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LOS MAMELUCOS.
Guardianes del Islam
Los Mamelucos (1) fueron
soldados esclavos convertidos al Islam y que constituyeron un sultanato en
Egipto y regiones vecinas entre 1250 y 1517. De esta casta surgieron dos
dinastías de regentes. Estos ex esclavos de origen no musulmán provenientes del
sur de Rusia y el Cáucaso se constituyeron en una milicia (unos doce mil) que
fue organizada por el sultán ayubí as-Salih Ayub (g. 1240-1249).
Notablemente experimentados en
el arte de la guerra y dotados de un valor extraordinario, estos soldados del
Islam frenaron el avance de los mongoles de Hulagú (1217-1265), el destructor de
Bagdad en 1258, y de Ghazán (1271-1304), y, a la vez, lograron reconquistar en
Siria y Palestina los enclaves cruzados, erradicando definitivamente esa amenaza
occidental.
Hubo veintisiete sultanes
mamelucos denominados bahríes (de bahr, "río", referido al Nilo, pues en
su delta combatieron a la séptima cruzada), de origen turco, entre 1250-1382, y
veintisiete burÿíes (de burÿ, "torre", ya que originalmente su cuartel
estaba coronado por una torre de vigilancia), de origen circasiano o cherkés
(procedentes del Cáucaso), entre 1382-1517. Entre los bahríes el más famoso fue
el kipchak Baibars (ver segmento). Entre los burÿíes se destacó particularmente
el circasiano al-Malik al-Ashraf Saifuddín Barsbai, apodado «la Pantera»,
gobernante entre 1422 y 1438, que lanzó una expedición contra Chipre en 1425 y
que finalizó con la captura del rey isleño Janus, cuyo hijo Juan II (g.
1432-1458) se declaró vasallo del sultán.
El advenimiento de la dinastía
Bahrí en 1250 inició una línea sucesoria que trajo consigo ganancias
territoriales y gran prosperidad a Egipto y Palestina.
Después de 1341 el poder del
sultán Bahrí gradualmente pasó a los jefes de tropa. Hacia 1382 el primer
regente Burÿí pudo ocupar el trono. Su mandato y el de sus sucesores fue
problemático debido a revueltas palaciegas, guerras civiles y conquistas
extranjeras, culminando con la derrota de la dinastía en 1517 ante Selim I,
sultán del Imperio otomano. Egipto entonces se sometió a la autoridad de un
representante turco, el pashá, aunque el poder real continuaba estando en
manos de los beys mamelucos, gobernadores de distritos o provincias menores.
Hacia mediados del siglo XVII
los emires mamelucos, o beys, habían restablecido su supremacía. Cuando
Bonaparte, al pretender avanzar hacia las posesiones británicas en la India,
invadió Egipto, derrotó a los mamelucos en la batalla de las Pirámides el 21 de
julio de 1798 (2). Después de que los franceses evacuaran Egipto en 1801,
los mamelucos lucharon con los turcos por el poder, aunque fueron diezmados por
Muhammad Alí (3) en la masacre de El Cairo en 1811. Los supervivientes
huyeron a Nubia y a Zanzíbar. Los mamelucos tuvieron una trascendencia de casi
600 años en la historia del Egipto musulmán (640-1226 de la Hégira).
ANTECEDENTES
Los ayubíes fueron la dinastía
fundada por Saladino en 1169, la cual gobernó Egipto, Palestina y Siria. Al
producirse la séptima cruzada (1248-1254), el pueblo musulmán estaba cansado de
los últimos sultanes ayubíes, tanto por su indecisión como por su ineficacia en
enfrentar a los invasores europeos.
El 5 de junio de 1249 los
francos desembarcan y al día siguiente toman Damieta. Luego de avanzar por el
delta del Nilo, el poderoso ejército cruzado integrado por doce mil infantes y
dos mil quinientos caballeros encabezados por el rey franco Luis IX
(1214-1270)—más tarde canonizado— es derrotado en Mansurah (8 de febrero de
1250) y obligado a retroceder y a rendirse en Sharamsah (6 de abril de 1250)
ante los poderosos batallones mamelucos. Una nueva era había comenzado.
LA SEGUNDA SULTANA DEL ISLAM
De origen armenio, Shaÿar
ad-Durr (literalmente " árbol de perlas") era una de las esposas del sultán
as-Salih Ayub antes mencionado.
A poco de producirse la
invasión franca a Damieta (6 de junio de 1249), el 23 de noviembre de ese mismo
año falleció el sultán. Por esa época Shaÿar ad-Durr (1217-1257) contaba con
treinta y dos años y era una mujer inteligente y hermosa. Dándose cuenta que la
infausta noticia podría desmoralizar a los musulmanes, ocultó la muerte de su
esposo y falsificó con su firma un documento que nombraba a Turán Shah (hijo de
Ayub, virrey en el Ÿezireh, noroeste de Irak) heredero y comandante del ejército
al experimentado Fajr al-Din, ex embajador ante la corte del emperador
criptomusulmán Federico II de Sicilia (1194-1250). Pero luego de producirse la
victoria sobre los francos y el asesinato de Turán Shah (acusado de cobardía y
corrupción), los emires y comandantes mamelucos proclamaron sultana a Shaÿar
ad-Durr el 5 de agosto de 1250.
El historiador Ibn Uasil fue
testigo de ese singular acontecimiento:
«Tras el asesinato de Turán Shah, los emires y los mamelucos se reunieron cerca
del pabellón del sultán y decidieron llevar al poder a Shaÿar ad-Durr, una
esposa del sultán ayubí que se convirtió en reina y sultana. Se hizo cargo de
los negocios de Estado, estableció un sello real con su nombre bajo la fórmula
"Umm Jalil", la madre de Jalil, un hijo que había tenido y que había muerto muy
joven. Se pronunció en todas las mezquitas el sermón (jutba) del viernes bajo el
patrocinio de Umm Jalil, sultana de El Cairo y de todo Egipto. Fue éste un hecho
sin precedentes en la historia del Islam».
Por segunda vez en la historia
del Islam, una mujer gobernaba un extenso territorio. La primera vez había
sucedido muchos kilómetros al oriente, cuando ascendió al frente de la dinastía
turca ilbarí, en el sultanato de Delhi en la India, Radiyya, la hija de
Shamsuddín Iltutmish (éste la nombró su sucesora por encima de sus hijos
varones), la cual gobernó entre 1236-1240.
El reinado de Shaÿar ad-Durr
fue muy breve debido a que contrajo matrimonio con el comandante Izzuddín
Abu al-Mansur Aibak, a quien hizo primer sultán de los mamelucos
(1250-1257).
BAIBARS, PALADIN DE PALADINES
Tal vez el personaje más
singular, más incomparable y más desconocido de la historia islámica es el
sultán y héroe mameluco Ruknuddín Baibars al-Bundukdarí (el ballestero) Ibn
Abdullah (la mayoría de los mamelucos adoptaban este nombre por ser conversos y
desconocer la identidad de sus padres). Durante su mandato, Egipto se convirtió
en el estado más poderoso del Islam oriental.
Nacido en 1223 en Crimea, a
orillas del Mar Negro, pertenecía a la raza turca de los kipchaks. Baibars era
alto, cabello castaño y ojos azules. Tenía una curiosa mancha blanca en un ojo,
y una mirada penetrante que traslucía su carácter esforzado y severo. Vendido
como esclavo por unos comerciantes en el mercado de Damasco, fue adquirido para
revistar en la guardia de corps del sultán ayubí debido a su belleza y
corpulencia. Su destreza con las armas y su coraje en los combates conquistó la
admiración de sus compañeros y superiores.
Su carrera militar no tiene
igual en ninguna época islámica anterior o posterior. Solamente durante sus
diecisiete años de sultanato (1260-1277) realizó treinta y ocho campañas durante
las cuales recorrió cuarenta mil kilómetros. Nueve veces luchó contra los
mongoles, cinco contra los armenios y tres contra los hashashiyyín ("los
Asesinos" o nizaríes, secta escindida del ismailismo). Sólo contra los francos
luchó en 21 ocasiones, y salió vencedor en todas. A los cruzados les logró
capturar baluartes considerados inexpugnables, como los castillos de Safed (mar
de Galilea), en 1266, Beaufort de los templarios (a orillas del Litani, sur del
Líbano), en 1268, y el famoso Krak de los Caballeros (al oeste de Homs, en
Siria), en 1271. Además conquistó las ciudades de Arsuf, Cesárea, Jaffa,
Haifa,Torón y Antioquía. En 1270 envió a la flota mameluca a atacar el puerto
chipriota de Limassol en represalia por la ayuda constante de la dinastía
Lusignan (1191-1489) a los baluartes cruzados de Palestina y Siria. En 1273
destruyó el castillo de los Asesinos en Masyaf (cerca de Hamah, en Siria), donde
residía Sinán (m. 1192), el llamado «Viejo de la Montaña» (Sheij al-Ÿabal),
y su siniestra organización (4).
Ain Ÿalut y la salvación del Islam
Su victoria más importante, sin
embargo, fue en el oasis de dunas de Ain Ÿalut ("La fuente de Goliat"), en la
actual localidad palestina de Ein Harod (a mitad de camino entre Afula y Bet
She'an), el 3 de septiembre de 1260. Ese día, el general Baibars y el sultán
Qutuz (g.1259-1260) derrotaron a un poderosísimo ejército mongol de cincuenta
mil hombres y diez mil jinetes enviado por Hulagú (el nieto de Gengis Jan) al
mando de Ketbogha. La estrategia de los mamelucos fue una copia casi exacta del
ardid por el cual el general cartaginés Aníbal Barca venció a los romanos en
Cannas (agosto, 216 a.C.). La infantería musulmana (unos veinte mil) al mando
del sultán Qutuz Ibn Abdullah aguardó fuera de la vista del enemigo mientras
Baibars y sus doce mil jinetes fingieron hacer un ataque masivo y luego
retrocedieron. Los mongoles persiguieron a lo que se retiraban, sin percatarse
por la rapidez de la acción y la polvareda reinante que eran conducidos al
centro de una pinza que se cerró inexorablemente en el momento preciso, mientras
la caballería mameluca giraba en redondo y contraatacaba. Ketbogha sucumbió en
el combate. Esa finta de Baibars consiguió el triunfo.
Esta batalla fue una de las más
importantes de la historia, comparable a la de Gaugamela (1 de octubre, 331
a.C.), por la que Alejandro conquistó el Imperio persa, a la de Hastings (14 de
octubre, 1066), por la que Inglaterra pasó a manos de los normandos, a la de
Waterloo (18 de junio, 1815), por la que Napoléon fue definitivamente vencido, o
a la del Alamein (23 de octubre-4 de noviembre, 1942), por la que el Afrika
Korps de Rommel fue frenado y desbandado a las puertas de El Cairo. Dice el
medievalista británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al Islam
de la amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles
hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún estado musulmán importante
en el mundo al este de Marruecos» (Historia de las cruzadas, Alianza,
Madrid, 1997, vol. III: El Reino de Acre y las últimas cruzadas, pág. 289).
Es lícito especular acerca de
lo que pudo pasar en Ain Ÿalut si hubieran resultado los mongoles victoriosos, y
sobre todo cómo habría cambiado la historia del Mediterráneo, y con ella la
civilización del Islam, la cual hubiera prácticamente desaparecido. Recordemos
que ya en ese año crucial de 1260, grandes ciudades musulmanas como Bujará,
Samarcanda, Gazni, Herat, Merv, Nishabur, Hamadán, Tabriz, Mosul, Alepo, Damasco
habían sido saqueadas, casi destruidas y sus habitantes pasados a cuchillo o
violados. Los sabios del Islam con sus universidades (madrasas). bibliotecas,
observatorios, laboratorios y miles de descubrimientos invalorables atesorados
en seis siglos se perdieron para siempre y fueron barridos del mapa. Solamente
en Bagdad (tomada el 10 de febrero de 1258), los mongoles mataron a no menos de
un millón de musulmanes árabes y persas en cuarenta días, o sea la mitad de la
población: «Un mongol encontró en una calle lateral a cuarenta niños recién
nacidos, cuyas madres estaban muertas. Como acto de clemencia, los mató, pues
pensó que no podrían sobrevivir sin nadie que los amamantase» (Steven
Runciman, Historia de las Cruzadas. O. cit. Vol. III, págs. 280-281).
«Algunos mongoles —aseguran testigos oculares—, destripaban cadáveres, los
llenaban hasta el tope con alhajas saqueadas y así desaparecían cabalgando,
llevando delante suyo sobre la montura, atravesados, estos espantosos
recipientes para el transporte...El conquistador recién se retiró un rato cuando
se hizo insoportable el olor de los cadáveres al bajar el fresco invernal...
Sólo quedaron intactos los cristianos y las iglesias cristianas. No únicamente
porque las primeras mujeres de Hulagú eran cristianas. Hulagú había entrado en
una gran coalición con los cruzados, por medio del rey (cristiano) de Armenia,
que era suegro del príncipe cruzado Bohemond de Antioquía» (Rolf Palm,
Los árabes. La epopeya del Islam, Javier Vergara, Buenos Aires, 1980, pág.
331).
Paradójicamente, a partir del
jan Mahmud Ghazán (g. 1295-1304) —restaurador del Islam en Irán—, los mongoles
se harán paulatinamente musulmanes y tendrán sabios y científicos de la talla de
Ulug Beg (1394-1449) —astrónomo, historiador, teólogo, poeta y mecenas de las
artes—, y políticos y guerreros como Zahiruddín Muhammad Babur (1483-1530)
—fundador de la dinastía mogol de la India musulmana (1526-1858), que
revitalizarán y consolidarán el Islam en el Lejano Oriente.
Baibars también se destacó como
renovador religioso y estadista. Prohibió la prostitución y las bebidas
alcohólicas bajo pena de muerte. En el campamento de turno y en el palacio de El
Cairo o Damasco denunciaba con su voz potente e imperturbable los males de la
época y recomendaba las soluciones apropiadas. Hizo construir escuelas,
hospitales, un estadio de tamaño olímpico, embalses y canales en el valle del
Nilo, cocinas populares, distribución anual de diez mil bolsas de cereal para
beneficencia, e implementó un servicio postal de cuatro días para una carta de
El Cairo hasta Damasco; eficiencia que hoy día rara vez se alcanza. La lista de
sus obras sociales es casi tan larga como aquélla de sus empresas militares.
Baibars murió en Damasco el 1
de julio de 1277. Su heredero político y militar fue el sultán Saifuddín Qala'ún
al-Alfi (g. 1277-1290). Este hábil estratega logró rechazar un gigantesco
ejército combinado mongol-armenio y sus aliados hospitalarios liderados por
Mangu Timur y el rey León de la Armenia ciliciana, que sumaban cerca de
ciento cincuenta mil hombres. La batalla tuvo lugar en las afueras de Homs
(Siria) el 30 de octubre de 1281, y los invasores luego de sufrir fuertes
pérdidas (Mangu Timur resultó herido y murió poco más tarde) se retiraron del
otro lado del Eufrates. También reconquistó la fortaleza al-Marqab o Margat de
los hospitalarios —llamados en árabe al-osbitar— (25 de mayo, 1285), en
Siria, y el puerto de Trípoli (26 de abril, 1289), en Líbano, donde perdieron la
vida siete mil soldados francos. Cuando marchaba hacia Akka (San Juan de Acre),
falleció el 10 de noviembre de 1290. Su hijo y sucesor al-Ashraf Jalil
(g. 1290-1293) tomaría Akka, último baluarte de los cruzados en Tierra Santa, el
18 de mayo de 1291.
Sin embargo, una nueva e
inesperada situación se iba a producir. En 1299 el líder mongol Mahmud Ghazán
cruzó el Eufrates con un enorme contingente y se apoderó de Alepo. Su aceptación
del Islam era incipiente y sus intereses de ambición y poder eran superiores a
su nueva fe. Gazhán había realizado una muy elaborada alianza con el papa
Bonifacio VIII (1240-1303) y el rey Hayton o Hethum II del dominio armenio de
Cilicia, a quienes prometió los lugares santos de Palestina a cambio de ayuda.
Gazhán rápidamente venció a los mamelucos en Salamia (cerca de Homs), el 23 de
diciembre, y conquistó Damasco (enero de 1300). En 1303, los mongoles iniciaron
una nueva campaña bajo el mando de Kutluk Sha, pero los mamelucos se recobraron
y los derrotaron en Marÿ as-Saffar, cerca de Damasco.
La difusión del Islam en Oriente
Los mamelucos fueron grandes
misioneros del Islam. Precisamente, la islamización del archipiélago indonesio
comienza a finales del siglo XIII con la llegada de comerciantes musulmanes
provenientes del Egipto mameluco, en su mayoría adherentes a la escuela shafií
de pensamiento. Los mamelucos también tuvieron un fructífero intercambio
culturaly comercial con la civilización islámica swahili de la costa oriental de
Africa.
Las innovaciones militares y la llegada de los otomanos
La institución mameluca
gobernante se basaba en el predominio de la caballería, es decir, de los jinetes
o faris, con su soberbio dominio del caballo y su excelente pericia en el
uso de las armas y de la táctica de la guerra en campo abierto. El uso de la
artillería de campaña conlleva líneas de defensa estáticas, y el uso de armas de
fuego manuales presuponía la importancia cada vez mayor del soldado de
infantería armado de arcabuz. Los mamelucos se dieron cuenta muy pronto de que,
excepto para su uso en sitios de fortalezas y ciudades, la adopción del arma de
fuego conllevaría el desmantelamiento de todo su sistema militar.
Qansuh al-Gurí (g. 1501-1516),
disponía en sus fuerzas armadas de gran cantidad de cañones, tanto para la
defensa de El Cairo y de su costa mediterránea como para emplazar en sus flotas
del mar Rojo y el océano Indico contra los portugueses y en ayuda de los
sultanatos del sur de Arabia, el Zanÿ y la India. Qansuh fue uno de los primeros
sultanes que trató de crear un cuerpo de arcabuceros y hubo de resistir
presiones de la jerarquía mamlukí para que lo disolviera. Las versiones
esgrimidas era que el arcabuz era un arma de cobardes... A pesar de todo,
teniendo que hacer frente a la amenaza portuguesa en el sureste, y con la
actitud cada vez más peligrosa de los otomanos en la fronteras sirias, las
nuevas armas eran realmente indispensables para los mamelucos, que se
enfrentaron con los otomanos en las batallas decisivas de Marÿ Dabiq, en Siria,
y Raydaniyya, en las afueras de El Cairo, con una capacidad de fuego
palpablemente inferior a las de las tropas del sultán Selim; fue algo así como
cuando los mahdistas sudaneses atacaron a los británicos de Kitchener en
Omdurmán (2 de septiembre, 1898), o cuando la heroica caballería polaca hizo
frente a las divisiones panzer alemanas en septiembre de 1939, pues en esos
encuentros que resultaron fatales, los mamelucos vieron de forma palpable que el
valor personal no era suficiente. Irónicamente, dos siglos después, los
jenízaros —que tuvieron un origen similar a los mamelucos—, rechazaron los
nuevos ingenios militares, como las formaciones en cuadros de fusileros y la
bayoneta, y consecuentemente experimentaron derrotas que condujeron al
desmembramiento del Imperio otomano.
LA ORGANIZACION JERÁRQUICA MAMELUCA
Los mamelucos establecieron un
gobierno militar fuertemente centralizado debido a las amenazas permanentes de
parte de cruzados y mongoles.
En primer lugar tenían una
jefatura espiritual representado por el califato abbasí trasladado de Bagdad a
El Cairo por recomendación de Baibars en 1261 y que duró hasta la llegada de los
otomanos en 1517. Sin embargo, estos califas fueron meras figuras decorativas
del régimen mameluco.
Seguidamente estaba el cargo
del hombre fuerte del reino, el sultán, delegado ejecutivo del califa y
gobernador de Egipto, Palestina y Siria.
Luego estaba el Consejo de los
24 Emires, todos ellos grandes comandantes militares (los Ahl al-Saif,
Gente de la Espada), que recibían cada uno el nombre en árabe de Amir mia wa
muqaddam alf e integraban una Asamblea llamada Umara al-Mushara.
El estado teocrático mamluco
estaba regido por los jueces supremos musulmanes (Qadi al-Qudat Madhab)
de la cuatro escuela de pensamiento sunníes: shafií, malikí, hanafí y hanbalí.
Con éstos magistrados colaboraban distintos funcionarios: el inspector general
de pesos y medidas y de la moral y el orden público (Muhtasib), el Sheij
responsable de los hospitales y monasterios de las órdenes sufíes, los Imames de
las mezquitas y los predicadores y los Alfaquíes (Fuqaha), jurisperitos.
El sistema resultaba muy
eficiente por la celosa y apropiada administración de las distintas secretarías
que estaban bajo la dirección de un Ministro o Visir (Wazir), y sus
funcionarios llamados la «Gente de la Pluma» (Ahl al-Qalam):
Administrador estatal de la corona (Nazir al-Jass), Administrador civil
de las finanzas del ejército (Nazir al-Ÿaish), Primer tesorero (Sahib
Bait al-Mal), Canciller o «Secretario del secreto» (Katib al-Sirr),
Administrador de terrenos reales (Diwan al-Jass), Administrador
financiero (Diwan al-Ÿaish), Secretarios y Magistrados (Kuttab al-Dast)
y Escribientes de manuscritos y secretarios adjuntos (Kuttab al-Darÿ).
Los mamelucos conquistaron
Nubia —el Sudán actual— y dominaron el comercio en el mar Rojo, al tiempo que
protegían los santos lugares del Hiÿaz (La Meca y Medina). Gracias a su
excelente administración y habilidad comercial, El Cairo volvió a ser una
metrópoli económica.
UNA ARQUITECTURA SOBRESALIENTE
El período mameluco fue una
época de extraordinaria brillantez en las artes. También supuso un período de
expansión comercial; los comerciantes de especias de Egipto, los karimí,
disputaron con los emires en el patronazgo de las artes.
Los mamelucos, grandes mecenas,
embellecieron El Cairo con suntuosos monumentos: la Mezquita de al-Zahir Baibars
(1266-1269), Hospital, Mausoleo y Madrasa de al-Qala'ún (1284-1285), Madrasa y
Mausoleo de al-Nasir Muhammad (1295-1303), Mausoleos de los emires Salar y
Sanÿar al-Ÿawli (1303-1304), Mezquita de al-Nasir Muhammad (1318-1335), Mezquita
del emir Altunbuga al-Maridaní (1339-1340), Mezquita-madrasa del sultán Hasan
(1356-1359), Madrasa del emir Mitqal (1361-1374), Mausoleo de Yunus al-Dawadar
(1382), Madrasa de Barquq (1384-1386), Janaqah y Mausoleo de Barquq (1399-1412),
Mezquita de al-Mu'ayyad Sheij (1415-1421), Mausoleo y Janqah de al-Ashraf
Barsbai (1432), Conjunto funerario del sultán Inal (1451-1460), Conjunto
funerario del sultán Qayitbai (1472-1474), Mezquita-madrasa, Mausoleo del sultán
Qansuh al-Gurí (1499-1505), Janqah de Qurqumaz (1506-1507), junto con diversos
caravansares (hospedajes para viajeros, en general con intereses comerciales) y
baños públicos (hammamat).
El Caravansar del sultán Qansul
al-Gurí (g-1498-1505), construido entre 1504-1505, es un ejemplo del alto grado
alcanzado por la arquitectura de los mamelucos. Es un edificio de varias plantas
y almacenes, con balcones trabajados en madera vueltos hacia el típico patio
interior de las construcciones islámicas, con su fuente para las abluciones. El
estilo clásico mameluco, como el nasrí granadino o el indiomogol produjeron
edificios que sorprenden por su eterna modernidad.
Otro clásico edificio mameluco
era aquel que albergaba un convento o monasterio llamado Janqah, conocido
en otras partes del mundo islámico como zagüía o tekké. Esta era
una fundación dirigida por un sheij y provista de fondos donados para el
mantenimiento de una orden sufí. Los sufíes gozaron de un período de gran
protección y prosperidad bajo los mamelucos.
Por otra parte, los monumentos
y edificios que enumeramos y que lamentamos no poder describir y detallar —el
límite de este apunte no lo permite—, son a simple vista los más bellos e
importantes de la capital egipcia. Se podría decir que los mamelucos fueron los
mayores constructores entre todas las dinastías islámicas. Recomendamos
consultar las obras especializadas sobre esta temática del islamólogo de origen
ruso Oleg Grabar y las del arquitecto suizo nacido en Alejandría Henri Stierlin
GRANDES PERSONAJES DE LA EPOCA
Los datos que poseemos sobre la
época mameluca son abundantes y precisos debido a la gran cantidad de
científicos, geógrafos, médicos, secretarios e enciclopedistas que florecieron
durante esa civilización. La vida intelectual de la época mameluca brilló con
los historiadores y los cronistas. El famoso viajero tangerino Ibn Battuta
(1304-1377) visitó El Cairo mameluco en 1326 y 1349 y en su diario de viajes no
cesa de elogiar las cualidades de sus gobernantes y el orden imperante en
ciudades y pueblos (cfr. Ibn Battuta, A través del Islam, Alianza, 1988,
págs. 117-149 y 745-747).
Y fue en el Egipto mameluco
donde culminó la redacción de «Las mil y una noches», que reflejan el grado de
civilización alcanzado por las dos dinastías.
Ibn Jalikán
Shamsuddín Abu-l-Abbás Ahmad
al-Barmakí Ibn Jalikán nació en Irbil, o Arbela (Irak), en 1211, y murió en El
Cairo en 1282. Fue profesor en la madrasa Fajría de El Cairo, y aprovechó el
tiempo que estuvo en este cargo para terminar su gran diccionario biográfico.
Este se llama en árabe, Uafiát al-a’ián ua-anba’ abna az-zamán ("Las
perfecciones de los conspicuos y la información de los hijos de la época"),
traducido por el irlandés William McGuckin de Slane, con el título: Ibn
Khallikan: Biographical Dictionary, Londres, 1842-1871. Es un diccionario de
los grandes hombres del Islam, excluyendo a los compañeros del Santo Profeta
(BPD), a los cuatro primeros califas, y en general a los personajes del primer
siglo de la Hégira. Comenzado en El Cairo en 1256, fue completado en la misma
ciudad en 1274, después de haber sido interrumpido por la misión del autor como
gran cadí de Siria, en la ciudad de Damasco. El manuscrito se encuentra en el
Museo Británico (publicado por Dar al-Taqafa en 8 vols., Beirut, 1968). Véase
Ibn Khallikan's Biographical Dictionary, Librairie du Liban, Beirut, 1970.
Ibn Uasil
El sirio Ÿamaluddín Muhammad
Ibn Uasil (1207-1298), diplomático y jurista, dejó una crónica del período
ayyubí y del comienzo de la era mameluca llamada Mufarriÿ al-kurub fi ajbar
bani Ayyub (ed. H.M. Rabie, El Cairo, 1979). En 1261 fue enviado como
embajador del sultán mameluco Baibars a la ciudad italiana de Barletta (al norte
de Bari), a entablar una alianza con Manfredo (1232-1266), rey de Sicilia y
Nápoles. Este era hijo de Federico II, y como su padre, fue excomulgado (1258)
por el pontífice Alejandro IV, por su actitud favorable hacia los musulmanes.
Ibn Uasil describe a Manfredo como «un hombre distinguido, amante de las
ciencias especulativas que conocía a fondo las diez proposiciones del Libro de
Geometría de Euclides». Manfredo moriría peleando contra las fuerzas de
Carlos de Anjou (1226-1285) en la batalla de Benevento. Aparentemente, su obra
no se editó nunca, aunque en las obras de J.F. Michaud y Francesco Gabrieli hay
citas y traducciones fragmentarias.
Un contemporáneo de Ibn Uasil
fue el historiador egipcio Ibn Abd az-Zahir (1223-1293), secretario de los
sultanes Baibars (1223-1277) y Qa’laûn (muerto en 1290), que tuvo la mala
fortuna de ver su obra principal, la "Vida de Baibars", Sirat Baibars,
resumida por un sobrino ignorante que no nos ha dejado sino un texto truncado e
insulso. Los pocos fragmentos que nos han llegado de la obra original revelan un
verdadero talento de escritor y de historiador.
Ibn Nafís
Sobre el médico musulmán de
origen sirio llamado Ibn al-Nafís (1210-1288) se tienen pocos datos, ya que un
contemporáneo suyo, el bibliógrafo y médico Ibn Abi Usaibí’a (1194-1270), no le
menciona en su ‘Uiún al-anba fi tabaqat al-atibba ("Las fuentes
esenciales de la clasificación de los médicos"), que contiene 380 biografías,
comenzando por los griegos y finalizando con sus contemporáneos (ed. Muller, 2
vols., 1884.).
Ibn al-Nafís estudió, además de
medicina, gramática, lógica y teología. Fue médico principal en Egipto y médico
personal del sultán mameluco Baibars.
Asimismo, Ibn al Nafís
desarrolló una destacable actividad literaria. Sin embargo, su más importante
logro es el haber descubierto la circulación menor de la sangre. Esto ocurría
tres siglos y medio antes de la época de William Harvey (1578-1657), el médico
inglés a quien se atribuye el «descubrimiento». Lo que hace especialmente
notable el descubrimiento de Ibn al-Nafís es el que llegó a él más por deducción
que por disección. Se ha descrito a este científico del siglo XIII como «el que
no receta una medicina cuando bastará con la dieta».
Ibn al-Quff
Ibn al-Quff (1233-1286) es un
médico de origen sirio que utiliza las enseñanzas de Abulcasis y las aplica en
los tratamientos de las heridas producidas en los combates mantenidos entre los
musulmanes y los invasores cruzados. en tierras de Egipto y Palestina. Su obra
principal, el Kitab al-’umda fi sina’at al- ÿiraha ("Libro del arte de la
cirugía") ofrece un completo tratado sobre cirugía. Ibn al-Quff pretende
mediante este trabajo que los cirujanos aprendan teoría médica, para de ese
desempeñar correctamente la labor que tienen encomendada. Su obra, pese a no ser
muy divulgada, es un importante eslabón en la cirugía medieval.
Abulfeda
Ismail Ibn Alí al-Malik
al-Mu’ayyad Imaduddín, llamado Abu-l-Fida (latinizado Abulfeda), nació en 1273 y
murió en 1331. Pertenecía a la familia de los ayubíes, como Saladino, y sus
antepasados habían sido gobernadores de Hamah, en Siria. Recibió educación de
guerrero y de letrado; a los doce años acompañó a su padre al sitio de la
fortaleza de al-Marqab (sobre la costa, entre Tartús y Latakia), arrebatada a
los Hospitalarios en 1285. Más tarde combatió nuevamente contra los cruzados en
la toma de Trípoli (Líbano) y en el asedio de San Juan de Acre (Palestina) donde
mandaba un pelotón de diez hombres. Experimentado historiador y geógrafo.
Mujtasar ta’rij al-bashar, una historia universal desde la Creación al año
1329, y Taqwím al-buldán
("Localización de los países"), un tratado de geografía, son sus obras más
conocidas.
Abu-l-Fida escribió alrededor
del año 1300 que Arbuna (Narbona, en el Bajo Languedoc, Francia) fue un
importante centro comercial bajo los musulmanes: por entonces los barcos podían
remontar el curso del Aude hasta la ciudad, e incluso llegar más arriba. De ahí
partían navíos hacia Alejandría, el mayor puerto del Oriente musulmán, cargados
de cobre y estaño procedentes de Toulouse, donde previamente habían descendido
la mercancía que traían de Inglaterra, pasando por Burdeos y el Garona (cfr.
La Géographie d'Abu l-Fida. Traducción de J.T. Renaud, París, 1848, t. III,
pág. 307; Mujtasar ta'rij al-bashar, Ed. al-Husainiyya al-Misriyya, El
Cairo, 1905-1906). Abul-l-Fida fue hecho gobernador de Hamah en 1310 por los
mamelucos, y en 1320 se le confirió el rango de sultán. Durante su mandato
patrocinó la construcción de numerosos hospitales, madrasas (escuelas
teológicas) y jankahs (monasterios sufíes).
An-Nuwairí
An-Nuwairí (1279-1332), nacido
en el Alto Egipto, fue katib (secretario) de la administración mameluca. Es el
autor de una monumental enciclopedia que encierra todo el saber de su época, en
cuyo título destaca su predilección por la estética y el conocimiento: «El fin
último en las técnicas de la literatura» (Nihayat al-arab fi funun al-adab),
editada por Ahmad Zaki Pashá en 18 volúmenes en El Cairo, entre 1923-1944,
reimpresa en 1963. An-Nuwairí, Ibn Fadl Allah al-Umarí y al-Qalqashandí son los
tres más grandes representantes de la literatura y la historia enciclopédica
islámica de la época mameluca.
Ibn Fadl Allah al-Umarí
Shihabuddín Ahmad Ibn Fadl
Allah al-Umarí (1301-1349), nació en Damasco. Siendo muy joven, reemplazó a su
padre en el cargo de canciller de la administración central en El Cairo. Es el
autor de una vasta enciclopedia de más de veinte tomos intitulada «Los caminos
de los perspicaces en los reinos de los confines» (Masalik al-absar fi
mamalik al-amsar), de la cual sólo se publicó el primer volúmen (El Cairo,
1924), y el islamólogo francés Maurice Gaudefroy-Demombynes (1862-1957) hizo una
traducción parcial, editada en París (1927).
Ibn Jaldún
Abu Zaid Abdurrahman Ibn Jaldún
al-Hadramí (1332-1406), llamado Abenjaldún por los latinos, es uno de los más
importantes historiadores y el primer sociólogo del Islam. Nacido en Túnez,
realizó toda su actividad principalmente en el Magreb y al-Ándalus. Su obra más
conocida es el tratado de historia llamado al-Muqaddimah ("Los
Prolegómenos"). Debido a diversas persecuciones, a partir de 1382 se vio
obligado a refugiarse en Egipto, donde ocupará el cargo de Gran Cadí (Juez
supremo) de la escuela maliki de pensamiento en la administración de los
sultanes mamelucos burÿíes.
Posteriormente, residió un
tiempo en Damasco (1399-1341) y durante el asedio de esta ciudad por los
invasores mongoles (enero y febrero de 1401), salvó la vida gracias a la
admiración que Timur Lang (1336-1405), llamado Tamerlán en Occidente, tenía por
los sabios. Finalmente, se estableció como magistrado en El Cairo y fue profesor
de la Universidad de Al-Azhar.
Al-Maqrizí
Taqiuddín Abu-l-Abbás Ahmad
al-Maqrizí debe su apodo por el cual es conocido, a un suburbio de la ciudad
libanesa de Baalbek, donde su abuelo había habitado antes de emigrar a Damasco;
después su padre se estableció en El Cairo, donde nació nuestro autor en 1365.
Tras ocupar funciones en la administración mameluca y en la enseñanza, decidió
abandonar la carrera pública para consagrarse a la historia. escribió numerosas
obras, entre ellas una historia de los fatimíes llamada Itti’az al-hunafa’
bi-ajbar al-a’imma al-fatimiyyín al-julafá (publicada en El Cairo en tres
vols., 1967), otra de los sultanes mamelucos con el título de Suluk limaarifa
Dúal-al-Muluk
("La marcha hacia el conocimiento de las dinastías reales"), de la cual el
especialista francés Etienne-Marc Quatremère (1782-1857) tradujo dos
volúmenes (Histoire des sultans Mamlouks, París, 1837-45).
En este último trabajo se
detalla con abundantes referencias a la clase político-militar de los mamelucos.
Al-Maqrizí es igualmente conocido por su trabajo Kitab al-Maua’iz
ua-l-i’tibar fi dikr al-jitat ua-l-atar ("Libro de las exhortaciones y
consideraciones"), también llamado al-Jitat ("El Catastro"), que es una
historia y geografía del Egipto que trata especialmente de la topografía de El
Cairo. Asimismo, tiene un inconcluso diccionario alfabético de biografías de
todos los príncipes y hombres célebres del Egipto islámico; la obra completa
debía constar de ochenta volúmenes; solamente deciséis han sido debidamente
identificados. Sus trabajos cubren la historia de Egipto entre 1181 y 1442.
Al-Maqrizí falleció en 1442.
Al-Qalqashandí
Al-Qalqashandí (1335-1418), al
igual que su antecesor Ibn Fadl Allah al-Umarí, fue canciller de los mamelucos,
conocido con el título del «Secretario del secreto» (katib al-sirr). Su
obra enciclopédica la terminó en 1412, a la edad de setenta y siete años. El
nombre que le dio, un tanto extraño debido a las exigencias de estilo de la
época, en la que los títulos debían tener una rima elegante, encierra una
metáfora relativa a la búsqueda de la luz y la inspiración literaria: «La mañana
del hemeralope en las artes de la redacción» (Subh al-a'sha fi sina'at
al-insha'). Esta contiene una información valiosísima, muy precisa y
detallada, sobre la historia y la civilización islámica en el Egipto y la Siria
de los siglos IX a XV. Fue publicada en 14 volúmenes en El Cairo, entre 1913 y
1919.
Al-Qalqashandí, al igual que
sus pares antes citados, demuestra tener una cultura y unas informaciones
históricas, geográficas y científicas considerables, producto del riquísimo
universo mameluco, tan poco estudiado hasta el presente.
Al-Suyutí
Ÿalaluddín Abu-l Fadl
Abdurrahman al-Assuiutí, más conocido por la fonética de al-Suyutí (1445-1505),
era oriundo de una familia persa establecida desde hacía más de tres siglos en
Assuiut, en el Alto Egipto. Afamado polígrafo y enciclopedista, es autor de
trescientos quince escritos sobre la Tradición del Profeta (Sunna),
Narraciones y dichos (Ahadith), jurisprudencia (fiqh),
lingüística, ciencias, historia y literatura. Su «Historia de los Califas» (Tarij
al-Julafa) fue muy admirada por sus valiosos detalles (publicada por
al-Sa'ada, El Cairo, 1959). Se extiende desde Abu Bakr hasta el año 1497. Su
«Historia de Egipto y de El Cairo», llamada en árabe Husn al-Muhadara, es
una compilación de veintiocho obras históricas. Su Taqrir al-istihad fi
tafsir al-iÿtihad fue publicado por Dar al-Dawah, El Cairo, 1983.
Bibliografía esencial
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Islam. Art of the Mamluks, Smithsonian Institution Press, Washington, 1981.
Claude Cahen: Introduction a
l'histoire du monde musulman médiéval XIIe-XVe Siècle, J. Maisonneuve,
París, 1982.
Francesco Gabrieli:
Chronique arabes des croisades, Sinbad, París, 1977.
R. Grousset: Histoire des
croisades et du royaume franc de Jérusalem, vol. VII y VIII, Tallander,
París, 1981).
Robert Irwin: The Middle
East in the Middle Ages: The Early Mamluk Sultanate, 1250-1382,
Southern Illinois University Press, Illinois, 1986.
J.F. Michaud: Histoire des
croisades, 4 vols., Editions de Saint-Clair, París, 1966-1967.
Nasser O. Rabbat: A New
Interpretation of Royal Mamluk Architecture, E.J. Brill, Leyden, 1995.
Amín Maalouf: Las cruzadas
vistas por los árabes, Alianza, Madrid, 1997.
David Nicolle: The Mamluks,
1250-1517, Osprey, Londres, 1993.
Robert Payne: El sueño y la
tumba. Historia de las cruzadas, Península, Barcelona, 1997.
Henri y Ann Stierlin:
Splendours of an Islamic Civilization. The Eventful Reign of the Mamluks,
Tauris Parke Books, Londres/Nueva York, 1997.
Henri Stierlin: Islam.
Volume II: From the Mamluks of Cairo to the Nasrids of Granada, Taschen,
Köln, 1998.
NOTAS
(1) Mamluk
(castellanizado mameluco) es una palabra árabe que significa «poseído»,
«gobernado», es decir esclavo de origen no-musulmán. Los esclavos que componían
la institución mameluca dominante habían llegado a Egipto y Siria en calidad de
paganos, llevados por venecianos y genoveses y otros mercaderes para ser
vendidos allí. El apodo del sultán Qala'ún al-Alfi suele interpretarse por el
hecho de que había costado mil (alf) dinares, mientras que el gran
Baibars, azote de cruzados y mongoles, sólo se pagaron cuarenta dinares, porque
tenía un defecto en un ojo. Los jóvenes mamelucos que compraban los sultanes
ayubíes recibían una concienzuda educación islámica y buena preparación militar
en colegios especiales de El Cairo, y cuando, al cabo de de varios años, salían
de ellos completamente transformados, se enrolaban en el cuerpo de los mamelucos
reales y recibían la libertad, caballos y el equipamiento debido, además de una
tenencia de tierra que les permitía vivir independientemente. En su mejor
momento, el soldado mameluco de caballería era notable por su pericia ecuestre y
por su habilidad en el amnejo de las armas, en particular el arco y la lanza.
Las tropas mamelucas mantenían su alto nivel de manejo de armas con prácticas,
entrenamientos y ejercicios en varios terrenos especialmente acotados que había
en torno a el Cairo, y la literatura que ha llegado hasta nosotros sobre estos
«ejercicios caballerescos» (furusiyya) nos da descripciones detalladas de
los procedimientos a seguir, junto con útiles ilustraciones del equipamiento a
usar. Había ejercicios coordinados de caballería y juego de polo y esgrima, de
lucha libre y de arquería. Conviene también mencionar en este punto la
importancia que tuvieron los períodos ayubí y mameluco en el desarrollo de la
heráldica. Durante estos períodos, los grandes emires usaban blasones que el
sultán les había concedido a título individual. Las palabras árabes con que se
designaban estos blasones eran rank (derivada de una palabra persa:
rang, que significa "color" y que originó el término "rango" como expresión
de jerarquía —en inglés se dice rank) y shi'ar, que quiere decir
«emblema». Estas divisas parecen tener origen en los cargos de la casa o la
administración del sultán que ostentaban esos emires; así, por ejemplo, el
maestre de polo ostentaba palos de polo, etc. A mediados del siglo XIV, un monje
irlandés viajero, émulo de San Brendan, presenció en El Cairo un gigantesco
partido de polo jugado por seiscientos caballeros mamelucos (trescientos por
bando) que era muy similar al (hurling) que «jugaban los pastores en los
países cristianos con una bola y un palo curvo, excepto que el sultán y sus
nobles nunca golpeaban la bola a menos que estuvieran montados a caballo... Esto
provocaba que muchos caballos y caballeros quedasen incapacitados para el
servicio activo en el futuro». El sultán Aibak, esposo de Shaÿar ad-Durr,
era un entusiasta y formidable jugador de polo.
(2) Hacia 1798 el Imperio
otomano concertó una alianza con Inglaterra contra la Francia revolucionaria.
Napoleón Bonaparte (1769-1821), inquieto general de la República, pensaba que la
batalla contra los ingleses no debía ser librada en el Támesis sino en el Nilo.
Los ingleses necesitaban de Egipto, Palestina y Siria para asegurarse la ruta a
la India. Además el estratega corso soñaba con reabrir el antiguo canal de los
faraones, pasar sus navíos al mar Rojo y socorrer con su ejército al sultán Tipu
de Mysore (1750-1799) en el sur del subcontinente asediado por un contingente
británico entre los que se encontraba Arthur Wellesley, futuro duque de
Wellington.El 21 de julio de 1798, entre las pirámides y el Nilo, el ejército
bonapartista derrotó a la columna egipcia (seis mil mamelucos y quince mil
fellahín) de Murad Bey que representaban los intereses anglo-otomanos en la
región. La carga de caballería de los mamelucos fue desbaratada por el nutrido
fuego de fusilería de los granaderos franceses. La mayoría de los jerarcas
mamelucos huyeron a Siria y luego ayudaron a los británicos en Acre (Palestina)
contra el infructuoso sitio que realizó Bonaparte entre el 17 de marzo y el 21
de mayo de 1799. También participarían del ataque anglo-turco contra Abukir el
25 de julio de 1799 que terminó en un desastre.
(3) Muhammad Alí o Mehmet
Alí (1769-1849), nacido en Kavala (Grecia), de padres albaneses, tuvo una
formación militar. Desde 1799 hasta 1801 luchó en varias batallas en Egipto,
entonces parte del Imperio otomano, contra las tropas francesas dirigidas por
Bonaparte. En 1805 Muhammad Alí fue nombrado virrey de Egipto por los ulemas de
El Cairo, con el título de pashá. Inspirándose en las enseñanzas de Bonaparte
reorganizó el ejército. En 1807 derrotó una invasión británica. Cuatro años
después aseguró su supremacía en Egipto al eliminar a los mamelucos,que
conspiraron para arrebatarle el poder. Muhammad Alí fomentó las ciencias y las
artes y creó nuevas industrias nacionales impulsando notablemente el desarrollo
de Egipto. Ante los musulmanes apareció como el defensor de la doctrina del
Profeta (BPD) contra la corrupción otomana y sus aliados británicos. Ideó un
sistema de revolución agraria islámica, aboliendo la propiedad territorial
privada, transformando de esta manera a los terratenientes en arrendatarios del
Estado. Fue el fundador de la ciudad de Jartúm en 1823, hoy capital del Sudán.
(4) . Los nizaríes fueron
una rama de la secta ismailí. Partidarios de Nizar, uno de los hijos del califa
fatimí al-Mustansir (g.1038-1094) se convirtieron en disidentes y enemigos de
los fatimíes, ayubíes y mamelucos. Tuvieron cierto desarrollo en Egipto, Siria e
Irán entre los siglos XI y XIII. De su seno surgió un movimiento conocido en
Occidente como los «Asesinos» (en árabe hashashíyyín "drogados de
hachís"), que tomarían dos fortalezas convirtiéndolas en sus bases
operacionales, una en Alamut, en las montañas del norte de Irán, en 1090, y otra
en Masyaf, cerca de Hamah, Siria, en el siglo XII. Su objetivo era eliminar a
las principales personalidades religiosas, militares y políticas musulmanas o
conseguir dinero de ellas a cambio de «protección». Esta verdadera maffia fue
combatiza tenazmente por el sultán Saladino y sus sucesores. Alamut fue
conquistada por los mongoles de Hulagú en 1256 quienes, paradójicamente,
liberaron al gran sabio y astrónomo Nasiruddín at-Tusí (1201-1274) de la escuela
shií que se hallaba prisionero en las mazmorras de esos criminales. No
confundirlos con los nusairíes, otro grupo sincrético escindido del ismailismo,
fundado en Irak por Muhammad Ibn Nusair en 859.
R.H. Shamsuddín Elía
Profesor del Instituto Argentino
de Cultura Islámica
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