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NOAM CHOMSKY 1, UN PENSADOR JUDÍO NORTEAMERICANO CONTRA LA ALIANZA IMPERIAL-SIONISTA

Noam Chomsky«San Agustín describe un enfrentamiento entre Alejandro Magno y un pirata capturado por él. Alejandro Magno le pregunta al pirata: “¿Cómo osas molestar al mar?” El pirata le mira fijamente y le dice: “¿Cómo osas tú molestar al mundo entero? Yo tengo un pequeño barco, por eso me llaman ladrón y pirata. Tú tienes una flota: por eso te llaman emperador”. San Agustín nos dice que la respuesta del pirata fue excelente. Ésa es básicamente la cuestión. El terrorismo al por menor dirigido contra nuestros intereses es terrorismo; los actos terroristas al por mayor cometidos en interés nuestro no son terrorismo» 2.
«El problema de la “ingeniería del consentimiento democrático” aparece de una forma muy clara cuando la política del estado es indefendible, y se vuelve grave en la medida en que los temas lo son. No hay duda acerca de la gravedad del problema aparecido en el Oriente Medio, en particular del conflicto árabe-israelí, comúnmente considerado —y con razón—, probablemente el mayor detonante capaz de desencadenar una guerra nuclear final.
No podemos olvidar que la política de Estados Unidos ha contribuido, materialmente, a mantener el estado de confrontación militar... Consideremos, por ejemplo, el término “Proceso de Paz”. En su sentido técnico, tal como es utilizado por los medios de comunicación y generalmente por los académicos de los Estados Unidos, se refiere a las propuestas de paz del gobierno norteamericano. Por tanto es verdad, por definición, que los Estados Unidos se ocupan de la paz, lo cual resulta muy conveniente. En un titular de una crítica del New York Times (con firma de Bernard Gwertzman) se lee: “¿Están los palestinos dispuestos a buscar la paz?”.
En el sentido normal del término “paz”, la respuesta es obviamente sí. Todo el mundo busca paz, según sus propios intereses. Hitler, por ejemplo, buscaba sin duda la paz en 1939, sólo que bajo sus propias condiciones. Pero en el sistema del control del pensamiento, la pregunta significa otra cosa: ¿Están los palestinos dispuestos a aceptar los términos de paz de los Estados Unidos? Unos términos, da la casualidad, que les niegan el derecho efectivo a la autodeterminación nacional, aunque la resistencia a aceptarlos es precisamente lo que demostraría que los palestinos no buscan la paz, como fue definida en el convencional Newspeak3 .
Hay que señalar que no es necesario que un periodista pregunte si Estados Unidos o Israel están “dispuestos a buscar la paz”. Para Estados Unidos esto es verdad por definición, y los convencionalismos de lo que se conoce como “periodismo responsable” (otro orwellianismo), conllevan el que también sea verdad para un estado cliente (Israel) que se comporte como es debido...
Señalemos por cierto otro par de conceptos de Newspeak: “extremista” y “moderado”. Este último se refiere a aquellos que aceptan la posición de Estados Unidos. El primero a aquellos que no lo hacen. La posición estadounidense es, por tanto y por definición, moderada, como lo es generalmente la de la coalición israelí laborista ya que su retórica tiende a parecerse a la de Estados Unidos. Por tanto, Rabin se ajustaba a la práctica establecida en su uso de los términos “moderado” y “extremista”.
De una manera similar, en una crítica aparentemente angustiada sobre el “extremismo” y su influencia, Thomas Friedman incluye bajo este concepto a aquellos que defienden un asentamiento no-racista de acuerdo con el consenso internacional, mientras que los líderes occidentales del campo rechacista, visiblemente a la cabeza en el tema de operaciones terroristas, son los “moderados” (por definición, podríamos añadir).
Friedman escribe que “los extremistas han sido mucho mejores en explotar los medios de comunicación”. Y razón no le falta. Israel y Estados Unidos han mostrado una incomparable maestría en ese arte, como sus propios artículos y reportajes lo muestran, lo cual nos lleva a preguntarnos si a Friedman no se le debería llamar el “corresponsal de Israel en el Times” en vez de “corresponsal del Times en Israel”, su título oficial.
Su favorable versión de la historia y el armazón conceptual de su reportaje, que acabamos de ilustrar, proporciona algunos de los muchos ejemplos del éxito de los extremistas en “explotar los medios de información” —ahora usado el término en su sentido orwelliano—. Al adoptar este armazón conceptual diseñado para excluir cualquier posible comparación con los hechos y los problemas, el Times sigue la práctica de los modelos israelíes tales como Rabin, los cuales logran el estatus de “moderados” en virtud de su conformismo general con las demandas del gobierno de los Estados Unidos.
En correspondencia con esto, es completamente natural que cuando Friedman escribe el artículo “Dos décadas buscando la paz en Oriente Medio”, las principales propuestas rechazadas por Estados Unidos e Israel, tan inapropiadas para los archivos de la historia, estén omitidas. Entre tanto, los líderes israelíes son elogiados por los editoriales del Times por su “saludable pragmatismo” mientras que la OLP es denunciada por ser un obstáculo en el camino de la paz”4 .
Los términos “terrorismo” y “represalia” también tienen un significado especial en el Newspeak de los Estados Unidos. “Terrorismo” se refiere a los hechos terroristas de diversos piratas, especialmente árabes. Los hechos terroristas perpetrados por el emperador y sus clientes son denominados “represalias” o quizás “ataques preventivos para impedir el terrorismo”, independientemente de cuáles sean los hechos.
El término “rehén” —al igual que “terrorismo”, “moderado”, “democrático” y otros conceptos del discurso político— también tiene un sentido técnico orwelliano en el sistema doctrinal reinante. Según el significado de estas palabras en el diccionario, la población de Cuba es rehén de una gran operación terrorista dirigida desde los centros del terrorismo internacional de Washington y Miami. Pero en el uso orwelliano, los términos “terrorismo” y “rehén” están limitados a cierta clase de “actos terroristas”: no al terrorismo “a gran escala” del emperador sino al “terrorismo” sino al “terrorismo a pequeña escala” del pirata dirigido contra aquellos que ven el terrorismo y la toma de rehenes como su propia prerrogativa. En Oriente Medio, la piratería, la toma de rehenes, los ataques terroristas contra pueblos indefensos, etc., por parte de los israelíes, no entran dentro del concepto de terrorismo, tal como es interpretado dentro del sistema doctrinal...
Este historial es de gran valor educativo con respecto al funcionamiento de la propaganda occidental y la propia naturaleza de la cultura occidental. El punto importante aquí es que se ha inventado una historia perfecta y un tipo adecuado de Newspeak según los cuales el terrorismo solamente existe entre los palestinos, mientras que los israelíes llevan a cabo “represalias” o “legítimas apropiaciones” debidas al “derecho de propiedad”, a veces desarrolladas con lamentable dureza, tal como lo haría otro estado en similares circunstancias.
El sistema doctrinal ha sido diseñado para garantizar que estas conclusiones sean verdades por definición, independientemente de los hechos —los cuales o no se recogen en las noticias, o se recogen pero de manera que cuadren con las necesidades doctrinales o, en ocasiones, se recogen honestamente para ser inmediatamente después relegadas al olvido—. Israel es un estado cliente leal y muy útil, que sirve de “recurso estratégico” en Oriente Medio y que está dispuesto llevar a cabo trabajos tales como los de practicar el casi-genocidio en Guatemala cuando, por ejemplo, la Administración de los EEUU. no fue autorizada por el Congreso a participar directamente y tan a fondo como hubiera querido en estos necesarios “trabajos”5 .
Por consiguiente, se ha convertido en una realidad, independientemente de los hechos, el que Israel está consagrado a los más altos valores morales y a la “pureza de las armas”, mientras que los palestinos son la epítome del extremismo, del terrorismo y de la barbarie. La sugerencia de que puede ser que haya una cierta simetría en los derechos y en la práctica terrorista entre israelíes y palestinos es rechazada inmediatamente con grandes aspavientos por los que están en el juego —o lo sería si las palabras pudieran oídas— acusándola de ser antisemitismo mal disfrazado.
Una valoración racional que ofrecería una descripción y un análisis correctos de la escala y los propósitos de los terrorismos del emperador y del pirata, es excluida a priori y, a fin de cuentas, si se diera, apenas sería comprendida, dada la distancia que habría entre ella y la ortodoxia6 . Los servicios prestados por Israel en su papel de “recurso estratégico” de EEUU. en Oriente Medio, así como otros lugares, ayudan a comprender la dedicación de EEUU. al mantenimiento de la confrontación militar y la política “de tablas” kissingeriana desde que Kissinger tomó el control de la política de EEUU. respecto a Oriente Medio a principios de la década de los setenta.
Diversos elementos del llamado “lobby” israelí también tienen gran interés en mantener la confrontación militar, como descubrió el periodista israelí Danny Rubinstein del periódico Davar del Partido del Trabajo en una visita a EEUU en 1983. En reuniones que tuvo con representantes de las principales organizaciones judías (B’nai Brith, Anti-Defamation League —una organización judía estadounidense dedicada a la lucha contra el antisemitismo—, World Jewish Congress, Hadassa —organización filantrópica de mujeres judías—, rabinos de todas las denominaciones, etc.).
Rubinstein descubrió que sus charlas sobre la situación en Israel provocaron una considerable hostilidad porque él hacía hincapié en el hecho de que Israel no estaba enfrentado a peligros militares como “a la destrucción política, social y moral” motivada por la toma militar de los Territorios Ocupados. “No me interesa”, le dijo un funcionario; “no puedo hacer nada con un argumento como ése”. Lo esencial, según descubrió Rubinstein en otros encuentros similares, es que: “Según la mayoría de la gente en el ‘establishment’ judío lo importante es enfatizar constantemente los peligros externos a los que se enfrenta Israel... el ‘establishment’ judío en EEUU. prefiere que se vea a Israel solamente como víctima del cruel ataque árabe. Para un Israel así se puede conseguir apoyo, donantes y dinero.
Pero ¿cómo puede uno recaudar dinero para luchar contra un peligro demográfico? ¿Quién dará un miserable dólar para luchar contra lo que yo llamo el peligro de anexión?... Todos sabemos la cuenta oficial de las contribuciones recogidas por el United Jewish Appeal en EEUU., donde se usa el nombre de Israel, aunque la mitad de ese dinero no va a Israel sino a las instituciones judías en EEUU. ¿Puede existir mayor cinismo que éste?”. Rubinstein continúa dando cuenta de que el “United Jewish Appeal, el cual es dirigido como un negocio fuerte y eficaz, usa el mismo lenguaje que los sectores ‘duros’ (los ‘halcones’) en Israel. Por el otro lado, el intento de comunicación con árabes, el esfuerzo para un mutuo reconocimiento con los palestinos, las posiciones moderadas, ‘blandas’ (las ‘palomas’)... todo ello restringe la cantidad de dinero que es trasferido a Israel. Más concretamente, reduce la cantidad de dinero disponible para financiar actividades de las comunidades judías estadounidenses”.
Con respecto a este mismo tema, podemos observar la interesante manera en que el término “sionismo” es definido hoy en día —tácticamente, claro— por aquellos que han asumido el papel de guardianes de la pureza doctrinal.
Mis propias opiniones, por ejemplo, son con frecuencia condenadas como “antisionismo militante” por gente que tiene pleno conocimiento de estas opiniones, las cuales han sido repetida y claramente expresadas: que Israel dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas debería gozar de los mismos derechos que cualquier estado con el sistema internacional, ni más ni menos, y que las estructuras institucionales discriminatorias que por ley y de hecho otorgan un estatus especial a un tipo de ciudadanos (judíos, blancos, cristianos, etc.) dándoles derechos que les son negados a otros, deberían ser desmanteladas.
No voy a entrar aquí en la cuestión de qué es lo que se debería llamar, propiamente, “sionismo” pero diré simplemente qué es lo que se puede deducir del hecho de llamar a estas opiniones mías “antisionismo militante”.
Se puede deducir, por ejemplo, que el sionismo es la doctrina que dice que a Israel se le deben otorgar derechos que van más allá de los de cualquier otro estado; que Israel debe mantener el control, de los Territorios Ocupados, impidiendo así cualquier forma de autodeterminación verdadera para los palestinos; o que debe permanecer un estado basado en el principio de discriminación contra ciudadanos no judíos.
Es necesario mencionar que estas cuestiones no son abstractas ni teóricas. El problema de la discriminación es grave en Israel. por ejemplo, más del 90% de la tierra está bajo control legal de una organización dedicada a los intereses de “personas de religión, raza u origen judío, de manera que los ciudadanos que no son judíos están de hecho excluidos. Las prácticas discriminatorias son tan profundas que el tema no puede ser ni siquiera mencionado en el Parlamento, donde unas leyes recientes prohíben la presentación de cualquier proyecto de ley que “niegue la existencia del Estado de Israel como el estado de los judíos”, no de sus ciudadanos. Es sorprendente que la prensa israelí y la mayoría de la opinión pública no hayan encontrado nada extraño en el hecho que esta nueva legislación fuera paralela con una propuesta “antirracismo” (los cuatro votos en contra se debían precisamente a este aspecto de la propuesta).
El titular del Jerusalem Post dice: “El Knesset prohíbe propuestas racistas y antisionistas” —sin ninguna ironía, el término “sionista” es interpretado tal y como aparece en la nueva legislación. Los lectores del Jerusalem tampoco debieron encontrar nada de particular en esta conjunción de la misma forma que nunca les ha sido difícil reconciliar el carácter profundamente antidemocrático de su versión del sionismo con la entusiasta aclamación del carácter democrático del estado en el que es llevado a cabo. No menos sorprendentes son los ingeniosos usos del concepto “antisemitismo”. Por ejemplo, para referirse a aquellos que manifiestan el “antiimperialismo de locos” (una variedad del antisemitismo) al oponerse al papel de Israel en el Tercer Mundo al servicio del poder de EEUU. —en Guatemala, sin ir más lejos— o para referirse a los palestinos que se niegan a entender que su problema puede ser solucionado por medio de una “repoblación y una política de repatriación”; si los que quedan del pueblo de Doueimah, donde cientos de hombres, mujeres y niños fueron matados brutalmente en una operación de “limpieza” de la tierra en 1948, o los residentes de la zona de Gaza (muy parecido a Soweto, por cierto) no están de acuerdo con lo que ocurre, eso demuestra que les inspira el “antisemitismo”.
Uno tendría que descender a las más bajas profundidades en los anales del estalinismo para encontrar algo similar, pero ejemplos parecidos en el discurso culto de EEUU. con respecto a Israel son tan frecuentes que sucede aquí sin ser notados, aunque las “palomas” de Israel no han dejado de percibir y condenar el estilo estalinista... Se puede debatir si a los palestinos se les debería permitir o no formar parte del “proceso de paz”, pero no se nos debe permitir tomar conciencia de que EEUU. e Israel son los más altos exponentes del bando rechacista y de que son ellos los que han bloqueado, una y otra vez, cualquier tipo de “proceso de paz” auténtico, a menudo con considerable violencia.
Con respecto al terrorismo, los límites del debate permisible han sido claramente expuestos por Shaul Bakhash, catedrático de Historia en la Universidad Georges Mason, al explicarnos que deberíamos evitar la “excesiva simplificación” que ni tan siquiera intenta “examinar las raíces sociales e ideológicas del actual radicalismo islámico y del Oriente Medio”, el cual da lugar a “problemas que son reales, si bien insolubles”; es decir, deberíamos tratar de entender qué es lo que lleva a los “terroristas” a “meterse por el mal camino”.
El debate sobre el terrorismo, pues, está nítidamente demarcado: en un extremo tenemos a los que lo ven como una conspiración del Imperio del Mal y sus agentes; y en el otro extremo encontramos a pensadores más equilibrados y astutos que evitan esta “excesiva simplificación” y que buscan las raíces domésticas del terror árabe islámico.
La idea de que pudiera haber otras fuentes de terrorismo en el Oriente Medio —es decir, que el emperador y sus clientes pudieran tener algo que ver con este drama es excluido a priori; no es que se niegue, es que es totalmente impensable, lo cual es el verdadero triunfo del sistema doctrinal, triunfo que va mucho más allá de los logros alcanzados por estado totalitarios para proteger al público de pensamientos incorrectos» 7.
«Israel puede estar seguro de que mientras siga siendo concebido como “un activo estratégico”, continuará siendo “el símbolo de la decencia humana”», tal y como lo describió el New York Times8 , mientras las atrocidades israelíes en los territorios ocupados alcanzaron tal nivel que los medios de comunicación se vieron ligeramente obligados a advertirles. Israel puede confiar en la burocracia del movimiento laborista americano para justificar todos sus actos, para explicar que “a pesar del esfuerzo por mantener el orden, las Fuerzas de Defensa israelíes han recurrido ocasionalmente a una violencia innecesaria, pudiendo sin duda atribuir tales incidentes a la inexperiencia del ejército israelí en el control de disturbios y otras funciones policiales, así como a la frustración de los soldados israelíes que se enfrentan a jóvenes palestinos que arrojan piedras y bombas de gasolina” 9...
Siempre ha existido un Elie Wiesel que asegure al lector que sólo hay “algunos lamentables excepciones corregidas inmediatamente por las autoridades israelíes”, al tiempo que denuncia el auténtico delito: la condena de las atrocidades israelíes por la opinión pública. Nos habla de “ojos soñadores” de los soldados israelíes, posiblemente los mismos que habían descrito unas semanas antes los reservistas, que regresaban del servicio en los territorios. Informaban de los “actos de humillación y de violencia contra los habitantes palestinos, que venía siendo norma habitual y que casi nadie quería evitar”, incluyendo “actos vergonzosos” de los que habían sido testigos presenciales, mientras las autoridades militares miraban otro lado10 .
O quizás Wiesel piense en los soldados que capturaron a un niño de diez años al que, por negarse a identificar a los niños que habían tirado piedras, le “machacaron la cabeza” dejándole como “un filete”. Pegaron también a su madre cuando intentó protegerle y descubrieron entonces que el niño era sordo, mudo y retrasado mental. Este hecho “no preocupó” a los soldados, según cuenta uno de los participantes de la paliza, ordenándoles el comandante del pelotón continuar con su trabajo porque “no tenemos tiempo para juegos”.
La opinión de Wiesel11  es que “una fotografía de un soldado israelí pateando a una anciana árabe ya no es noticia”, como amargamente comentaba la prensa hebrea hablando de aquellos que aceptan las atrocidades de tan buena gana como el sudor de Against Silence (Contra el silencio), cuyas palabras podrían realmente mitigar el sufrimiento y los abusos si no se hubiera comprometido con el silencio como camino a seguir12 .
El hecho de que este comportamiento continúe durante muchos años, y sea mirado con respeto, incluso sea bien considerado, dice mucho de la cultura occidental»13 .



1 Noam Abram Chomsky, nacido en Filadelfia en 1928, es un renombrado lingüista y sociólogo norteamericano de origen judío, autor de numerosos libros como American Power and the New Mandarins, Pantheon, 1969; At War with Asia, Pantheon, 1970; Año 501. La conquista continúa, Libertarias, Madrid, 1993; Repensando Camelot. John F. Kennedy, la Guerra de Vietnam y la cultura política de EE.UU., Libertarias, Madrid, 1994; El nuevo orden mundial (y el viejo), Crítica, Barcelona, 1997.

2  Noam Chomsky: Pirates and Emperors, Black Rose, 1986; citado en Noam Chomsky: Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid, 1993, p. 65.

3  El escritor británico George Orwell (1903-1950) en su novela “1984” (1949) —una denuncia contra un hipotético gobierno mundial totalitarista del futuro— emplea el término inventado “newspeak” (nuevo lenguaje) para referirse al lenguaje del Poder.

4 Thomas Friedman, New York Times Magazine, 7 de octubre de 1984. NYT, 17 de marzo de 1985; editorial NYT, 21 de marzo de 1985. Y muchos otros comentarios y reportajes. Así, el corresponsal del Times Thomas Friedman  escribe que Arafat «tiene que enfrentarse a la opción de pasar a la historia como el líder palestino que reconoció a Israel a cambio de, como mucho, la mayor parte de la Orilla Oeste, o cargar con la responsabilidad de que los palestinos sigan sin conseguir nada de nada» (NYT, 7 de agosto, 1988). Los servicios de Friedman son muy apreciados por el “establishment”. El New York Times le ascendió a corresponsal jefe diplomático, y en abril de 1988, recibió el premio Pulitzer «por su informativa y equilibrada cobertura periodística» en el Oriente Medio.

5  «En Centroamérica, los Estados Unidos se sirvieron fundamentalmente de nazis argentinos, pero cada vez, y de manera prioritaria hoy día, se apoyan en fuerzas israelíes... Es ésta una larga y triste historia, y se trata de un aspecto secundario de los servicios que se espera que Israel nos proporcione» (Noam Chomsky: Crónicas de la discrepancia, Visor, Madrid, 1993, p. 43). Véase el artículo de Israel Shahak: Israel arma a las dictaduras del Tercer Mundo, en Estudios Arabes, Año I Nº 4, Fundación Argentino Arabe, Buenos Aires, Octubre-Diciembre 1982, pp. 157-182.

6  Lo cual es exactamente lo que sucede con los escritos de Noam Chomsky en EEUU., donde es un crítico social exclusivamente de minorías sin acceso a la prensa nacional como The New York Times, The Washington Post y otras publicaciones periódicas del “establishment”.

7 Noam Chomsky: El control del pensamiento en los EE.UU. El caso de Oriente Medio, Colección Sediciones Nº 3, Hondarribia, 1996, pp. 49-83.

8  NYT, 19 de febrero de 1988.

9 Declaración AFL-C10, Consejo Ejecutivo sobre Israel, 16 de febrero, 1988.

10 Elie Wiesel, Op-Ed, NYT, 23 de junio; Reuven Padhatzur, Ha’aretz, 16 de febrero, 1988.

11 Sobre la enseñanza del periodista Elie Wiesel de que es obligatorio mantener silencio ante las atrocidades del estado que uno ama y que sólo los que están en el poder están en situación de saberlo, con lo cual debe abstenerse de comentar las atrocidades, véase las obras de Noam Chomsky: Fateful Triangle (South End Press, 1983) y Turning the Tide (South End Press, 1985). Para la reiteración de Wiesel de la obligación de silencio en el momento álgido de la represión contra los palestinos en los primeros meses de la primera Intifada, ver su artículo en Yediot Ahronot, 22 de enero de 1988, en el que explica: «rehuso criticar a Israel, siempre he rehusado hacerlo».

12 Ze’ev Sahor, “Getting Accustomed to Atrocities”, Hotam, 1 de abril, 1988.

13  Noam Chomsky: Ilusiones necesarias. Control del pensamiento en las sociedades democráticas, Libertarias, Madrid, 1992, pp. 254-256.

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