditación piadosa y
el amor físico y místico. Su Gulistán ("La rosaleda"),
escrita hacia 1258, es una obra extremadamente popular de la
literatura persa en prosa, que sirvió de modelo a numerosos
poetas persas, turcos e indios y que fue traducida en Europa
en el siglo XVIII (cfr. Saadi: Gulistan. Le jardin des
roses, Albin Michel, París, 1991). Otras de sus obras
son Gazaliyat ("Líricas") y Qusaid ("Casidas u Odas"), donde
se lamenta de la caída de Bagdad y la opresión sufrida por
los musulmanes luego de la invasión de los mongoles. Sa’adi
tomó su apodo del nombre del atabeg (del turco: ata
"padre", y beg
"señor") local, Sa’ad Ibn Zenguí.
Hafiz
Muhammad Shamsuddín
(1325-1389), apodado Hafiz o «memorizador», por ser de esos
creyentes que conocen todo el Sagrado Corán de memoria,
nació y murió en Shiraz, ciudad a la que cantó en sus
versos. Hafiz es el poeta más popular del Irán. Su Diván
("antología poética") continúa siendo aprendido, leído y
citado por todos los hablantes del persa. Fue un sheij
piadoso y condujo a la comunidad musulmana de Shiraz durante
el reinado de la dinastía de los muzafáridas (1313-1393).
Hafiz ha dicho: «Si algo acerté a realizar, débolo
todo al Corán». Goethe no se equivocó cuando le
rindió homenaje en su «Diván de Oriente y Occidente».
Ÿami
Maulana Nuruddín
Abderrahmán Ibn Ahmad, llamado Ÿami (1414-1492), estuvo
relacionado con la brillante corte timurí de Herat, y en
particular con su soberano y mecenas Husain Baiqara que
gobernó el Jorasán a partir de 1470. Ÿami también fue amigo
del visir y poeta turcófono Mir Alí Sir Nawa’í. De su
fecunda obra destacan el diccionario biográfico de los
místicos titulado «Céfiros de la calma», tres divanes
poéticos —poemas de la juventud, de la madurez y de la
decadencia—, la alegoría de «Las siete estrellas de la Osa
Mayor» (Haft Ourang), en la que sobresale la conocida
«Lamentación por la muerte de Alejandro», y, sobre todo, el
Baharistán ("Morada de la primavera"). Uno de sus poemas más
representativos es el dedicado a cantar la historia de Yusuf
y Zulaija, —es decir, José y la mujer de Putifar—
inspirándose en el pasaje correspondiente del Sagrado Corán
(Sura 12, Aleyas 21 a 34). Véase Abderrahmán al-Jami: Los
hálitos de la intimidad. Nafahât al-huns,Olañeta, Palma
de Mallorca, 1987.
Emraní
En el curso de sus tres
mil años de vivencias en tierra iraní, los judíos de Irán
han producido una magnífica literatura. Uno de sus más
ilustres representantes es Emraní (1454-1536). Su principal
trabajo es el Ganÿ-Nameh, escrito en el estilo
clásico persa. Este es un comentario versificado de un
tratado que forma parte de la Mishná (Compilación jurídica
del Judaísmo, que forma parte del Talmud), conocido en
hebreo como Pirqé Abot ("Capítulos de los
Antepasados"). Véase David Yeroushalmi:
Emrani's Ganj-Name, a Versified Commentary on the
Mishnaic Tractate Abot, E.J. Brill, Leiden, 1995.
La poesía otomana
La influencia de la
prosodia persa se hizo sentir en la poesía escrita por los
turcos desde el siglo XI. La literatura turca en lengua
ÿatagay contó con el terreno de la prosa con las notables
Memorias de Babur (Babur Nameh), cuyo verdadero
nombre era Zahiruddín Muhammad (1483-1530), el primero de
los Grandes Mogoles, y en cuanto a la poesía se desarrolló
en la corte timurí de Herat en el siglo XV.
En el ámbito otomano, el
persa fue durante mucho tiempo la lengua de la
administración y de las buenas letras de los sultanatos
turcos —los selyúcidas, entre otros—, y después en el
Imperio otomano. La poesía otomana culta del diván, que
siguió las pautas de la prosodia persa —gazal, maznaví—, fue
cultivada por numerosos poetas desde el siglo XIV al XVIII.
Yunús Emré
Yunús Emré (1238?-1320),
místico que formó parte de los derviches errantes, es uno de
los grandes poetas musulmanes turcos. Fue un cantor de la
fraternidad y del amor místico en la época del
reagrupamiento de los pueblos turcos en Asia Menor.
Autodidacto, dominó el árabe y el persa. Su obra máxima es
«El Libro de los preceptos», de gran religiosidad, donde
evoca el sucederse de las alegrías humanas, de la duda y el
dolor, junto al sentimiento de la nada y la eternidad.
Algunos de sus poemas hablan con elocuencia de tolerancia y
universalidad:
«Nuestro único enemigo
es el resentimiento.
No guardemos rencor a nadie;
para nosotros la humanidad es indivisible».
Su obra evoca el éxtasis
de la comunión con la naturaleza y con Dios. Así escribió
estos versos memorables:
«Cualquiera que posea una gota de amor
posee la existencia de Dios».
Su preocupación por el
destino de todos los hombres, y en particular de los más
desfavorecidos, da a su poesía una intensa emotividad. Yunús
Emré afirma la existencia del amor universal, proclamando su
fe en la fraternidad que trasciende todas las barreras y
todos los sectarismos:
«No nos oponemos a ninguna religión.
El verdadero amor nace cuando todas
las creencias se unen».
Hombre del pueblo que
escribió para el pueblo, adalid de la justicia social, Yunús
Emré se rebeló valientemente contra todos aquellos
gobernantes, propietarios, dignatarios políticos y
seudorreligiosos que oprimen a los débiles y humildes. Su
mensaje poético en favor de la paz y la fraternidad
universal fue proclamando desde el Islam, hace más de
setecientos años, cuando en el mundo occidental no existían
derechos humanos, convenciones como las de Ginebra ni
organizaciones como las Naciones Unidas:
«Venid, seamos amigos siquiera una vez.
Hagamos la vida más fácil.
Amemos y seamos amados.
Cuando surge el amor
desaparecen deseos y defectos».
La obra de Yunús Emré fue
traducida por un transilvano que fue prisionero de los
turcos durante un largo tiempo (1438-1458) e influyó
notablemente en el pensamiento de tres prominentes
humanistas occidentales, como el católico holandés
Desiderio Erasmo (1466?-1536) y los reformistas alemanes
Martín Lutero (1483-1546) y Sebastian Franck
(1499-1542).
Véase Poèmes de Younous
Emre, trad. G. Dino y M. Delouse, P.O.F., París, 1973;
T. Halman: Yunus Emre and his Mystical Poetry,
Indiana University, Indiana, 1981; M. Bozdemir: Yunus
Emre, message universel, I.N.A.L.C.O., París, 1992.
Nava’í
Mir Alí Sir Nava’í
(1441-1501), que nació y murió en Herat (hoy Afganistán), es
una de las figuras más polifacéticas de la historia del Asia
central. En su ciudad natal fue visir del sultán timurí
Husain Baiqara (que gobernó entre 1470 y 1506), mecenas
cuya brillante corte amparó a escritores y artistas como el
poeta persa Ÿami y el miniaturista Behzad. Mir Alí Sir
Nava’í es autor de cuarenta mil coplas, en las que trató de
las leyenda amorosas preislámicas. Árabes (Laila y Maÿnún) y
persas (Farhad y Shirín). Su obra ejerció una profunda
influencia en el desarrollo ulterior de las literaturas
turcófonas: azerí, uigur, tátara y otomana, y es el
exponente por excelencia de la literatura turca chagatai.
Sus obras incluyen una versión del romance islámico de
Farhad y Shirín, y la prosa de Muhakamat al-lugatain,
Maÿalis an-nafais y Mizán al-Awzán.
Fuzuli
Turco de origen azerí y de
confesión shií, Mehmet Suleimán Fuzuli (1495-1556), que era
hijo de un ulema, nació en Karbalá (Irak) y murió a
consecuencia de la peste en la misma ciudad. Simple guardián
de la tumba de Alí Ibn Abi Talib (la Paz sea con él) en
al-Naÿaf, fue el más destacado poeta otomano de su tiempo,
junto con Baki, y también uno de los más grandes
versificadores, tanto en turco como en persa, lenguas que
dominó además del árabe. Su diván en persa, denota una
inspiración personal, pero en la que verdaderamente se
distinguió fue en la lengua turca, que utilizó para cantar
el amor místico a la manera sufí. Sus obras principales son
«Diván» y «Laila y Maÿnun».
Baki
Mahmud Abdul Baki
(1526-1600) pese a que era hijo de un modesto muecín. Logró
estudiar y, tras aprender el persa y el árabe, pasó a formar
parte del cuerpo de los ulemas. En 1553, a raíz de una oda a
Suleimán el Magnífico, se hizo amigo de este sultán que
también cultivaba la poesía. Al morir Suleimán en 1566,
escribió una «Oda fúnebre», la más vigorosa de sus
composiciones. Conocido ya en vida como «el sultán de los
poetas», Baki ha pasado a la posteridad como el más grande
de los poetas otomanos clásicos. Dentro de esta escuela,
también sobresalieron Neÿati (m. 1509) y Omer
Nef’i (m. 1635). Más tarde, con la boga del florido
estilo indopersa, destacaron Ahmad Nedim (1681-1730)
y Mehmed Es’ad, más conocido como Galib Dede
(1757-1799).
La poesía indo-mogola
En los siglos XV y XVI,
cuando una gran parte de la India era musulmana, se inició
una simbiosis popular entre el misticismo islámico de origen
persa y la corriente hinduista llamada bhaktí (culto
personal directo, sin la mediación de sacerdotes ni ritos).
El poeta y místico musulmán
Kabir (1440-1518) fue el representante más importante
de esta tendencia sincrética a través de la cual se
preconizó la igualdad y hermandad de los seres humanos en
general, sin distinción de raza, de casta y de creencia.
El soberano mogol Abu
l-Faz Ÿalaluddín Muhammad, más conocido como Akbar,
fue un genio militar y mecenas de arquitectos, calígrafos,
miniaturistas, pintores y poetas. Su tolerancia y
convivencia con los hindúes se extendió a los misioneros
jesuitas, con quienes discutió en un plano de igualdad sobre
los más diversos tópicos (cfr. L. Frédéric: Akbar: le
Grand Moghol, Denoël, París, 1986; Sri Ram Sharma:
The Religious Policy of the Mughal Emperors, Coronet
Books, Filadelfia (Pennsylvania), 1989.
El soberano Abu-l-Fadl
Ÿalaluddín Muhammad (Umarkot 1542-Agra 1605) fue el
emperador más importante de la dinastía musulmana conocida
como «Los Grandes Mogoles» (soberanos de etnia turca y
lengua persa), que reinó en la India entre 1526 y 1858.
Akbar, contemporáneo de la reina Isabel I de Inglaterra
(1533-1603), se destacó por su tolerancia y versatilidad. Su
consejero y primer ministro Abu-l-Fadl al-Alamí (1551-1602)
redactó el Akbar Nameh, biografía-panegírico del emperador
(trad. H. Blochmann, Calcuta, 1907).«Al principio del
siglo siguiente (XVII), Basãwan, Miskin, Lãl, Kesu, Mãdhu e
Ijlãs ilustraron el manuscrito de Akbar-namã que se
encuentra ahora en posesión del museo londinense de Victoria
y Alberto. Una de las mejores ilustraciones de esta obra es
la escena en la que se ve a Akbar haciendo cruzar a su
elefante el río Ganges a nado en el año 957/1567» (S.A.
A. Rizvi: "India musulmana", en
El mundo del Islam. Gente, cultura y fe, ed. dirigida
por Bernard Lewis, Ediciones Destino, Barcelona, 1995, pág.
362).
Junto a los libros de
historia, las obras literarias constituyeron el segundo polo
de atracción de Akbar. En el primer rango de este tipo de
literatura figura el Hamza Nameh, relato épico sobre las
hazañas de Amir Hamza, el tío del Santo Profeta Muhammad
(BPD). Según Abu Fadl, este manuscrito contenía en su
versión original más de 1400 miniaturas de gran formato
(hasta 75 x 60 ctms.), pertenecientes por entero a la
tradición timúrida y ejecutadas a la aguada por dos pintores
persas: Mir Seied Alí y Abd al-Samad. Sin embargo, los
grandes poetas mogoles comenzarán a aparecer en la
decadencia de la dinastía y con la llegada de los invasores
ingleses.
Bahadur Shah
Bahadur Shah II
(1775-1862) fue el último emperador musulmán de la India que
fue depuesto por los británicos a raíz de la insurrección de
1857 y, posteriormente, exilado en Birmania. Fue un
talentoso poeta en lengua persa y una de sus poemas,
rescatado por el historiador musulmán indio Mahdi Husain en
su obra Bahadur Shah II and the War of 1857 (Delhi, 1958),
reflejan la patética hora que le tocó sufrir al pueblo
indomusulmán:
«Violadas las gentes de Hind
nadie envidiará su suerte.
A quienes halló justos y libres
pasó por la espada
el amo del día presente».
Galib
Ullah Jan, conocido como
Galib (1797-1869). Nacido en Agra, de temperamento
aristócrata, bondadoso y tolerante —sus amistades fueron
tanto hindúes como musulmanas—, Galib, que vivió en la
última época de la India mogola, está considerado como el
gran poeta de la lengua urdu, la oficial en la actual
República Islámica del Pakistán. Virtuoso de la rima y del
ritmo, fue uno de los más conspicuos representantes del
gazal cultivado por la escuela de Delhi (ciudad en la que
fijó su residencia). Poeta de fácil inspiración, utilizó
elementos autobiográficos para cantar con bellas imágenes la
angustia, la frustración y el éxtasis del amor. La mayoría
de sus poemarios se publicaron póstumamente.
El último gran poeta de
esta escuela será
Juaÿa Altaf Husain Hali (1837-1914), adherente al
movimiento panislámico, quien escribirá con amargura sobre
la decadencia del Islam en la India.
R.H Shamsuddin Elía
Prof. del Instituto Argentino
de
Cultura Islámica |