El Islam y la Ciencia
MILAGROS CIENTÍFICOS DEL CORÁN
Harun Yahya
INTRODUCCIÓN
Hace catorce siglos Dios reveló el Corán a la humanidad como un libro guía, y exhortó a la gente a aferrarse a él para ser conducidos hacia la verdad. Como se lee en el versículo: “Pero no es [el Corán] sino un Recordatorio para todos los mundos” (Sura al-Qalam [68]: 52), desde el día de su revelación hasta el Día del Juicio, este último libro divino permanecerá como la única guía para la humanidad.
El lenguaje y estilo inigualables del Corán, así como la sabiduría que encierra, constituyen una evidencia incontrastable de que es la Palabra de Dios. Además, él posee muchos atributos milagrosos que prueban que es la Palabra de Dios. Uno de ellos es el hecho de que cierto número de verdades científicas —que sólo ha sido posible descubrir con la tecnología del siglo XX— aparecen ya enunciadas en el Corán hace 1400 años.
El Corán no es, desde luego, un libro científico. No obstante, muchos datos científicos, expresados de una manera extremadamente concisa y profunda en sus versículos, sólo han sido descubiertos recientemente con la tecnología disponible en los siglos XX y XXI. Se trata de hechos que no podían conocerse en la época de su revelación, y ello constituye una prueba más de que el Corán es la Palabra de Dios

Ghiyath al-Din Abu’l-Fath Umar Ibn Ibrahim al-Nishaburi al-Jaiami (1048-1131), mejor conocido por Omar Jaiám, fue un gran , aunque la mayoría del público lector lo conoce por sus poesías místicas.
Jaiám resolvió las ecuaciones algebraicas de segundo, tercer y cuarto grado, utilizó el álgebra en geometría y escribió el tratado de las Musadarat (Cuestiones matemáticas).
En esta obra, Jaiám afirma conocer una regla para calcular las potencias enteras de un binomio. Si así fuera, se habría adelantado al renombrado científico, filósofo y matemático francés Blaise Pascal (1623-1662) en más de cinco siglos.
Entre la docena de tratados científicos suyos que se conservan, destaca su Álgebra, una obra maestra de la matemática medieval, en la que resolvió ecuaciones de segundo grado por medio de soluciones algebraicas y geométricas. Invitado por el sultán selÿukí Ÿalaluddín Malik-e Shah (1055-1092), trabajó con los matemáticos del observatorio de Isfahán en la elaboración del calendario «Ÿalalí» (en honor del sultán).
Este calendario solar se basó en unos fundamentos astronómicos más fiables que los del calendario gregoriano (ordenado por el Papa Gregorio XIII en 1582 para reemplazar al juliano del año 46 a.C.) y, según afirman los especialistas, presentaba tan sólo la desviación de un día ¡sobre 3.700 años! Actualmente, es el calendario vigente en la República Islámica del Irán (cfr. Seyyed Hossein Nasr, Islamic Science: An Illustrated Study, World of Islam Festival Publishing Company Ltd., Kent, 1976, pp. 82 a 86, 96 y 143).
15: (19) Y la tierra --la hemos extendido, y colocamos en ella firmes montañas, y hemos hecho crecer en ella de todo en forma equilibrada, (20) y hemos puesto en ella medios de subsistencia para vosotros los hombres, y para todos aquellos seres vivos cuyo sustento no depende de vosotros.
(21) Pues, nada existe que no tenga en Nosotros su origen; y no hacemos descender nada sino es con arreglo a una medida precisa.
11:(6) Y no existe criatura en la tierra cuyo sustento no dependa de Dios; y Él conoce su plazo de permanencia en la tierra y su lugar de reposo después de su muerte : todo esto está registrado en Su claro decreto.
14: (34) y si intentarais contar las bendiciones de Dios, no podríais enumerarlas. Y, no obstante, ¡ciertamente, el hombre es en verdad persistente en la maldad, obstinadamente ingrato!
Abu Hanifa Ahmad Ibn Daud ad-Dinawari fue un botánico, historiador, geógrafo, astrónomo y matemático kurdo. Nació hacia en Dinawãr, al noreste de Kermanshah en la actual República Islámica del Irán. Estudió astronomía, matemáticas y mecánica en Isfahán y filología y poesía en Kufa y Basora (Irak). Falleció el 24 de julio de 896 en su Dinawãr natal.
Su contribución más importante fue su libro de botánica denominado en árabe Kitâb al-nabat. Se trata de la obra más completa sobre botánica y agricultura de los primeros tiempos del mundo islámico y que servirá de base a otros textos del mismo género. Está dividida en dos libros: en el primero se describen las plantas que sirven de alimento, plantas de olor, etc.; en el segundo se ofrecen los vegetales en orden alifático,
Está considerado entre los primeros escritores que incursionaron sobre los orígenes de los kurdos. Escribió el libro llamado Ansâb al-Akrâd (Linaje de los kurdos).
Parece que Al-láh, Enaltecido sea, jura por el higo en esta sura para indicarnos el milagro en la creación de este noble fruto y sus múltiples beneficios como alimento .
El fruto del higo no es un fruto original sino es consecuencia de la creación de la flor de forma cónica, que
en su interior contiene las flores femeninas y que cubren por dentro el muro de la flor. Mientras tanto, las
flores masculinas se extienden alrededor de la estrecha apertura exterior que esta por encima de la flor,
madurando las flores femeninas normalmente antes que las masculinas.
Durante los últimos 20 años, el número de musulmanes en el mundo ha aumentado considerablemente.
Las estadísticas de 1973 indicaban que la población mundial de musulmanes era de 500 millones, cifra que alcanza hoy, los 1'5 Mil Millones. Actualmente, una de cada cuatro personas es musulmana. Es probable que la población musulmana continúe creciendo y el islam se convierta en la religión más numerosa del mundo.
Los Beneficios Médicos de Ramadán
Los musulmanes no hacen el ayuno a causa de los beneficios médicos que son de una naturaleza secundaria. El ayuno ha sido utilizado por pacientes para la administración del peso, para descansar el tracto digestivo y para bajar lípidos. Hay muchos efectos adversos de ayuno total así como de dietas de choque. El ayuno islámico es diferente de tales planes de la dieta porque en el ayuno de ramadán, no hay desnutrición ni toma inadecuada de caloría.
55:(19-22) Ha dejado que los dos mares se encuentren libremente (20) entre ambos hay un espacio que no traspasan (21) ¿Cuál, pues, de los poderes de vuestro Sustentador negaréis? (22) De ambos se obtienen perlas y coral.
55:(19-20)"Ha dejado que los dos mares se encuentren libremente (20) entre ambos hay un espacio que no traspasan".
En estos versículos aparecen las dos siguientes referencias: "dos mares que se encuentren" y "un espacio que no traspasan o una barrera (como aparece en otras traducciones)", estas menciones hacen una clara alusión a que las dos masas de agua no son iguales. ¿Quién podía saber antes de la revelación del Corán que los mares eran distintos? Fue sólo hasta el año 1.873, gracias a a la famosa expedición inglesa del "Challenger" bajo el mando de Charles Wyville Thomson, para estudiar oceanografía, meteorología e historia natural, que descubrieron que los mares tenían características diferentes en cuanto a la salinidad, densidad, temperatura, y a la concentración de Oxigeno, así que llegó a la conclusión de que no todos los mares eran iguales. ¿Quién podía saber eso hace 1.431 años?
15: (19) Y la tierra --la hemos extendido, y colocamos en ella firmes montañas, y hemos hecho crecer en ella de todo en forma equilibrada, (20) y hemos puesto en ella medios de subsistencia para vosotros los hombres, y para todos aquellos seres vivos cuyo sustento no depende de vosotros.
(21) Pues, nada existe que no tenga en Nosotros su origen; y no hacemos descender nada sino es con arreglo a una medida precisa.
11:(6) Y no existe criatura en la tierra cuyo sustento no dependa de Dios; y Él conoce su plazo de permanencia en la tierra y su lugar de reposo después de su muerte : todo esto está registrado en Su claro decreto.
14: (34) y si intentarais contar las bendiciones de Dios, no podríais enumerarlas. Y, no obstante, ¡ciertamente, el hombre es en verdad persistente en la maldad, obstinadamente ingrato!

41:(53) En su momento les haremos comprender plenamente Nuestros mensajes [por medio de lo que perciben] en los horizontes más remotos [del universo] y en ellos mismos, para que quede patente ante ellos que esta [revelación] es realmente la verdad.
53:(45) que es Él quien crea a los dos miembros de la pareja –macho y hembra—(46) de una mera gota de esperma que es eyaculada, (47) y que [por tanto] está en Su poder crear una segunda vida
41:(53) En su momento les haremos comprender plenamente Nuestros mensajes [por medio de lo que perciben] en los horizontes más remotos [del universo] y en ellos mismos, para que quede patente ante ellos que esta [revelación] es realmente la verdad. (Sagrado Corán).
17: (12) Y hemos hecho de la noche y del día dos símbolos; y hemos extinguido luego el símbolo de la noche y en su lugar hemos puesto el símbolo luminoso del día, para que busquéis el favor de vuestro Sustentador y seáis conscientes del paso de los años y del ajuste de cuentas [que ha de venir]. ¡Pues hemos expuesto todas las cosas con la mayor claridad!
La génesis del pensamiento
científico es el sentido de la curiosidad. Puesto que nos preguntamos cómo
funcionan el universo y la naturaleza, recurrimos a la investigación
y de esa manera nos interesaremos en la ciencia. Pero la mayoría de
la gente carece de esta curiosidad, no les importa los secretos del
universo y de la naturaleza sino sus propias ganancias y placeres
materiales. En las comunidades donde predomina ese comportamiento, la
ciencia no se desarrolla, sino que mandan la ociosidad y la
ignorancia.
La comunidad árabe era así antes de la revelación coránica, pero ésta les supuso un estímulo para pensar, investigar y para la utilización de su intelecto, quizá por primera vez en su vida.
Ghiyath al-Din Abu’l-Fath Umar Ibn Ibrahim al-Nishaburi al-Jaiami (1048-1131), mejor conocido por Omar Jaiám, fue un gran astrónomo y matemático, aunque la mayoría del público lector lo conoce por sus poesías místicas.
Jaiám resolvió las ecuaciones algebraicas de segundo, tercer y cuarto grado, utilizó el álgebra en geometría y escribió el tratado de las Musadarat (Cuestiones matemáticas).
En esta obra, Jaiám afirma conocer una regla para calcular las potencias enteras de un binomio. Si así fuera, se habría adelantado al renombrado científico, filósofo y matemático francés Blaise Pascal (1623-1662) en más de cinco siglos.

Abu al-Qasim al-Zahrawi, conocido también por su nombre en latín Abulcasis, nació cerca de Córdoba en el año 936 CE. Fue uno de los más grandes cirujanos de su tiempo. Su enciclopedia de la cirugía fue utilizada como obra de referencia en la materia en todas las universidades de Europa durante más de quinientos años.
Los científicos musulmanes, Al-Razi, Ibn Sina y Al Zahrawi se encuentran entre los más famosos de los que trabajaban en el campo de la medicina en los tiempos pre-modernos. Se han presentado al mundo los tesoros científicos que hoy todavía se consideran referencias importantes para la medicina y las ciencias médicas en su conjunto.

Hoy pocos saben, ni los propios españoles (incluido los madrileños), que Madrid fue una ciudad fundada por los musulmanes y que el nombre Madrid es de origen árabe. Mucho menos se conoce que en aquella urbe nacieron famosos investigadores como Abu-l-Qasim Maslama al-Maÿriti y Abu Maslama Muhammad al-Maÿriti, y sus discípulos, que desarrollaron múltiples ciencias, entre ellas la astronomía y la alquimia, las que a través de las traducciones al latín tuvieron una influencia importantísima en el Renacimiento europeo.

Abd ar-Rahmãn as-Sufi conocido también como Azophi, vivió en el emirato de los Buyíes, en Isfahan (Persia), entre el 903 al 986. Fue uno de los más grandes astrónomos musulmanes del siglo X. En 964 documentó la existencia de la galaxia Andrómeda, nuestro vecino más cercano, y la llamó “pequeña nube”. Este fue el primer registro de un sistema de estrellas fuera de nuestra propia galaxia

Hay un pasaje coránico que apela a la razón y a la reflexión de hombres y mujeres: «Realmente, en la creación de los cielos y de la tierra, en la sucesión de la noche y del día, hay, sin duda, signos para los dotados de intelecto que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y que meditan sobre la creación de los cielos y de la tierra, diciendo: “Señor: No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a ti!» (El Sagrado Corán: Capítulo 3 Al-Imran, versículos 190-191).
La ciencia consiste en el esfuerzo del ser humano por comprender, por sus propios medios, el mundo que le rodea y comprenderse a sí mismo. Los musulmanes han sostenido siempre que su fe no sólo no obsta a ese esfuerzo sino que, por el contrario, prescribe expresamente a los creyentes a emprenderlo e imparte las orientaciones necesarias para lograr su empeño.

Abu Ali al-Hasan ibn al Hasan ibn al-Haytam, más conocido en occidente como Alhacén, vivió aproximadamente entre los años 965 y 1039 y formó parte del grupo de científicos del Cairo.Aunque nació en Basra, Persia (la actual Irak). Fue uno de los primeros matemáticos islámicos que abordó con éxito ecuaciones de grado superior al segundo, al resolver geométricamente una de tercero que, más de mil doscientos años antes, había planteado Arquímedes en su obra Sobre la esfera y el cilindro.
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